29 oct. 2015

Bebidas espirituales




Padecer de depresión
y excederse por ello con la bebida
era entonces el problema 
vulgar por excelencia.

Pero en mi imaginación no había 

torpezas al respecto,
ni payasadas siniestras
cuando alguien mordía el polvo
hasta llorar en público.

Las resacas depresivas
nunca fueron un estado
de mediocridad absoluta,
ni un paraje cotidiano
donde incubar a la niebla.

Consistía para mí la depresión
por alcoholemia
en un descenso a los infiernos,
en una búsqueda abigarrada
de la divinidad interior.

En un viaje que empezaba en soledad
y que, para bien o para mal,
en soledad culminaría,
más lejos y más cerca
de lo que alguna vez
estuve de los otros bebedores.

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