23 jun. 2015

Nota de diario



Según voy restando actividades ociosas poco productivas a mi rutina, me veo nuevamente atraído hacia la lectura. Ahora le ha tocado al tabaco. Desde este último sábado, 20 de junio, hasta hoy, me he propuesto reducir la dosis de cigarrillos a la mitad. Esta misma tarde noche he visto los primeros resultados, el aburrimiento me ha conducido a abstraerme completamente en los diarios de Miguel Torga, escritor portugués que desconocía, y en un relato, también de corte autobiográfico, de Alba Sabina Pérez.

Ambos autores me han permitido dos cosas que necesitaba desesperadamente. La primera, olvidarme por completo de mí mismo. La segunda ha sido la de recobrar cierta entereza intelectual, olvidando, justa y necesariamente, mi persona.

Ahora mismo, redactando esta pequeña nota desde la plaza, creo que puedo decir que estoy empezando a entender la sinergia creativa de los escritores que, para desbocarse ante el teclado, en lugar de forzar un estado verborreico a través del alcohol, del café, del tabaco o de las drogas, sencillamente se impregnan de la visión de cualquier otro que sostenga, parafraseando a Reinaldo Arenas, cierta "voluntad de vivir manifestándose".

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