11 abr. 2015

Sobre lo más básico

Aceptar al otro no sólo depende de uno. Ese "otro" debe (o nosotros deberemos por y para él) encontrar primero la zona neutral de lo aceptable; noción esta, la de lo aceptable, estrechamente ligada a la pesadez de lo correcto y de lo conveniente.

Sucede que cuando dos personas no se aceptan entre sí, todo queda delímitado en sus vínculos por la complejidad de las luchas de poder. 

Así, si no hay posibilidad de poner tierra de por medio, aquel que ejerza una mayor autoridad sobre el otro, tratará de someter o de transformar la identidad del más débil.

Ni que decir tiene que, llegados a ese punto, la cosa irá siempre a peor; siendo entonces la única solución a la desdicha, la indebida marginación o el distanciamiento.




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Al revés... Lo malo no se convierte en agua pasada cuando lo aceptamos. Lo aceptamos cuando se convierte en agua pasada.


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Aceptar lo malo, sí. Pero sólo cuando sea agua pasada. Comulgar con lo fatal mientras esté pasando, puede ser la primera fórmula de la rendición.



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¿Por qué blanco o negro? O gris, por ende. ¿Por qué no naipe, castillo, mariposa o elefante? El mal ya es trágico desde antes de realizarse.


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