8 ene. 2015

Nota de diario

Cinco o seis días sin tocar la guitarra. Decidí guardarla y dejarla ahí, aparcada como todas las cosas que acarrean ya demasiada historia en sus entrañas. Llevaba unos cuatro o cinco años pensando que en verdad, lo que me rebasaba, era la literatura. Pensar con palabras, soñar con palabras, sentir con palabras. Pero a veces pasa. Uno la carga con algo o con alguien, y el verdadero problema se queda mirándonos complacido desde un lugar al que ya no nos atrevemos a mirar.

La guitarra... Madre mía. Con dieciocho o diecinueve años quería ser músico profesional. Y tenía el nivel. Juro que tenía el maldito nivel que hace falta para estar por encima de la plebe. Y esquizofrenia. También tenía esquizofrenia con dieciocho o diecinueve años, lo uno se mezcló con lo otro y ya no hubo posibilidad de pérdida.

La historia entera de mi vida como aspirante a genio de las seis cuerdas sería de unas cuatrocientas mil páginas. Ya lo dije hace poco sobre la poesía y la pintura: quien mucho abarca, poco aprieta.

Sí, qué memez. Léase ahora: frustrado, lentamente frustrado por sus pasiones musicales. Ah... y contentísimo, un poco después, de haber soltado tanto lastre de golpe en tan poco tiempo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Tienes la discapacidad reconocidad? Yo la padezco tengo el 65% y en sinpromi me han dado trabajo.

Anónimo dijo...

Pero yo la tengo diagnosticada desde 2012 y antes de trabajar cobraba una pension no contributiva