9 feb. 2014

De los hijos que no tuve

Pues es complicado, hijo... Cuando los adultos pasamos por muchas dificultades, se nos endurece el corazón. Día tras día, sí. Así, sin más. Si los problemas continúan y siguen y persisten, nos volvemos totalmente insoportables. Ariscos, insolentes. Viejos en definitiva. Entonces puede pasar que alguien cercano acabe discutiendo ferozmente con nosotros. Tanto, que al final se nos rompe fácilmente el corazón. 

Pero eso está bien, ¿sabes? Está muy bien. 

Así la sangre fluye. Volvemos de una vez a emocionarnos. Volvemos a ser niños por un tiempo.

 

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