4 ene. 2014

Quemar después de leer

El transfondo de mis improperios en facebook es muy simple. Me he quedado aislado. Hace tiempo que no intento quedar un día cualquiera con alguien cercano para charlar de cualquier manera. En su momento lo hacía, sí. Pero al final comprobé que era yo el que tenía que tirar del carro con todo el mundo. Si quería quedar con alguien, tenía que llamar yo. Si tenía un problema, tenía que llamar yo. Si caía en una depresión, y tenía tres crisis nerviosas por semana, tenía que llamar yo. ¿Conclusión? Deje de llamar a todo el mundo. Una amistad tiene que ser algo recíproco. Forzosamente. Cualquier vínculo unidireccional es degradante para el que persigue al otro. En jerga canaria, a este tipo de solitarios se les denomina "hueleculos". Así que si a alguien le molesta lo que escribo, que no lo lea. Si a alguien le ofende mi lenguaje, que se joda. En cierto sentido, ya da todo lo mismo. Como decía al principio, me he quedado aislado. Ya no espero que nadie de mi agrado coja el teléfono de cuando en cuando para ver cómo estoy o si me apetece hacer algo. Ya no lo espero. Y en mi negación no guardo esperanza alguna de que la vida me sorprenda.

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