31 jul. 2013

Mi no lugar

Una y otra vez lo olvido para volver a caer en la cuenta. Me ha tocado vivir una paz vacía, una calma sin aprendizajes. Realidad sin fondo, mi vida solo puede transcurrir en lo aparente, en el sentimiento desintencionado de la luz. Por más que juegue a disfrazarme con pinturas, libros o canciones, mi verdadera sustancia solo es visible para el resto, y aún a ratos me pregunto si tal sustancia existe, si en verdad es posible llegar a definirme en alguna dirección.

Me queda la sola absolución de quienes saben que medicarse de por vida no es ninguna broma. Intentar llenar ese vacío consiste en cerrar los ojos, y a continuación colmar el universo entero de interpretaciones delirantes cuyo fulgor, por llamarlo de algún modo, dura unas horas o puede que hasta un día. 

Pero parece que esa fase está tocando su fin.

La explicación, pues, era bastante simple. O no. Aún mañana dudaré de si esto que acabo de escribir no es otro disparate de los míos. Poco importa. No hay nada por salvar. La única lección que debo asimilar es la de que jamás seré capaz de conocerme.
 

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