6 ago. 2012

Anotaciones sobre una realidad "propicia al odio"

¿Por qué esa extraña libertad que concede la fe inquebrantable en el presentimiento de ser correspondidos, en no pocas ocasiones nos convierte en deudores de un amargo sentido del ridículo? Sucede que hasta el más audaz pretendiente, debe ser pragmático cuando toda circunstancia lo requiere. Aguarda en dicho envés una verdad tan indemostrable como la que en el amor suponemos verdadera.

En tal sentido, puede suceder que no falten razones para la sospecha. Incluso, podemos dar por válida la interpretación de Rumi: “Nunca el amante busca sin ser buscado por su amada”. Y si bien en épocas aparentemente puras, fe en el amor y fe en el destino solían ser la misma cosa, lo cierto es que a muchos nos cuesta suponer que sea la condición social del hombre la que determine la veracidad o la fortaleza de dicho sentimiento.

No conviene olvidar por tanto, que la modernidad, al menos a nivel filosófico, parte de una interpretación implacable de la verdad. Y aun sin tener en cuenta este mismo principio, no hay que rebuscar mucho para darse cuenta de que estos tiempos amenazan con su trasfondo oscuro toda expresión manifiesta de ternura o de vulnerabilidad.

No obstante, de ser esta una época “propicia al odio”, también podría serlo para aquel excepcional contrario que aleje de nosotros la antiquísima inercia de la discordia. Y aun partiendo solo de un feliz presentimiento, no hay más opción que la de esperar su encarnación en lo más hondo de la propia identidad. Pues la misión del corazón no es otra. Sin ser conscientes de ello, nuestro pulso determina las vías que iremos recorriendo al margen de toda seducción, cliché o galantería. El amor, como tal, no es una conducta sutilmente aprendida después de haber visto miles de melodramas. Mucho menos, un juego en el que ciertas faltas nos conduzcan irremisiblemente a un eterno abandono. 

Citando a cierto sabio helénico: todo lo que es, es. Y lo que no es, no es. Por tanto, considerando a nivel básico que el amor también es energía, tengamos siempre en cuenta que ninguna clase de energía se crea o se destruye. Solo nos transforma en algo que ya los años se encargarán de darnos a entender.







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