27 jul. 2012

Ejercicio de autocomplacencia



Después de unos cuántos años de trabajo, esta noche he caído en la cuenta de que, desde que comencé con mi labor creativa, mi mayor fijación ha sido la de "cabalgar" sobre la emoción en bruto. No sé qué le parecerá esto a la gente que me conoce, pero ahora mismo me veo en la obligación de echarme sobre la cabeza una flor de siete pétalos con tamaño de abedul, aunque solo sea por seguir trabajando la autoestima.

Espero que nadie tenga en cuenta en el momento de leer esto, que un artista debe maltratar, siempre y sin piedad alguna, su colorida vanidad de persona corriente. Estoy haciendo una pausa, y nada me apetece más que constatar, aunque sea por internet, que a ratos he logrado mostrar la realidad de mis pasiones sin el artificio de la técnica, ni el escudo de la cordura.

Algunos ya se imaginarán por qué, pero de pronto tengo la impresión de que expresar a través del arte la euforia o el dolor en el momento justo de sentirlo no es tarea fácil para nadie.

Mucho menos para este que suscribe.

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