31 mar. 2011

Impaciencia

Como el actor que poco o nada finge merecer (o demasiado, si la ocasión es válida también desde la trama). También como todo aquel que se sabe envuelto en la función de la que solo intuye un extraño argumento, apenas entrevisto en la inflexión precisa o en los ojos que delatan. A ese, todos dicen: “te estamos conociendo. Ejecuta con nosotros el plan que nos atañe; se, por tu propio bien, uno más entre las máscaras. Aunque te creas engañado, por tu propio bien, insiste”.

De ese modo, la vida se presenta siempre irresoluta, de ahí su hermoso vaivén de noches y verdores.

Como el actor al que tanto sorprendiera su propia incoherencia, la tentación de comprender me habita, predispuesto a la piedad o al odio. Hambriento de cualquier sabiduría mundana.

25 mar. 2011

La otra amistad

¿Cómo se resuelve en amistad el mismo caos que origina la pasión? Uno se aferra convencido al viejo rito de recorrer el paisaje que involucra al ser amado, empeñado en moldear una máscara que pueda seducir, a la vez que proteger, sugiriendo nuestras intenciones. Pero hay quien nunca aprende, y resulta que el amor es un juego extremadamente delicado, sobre todo a estas edades: muy pocos asimilan fácilmente que todos los pájaros pretenden anidar lejos del dolor. Demostrar, a través de la lealtad, que al fondo de la luz hay un lugar al que siempre seremos bienvenidos, no es tan fácil como parece. Porque siempre hay quien se obstina en acariciar la huella, detrás de su corazón o a sus espaldas, de cuanto no ha podido merecerse de ese modo.

“Ten fe”, viene a decirme esta noche su fantasma, aquel que alimenta el ansia de lo que siempre quise oír. “Si aún podemos ser amigos, no tiene por qué haber más dolor del que tú mismo invocas. Quédate, y ya veremos...” ¿Y qué pasa, le responde un coro milenario, que viene desafinando hasta sus últimas consecuencias, con todas las estancias que la pasión convierte en cárceles de soledad?

Otro viejo poema...

Para hacerte brillar,
he de recorrer tus orillas.
Buscar en tus manos los retazos y el abrigo.
Encontrar a tu espalda las señales de la vida.
Escuchar a solas el eco
en que reconozco tus pasos,
verter el tiempo en tus ojos, llamarte
sin que imponga sus condiciones la distancia.
Llamarte. Con la voz grave de la calma
entrecortada sólo por la duda improbable.
Para hacerte brillar, a veces, alejarme.
Buscar incansablemente la orilla del pasado,
buscar a tientas un comienzo
siempre,
aunque incansablemente.
Para hacerte brillar las palabras no bastan.
Escuchas, pero el amor calla. No basta.
Son tus palabras que faltan,
brillan hasta donde no sé llegar.
Hasta la raíz en que te pierdo
porque no sé llegar hasta ese reino.
Allí das nombres a tu sentir
para que el sentir no sea sólo sangre,
y yo escucho como si amar fuera eso:
hacerte brillar
y brillar
yo también
desde lejos.

24 mar. 2011

Si en verdad asumiera como cierta la intuición que sugiere que todo cuánto pienso o siento durante ese lapso de locura que es el trance la felicidad, no me quedaría más remedio que deponer todas mis armas y rendirme en el tibio regazo de la desesperación.

16 mar. 2011

Constancia

No siempre se enciende
el poema en la noche:
no suele el alma
contentarse por siempre,
ni podría la luna
brillar siempre en tu nombre.

11 mar. 2011

Implícito

Sigo hablando el lenguaje súbito, el mismo que impacienta el aire. El que reconduce hacia las alamedas. Su luz no se comunica en lo dicho, ni siquiera en el modo de aquello que se dice. Si hablo por hablar con la que pretendo tanto, un gorrión desciende desde aquel paisaje y cualquier brisa ocre concilia nuestras voces. Esto puede ser alucinación o imprudencia, pero ya solo quiero entrever el trasfondo de esta historia, y afirmar en un descuido lo que ella aún no ha confesado.

5 mar. 2011

Dos fábulas secretas

1. Para la tribu de los Inoku, los pájaros representan el sueño ancestral. Si dos amantes se reencuentran, y un pájaro se detiene sobre la espalda del menos sorprendido, lo más probable es que este se vea vagamente perseguido por los actos de su infancia. Si el ave toca la mano del más fuerte, este logrará conquistar el mundo si accede a tener un hijo con su pretendiente.

2. Suponen los hijos de Karán que el sufrimiento justifica cualquier acto de maldad. Pero si un hombre se atreve a dañar durante el trance de la felicidad plena a cualquier otro ser vivo, será condenado a agonizar eternamente en los sótanos del Ínkato.

Carnaval

Las relaciones humanas no existen. Son los padres.

2 mar. 2011

¿Quién llamó, dime, evidencia a la evidencia? ¡Más fácil hubiera sido decirle secreto, y dejar que los locos adivinen!