31 dic. 2010

De lo común a lo inexplicable




Un hombre corriente sale de su casa. Está de vacaciones. Va a un bar corriente, y allí conversa con gente tanto o más corriente que los del bar de al lado o los del restaurante de alguna ciudad lejana. Mantiene un animado flirteo con una desconocida (desconocido también él a ojos de cualquiera). Luego habla, bebe, fuma. La noche continúa como cualquier víspera de fin de año. El hombre no teme acercarse a los que se le acercan. Observa de reojo a los que ha elegido hoy por compañía. Gente aún más corriente, como esa rubia desconocida de sonrisa fácil o el detective privado que sufre un desamor constante. No hay refugio ante la rutina. Todo prosigue como debe ser, como dictan las viejas canciones que reconocemos sin haber escuchado nunca su estribillo. Todo pasa sin dejar más rastro que la niebla de los años. Pero la noche acaba para el hombre, que decide despedirse en tono neutro y coger un taxi hacia su casa.

Al llegar a su destino, se sienta a escuchar algo de música. Alguien ejecuta al piano una pieza semejante a la delicada respiración que recata en silencio. En ese momento, el hombre, tan corriente hace nada, tan discreto y cansado, tan feliz y resignado a ser nadie, acaricia en soledad su propio rostro, y con gesto sonámbulo cree reconocer la piel del rostro de ella.

Mientras los blancos acordes funden a negro, un hombre, por esta vez no tan corriente, se resiste a creer que su suerte haya cambiado para siempre.

26 dic. 2010

Apariencia

No el que entonces quise ser:
tan solo el que soy ahora.
El mismo que pretende escribir esto.
Sombra que a ratos se desnuda
por si un día reconoce
el soleado camino hacia tu cuerpo.

De los días comunes

Después, contar entre los felices.
Pasar también nosotros
como si nada pasara.
Y extraviar nuestras sombras.
Nadar hacia el fondo.

Engrandecer solo esa rutina,
la de juzgar inofensivo el pensamiento.

Cualquier deuda con la pérdida
quedará saldada
después de reconocernos.

25 dic. 2010

En cada una

En ti veo a todas las que he amado. En ti danzan armoniosamente. Si consigo que acaricies esa nuca tuya mientras te contemplo, percibo la delicada textura de tu cuello (casi brisa, casi luz en roce), y así te reconozco: ese gesto ya lo he visto antes. Fue razón de amor ante otras.

El otro día alzaste sospechosamente una ceja (la derecha, creo), y tú preguntarás por qué me acuerdo de algo tan tedioso. Muy fácil. Hace cuatro o cinco años, me dio por releer un libro de Hesse: Demian. Como este alemán circunspecto insiste lo suyo en la importancia del carácter cainita, yo salí a la calle dispuesto a plantar cara a los abélicos. Y he que al coger la línea que termina en La Laguna, una mujer percibió el oscuro estigma de mis ojos. Sin mediar palabra, intentó entrometerse. Al rechazarla en silencio, enarcó la misma ceja (sí, la derecha) que tú alzaste misteriosamente. Ni que decir tiene que hubiera dado mi vida por aquella mujer si tanta literatura tendenciosa no hubiera enfriado mi corazón hasta romperlo.

Y aún hay más. Hace dos semanas me sonreíste como aquella niña de la que me enamoré en el colegio. Cuando percutes los cinco dedos de tu mano derecha contra la mesa, veo claramente el gesto de Begoña, a la que quise convertir en madre de los cielos y la paz ultraterrena... ¿Para qué seguir? Podría enumerar a todas las mujeres de la tierra. Ya lo dije. En ti veo a todas las que he amado. En ti danzan armoniosamente.

24 dic. 2010

Cometido

Todo se diluye en aguas del deseo.

No temas beber de su fiebre,
insiste en sueños
y arderás siempre.

Si al final nada queda,
no intentes contener tu sed:
avanzará por sí sola,
como esas aguas tenues.

23 dic. 2010

Ética

Antes de aplicar
las leyes que inventaron los sofistas,
cuando no existían jueces,
ni el verdugo obediente
anudaba en silencio la áspera soga,
antes de levantar esa cárcel
donde siempre han dormido las sombras;
un niño incapaz de abrirse paso hasta el alba,
se vengaba dudando del amor de los hombres.

Aún podéis evitar su crimen,
demostradle la única fuerza
que le haría más fuerte.

20 dic. 2010

Inflexiones

Que haya preferido la soledad, no significa que esta sea el paraíso. Se trata, más bien, de un mal menor.

19 dic. 2010

Sentido de lo cotidiano

Dicen que cuanto más lejano,
más perfecto es el amor;
pero no hagas caso de esa máxima.
La distancia cofunde a los cobardes.
Acércate. Que si la rutina acordada
reconoce nuestros cuerpos,
ya se encargará este sentimiento
de hacernos cambiar a cada instante.

18 dic. 2010

Metamorfosis

Estos días propagan ya su niebla milenaria,
oscureciendo la tonalidad de nuestro ánimo.
Los pinos de esta calle moribunda
parecen no advertirlo,
y la ciudad trae en su vientre
la siguiente estirpe del invierno.

Prosigue diciembre meciéndose en la piedra,
y casi juraría que anteayer
se cumplió en nosotros el poema
que no pude leerte antes de irme.

Si mis circunstancias fueran otras,
tal vez sabría a ciencia cierta
si solo vive la verdad en quien la nombra.
Pero ahora necesito, ahora más que nunca,
que alguien más crea en lo que digo.

¿No sentiste hace dos días
romper contra nosotros
los vidrios sensitivos de la calma?

Dime si un poema impuso sin palabras
su frágil turbulencia a nuestra historia;
necesito saber si el amor abría
su lenta cicatriz al renacer de la sangre.

Poética animal

12 dic. 2010

Alma

Pese a la inercia del progreso,
a mis ojos acuden todavía
sensaciones metafísicas.
Más allá del presente inmediato
que adoran los escépticos,
yo he visto cumplirse la palabra
de todos los poetas.

8 dic. 2010

Matices

1. Soy incapaz de creer en un dios que me condenaría por no creer en él.


2. El yo que se debate a ciegas, el que no alcanza a reflejarse en su propia mirada, solo puede reconocerse a sí mismo buscando en los otros el sutil destello, la resonancia indefinida del vacío. Ante los otros se desnuda hasta mostrar su semejanza; de los otros se diferencia para crecer, para ser más que sí mismo.

7 dic. 2010

Absolución

Esta vez la noche te concede
una ingenua perspectiva de los años.

Desde esta habitación hasta tu infancia,
todo vuelve a cobrar sentido:
tus errores parecen hoy tan lógicos,
que casi justificas felizmente
el haberte dedicado a otros asuntos.

Será que te has enamorado...

Sucede solo en contadas ocasiones,
pero ahora reconoces en las luces del paisaje
la inercia extraordinaria de tu historia.

Ahora sólo tienes que entender
lo fácil que resulta comenzar
a ciegas otra vez, tan fácil
como soportar el mundo y su demencia
gracias a las endorfinas y el azar.

Y también gracias a ella,
que parece conservar en un rincón de su sonrisa
lo que tantas veces dieras por perdido:
la inocencia y aquel coraje necesario
para continuar siendo uno más.

5 dic. 2010

Condiciones

Aunque la ilusión se contradiga,
acepto hoy sus condiciones.

Ya sé que no hay nada entre nosotros...

Pero, para aceptarlo,
aún debo engañar al otro.

4 dic. 2010

Paisaje con mujer en trance

Verás, tus cicatrices son parte del paisaje,
pero necesito saber si en verdad
quisiste que te viera así,
sentada a kilómetros de mí, resistiendo a solas
el silencio que suele precisar la dignidad.

¿Quisiste que temiera el semblante del destino?
¿O es que a veces necesitas reencontrar
el vacío hermético de toda humanidad distante?

Harán falta más de dos encuentros
para comprender el desafío.
Pero, si regresas,
te ofreceré el tiempo que requiere
la verdad para mostrarse.

El tiempo que desnuda los enigmas del paisaje.

3 dic. 2010

Otro apotegma...

Terminó el combate del espíritu. Balance de daños: todos muertos. Ahora sí se respira paz celestial.

1 dic. 2010

Resplandores

I

Solo sé que al final
la luz se propagó frente a la noche.

¿Pero al final de qué túnel, laberinto o cuerpo?
Al final, al final de aquella angustia...

Antes solo había ecos, espejos lunares,
idénticas imágenes que a su vez decían:
en cada cosa yaces, no regreses;
no quieras escapar también a tu conducta.


II

Os aseguro que de luces inefables sé lo mismo que sabéis vosotros. Así que, por favor, no preguntéis de nuevo por la evidente razón de mi locura.

Atmósfera

¿No lo ves?
Cada corazón se ha abierto
al menos una vez, y al menos una vez
se ha quebrado su coraza de cristal.

Al menos una vez en nuestra vida
amamos para vernos insistir
en nuestra contra.