28 ago. 2010

Matemática del caos

Nunca sabré qué hubiera sucedido
si en lugar de cerrar cualquier ventana,
de salir a la calle o de esconderme,
hubiera dicho bien alto qué pensaba.

Con exhalar un grito
tal vez hubiera bastado.

En lugar de eso llega la noticia,
y es como un camión cargado de cadáveres.

Después me oculto en mis poemas
a pensar de nuevo qué decir,
en qué hubiera pasado si entre todos
nos dejáramos llevar por la oración
que merodea esquiva entre los árboles.

Pero en lugar de eso llega la noticia.

Y nadie sabe qué acción hubiera sido necesaria
para que nada de esto sucediera,
ni qué haríamos si todo prosiguiera así,
como si nada.

24 ago. 2010

Sobre la locura y la muerte

Loco es aquel que pretende dominar el mundo. Partiendo de esta base, hay dos de clases individuos enajenados: los que consiguen levantar un imperio y los que acaban sabiéndose devorados por una realidad que no pueden controlar.


*


Anoche completé un curioso puzle. Al encajar la última pieza me dio por suponer que el yo surge en un intento desesperado de aferrarnos a lo que somos ante la conciencia inminente de la muerte. De este modo, aquellos pensadores que llegaron a afirmar que el yo en realidad no existe, son los mismos que han trascendido el miedo natural a la pérdida de sí mismos y del resto.


21 ago. 2010

Laberinto

El problema de la literatura es que muchas veces uno se queda absorto contemplando la belleza del laberinto, en lugar de buscar la salida.

19 ago. 2010

Final del día

Esta soledad se hace llevadera solo en soledad. Ni el ruido de las gentes ni la condición del ángel podrían acercarnos más a lo que somos. Este reino es del aire, y todos sus castillos se deshacen con el volar de la paloma.

17 ago. 2010

Punto ciego

Al otro lado de la duda
has vuelto a suponer
que todos los espejos te adivinan.

Te plantas ante una negativa,
te miras, te acorralas, y así
resultas no ser bella cuando huyes.

¿Que no lo eres?

Te tiemblan las rodillas
si un hombre sin resuello
describe lo que opinas;
cualquier guedeja de tu pelo
afina melodías y recuerdos,
y, por más que no lo sepas,
es obvio que tus labios
contagian la pasión
que no ha curado nuestro invierno.

En tanto huyes,
también yo tiemblo por mi cuenta,
y acato maldiciones y desnudos como lunas.

Sabrás, aunque este torpe seductor
entienda poco de consuelos,
que a veces la belleza que otras venden,
se anula en la costumbre,
y entonces otras vienen
a exhibir esa apariencia
que un claro amanecer desmitifica.

¿Y qué decía el bueno de Girondo
al principio de aquel libro?

No sé, me importa un pito.

Te has ido volando a Nueva York,
y, aunque parezca extraño, aún debo decirte
que las mujeres más hermosas,
las mismas que persigo entre espejismos,
son aquellas inconscientes
que proyectan su atractivo
hacia algún punto ciego de sí mismas.

11 ago. 2010

Confidencia

Amo la poesía sin excusas
del débil que ardió en silencio.

Se alza furiosa en sus cenizas
la flor justa, la desesperada palabra
que no puede convenirse en otra hora.

10 ago. 2010

Matemática

No se ampara en el dolor la ecuación que revela cuánto merecemos de la vida. Esa incógnita se despeja a través de lo que somos. Y de la bondad misma que hemos adquirido a fuerza de rompernos.


Periplo

Para evitar decepciones,
prefirió negar cualquier expectativa
apostando solo por los otros,
los felices jugadores, satisfechos
de haberse conocido pese a todo.

No se arrepienten de su suerte
los mismos que, pacientes,
esperan cada día lo sumo de sí mismos.

9 ago. 2010

Vanidad

En el asombro de reconocerte semejante, se vio justificada aquella vanidad. Tal es el amor: nos hace hermosos. El mismo amor depositado en esas lides que nos llevan, al no saber ascender más alto que lo amado, a pretender la derrota .

8 ago. 2010

La obra del porvenir (reescripción)

A mí el dolor me prometió esa obra
imposible de escribir con mis recursos.
Junté así todas las palabras.
Y trabajé en la noche. Presagié más brillo.

A día de hoy, aquel libro es casi un espejismo.

Tarde o temprano veré si esa promesa
surgió de un tiempo idealizado.
O si era solo que la noche
pretendía compensarme con palabras
más grandes que el nombre del olvido.

Lo cierto es que no espero
que vengan ya unos versos a probarme
que la vida puede ser tan bella como el arte.

Asumo ahora que los difíciles poemas
que ayer le prometí al destino,
no podré escribirlos mientras viva
soñando que unos versos valen tanto
como la vida misma.

7 ago. 2010

Pragmático

A estas alturas, diréis,
hay que ser práctico.
Nada de abstraerse contemplando
un árbol que respira, su sed de espacio.
No debemos extraviarnos tras los pájaros.
Y de venerar un sol solemne,
mejor ni hablamos.

El que quiera dedicarle tiempo al alma,
que mire confiado de reojo
al ser de todo espejo:
diréis que por ahí comienza el hombre
a distinguirse como corresponde al amo.

Me parece bien. Es vuestro derecho
huir de aquello que fermenta en vano
al fondo de los pozos de la infancia.
Tenéis claro que el oro vale un precio.
Y no podéis negarme que ya habéis visto algo.

Está bien, lo admito:
cualquier felicidad consiste en eso.

Pero a mí dejadme al margen. Ya sé que soy un necio.
Del conjunto me alienta solo esa utópica belleza,
la febril respuesta a lo que nadie ha preguntado.

Competición

Hoy salí a tomar algo. Estoy a punto de empezar mis vacaciones, y ya me estoy temiendo que el aburrimiento puede devorarme lentamente en estos días. Mi primera intentona de escapar a ese más que probable estado de ánimo ha sido esta. En principio había quedado con un amigo en un bar, que hasta hace poco frecuentaba bastante. Hoy había concierto. Después de esperar un rato, le envíe un mensaje al que iba a ser mi única compañía y, sorpresa, este prefirió quedarse en casa sin avisar siquiera.

Intentando salvar la noche, acabé por sentarme con el amigo de un amigo, que estaba allí sin el intermediario de rigor, tomando una copa de vino y haciendo de galán para una joven de piernas bien torneadas. Sí, me senté allí, puse mi mejor cara de educado desconocido e intenté mantener una conversación con los dos que conversaban y con otra chica que tenía toda la pinta de ser amiga de la otra, la de bonitas piernas.

Llegado a este punto, corresponde hablar directamente de un problema que tengo. Resulta que a veces me da por analizar hasta la náusea situaciones cotidianas. Y no queda ahí la cosa. Tengo otro. Problema, digo. A veces me da por pensar en los chinos que trabajan hacinados en cualquier fábrica de mierda por un sueldo de mierda. Hombres y mujeres que lo más probable es que hayan perdido toda noción de identidad, de horizonte, de acción y de respeto hacia sí mismos. Esta noche ambos problemas tomaron una sola forma. De repente me vi allí, hablando con tres personas a las que apenas conozco y que intentaban de un modo desesperado darle sentido a su existencia asignándole una importancia improcedente a una serie de aspectos triviales que bien podrían obedecer a algún tipo de idealización patológica —modo de vestir, apariencia física, desparpajo, tamaño de sus zonas erógenas, etc.—. Me vi allí, contemplando todos esos accesorios superfluos que para un chino, un senegales o cualquier otro paria de este planeta, seguro que resultarían de lo más innecesarios.

Quiero decir que hay gente que se deprime por ese tipo de cosas, que sufren por el tamaño de sus penes, que de noche se fustigan porque no pueden parecer más interesantes de lo que no son o que se suicidan porque nunca llegarán a ser grandes escritores. Y, mientras tanto, ahí siguen los chinos dale que te pego, sumidos en una infelicidad tan digna, que nosotros a su lado parecemos un dibujo animado manga de los años ochenta: edulcorados hasta la demencia con la sutil anestesia de este modo de vida tan moderno que hemos elegido.

Tal vez tendríamos que ponernos a trabajar todos en fábricas de mierda, por sueldos de mierda para aprender de una vez por todas en qué consiste eso de ser una persona digna del afecto de tus semejantes. ¿No? Vale, no. Pero tiene que haber un término medio. Una zona en la que nuestras necesidades básicas estén cubiertas y, al mismo tiempo, no tengamos que preocuparnos de tantas tonterías como las que abarcamos a la hora de relacionarnos. Porque: ¿no sería lo más lógico a la hora de cruzar nuestros caminos, comportarnos todos como iguales o, al menos, como los semejantes que de por sí somos?

Pero en lugar de eso, competimos.



6 ago. 2010

Tediosa identidad

Deambulamos los dos,
—yo, perfil nublado,
más otro incomprendido que no es nadie—,
por paisajes no propicios a la mística
de los viajes interiores.

Aun así, reconozco de memoria los lugares
de los que traje un viejo souvenir
ofrecido como máscara y espejo.

(Escribo para el otro este poema:
necesito en estos días que abandone
la suma de presencias que aún frecuenta).

Hoy propuse ante sus ojos un trato inoportuno.

Si accede, lo que quede de mí
debería conformarse
con algunos libros célebres,
el delicado arte de estar solo,
más la luz casual que encuentro en las paredes
cada vez que dejo de buscarme.

3 ago. 2010

Opiniones

Nunca pidas opiniones acerca de aquello que haces porque sí. Si esperas alabanzas, ten en cuenta que estas suelen ser un arma de doble filo: los que están cerca de ti prefieren que seas como ellos antes de ver como expresas los motivos que tú mismo ignoras. Si, por el contrario, pretendes que te critiquen, bástate tú solo en esas lides.

Nada más sencillo que censurar la misma libertad que tanto molesta a tus semejantes.

2 ago. 2010

Ante unos pocos felices

El pianista ejecuta Fur Elise
desde el mismo equipo en que trabajo.
Continúa luego con otra de Beethoven,
una sonata tan perfecta,
que se deja sentir entre replicas y espacios.

Ciertas armonías me persiguen
cada vez que abro en las paredes
el hueco que supone mi refugio.

Beethoven, Tom Waits, Davis…

Tienen en común un modo
de alejarme del vacío, construyendo
un hogar casual, perceptible al paisaje.

Luego está la música que inventa
su propia fórmula de espanto,
retrasando el tiempo en que debiera
volver hacia el silencio, y darse solo al aire.

Es extraño. Solo a través de esos sonidos,
llegando a escuchar el alma de algún loco,
he logrado sentirme en paz con la tragedia.

Pero si un drama, por simple que sea,
parte siempre de la luz,
entonces, amigos, me doy cuenta:
música, mi fiel veneno,
a fuerza de sentirte, ahora creo
que nada en el silencio natural del hombre
será tan necesario como hallar tus ecos.

1 ago. 2010

Desnudez (reescripción)

Pero la existencia del amor,
la difícil luz que le nace a dos almas
por partir a diario hacia su conclusión íntima,
no brilla por si sola.

Primero han de encontrarse dos cuerpos.

Estos, no pueden desnudarse más allá
del tacto que toman de su carne:
es lo más difícil.
Porque los cuerpos cantan,
motivan caricias,
se elevan si la noche es clara;
pero no saben existir por sí mismos,
apenas saben amar la soledad.

Por ello tratan siempre de alejarse,
de ocultarse en las duras tareas
que precisa la muerte.
O de mostrar la prueba más certera
de que es real lo que sienten:
su alma.

Dos cuerpos, por sí solos,
no comprenden que el alma
es la tibia desnudez
a la que no puede llegar el cuerpo.

(Sorprendido en absoluto vacío de amor,
cualquier cántaro abierto
puede albergar el lugar del océano.)