31 jul. 2010

Separación de bienes

Cuando Cielo e Infierno convinieron divorciarse por segunda vez, llegaron a un curioso acuerdo. El Altísmo ya podría ser el único que tuviera acceso a los libros imborrables. Pese al difícil trato, el Caído no salió mal parado.

A él serían confiadas todas las preguntas de los hombres.

Otra extraña confidencia (reescripción)

Por pensar mal de los muertos,
el niño que fui no despierta,
me aterran los siglos,
bebo cualquier llanto frío,
y la noche, ofendida, me niega el resuello.

Solo, desciendo en secreto
al atestado infierno
de la imaginación verdadera.
Y no soy yo ni son los muertos
quienes soñando se enfrentan
por algo que ni es posible siquiera.

Son ellos, los vivos,
los vivos son los que cuentan
que todo es perfecto
si al morir todo empieza.

Os digo que son ellos
los que nada saben de sí mismos,
ellos son los que sueñan
con regresar del infierno
el día que alguien juzgue
su deuda ya sin remedio.

28 jul. 2010

Gente

No me gusta la gente.
Ni yo mismo como tal.

Alguien debería pensar de qué manera
se podría solucionar tanta atrocidad…
Cada vez que me siento en una cafetería,
no me queda más remedio que escuchar
el burdo parloteo de la tribu.

Y el que no me guste,
no es problema mío.
Es de la gente.

A este huraño de naturaleza crónica
se le ocurren dos o tres cositas
que se podrían llevar a cabo.
Todos viviríamos más tranquilos. O no.

Solo sé que me sentiría por siempre agradecido.

26 jul. 2010

Tiempo del trigo

No cumplieron los muertos su amenaza.

Imaginad cualquier ciudad en enero,
un ángel corrupto por el sol, viento,
canciones ya sabidas o palmeras azotadas
por el lento diluvio que esperamos.
Podéis darle forma a un cataclismo. Resarciros.
Suponed también que los mismos que partieron,
no llevaban en sus manos hueras la discordia.

Imaginad que entre los nuestros
el día estaba hecho y el trigo no crecía,
que tan solo uñas y cabellos revueltos
continuaban creciendo y creciendo.

Decidme, después de figuraros esto,
si alguna vez creísteis que entre ellos
nos guardaron rencor por haber sobrevivido.

Sé que no es fácil comenzar de nuevo,
ni llevar diez crisantemos a esa tumba injusta
en la que el sol se pone cada día.
Aun así, dejadlos entregarse a lo que vino,
sin imponer su retrato a los que tomaron asiento.

Pues el día no está hecho en lo que vive,
y el trigo imaginado en todo invierno
continúa creciendo hacia la luz
que lo consume nutriéndolo.

22 jul. 2010

Otra mañana, el mismo ruido

No ser hombre. No llevar el disfraz, ni conjurarme en vano. El papel que desempeñamos aquí me es tan lejano como el que desempeñan los demás. Insisto: hay algo que pugna desde dentro por abrirse paso hacia el interior de mis semejantes. Y sé que el presente es incognoscible. Solo los que interpretan creen haberse ubicado en el centro de la trama que suponen verdadera.

El que es, todavía desconoce las ciudades, los valles, la muerte recelosa y el camino.

16 jul. 2010

Sobre una reflexión de M. Zambrano

No se reconcilió con la verdad.
Sus ojos despuntaban a la luna,
un azar solemne y caprichoso
mediaba con la voz del sufrimiento.

(¿Y no conlleva el aceptar,
saber también que en ocasiones
un pájaro nos lleva ya prendidos,
igual que el fruto o la semilla,
al mismo vuelo paradójico
de huída y de regreso hacia uno mismo?)

Es todo más sencillo, se dijo…
Aceptar consiste en desvirtuar el dolor,
asignándole un nombre más común a nuestra vida.

¿Pero quién puede conformarse con eso?

12 jul. 2010

Sistema

No le debo a la locura de la gente
más que el desprecio,
tenazmente aprendido,
hacia una naturaleza múltiple
de fácil egoísmo e inocencia.
He participado tantas veces
en grotescos festejos,
tantas veces en el crimen legítimo,
he doblado tantas veces
la violenta bandera del silencio,
que a menudo me comparo
con aquellos que alimentan
su juicio con el juicio del más fuerte.

Sabed que os odio, hombres de a pie
que os beneficiáis del juego de la muerte;
sabed que ya he manchado mis camisas
evocando la lid perdida contra corriente.

Podéis acusarme, si es lo justo.

Ahora corroboro aquel principio
que me aleja de vosotros,
vacíos hombres de a pie,
vencedores del llanto inerme.
Vacíos, vacíos, vacíos…

7 jul. 2010

Edad del tiempo

Me he sentido envejecer esta mañana.
Hoy aparté todas mis obligaciones,
desperté tarde, desayuné
y salí a la calle acompañado por un libro.
Leí algunos versos sorprendentes,
volví a beber café. Vaticiné el instante
solo para dar con la ocasión perdida
de ser dueño de aquello que se evade.
Si hay un alma en mi silencio,
acaso ya haya visto el nacimiento
del árbol y la roca que contemplo
junto al ave transitoria del futuro.
En una plaza inevitable,
alimentando el libro de un creyente,
he vuelto a rechazar al dios que supusiera
hambriento de este tiempo que ahora somos,
caudal de juicios fugitivos,
piedra ancestral, suma de todo lo vacío.

6 jul. 2010

Inspiración, desorden

Observo con cierta extrañeza
el sutil vaivén de mis propios pensamientos.

Con cierta extrañeza.

Posiblemente se deba a la rutina
de un oficio cuya meta
es parecer apaciguado en lo que nace,
de ahí la costumbre de saltar de un lado a otro
por el confuso enramado de la psique.

Pero nada más lejos de este rito
por el que me alejo de mí mismo
para reconocerme en un sol agonizante,
que el hecho de pretender asistir
al dudoso parto de una vieja novedad.

En la difusa constatación de lo que pienso,
hay una desolada atracción por el vacío,
ese estado solemne que se alcanza
tras expulsar toda primavera de uno mismo.

Una vez cumplida esta labor improcedente
—el acto de escribir, si es que es un acto—,
ha de llenarse mi boca
con el juicio consabido del que miente
porque sabe que al mentir contiene
la segura realidad de lo aprendido.

5 jul. 2010

Sisma

Un perro cualquiera se contagia
de ese malestar simple que me lleva.

Al mirarlo pienso,
como viene siendo habitual,
en la infeliz importancia del tiempo.

Y ese perro,
perro cualquiera que acaso no entienda,
reacciona escudriñando mis ojos
como el que intuye en los ojos de todos
un pesar que no es verbo.

No es necesaria inteligencia alguna
para saber que en cada cosa sucede
la sospecha de un límite exacto.

Después de mirarme,
el perro, inocente, se tumba en el suelo.

En su silencio recoge
la sospecha de ser más
que un perro inconsciente.

3 jul. 2010

Sociedad de consumo



Vivimos en una sociedad que en gran medida nos valora a nivel individual por lo que pensamos de nosotros mismos. Pobre de aquel que, después de perder su derecho a la indolencia, se sienta inferior a la mayoría de sus semejantes. Pobre, porque siempre habrá quien lo trate en función del juicio implacable que realizaron aquellos que, al odiar un día a la ligera para sentirse superiores, impusieron una huella irreversible en el amor propio del más desprotegido.

1 jul. 2010

Héroes

Helos aquí, estos son los héroes,
padres del asunto, huéspedes destemplados
que se sustentan de la virilidad más violenta.
Obsérvalos. Si los miras sin abrir los ojos,
podrás ver cuánto se parecen
a un montón de estiércol
que no ha de terminar de endurecerse.

Los demás somos patéticos.