31 ene. 2010

Sola compañía

Solo, porque la soledad es el centro
que irradia su temblor hacia la periferia,
hacia las sombras volubles de los otros.
Desde aquí admiro el juego involuntario
que guía tantas esperanzas hacia el mundo.

(Hay baladas de vientos cautivos
que acechan extraviados el azul sendero.)

Nadie corrobora este espejismo vano:
mi soledad es un cuerpo
que ignora que la vida es su secreto,
que cree que la luz es el misterio
cantado tristemente hasta la muerte.

No me dejes comprender el firmamento,
no quieras que mi soledad se enfrente
al tiempo que soporta sus límites de fuego.

Todo será ceniza, menos ese centro
que busca la ocasión de disgregarse
bajo lluvias cotidianas y blancas exigencias.

Todo le será devuelto a tu silencio…

Menos esa soledad que afrontas sola,
con la sola compañía de mis versos.

30 ene. 2010

Soledad

Soy ese extraño que está ahí
sin hacer nada con el tiempo
insensatamente derrochado hasta el olvido.

Tengo un corazón violento, antes
lloraba hasta sentir el aire quieto
en el interior de mi sangre.

Ese no sé qué invisible de la brisa,
no me pertenece. Soy sueño.
Y hacia otro sueño voy,
seguro de mi suerte.

Seguro de la canción y de la noche.

Para que pase la noche

Para Edi,
con la clara intención
de seguir conversando.


Un amigo me dijo hace unos días
—aunque era tarde, la ciudad es testigo—,
ante un taxista feliz pero cansado,
que el dolor que tantas veces evitamos
no sabe de ninguna queja triunfante:
hay que salir a buscarlo entre la nieve
que deja el temporal de nuestros años.
Hay que abrazarlo, aunque la muerte
vaticine una conversación extrañamente frágil.
Y aprenderlo en cualquier calle de neón
que conduzca a la verdad de otro pasado.

Hoy, comprendo algo más de mí
y del dolor que tanto nos espera
tras el dudoso temor que inspira su silencio.
Sé que hay un daño inevitable
y otro que soñamos sin que sea verdadero.

Hablando del real, que es el único que añade
un poco más de oscuridad a la memoria,
hoy me gustaría decirle a mi aliado
que sorprender al sufrimiento es vano
si no podemos decidir lo que queremos.

Pues no hay dolor que sea voluntario.

En la ilusión que nos convierte en dueños
de esa ilusión que obviamos, suponemos
que nuestras cicatrices son la muestra
de la entereza que nunca nos concede el tiempo.

(No obstante, Edmundo, amigo, lo cierto es
que los dos salimos a su encuentro,
con la esperanza de que la tempestad amaine
gracias a la voluntad misma
de que la noche pase mientras tanto.)

28 ene. 2010

Los años de azul

Permaneces en mí porque permaneces
en el baile premonitorio
que llama nuestros actos al delirio.
Porque permaneces en mí, permaneces
en tu rueda melancólica,
en tu largo ciclo de inocencias idas,
de estaciones muertas para un tiempo febril
que recurre a la prudencia de perderte.

Fuimos libres de permanecer despiertos
buscando una expresión para la luna,
de fulgor casi inmortal como la muerte.

Fuimos libres porque la libertad es llanto
que se piensa canción, aunque sea beso
que aguarda incierto en la oscuridad, incierto.

Fuimos libres. Solo así soñamos más allá
de nuestras últimas tardes de verano.

En lugar de Diego





No me llaméis nunca por el otro nombre.
El que solo saben las mareas blancas,
ese que nunca pronunciaron
los últimos señores de la nada.
Si en lugar de Diego, queréis decir nadie;
si tratáis de abrir mis calles al deseo
que irrumpe en la conciencia de la noche,
no digáis nunca: mirad, es también viento
que duda entre las formas del silencio,
viento raudo y cansado…


Viento enloquecido, viento al fin y al cabo.
Viento que se asoma solitario a los barrancos
donde el mundo es una huella sin sendero.

Mi otro nombre no es de nadie. Si lo ignoro,
es porque su verdad última no debe contarse.

27 ene. 2010

Ríos

Nuestro amor era un peso de ríos dolorosos,
que en su respuesta tibia
no acertaba a distinguir la hora,
el día o la fragancia exacta del abrigo.

Sé que hubieras querido despertarte
convertida en nube o en agua, incluso en aire ido
por entre unos labios sin forma.

Nuestro amor no era un juego, ni un baile.

Era más bien una puerta muy honda,
cuya cerradura no admitía otra llave
más precisa que el frío
que entraba llorando desde donde nadie.

Pero todos los actos que pesan
terminan por importar menos
cuando sabemos que lo más importante
es toda atención que prestamos a un amor vivo,
no a su memoria de adioses
o de lentas sombras distantes.

Después fuiste pluma, razón… ¿O quién sabe?

Tal vez era aquel peso el mismo dolor
que yo te guardaba frente a los ríos mortales.

contracrítica




Resulta al menos curioso el modo en que la crítica de primera fila, y a veces la de segunda, han manipulado paulatinamente la opinión del público hasta hacerle creer que todo en el arte es ignorancia e imposibilidad. Más que curioso, aberrante. Digo esto porque después de muchas conversaciones sin demasiado sentido sobre lo que es aceptable en una disciplina artística u otra (o dicho de otro modo: sobre lo que válido o incluso bueno en poesía, música, cine, etc.), la opinión de la mayoría de los individuos que conozco, es, sobre todo en lo tocante a la poesía, la de que ellos mismos no entienden absolutamente nada sobre la totalidad del género. Bien. A mí que me lo expliquen. ¿Cómo es posible que una de las formas artísticas más profundas y antiguas del mundo, no sea, a día de hoy, más que comprendida por unos pocos genios de la retórica?

Da la impresión de que la poesía en sí se ha convertido en algo ajeno a la conciencia de hombre y mujeres que transitan la calle cada día. Los que nunca leyeron verso alguno tal vez opinen que esto es así porque sí, porque la poesía es un asunto de unos pocos “iluminados” y, por lo demás, algo tan complicado de leer que resulta incomprensible para cualquiera que no se haya distanciado años luz de la realidad corriente. De acuerdo: podría aceptar parte de esta argumentación como un delirio más o menos coherente cuando proviniera de alguien que jamás pasó de las rimas de Béquer en el instituto. Pero lo cierto es que yo, como escritor o como aspirante a eso mismo, preferiría considerar absurda una afirmación que tergiversa la esencia de esta misma disciplina para exponer que lo que se dice en el lenguaje más refinado de cuantos conoce el hombre, no es más que un galimatías poco o nada accesible para la mayoría.

Ahora podríamos recapitular, y decir que hasta hace cierto tiempo había una élite cultural, que era la que escribía los libros que aún conservamos de épocas pasadas, la que pintaba y la que hacía todo eso que a no pocos mortales les resultaría casi imposible en cualquier momento de su vida. El caso es que para acceder a su mundo había que ser también parte de otra élite de índole similar: la del público con suficiente criterio como para comprender qué era lo que estaba viendo. (Eso, por un lado. Luego, es evidente que el panorama cultural no era del todo así. Dicen que Cervantes escribió el Quijote en un arrebato de hartura dirigido al género literario más común en los tiempos del Amadís de Gaula.) Sea más cierta una cosa o la otra, lo que es indudable es que en la sociedad moderna todos los lenguajes artísticos se han diversificado al punto de que casi nadie puede quedar excluido de sentirse identificado con alguna obra en concreto.

Entonces, ¿por qué la poesía tiene que ser menos?

Llegados a este punto, me gustaría dejar constancia aquí de mi visión del problema. Empecé este circunloquio diciendo que la crítica de primera fila y la de las adyacentes manipula descaradamente al público en la dirección que le place, hasta generar un clima de total ignorancia al respecto de lo que es válido o no. Porque, a ver: ¿no es la crítica la que nos dice que en al arte todo es relativo? ¿Que para distinguir lo que es Arte de lo que no lo es, ya están ellos? ¿Y no son ellos los que luego nos dicen de un modo más o menos soterrado los libros que tenemos que leer, el arte que tenemos que comprar y el momento en que tenemos que partir rumbo a la otra punta del planeta para ver la exposición más importante de todos los tiempos? Supongo que esto puede generar cierta controversia. Me gustaría aportar más datos que aquellos que me ofrecen el sentido común y mi breve bagaje por el mundo de las letras. En cualquier caso, no puedo dejar de pensar que la que sale más favorecida gracias al relativismo en el debate estético de nuestro tiempo, es la crítica y el poder en la sombra al que casi siempre representa.

(No sé si el pueblo es ignorante o no. Pero, de serlo, para algunos sería preferible que nunca se considerara con la capacidad de comprender lo que está pasando ante sus propios ojos.)



25 ene. 2010

Llamado de la luz

A veces veo una luz,
llama humilde que no ciega, ni toma
más razón de mí que la que entrego.
Quién supiera distinguir correctamente
esa luz dudosa, de esa otra, improbable,
que viene a cerciorar nuestro silencio.
Fuerza que caiga en lo que no vemos,
igual que esta palabra cae, temerosa,
sobre los mudos ardides del secreto;
sea la luz que muestre nuestro sueño.
La otra nos confunde en lo perfecto,
haciéndonos pensar que el mundo
es siempre igual de idéntico a sí mismo.
No hay verdad que obligue al ciego
a preferir en su inconsciencia
la que fuera más real, a la más bella.
Pero es cierto que la dada, la imperfecta,
solo puede verse dentro cuando el cielo
es igual a aquel océano invisible
que guarda el corazón en su dureza.

Si estás conforme con la noche,
deja que sea otra luz, tal vez más clara
que toda la que al mundo simplifica,
la que ilumine tu paso contrariado
durante el largo trayecto hacia ti mismo.

Que toda verdad es vana hasta que el verbo
nos quita de las manos lo que vemos,
dejando en su lugar
la nada que llenamos
con nostálgica esperanza en el misterio.

Temer al dolor



He conocido a quienes tratan de vencer su miedo a la crueldad confraternizando con gente de la peor calaña. A quien intenta ser mejor que los demás sin intentar comprender. Entre mis amistades hay gente así, personas incapaces de poner un límite a la ensordecedora voluntad de los demás. No creo que la solución a todo esto pase necesariamente por el enfrentamiento directo contra aquellos indeseables. La cobardía solo es tal cuando no hacemos lo que está en nuestra mano para solucionar un mal determinado. ¿Y cómo concienciar a los crueles para que actúen de un modo distinto al que la vida les ha enseñado, o a obrar de manera contraria a la que podría suponer su propia naturaleza?

Corresponde, llegado el verdadero punto de inflexión en el que debamos actuar como ellos o marcar la diferencia, obrar con cautela. Distanciarse a fin de no ser acusado, ni corrompido. No negaré que admiro a los que se enfrentan a tanta inmundicia, pero el pulso que los héroes le echan a la vida, siempre transcurre en desiguales condiciones. Si nos enfrentamos a un enemigo más débil o, incluso, equiparable a nuestras capacidades, no habrá nada heroico en nuestra lucha. Y puede que ni siquiera se trate de ganarnos el cielo de los valerosos.

Todo consiste en no dañar o, yendo más allá, en tratar de mitigar el dolor de los que sufren. El mal, esa abstracción que tanto se han empeñado en cifrar los filósofos, acaso solo podría definirse como el llevar a cabo un daño más o menos intencionado a quien nunca mereció tal cosa.

No sé si es posible cambiar el mundo, ni siquiera sé si es posible hacer cambiar a una sola persona para convencerla de que llegar a generar dolor físico o espiritual a cualquier otro ser vivo, es tratar, al fin, de evitar un daño que nunca sentiría si, a su vez, el o ella tampoco se obstinase en dar el golpe que lo situara del lado de los más fuertes.

De los que, en definitiva, tratan de ser temidos al punto de no verse nunca doblegados por dolor alguno.




24 ene. 2010

gratitud

A nadie le diste nunca lo que a mí.
Ni los pájaros solos, ni la luna expresada
con fidelidad de río sin retorno.
Sí, es fácil decirlo. Amanecer despacio,
lleno de gestos indemnes,
con el amor en brazos.
Es fácil hacer un cielo con las nubes
que del sol huyan como del llanto.

Pero a mí me diste el canto impenetrable,
aquel que viene desde lo borrado,
desde la difusa historia que no hicimos
para no caer sin tregua en la alegría.
En la alegría del fuego que esperamos.

Muchas veces asustamos la primera luz,
muchas veces conversamos con el niño que negamos,
perdidos en el hogar nostálgico del verbo.

Muchas veces.

Pero lo más normal es guarecerse
tras la sombra de la sombra más alta,
y desde ahí contemplarlo casi todo,
hacer de cualquier inmensidad la calle
que se pierda entre los días incontables.

Tanta luz te pertenecería tanto
como el acto sin fin que te desvela
cuando no puedes dar más de lo esperado.

Al fondo

Al fondo de la nada,
los reproches desnudos del testigo
que vocifera su verdad, oculto.
Me paseó por la casa, sin ser visto
amenazo la luz de mis fantasmas,
suponiendo los encuentros implacables
que la noche nunca me concedería.
Hubo una niñez imposible de abrir
al juego consciente de la última tarde.
Las playas silenciosas, atardeceres
de viento con cualquier nombre de nadie;
la fiebre tras los ojos, el círculo del hambre:
todo halla su medida en mí,
que no soy sino el ritmo solitario de la sangre.
Al fondo de la nada, la sonrisa perenne
por la que mi madre tejiera
su conducta de lazos imposibles.
Al fondo de la nada,
los reproches que hacen, insalvables,
las distancias que guardo ante la sombra;
los ecos de ese alguien que acaso puedo ser
mas no logra importarme.

De raíz




I

Muchas veces hay que elegir entre expresar la rabia o guardarse el dolor. Yo, por lo general, suelo guardarme el dolor. Y por lo general me arrepiento.

II

Hay gente que transita sin ningún problema entre su realidad y la de los demás. Afortunados ellos, que ignoran por completo que las dos esferas no tienen ningún parecido entre sí.

III

Si has de sufrir la belleza, permítete que tu sufrimiento también sea en sí mismo una lección de estética. De lo contrario, siempre permanecerás lejos de lo que amas.

IV

Siempre llueve cuando fuera hay algo que no podemos esperar.

V

Pasó el tiempo, me rebelé contra la farsa. Urdí complejos universos en los que yo era mejor que los que actuaban. Ahora guardo silencio. Y en cada ademán, la pregunta que solo puede responder la evidencia o el truismo.

VI

No me guardes rencor si, llegado el día, no logra conmoverme el relato de tus miserias. Mi corazón es un desierto donde nunca deja de llover. Donde tú no eres más desdichado que yo, ni que ningún otro que haya comprendido la oscuridad del género humano.

VII

No abarcaré nunca más sombra que la que yo mismo proyecto. Sin embargo, al suponer la expresión del drama que nunca contarás, me estremezco como el niño que no podría volver a rebelarse. Y ya temo que en tus ojos se dibuje mi solitaria vergüenza, la verdad convertida en estigma de una inocencia arrepentida.









23 ene. 2010

Semilla

Dejó la noche en mis manos
la simiente helada
de sus valles desnudos.
Intemperie es el nombre.
Realidad es la semilla
de todo lo que se adivina
jugando a ser camino.
Yo te guardo lluvias,
melancólicas proezas,
tristes diversiones
que conducen a la muerte.

Y dejó la noche el daño
de un azul terrible
escondido entre mis versos.
La simiente germinó
cuando el dolor era invierno,
para dar de sí los jardines
de un mundo precario,
aprendido en silencio.

Yo te guardé el amor
que despierta en los arrabales
como un animal de olvido.
Pero decir intemperie
es consolarme de frío.

Realidad es el cuerpo
que apartas de esta luz,
tan blanca que es un árbol,
un reloj o esa canción
que nunca cantaré contigo.

Como la sorda respuesta
que se da a la pregunta
que jamás nos hicimos.

21 ene. 2010

Autorretrato de nadie

Por pintar de luz el gris de mis entrañas,
necesitaría de un lienzo blanquísimo,
de un pincel y una llama
y un óleo impreciso de fuerzas
más fuertes que el olvido.
Imito el simple ruido de mi padre,
dentro de mí hay inertes palomas
en bandadas de sangre.
Estoy enfermo en la luz contagiosa
que mi madre lloraba
en las noches febriles sin nadie.

Por pintar de luz el gris infinito
de un mundo invisible, he dado contigo,
testigo indolente que observas
el fuego continuo del aire
en que mi corazón se ensancha de frío.

No soy yo, ni es el hambre.

Me observa el dolor impreciso, la nada
de aquel que me sabe implacable.

19 ene. 2010

Sagrado

Construí un pequeño templo con palabras.
Ahora rezo para que también salga el sol
desnudo por occidente.

18 ene. 2010

El juicio y la locura

No te absolverán —aunque lo entiendan—
los enemigos íntimos del mal
que revela y consuela a tus fantasmas.
Por más que expliques tu locura,
tu juez eres tú mismo,
y, en medio de la nada,
levantas la esperanza de ser solo,
tratando de olvidar toda condena,
el mismo que esperaba lo imposible.
Mas no te absolverán, por más que ofrezcas
la noche vana de tu alma en sacrificio,
no te absolverán del mal que ya sufriste.

Que toda libertad tiene por norma
la lucha desigual de quien se obstina
en no ser nunca menos que sus jueces.

17 ene. 2010

El otro que no es

Solo los locos quieren ser otra cosa,
solo los locos son hijos del cisne
que aúlla como perro melancólico.
Cisne indiferente, ave furiosa y triste…
Locos de estos jardines desolados,
no perdonéis al mundo,
merecedores de un amor más claro,
cisnes indelebles, hijos de la inercia
que pregonan las sirenas y los pájaros.
Guardad vuestros relojes:
el tiempo que anheláis,
es lluvia que reclama vuestro canto.

Hijos de una misericordia impensable.
Asesinos. Asesinos del sol y la palabra,
creadores del viento interrogado
que responde lo que sois al árbol ciego.
Señores del dolor que no se entiende,
vengadores del silencio ausente, de lo vano.
Decid lo que pensamos:
somos todos soñadores destronados
juzgados por el bien,
que es nuestro sueño más humano.

Yo quisiera veros, semejantes cansados,
más allá del fuego de la duda razonable.
Yo quisiera contentaros con poemas,
antes de que el mundo se ría de nosotros
en un alarde exacto de vergüenza.

Desnudad el corazón de la paloma,
construid el templo inacabado de la noche.
Haced de vuestra sombra un cuerpo
que abrace la verdad hasta escucharos.

15 ene. 2010

Protocolo del náufrago

He arrojado sin tino
un millón de botellas ante el mar violento.
Un naufragio se justifica acatando
la ley insostenible del verbo
que objeta toda desesperación solemne.

De no obtener respuesta,
sé perfectamente lo que no debo hacer:
sentarme a esperar al ángel verde
que ofrece su señal al extraviado.

Ahora bien, si alguien desfallece
en la longitud lejana de mis juegos
—el acto solitario consumado—,
yo seré ese ángel claro, aprendiz de la corriente,
ante el náufrago mudo que me lea.

compasión

No hay compasión. Todo está dicho.
Escondo mi derrota del vencedor,
del animal intranquilo, de la vanidosa
obligación de los otros despreciados.
Recorro sin ser visto
la ciudad en que nací,
para no comprender su ritmo ciego
de esperpénticas luces clandestinas.
Quién no ha deseado hasta la oscura náusea
ser mejor de lo que determinan las mudas,
indecibles pasiones de la noche.
Si este mundo al final se guareciera
del mismo mal que glorifica,
solo quedaría un brutal dolor indemne
escogido por los inocentes,
a modo de fe en lo que es irreversible.

Pero, llegado el día, seremos implacables
con los mercaderes ávidos de nubes.

Arrancaremos las últimas flores muertas
que crecieron en los tiempos del exceso.

Aquel que nunca se sintió humillado
en aras de una verdad indemostrable,
solo deberá de observarnos neutralmente
para comprender la importancia de la duda.

Sí, la revolución es un sueño ingenuo.

Pero día a día acercaremos la palabra
al oído inconsciente de los soñadores.
A los que suponen todo lo innombrable
cuando el alma se retira y solo queda
una hora servil en que aplazar lo inevitable.

Yo vi tu luz primera, poesía.
Y hoy siembro tu simiente oscura
en la mirada frontal de los no fuertes.

13 ene. 2010

Noche en la isla

Una luna despiadada y siempre sola
conjura el simple fuego del atardecer.

Abandonar el blando hogar
bajo esta luz violenta,
remover la entrañas dormidas
de un olvido que no puede precisarse.

No hay otro saber más puro, ni más casual,
que el de recorrer esta nostalgia,
atroz e indefinida,
por la que representar tanta soledad
como la que sostiene el mundo en sus albores.

No es posible guardar para uno mismo
el tiempo que la noche nos concede
en un alarde de ingenuidad y sombras.

Todos saben que cualquier pueblo
es de rabia contenida, de cantos ancestrales;
que en la palabra de las clases altas
se transfigura el corazón de la inocencia
para parecerse al dios indiferente
que nutre sus silencios con mentiras.

No me guardéis rencor, posibles amigos,
si un día soy más fuerte o más perfecto:
pues no podré vengarme cada día
de horror permisivo de los vencedores.
Un poema es siempre un lujo bienvenido
al hogar de quien no comprende esa condena.

Y yo quiero ser mejor o más valiente.
Pero esta vida nos sentencia a corromper
el líquido veloz de todo sueño:
la ciudad y sus amargos recovecos
harán de mí un señor o un mendigo.

No me guardéis rencor, queridos compañeros,
si un día soy extraño a la desnuda
miseria que canta herida en nuestros cuerpos.

Encrucijada del bebedor

Aquel gesto anunciaba el amor vano
que profesan los pájaros mestizos
por la muerte contagiosa de los astros.
Una sonrisa quebrada, un guiño violento
pueden desmentir la coartada del poeta.
Conviene hacerse niño,
ultrajar el corazón con pequeñeces.
Nada como un buen caparazón diurno
para amansar el amor y sus respuestas.
Ya no recuerdo… ¿Fue todo un espejismo?
La muerte se peinaba
con inútil sueño de violeta ciega,
un caracol amanecía solo
en lo más alto, en la inocencia
de aquel paisaje incomprensible.

Y era el gesto anunciando la premura
de los cuerpos que naufragan en el fuego,
de la sangre que sentimos tras las uñas,
de las lunas sin nadie, de las verdes
praderas que transita el elefante.

Aquel gesto anunciaba la pregunta
que se crispa entre los labios blanquecinos,
anunciaba el viento azul, tan gélido,
que se cuela entre los años dedicados
a dormir tácitamente nuestro miedo.

11 ene. 2010

Cenital

Ardí bajo tu luz.

Ensanché mi conciencia tras el drama,
escuchando un temblor delicado,
la intuición solemne del ser,
el naufragio del alma en la desnuda
explicación de lo prohibido.

Pero el amor ignora lo terrible,
el amor juega a la inconsciencia
atormentada por la dicha
de lo que nunca pudo demostrarse.

Y en tierras de luz árida
abandona sus estrellas vacilantes,
y se contagia de ese fácil aroma
que impregna la inocencia de los árboles.

Ardí bajo tu luz.

(El deseo es ese tiempo que nos quita
aquello por lo que tanto deseamos.)

Ardí en tus manos y en tu llanto
de inexplicable voluntad de fuego.

No sé de amor más cierto que el vivido.
Bueno... Pues parece que el libro ya está impreso. Pronto se podrá adquirir en muchas de las librerías de las islas. Para los que estáis lejos, queda la posibilidad de comprarlo por internet. Son ocho o nueve euros, los poemas están corregidos y hay cosillas inéditas que espero merezcan la pena.

En el lateral del blog os dejo el enlace permanente a la página web de Ediciones Idea. Las instrucciones están ahí mismo...

Un saludo a todos los que han pasado por aquí de un modo desinteresado. Y a los interesados también.

Gracias.

D.

10 ene. 2010

Origen de la luz

El tiempo no defiende nuestro origen.
Todas las ventanas te anuncian
un día más en el desierto,
consciente por la duda que alimentas.
Un día fuiste niña y también luna.
Fuiste la primera explicación
de un sueño irrepetible en el asombro.
Transcurren los inviernos como el viaje
interminable que abarcara el tiempo.
La flor de entonces te reemplaza dentro,
en el mismo corazón que huye
de cualquier camino repetido en sueños.

Pero un día será del todo tuya
la niñez que ayer tanto contemplabas
detrás de las ventanas que daban al olvido.

Aunque el tiempo no defienda nuestro origen,
sigamos la corriente fugitiva
que cruza cada noche lo aprendido.

Prefacio a la intimidad

Acoge suavemente la penumbra
tanta soledad como trae la noche.
El cántaro de las horas se derrama
en la torpe ceremonia del deseo.
Es otro, no más raudo que la luz,
el que merodea más allá del día,
pero en mí serás testigo
del juego que no debe perpetuarse.

Acoge suavemente la penumbra
tanta soledad como deja el cuerpo...

No debo esperarte tras mi pensamiento:
cualquier tardanza será breve,
como el acto en que explicarte mi locura.

8 ene. 2010

Justicia

Dicen que todo irá bien para nosotros
mientras festejemos la farsa,
que las calles están repletas de lid
contenida en los ojos oscuros
que hoy no entienden de vergüenzas.
Y ya es sabido en esta tierra
que la violencia debería estar presente
si nos cruzáramos de nuevo con la muerte…
Justicia pide el pueblo desde siempre.
Y a veces la consigue sin misericordia,
amparándose en la imposible
ley que a todos los canallas reconforta.
Salud, pueblo inocente:
yo te supongo gobernado por furiosos
animales que devoran tu conciencia.
La historia, ese periplo indigno, te conserva
en el más dudoso de todos los rumores:
el que te dice incapaz de refugiarte
en tu propia inacción, furor perpetuo
que quizá termine por creerte uno,
e igual de altivo que tus falsos gobernantes.

7 ene. 2010

conclusión nocturna




Cuando muera, habré terminado con la medida de mis palabras. Estas serán, pues, un número exacto, una impresión fija en la mente de quien quiera acercarse a lo escrito. No lo son, sin embargo, ni lo serán nunca, las verdades ni las otras mentiras que aún podría decir hasta entonces.

Sigo siendo inmortal. Y mientras tanto, todo es posible.


6 ene. 2010

Confesión del inocente

El dolor en la palabra haría
más llevadero aquel silencio
en el que sosegaste la ciencia de tu fuerza.

Recordarás que la sangre nos anuncia
también el despertar sagrado de la duda.

Después miénteme con terribles canciones,
escúchame cuando te llamo
a entender la noche no pensada.
Te guardo el fuego irresponsable
que lucha por arder en tus respuestas.

Mírate contraria en todo espejo.

Entiende que la luz se manifiesta
siempre desde ese lado ajeno
al que te uniste entre tanta soledad.

Después abrázame hasta el sueño.
Hasta que el sueño nos anuncie
la hora en que acallar todas las heridas.

4 ene. 2010

Instantánea

Allí estabas, desatenta,
inconsciente de tu luz.

Manejando el mundo
con la precisión obstinada
de un reloj detenido.

Perfecta.

Canción en llamas

Ya no amansan mis ojos
a los perros hambrientos
que celebran tu silencio.

La única prisión que entiendo
te revela contra mí,
y te vuelves al dolor,
y en los ciclos del deseo
tal vez me reconozcas.

Quiero ser mejor, más joven:
pero en todos los paisajes
hay un ángel furibundo
que se muestra receloso,
y no busco otra condena
que un mayor triunfo
ante mí mismo o ante ti.

Ciégame, luz de piedra:
hazme saber el tiempo
perdido en el que nada
podría agotar de nuevo
esta inocente soledad,
este fuego de violetas.

1 ene. 2010

Último despertar

Desperté sin alba y sin tiempo.
Tras la luz, carente de cualquier sentido,
la sospechosa intuición de una verdad
ajena también a su significado.

Navegué el mar de la desolación,
reconstruí los templos del dolor.
Adiviné mi futuro al comprender
que un niño es siempre un niño,
hasta que la ocasión de regresar
se agota en un silencio estéril.

Desperté. Pero el mundo era otro mundo,
y en brazos de la nada se escuchaban
los mismos ecos, la amenaza
de un amor maldito por la luz del sol.