31 dic. 2010

De lo común a lo inexplicable




Un hombre corriente sale de su casa. Está de vacaciones. Va a un bar corriente, y allí conversa con gente tanto o más corriente que los del bar de al lado o los del restaurante de alguna ciudad lejana. Mantiene un animado flirteo con una desconocida (desconocido también él a ojos de cualquiera). Luego habla, bebe, fuma. La noche continúa como cualquier víspera de fin de año. El hombre no teme acercarse a los que se le acercan. Observa de reojo a los que ha elegido hoy por compañía. Gente aún más corriente, como esa rubia desconocida de sonrisa fácil o el detective privado que sufre un desamor constante. No hay refugio ante la rutina. Todo prosigue como debe ser, como dictan las viejas canciones que reconocemos sin haber escuchado nunca su estribillo. Todo pasa sin dejar más rastro que la niebla de los años. Pero la noche acaba para el hombre, que decide despedirse en tono neutro y coger un taxi hacia su casa.

Al llegar a su destino, se sienta a escuchar algo de música. Alguien ejecuta al piano una pieza semejante a la delicada respiración que recata en silencio. En ese momento, el hombre, tan corriente hace nada, tan discreto y cansado, tan feliz y resignado a ser nadie, acaricia en soledad su propio rostro, y con gesto sonámbulo cree reconocer la piel del rostro de ella.

Mientras los blancos acordes funden a negro, un hombre, por esta vez no tan corriente, se resiste a creer que su suerte haya cambiado para siempre.

26 dic. 2010

Apariencia

No el que entonces quise ser:
tan solo el que soy ahora.
El mismo que pretende escribir esto.
Sombra que a ratos se desnuda
por si un día reconoce
el soleado camino hacia tu cuerpo.

De los días comunes

Después, contar entre los felices.
Pasar también nosotros
como si nada pasara.
Y extraviar nuestras sombras.
Nadar hacia el fondo.

Engrandecer solo esa rutina,
la de juzgar inofensivo el pensamiento.

Cualquier deuda con la pérdida
quedará saldada
después de reconocernos.

25 dic. 2010

En cada una

En ti veo a todas las que he amado. En ti danzan armoniosamente. Si consigo que acaricies esa nuca tuya mientras te contemplo, percibo la delicada textura de tu cuello (casi brisa, casi luz en roce), y así te reconozco: ese gesto ya lo he visto antes. Fue razón de amor ante otras.

El otro día alzaste sospechosamente una ceja (la derecha, creo), y tú preguntarás por qué me acuerdo de algo tan tedioso. Muy fácil. Hace cuatro o cinco años, me dio por releer un libro de Hesse: Demian. Como este alemán circunspecto insiste lo suyo en la importancia del carácter cainita, yo salí a la calle dispuesto a plantar cara a los abélicos. Y he que al coger la línea que termina en La Laguna, una mujer percibió el oscuro estigma de mis ojos. Sin mediar palabra, intentó entrometerse. Al rechazarla en silencio, enarcó la misma ceja (sí, la derecha) que tú alzaste misteriosamente. Ni que decir tiene que hubiera dado mi vida por aquella mujer si tanta literatura tendenciosa no hubiera enfriado mi corazón hasta romperlo.

Y aún hay más. Hace dos semanas me sonreíste como aquella niña de la que me enamoré en el colegio. Cuando percutes los cinco dedos de tu mano derecha contra la mesa, veo claramente el gesto de Begoña, a la que quise convertir en madre de los cielos y la paz ultraterrena... ¿Para qué seguir? Podría enumerar a todas las mujeres de la tierra. Ya lo dije. En ti veo a todas las que he amado. En ti danzan armoniosamente.

24 dic. 2010

Cometido

Todo se diluye en aguas del deseo.

No temas beber de su fiebre,
insiste en sueños
y arderás siempre.

Si al final nada queda,
no intentes contener tu sed:
avanzará por sí sola,
como esas aguas tenues.

23 dic. 2010

Ética

Antes de aplicar
las leyes que inventaron los sofistas,
cuando no existían jueces,
ni el verdugo obediente
anudaba en silencio la áspera soga,
antes de levantar esa cárcel
donde siempre han dormido las sombras;
un niño incapaz de abrirse paso hasta el alba,
se vengaba dudando del amor de los hombres.

Aún podéis evitar su crimen,
demostradle la única fuerza
que le haría más fuerte.

20 dic. 2010

Inflexiones

Que haya preferido la soledad, no significa que esta sea el paraíso. Se trata, más bien, de un mal menor.

19 dic. 2010

Sentido de lo cotidiano

Dicen que cuanto más lejano,
más perfecto es el amor;
pero no hagas caso de esa máxima.
La distancia cofunde a los cobardes.
Acércate. Que si la rutina acordada
reconoce nuestros cuerpos,
ya se encargará este sentimiento
de hacernos cambiar a cada instante.

18 dic. 2010

Metamorfosis

Estos días propagan ya su niebla milenaria,
oscureciendo la tonalidad de nuestro ánimo.
Los pinos de esta calle moribunda
parecen no advertirlo,
y la ciudad trae en su vientre
la siguiente estirpe del invierno.

Prosigue diciembre meciéndose en la piedra,
y casi juraría que anteayer
se cumplió en nosotros el poema
que no pude leerte antes de irme.

Si mis circunstancias fueran otras,
tal vez sabría a ciencia cierta
si solo vive la verdad en quien la nombra.
Pero ahora necesito, ahora más que nunca,
que alguien más crea en lo que digo.

¿No sentiste hace dos días
romper contra nosotros
los vidrios sensitivos de la calma?

Dime si un poema impuso sin palabras
su frágil turbulencia a nuestra historia;
necesito saber si el amor abría
su lenta cicatriz al renacer de la sangre.

Poética animal

12 dic. 2010

Alma

Pese a la inercia del progreso,
a mis ojos acuden todavía
sensaciones metafísicas.
Más allá del presente inmediato
que adoran los escépticos,
yo he visto cumplirse la palabra
de todos los poetas.

8 dic. 2010

Matices

1. Soy incapaz de creer en un dios que me condenaría por no creer en él.


2. El yo que se debate a ciegas, el que no alcanza a reflejarse en su propia mirada, solo puede reconocerse a sí mismo buscando en los otros el sutil destello, la resonancia indefinida del vacío. Ante los otros se desnuda hasta mostrar su semejanza; de los otros se diferencia para crecer, para ser más que sí mismo.

7 dic. 2010

Absolución

Esta vez la noche te concede
una ingenua perspectiva de los años.

Desde esta habitación hasta tu infancia,
todo vuelve a cobrar sentido:
tus errores parecen hoy tan lógicos,
que casi justificas felizmente
el haberte dedicado a otros asuntos.

Será que te has enamorado...

Sucede solo en contadas ocasiones,
pero ahora reconoces en las luces del paisaje
la inercia extraordinaria de tu historia.

Ahora sólo tienes que entender
lo fácil que resulta comenzar
a ciegas otra vez, tan fácil
como soportar el mundo y su demencia
gracias a las endorfinas y el azar.

Y también gracias a ella,
que parece conservar en un rincón de su sonrisa
lo que tantas veces dieras por perdido:
la inocencia y aquel coraje necesario
para continuar siendo uno más.

5 dic. 2010

Condiciones

Aunque la ilusión se contradiga,
acepto hoy sus condiciones.

Ya sé que no hay nada entre nosotros...

Pero, para aceptarlo,
aún debo engañar al otro.

4 dic. 2010

Paisaje con mujer en trance

Verás, tus cicatrices son parte del paisaje,
pero necesito saber si en verdad
quisiste que te viera así,
sentada a kilómetros de mí, resistiendo a solas
el silencio que suele precisar la dignidad.

¿Quisiste que temiera el semblante del destino?
¿O es que a veces necesitas reencontrar
el vacío hermético de toda humanidad distante?

Harán falta más de dos encuentros
para comprender el desafío.
Pero, si regresas,
te ofreceré el tiempo que requiere
la verdad para mostrarse.

El tiempo que desnuda los enigmas del paisaje.

3 dic. 2010

Otro apotegma...

Terminó el combate del espíritu. Balance de daños: todos muertos. Ahora sí se respira paz celestial.

1 dic. 2010

Resplandores

I

Solo sé que al final
la luz se propagó frente a la noche.

¿Pero al final de qué túnel, laberinto o cuerpo?
Al final, al final de aquella angustia...

Antes solo había ecos, espejos lunares,
idénticas imágenes que a su vez decían:
en cada cosa yaces, no regreses;
no quieras escapar también a tu conducta.


II

Os aseguro que de luces inefables sé lo mismo que sabéis vosotros. Así que, por favor, no preguntéis de nuevo por la evidente razón de mi locura.

Atmósfera

¿No lo ves?
Cada corazón se ha abierto
al menos una vez, y al menos una vez
se ha quebrado su coraza de cristal.

Al menos una vez en nuestra vida
amamos para vernos insistir
en nuestra contra.

29 nov. 2010

Gemelos

Vi pasar a los amantes,
juro que habían desaparecido el uno en el otro.
No sé cuántos más comprenderían
el milagro en sus idénticas miradas,
pero juro que los vi pasar.

Al verlos, creí reconocer al de mi sexo.
Pero no,
los dos eran lo mismo,
y, como ya he dicho,
no quedaba rastro de vanidad
en ninguno.

Su soledad vibraba como el río unánime.

Como el río por donde fluyen luciérnagas
y esos hermosos cadáveres desnudos,
los nuestros.

28 nov. 2010

En Sevilla

Suele olvidar que ha sido feliz.
Contra eso, solo puedo
jugar a sorprenderla por teléfono.

Hablamos mucho,
y, como Auden,
a veces temo
decir más de lo que quería.

Han pasado cerca de dos años
desde nuestro último encuentro.

Quid pro quo

Te pido, simplemente, una cosa sola,
la misma que suelo pedir a todas:
enséñame a conquistar la vida.

Piénsalo.

Puedo mostrarte a cambio
la ciudad natal de los amantes.

27 nov. 2010

Presuntas soluciones

El único talento del artista consiste en acotar el infinito de la probabilidad en una sola representación.



No hay que cerrar ninguna puerta. Ni siquiera la de salida.



Leí en alguna parte que uno debe ser en todo momento leal a sus amigos, por aquello de que nunca sabe bajo qué circunstancias podrá necesitarlos.

Ante eso, a veces surge la pregunta insidiosa: ¿si yo los necesitara a ellos, estarían allí para ayudarme antes siquiera de que ellos me necesitaran a mí?

Puede que al generar una deuda en los otros, estos, si se da el caso, se vean en la obligación moral de socorrernos. Y también puede que, por norma general, quien ofrezca su mano en momentos de necesidad, lo haga de manera desinteresada o no lo haga.


25 nov. 2010

Take this waltz

1. Esto de tener esquizofrenia es bastante extraño. Lo que más sorprende a la gente que lo sabe, es que sea una persona completamente normal.


2. Hay que mostrarse. Lo demás son prejuicios.

Fantasía

Para Mariángeles, en resumen


Había un bosque. Generaciones de hombres perdidos trataban de salir de sus sombras sin ayuda de nadie. Un día me senté a esperar el golpe de gracia, y así apareciste. Para qué las palabras.

Caminamos. Al rato surgió una gruta, la vida seguía esperándome felizmente al otro lado. Continúa, dijiste, yo aún tengo que perderme en el bosque. Quiero ser digna del afecto de los que han regresado.

Pasaron los años. Crecieron raíces, se perdieron más hombres exhaustos. Para cuando volvimos a vernos, seguían tus pasos millares de pájaros.


24 nov. 2010

Práctica

No tienes por qué juzgar ahora
― precisamente ahora,
que os habíais reunido
en mitad de la mañana
a compartir la vida ―
demasiado íntimo el bagaje
que representas tan intensamente.

Ignora el desacuerdo con tu instinto
al sondear la importancia de su rostro,
aparta cualquier luz de irrealidad
si te sirvieran café muy lentamente.
También al sonreír o al conservar
la entereza frente a esa camarera
que parece simpatizar con tu insistencia.

Se adulto, colabora.
Procura solo que comprenda cuánto eres.
Y, sobre todo, nada digas
cuando ella dude al percatarse
de que han pasado horas, lunas, décadas.

Déjala volver a casa un tanto distraída.
Nada esperes a cambio de tu afecto.

Procura solo que su esquiva compañía
te reporte el regalo de obrar a su manera.

22 nov. 2010

Advertencia

Desde ahora os advierto:
dejadme en paz,
no intentéis doblegar
esta exclusión redentora.

No podéis imponerme puerto,
a todos los naufragios
he sobrevivido.

Ya las olas rompen de mi parte.

20 nov. 2010

El perfume

Hay quien dice que esas flores innegables
prefieren subsistir entre la escoria.
Siguiendo los rumores,
frecuento libros y alcantarillas;
investigo la existencia de algún signo
de esperanza cotidiana.
No diré lo que he encontrado.
Aún me arden los ojos y las manos,
los huesos clandestinos y la boca
de tanto procurarme una mentira.
Y para qué salvarse de este frío
que hoy detiene la savia de los cuerpos,
para qué el amor, el hambre o la palabra.
Para qué el sentido.
Condesciende el milagro
ante la ocasión de un juego injusto.

Y las flores se marchitan,
solo entonces las olemos.

Después de leer a J. A. Muñoz Rojas

Otra vez me he sentado aquí,
con un libro cualquiera.
Yo diría que he leído sin juzgarme.
Quién sabe qué ha ocurrido mientras tanto...
Ahora el día me remonta a lo que nace,
la mañana se me antoja verdadera.
No hay pájaro que tarde
en partir de nuevo hacia la noche.

Quién tuviera escrita en su conciencia
la razón de lo que sabe,
ante sí, eterna,
la ocasión casual de la belleza.

19 nov. 2010

Autorretrato

Ahora soy el lobo que aborrece la caza, deudor inconsciente de la impotencia humana. Mi alma abandoné en un sótano antiguo. Concluyó el drama.

17 nov. 2010

Indiferencia

Nombró Pessoa en un largo poema
la estampa de los indiferentes,
ajedrecistas sombríos que hollaban el tablero
desde una ciudad cercada por la guerra.

También nosotros, que aún juzgamos necesario
perder amablemente el tiempo
mientras los imperios devoran y conspiran,
seguimos el ejemplo que exaltó Pessoa.

Nuestro ajedrez es un televisor cansado,
una ópera de Wagner,
un melodrama romántico.

Perversiones

1. Para empezar, cualquier historia en la que intervenir, siempre se nos presentará sesgada. A esto habría que añadir que no hay normas. Y lo cierto es que cualquier juicio que podamos realizar sobre los demás o sobre nosotros mismos, puede venirse abajo en el momento crucial.

Dicho esto, ¿qué impresión puede mantenernos en discordia? No hay valoración moral que no esté envuelta en los vagos perfumes de la imaginación.

Y, sin embargo, tenemos que considerar que el mal existe. Justificado o no, existe.



2. En cualquier cultura “aún por desarrollar”, repito: en cualquiera que a día de hoy siga cometiendo las mismas atrocidades amparándose en algún principio religioso o político, habría que preguntar a las víctimas de dichos crímenes, pertenezcan o no a una de esas sociedades, sobre la legitimidad de tales aberraciones.

15 nov. 2010

Tiempo al tiempo

Brilló la adolescencia,
cegando a su paso lo que detestabas.
Apostaste después tu libertad
contra el número del todo,
la banca en la misma mesa.

¿Qué harás luego?

Después de autodestruirte
por un exceso de romanticismo.

Artistas

Tangibles como el frío os prefiero,
que no haya encantamiento
capaz de absolver vuestro desnudo.

Solo el frío de la tarde
recorriendo certero nuestros huesos.

Evocación de la calma

Así la muerte sea como el mar.

O al menos, que haya un río
y el destino nos reciba
al término corriente de su cauce.

De cualquier manera,
que el sentido común consienta
delirar también con la vejez del agua.

No prohiba al tiempo
desembocar en un lugar concreto,
distinto sobre todo de sí mismo.

14 nov. 2010

Supuesto empírico

Para estar conformes con la soledad, solo debemos dejar que los demás nos conozcan tal cual somos.

13 nov. 2010

Vitalidad

Aquí la luz nos diferencia.
Solo el escenario clandestino de la noche
confunde al hombre con un pájaro furioso.

Aquí el rayo, el sol o la locura
revelan lo que nos aleja,
la impresión carnal define el universo.

Pero guardad silencio. El tiempo prevalece.
Nuestro llamativo aspecto se disipa
frente al común designio de los cementerios.

Más allá solo hay testigos del reflejo
que ensombrece lentamente la costumbre.

Inquisitivo

Cualquier día podrían preguntarte
por qué arde la ventisca contra mis orígenes,
desde cuándo finjo este desnudo
o quién se atiene todavía
al juicio enloquecido de mi sangre.
Resiste entonces. Nada digas, miente.
Que si tú también cedieras,
negándole su máscara a este loco intérprete,
nombrarías la figura que moldean
tus ojos en combate ultraterreno
con el tiempo. Di tan solo el número,
recurre al juego esclarecido de los actos:
nada digas, no soy ese:
yo escogí durar en lo que huye.

11 nov. 2010

Conciliación

Llevo tres semanas luchando,
demasiados días observando
a los demás actores
como si supiera doblegarlos.
Tres semanas o diez años. Nunca cedas...
Los que tanto claudicaron, ahora dicen:
nunca cedas. Qué ocasión habrá llegado
para que a ratos deba repetir en la vigilia,
contra el sueño interminable,
un salmo inconcluso,
la oración escéptica de nadie:

Yo estaba preparado,
pero la palabra capital ardió más rápido:
casi como el cuerpo retorcido de aquel árbol.
Ahora tomo ejemplo de ese ciego invulnerable
al que amedrentan todos los espejos.
E intuyo la verdad que el tiempo nos reserva,
su juicio arrincona mi conciencia a la intemperie.


Sé que no he cerrado los ciclos del olvido.
Tan solo continúo defendiendo
del espectro invencible de los años
la razón que no ha justificado mis errores.

10 nov. 2010

La cita





Como todos, a ratos me arrepiento. Si aún la vida es un regalo, será ― no me hagan mucho caso ― porque alguna vez hemos hablado del extraño sentido que le damos. Y quizá no se lo crean, pero casi juraría que también la vida se arrepiente de algo, posiblemente del trato inconsecuente que ha dado a los que esperan.

¿Por qué si no se ofrecería, después de cancelar todas sus citas con la necesidad impaciente de ser algo, a consolarlos con azarosos regalos?

9 nov. 2010

A destiempo


Por supuesto, le dije que no. Y fui tanto o más fuerte que el deseo. Resistí la humillación, la soledad, la culpa. Fui tanto o más fuerte. Sus gestos dibujaban el perfil más delicado, su olor llegó a enfermarme. La cadencia de aquella voz suya, se enredaba a mis oídos hasta precipitarme contra mares de Ginebra. Después se marchitó. No sé bien... La vida, supongo que la vida. A ella también la maltrató. Solo entonces vino a mí, aun después de haberme rechazado. Solo entonces, después de que el deseo deviniese en nada, se ofreció a luchar por mí. ¿Y para qué, respondió el orgullo herido, necesitaría ahora de tu común compañía?

8 nov. 2010

Perder la fe

Escuchadme los que aún tomáis ejemplo
de los poetas, los astutos,
notables poetas: no existe palabra,
ficción o templo que pueda rebatirlo:
la verdad, esa fuerza cambiante,
enemiga en estos días de los hechos,
no es tal más allá de la fe convenida
por el bien de nuestro empuje.

Si alguno de vosotros ha pensado en el absurdo,
detenga aquí su inquieto raciocinio.

Baste el observar desde la llanura agreste
a todo aquel que se conduce por la nada
en busca de la magia pueril, de ese delirio
que reúne a los más débiles, fortaleciendo
la insegura condición de sus espíritus.

Detened un día vuestros actos,
así fracase la progresión del mundo
al declinar la fe que todos equivocan;
la misma que todos profesamos.

Deteneos, y observad que la pasión
parece ser hermana
de una bestia impredecible:
la misma que hoy tendría que atender
al casual nombre de locura.

6 nov. 2010

Examen (reescripción)



Al anochecer, siempre contra la penumbra tácita, cuestiono la identidad que aparece en mis escritos. Releo algunas de las frases que debieran perdurar si el porvenir contemplara mi obra con misericordia. Hoy tengo la edad silenciosa de todos los objetos… Los objetos. Debería hablar de ellos más a menudo. Si no lo hago, es porque lo único importante en estos días es que estoy aprendiendo a estar solo, a levantar un prodigioso velo entre mi realidad y el poderoso absurdo que escruto desde el balcón de mi casa.

Sí, hay que amar la soledad. De niño tenía muy pocos amigos. Invertía mis horas tejiendo largos diálogos con personajes imaginarios o leyendo cuentos en los que me reconocía de un modo catártico. Pero en verdad, madre, tus ojos me superan. Si algún día la fama se cuela entre mis cuentos, este verso dará mucho que hablar. Mi madre ha sido el nexo más profundo que he tenido conmigo mismo, con la niñez que no he querido enterrar del todo entre los libros. Con mi propia condición de individuo potencialmente feliz. Lo dice alguien que durante algunos años de su vida, lo sabrán mejor quienes me conocieron entonces, tentó los golpes de la locura, pretendiendo ser un artista universal o qué sé yo… Mi madre interviene cotidianamente en mi soledad, a ella es a quien debo la mayor parte de mis victorias contra la enfermedad. Pero creo que lo que digo en ese verso, basta para considerar la posibilidad de que en algún momento que ahora olvido, me idealizara a fin de facilitarme el camino. Impresiones como esa me hacen sospechar que no siempre he escrito sobre mi propio drama, plegándome en ocasiones a lo que otros proyectaban en mí. Y eso me conduce a entrever la posibilidad, tan familiar para algunos, de que referir nuestras miserias cuando escribimos, puede conllevar, de un modo u otro, un mal tropiezo con la realidad.

Pero también cabe el entrever la misma literatura como algo terapéutico. Entonces, no les quepa duda, tendría que ser yo el que expusiese con honestidad su sufrimiento, ante el juicio interminable de un público que no siempre ha permanecido mudo frente a mis palabras. Partiendo de la posibilidad de que cualquier análisis sentimental puede resultar erróneo, se hace necesario el aclarar que la ficción también es otra forma de hacer cicatrizar los golpes, pero al fabular no remediamos nada. Simplemente ocultamos durante un rato la agonía, esto es: nos evadimos, dejando para más tarde ese enfrentamiento tenaz para con nuestros demonios.

Es justo decir que ciertas fábulas también pueden ser terapéuticas, y no solo del modo que he citado anteriormente. Para ello tal vez habría que extraer el molde esencial de lo terrible, hacer una máscara sin evidencia alguna de personalidad, y luego sustituir nuestro rostro por esa imagen premeditada. Es arriesgado, pero creo que Baudelaire no era el único que consideraba que, después de consumar nuestra perdición, era posible contemplar a un desconocido en el espejo. He ahí la locura literaria llevada a sus últimas consecuencias de veracidad.

Para alguien que trata de desenmascararse a sí mismo a través de la poesía, el camino de la evasión y el de la comprensión podrían discurrir de modo paralelo. Me consta que soy yo el que, en última instancia, debe pronunciarse sobre lo que escribo. Pero considerando que por pura relatividad empírica, la experiencia que trasladamos a la literatura puede ser cierta en tanto que queramos que lo sea, todo esto se vuelve extraordinariamente complejo de tan simple. Ambos caminos pueden ser igual de válidos para curarnos, aunque algo me dice que solo el que busca la verdad pueda presumir que la belleza se consumará en el mismo terreno de lo sensible.

¿Y hasta dónde sabemos que decir la verdad es algo terapéutico? Todos mis conocimientos de la realidad se me antojan introspectivos. En mis recuerdos hay muchas imágenes, ciertamente poderosas, que puedo deducir como parte de un argumento que voy comprendiendo poco a poco. Resultaría sencillo considerarlas como parte de una historia premeditada, creer que lo pasado tenía que suceder así porque el orden natural de la experiencia sigue unas pautas predecibles. Pero esto sucedería gracias a una perspectiva que se aprende mirando hacia el interior. Y claro, ahí está la locura de sentirnos protagonistas de nuestra existencia, que debe de ser el único modo de que los demás no nos consideren dementes de la más absurda libertad o algo por el estilo. Como protagonista de mi propia vida, me esmero en actuar como los que han protagonizado la mía. Solo en contadas ocasiones puedo vislumbrar una acción que no pretendiera imitar la audacia, con mayor o menor acierto, de algún actor de cine o personaje literario. O de un amigo que a su vez podría hallarse en esa misma tesitura en el momento en que tomé nota de su conducta.

Al final, solo me queda claro que podemos inventar la verdad. Podemos soñar y olvidar la vida, y vivir el sueño de vivirla. Pero en el fondo, en lo más oscuro de la jungla que nos corresponde, ciertas convicciones se forman al margen de nuestra voluntad. Bajo esa luz irremisible, todos tratamos de atenuar la evidencia que la experiencia impone en sus lecciones.

Reducción al absurdo



Una vez servido el drama ético, el camino de la perfección va directo al vacío. Y la ciudad canta, llena de animales que deben alumbrar. Su naturaleza es refinada y contradictoria. En sus genes confunden matices estéticos, profundos afectos y metas crueles. Herederos de dioses bestiales, muchos consideran un mero artificio el juego del arte. Mientras, otros danzan sutilmente, y los hay que contemplan el cielo desligada su percepción del presente.

5 nov. 2010

Oficio

Aquí tienes, un poema.
Lo cambio por la piel senil del lobo.

Supongo que la noche,
con sus sombras y su sangre en celo,
sigue siendo un buen tema.

La noche...
La noche nos consuela.
Cada cual lleva en su mente
las noches invisibles que contempla.


De acuerdo,
a mí también me suena usado.
Hablemos consternados del invierno.

El invierno tiembla en mi desnudo...
Pero no, la nieve llegará forzada:
no concuerda su frío con mi mundo.

Olvidemos el principio.
Al final, empiezo:
aquí tienes, intacto, tu silencio.
Lo demás se ha perdido en el trayecto.

4 nov. 2010

Intranquila rutina

Otro sol se precipita ardiendo
contra este otoño inoportuno:
mi estancia delimita la otra orilla,
y otro amigo me combate
desde el frío estigma del silencio.

No hay nada que explicar.
No puedo codiciar aquel desnudo,
ni un rostro adolescente en los espejos.

¿Creéis que al fin cedo en mi locura?
Juzgad de nuevo,
la edad no me amenaza todavía.
Otra vez es más sencillo:
he vuelto a odiar al que contempla
la feliz incoherencia de mis lunas.

Gustar o no gustar

Los prejuicios limitan nuestra comprensión, y no solo sobre aquello que prejuzgamos. También sesgan nuestra visión de aquello que preferimos. Esta convicción queda exaltada en y para nosotros a través de un despropocionado sentimento de fe en lo que nos causa algún tipo de placer, también en lo que nos seduce o en lo que nos conviene.

Y supongo que a nadie la resultará descabellado el que alguien tan aburrido como yo, afirme que dicha fe solo obedece, en la mayoría de los casos, a una idealización estética previa al conocimiento del objeto en sí.

Es decir, a otro prejuicio.

3 nov. 2010

2 nov. 2010

Mitomanía

Habló certero.
Su palabra actuó como el rayo,
convenció al débil y al héroe.

Al liberar su voz,
cumplió el ancestral cometido.

Luego, ya saben...
La gente olvidó el mensaje:
alabó al mensajero.

1 nov. 2010

Interludio

1. La poesía es hija salvaje de la luz. Y sus sombras, negación de nuestra naturaleza.



2. El negar que haya por ahí alguna verdad absoluta esperándonos, no tiene por qué hacernos suponer que no haya un concepto enteramente cierto a través del cual interpretar la realidad, pues así solo negamos que haya muchos "grados" de verdad. De ese modo, todo podría quedar reducido a la dualidad del ser o el no ser, de la realidad y la ficción. De la conciencia cabal y su hermana más infantil, la azarosa locura.



3. Cuando llegó la soledad, no estaba preparado, sino harto.

31 oct. 2010

Sentido crítico

‎Así veo yo a los de mi generación. A los que son generosos, amables y dados a los demás, en el mejor de los casos se les ningunea, aunque lo más normal es que acaben siendo avasallados sin piedad por aquellos que necesitan demostrar su autoridad. Los otros, los infinitamente rastreros, los que ya no tienen ningún escrúpulo, esos, los que optaron por negar sus sentimientos y cargar contra los de los demás, serán siempre los amos de la fiesta.

29 oct. 2010

Recordatorio

No hay literatura, por violenta que sea,
que pueda llegar a herirnos.
Los nervios del que escribe
se conectan a los nuestros:
el que escribe, sin saber muestra
la sombra ebria que lleva dentro.

Se trata del mismo daño,
el mismo que el lector obvia
hasta que abre el libro
y colabora.

Tiempo para la mediocridad


No deja de tener su aquel ― su atisbo retorcido, para entendernos ― el hecho de que nuestra sociedad apenas permita a aquellos que están tocados por la gracia de algún talento, el reconocer en su justa medida su valía ante los demás. Observo con tristeza esa ridícula moda (y acaso las cosas son así desde hace algún tiempo) de criticar ferozmente la vanidad de nuestros mejores artistas, tachando a todo aquel que es capaz de ir más allá que su vecino, de soberbio y detestable. Al respecto Pessoa dijo una vez: “para ser tú mismo, nada tuyo exageres u omitas”. Lo cual parece que no puede aplicarse a aquellos que, siendo ellos mismos, destacan por encima de la mayoría en algún campo. Así resulta que el que tiene arte, arte del de verdad, tiene que silenciar ese incontenible orgullo que resulta siempre de un trabajo bien hecho. Porque a ver: ¿creen ustedes que alguien como Beethoven, por poner un ejemplo cualquiera, se sintió en todo momento de su vida un hombre como los demás hombres, que no llegó a pensar, en aquellas ocasiones en que terminaba de perfeccionar una sonata al piano, estar tocado por el reflujo de la gracia divina? Personalmente, y perdonen el pueril atrevimiento, creo que en más de una ocasión tuvo que morderse literalmente la lengua para no salir gritando a la calle aquello de: lo he conseguido: soy inmortal. Ahora igualadme si podéis.

26 oct. 2010

Poética causal

Para Bruno,
en relación a cierto comentario.

Al presenciar el absurdo,
el poema cobra vida.

Su voz se desnuda entonces,
e indica el sentido inevitable.

Solo cuando su peso sale a flote,
resplandece.

De ahí la entrega.

Negación del pacto

Sin ánimo, sin fuerzas juveniles
para defender la identidad que otros devoran.

Sin razones para interceder.

Asombrados de haber luchado tanto,
deponemos las armas cada noche.

¿Qué nos queda?

Frivolizar sobre esta farsa mundana,
festejar el yo, la carne, la violencia.
Extirpar el alma para que desaparezca.

También la nada alienta, también la muerte.

25 oct. 2010

Rebelión y bondad

Para obrar del modo correcto, resulta indispensable que haya para nosotros otras posibilidades aparte de la que el sentido común suele mostrarnos como "adecuada". Solo al sentirnos libres, libres para elegir entre la mezquindad y la luz, podemos recibir algo a cambio de nuestras resoluciones morales, esto es: la satisfacción de haber actuado con rectitud, en lugar de haber antepuesto el beneficio personal a cualquier otra motivación a la hora de resolver un dilema. Quienes consideran que el bien es la única opción posible en todo momento y que, de elegir de diferente manera, estaremos abocados a la condenación, son los mismos que nos obligan a rebelarnos contra esa esclavitud de lo unívoco.

En contra de lo que pensaba Platón, para muchos hombres la idea de la libertad brilla por encima de cualquier concepción redentora de bondad.

24 oct. 2010

Tras de aquel niño

Recuerda. Así sembrábamos tiempo.
Y a diario discernir,
sujetar contra el pecho la certeza,
tejer el juicio que hiciera la niñez necesaria.

Inocencia, tú juzgabas con claridad el sentido.

Medía el silencio la hondura del acto:
en jugar consistía el juego
de abrirse camino
hacia noches violentas.

Después cerramos los ojos.
Nadamos a ciegas.
Bailamos a ciegas el son desgarrado del viento.

Así sucede, al final llega el día,
así los héroes confunden
la innata razón de sus actos.

Al final siempre llega...
Y qué poco importa.
Olvidados del bien y del mal,
aún actuamos.

El juicio del niño asfixiaría hoy
al hombre que ayer comenzaba.

23 oct. 2010

Generación espontánea

Van al cine, se conmueven,
visten como actores indecentes.
Beben solo para entretenerse.

Jóvenes aún, amigos siempre.

Sutiles si ridiculizan algún verso,
critican con razón, superan sin complejos
la música que escuchan sus parientes.

Felices en la noche, les gusta parecerse.

Contrarios a la muerte,
juzgaron la cordura
creyendo que el periódico y los héroes
mentían solamente en contadas ocasiones.

A veces los envidio. Solo a veces.

No saben que el amor concede
el sordo privilegio del desprecio.
Ignoran que la raíz de sus juegos
esconde un final no feliz en la memoria.

(Expongo este pensamiento
al filo del rencor, por encima del hecho
de haber sido semejante a ellos).

21 oct. 2010

Vade retro

Si hay por ahí algún escritor por editar, por favor, que tenga en cuenta está advertencia antes de nada: si algo puede salir mal desde el envío del original hasta la publicación, que no se preocupe. Saldrá mal. Luego, ya se verá...

18 oct. 2010

Sinónimo de frío

El invierno existe solo
tras la rendición de mi bandera,
cuando no encuentro palabras
para designar su frío.

Y como casi siempre me equivoco,
escribo este poema
como si no fueras a leerlo nunca;
pues solo si el invierno existiera todavía,
sería necesario corregir lo escrito.

Aun así, ojalá quede en mis versos
algo solamente tuyo,
un pensamiento improcedente
en esta orilla del olvido.

Variación sobre una sentencia de Gibran

No por ser el hombre mezquino, deja de afectarle la maldad de otros.

16 oct. 2010

Constancia de sentido

Cómo contar, a quién lo que quería.

Encarnar la figura del héroe neblinoso,
acomodar mi razón
imitando las fuerzas del poeta.

A nadie interesa ya la historia fortuita,
el tiempo dedicado
a obtener de la sombra el lenguaje.

Qué más da, oíd:
hoy pronuncio la verdad del frío,
y el desnudo de la muerte me seduce a la intemperie.

No llegará el día, tampoco la derrota.

Solo cuenta tener fe:
nuestros dioses ― el viento y la mentira ―
ignoran todavía la importancia del destino.

11 oct. 2010

No sense

Tranquilo se queda uno cuando el fracaso es ya una realidad. No hay que seguir sonriendo ansiosamente, ni aparentar que uno merece lo mejor para que no haya envidias. Solo mirar al suelo sin dejar de pensar: me quedo exactamente como estaba.

***

No creo que haya mucha diferencia entre esperar toda la vida por la felicidad y haber abandonado ya toda esperanza. En ambos casos, la privación puede hacernos comprender una valiosa lección: que no merece la pena sufrir por lo imposible. Lo cual viene a ser lo más cerca que puede estar el ser humano de la felicidad. Pues quien sufre por aquello que de por sí puede llegar a obtener, solo tiene que obrar como la naturaleza le ha dado a entender. Esto es, salvando todo óbice para sobrevivir. Quien aprende a sobrevivir de un modo realista, también tiene a su alcance la esencia agridulce de la felicidad.

10 oct. 2010

Excusas

Reniega de la muerte cayendo hacia el azul.
Ve mareas que rompen.

Una canción le lleva a mirar de frente,
recuerda todavía:
ningún reflejo le dará lo que parece.

Restos del naufragio
se enredan en sus ojos cuando observa
el hueco que forma la existencia
entre sus restos.

No quiere desistir:
se burla con desconfianza del silencio.

Pero el deseo de recomenzar basta
para sentir que todo ha sido dado,
que ni siquiera él era inocente.

8 oct. 2010

Algunos consejos

¿Cuándo aprenderás, querido Diego? Los pájaros jamás cantaron para ti. Ningún anochecer aconteció para que tú creyeras. Ah, y el amor te denunció hace ya tiempo por falta de optimismo. Si quisieras rebelarte contra todo, primero: deja de gritarle a los espejos, péinate de nuevo como un héroe y asimila de una vez que no tienes diecisiete, ni cordura. La vida, Diego, la vida… ¿Qué mala, verdad? Pero es que ni siquiera sabes jugar bien tus cartas. Le dijiste a todo el mundo que tenías un as impúdico en la manga. Y claro… los ases tienen prohibido salir a pasear bajo la lluvia o sonreírle a las muchachas como si tuvieran hecha la partida. Pero no, Diego: camina derecho. Péinate. Tienes más moral que un soldado pacifista. No sonrías tanto, Diego, no… ¿No ves que la gente así se asusta? Mejor explícaselo a todos: tienes tantas ganas de morder diez mil manzanas, y de escupir después sobre la tumba de tus jueces, que ya solo te apetece dormir a pierna suelta las tardes que te quedan. ¿Quién pudiera, eh, Diego? Venga, pues a ello… Ponte el pijama de verano aunque estemos en invierno, y luego le discutes a Morfeo el precio de sus extras. ¿No? Ya… Pues eso. Continúa improvisando, terco, tu comedia. Ya verás cómo se rien cuando tu fiel apuntador olvide lo que piensas.

1 oct. 2010

Guardar las formas

No soy un modo de hablar, ni una forma de actuar. Pero mientras importe más el "cómo se dice", que el "qué se dice", tendré que resignarme a que se me identifique desde fuera con todo aquello que en ocasiones no puedo controlar.

26 sept. 2010

Pausa por análisis

En cualquier conservatorio
advierten todavía al joven virtuoso.
No es conveniente razonar cada paso.
El instrumento debe abrir camino:
improvisar, por primera vez y a ciegas,
la estructura del hallazgo.

¿Entiendes ahora por qué la seducción
surge necesariamente de lo desconocido?

El hechizo nos empuja hacia dentro.
Y en algún rincón se dispara el truco,
la fórmula sin normas del espíritu.

25 sept. 2010

The end

Lo tengo. Pessoa estaba equivocado.
Las canciones desesperadas también.
Se equivocaron los santos, los sabios, los idiotas.

He muerto. Ya no queda ni un resquicio
de aciaga luz con que reconstruirlo todo.
El mundo ha quedado reducido
a un poco de invierno, dos o tres palabras
y un montón de evidencias sospechosas.

¿Por qué decían todos que aquel viejo universo
proseguiría inmutable después de esta desgracia?
Mentían. Querían convencerse de algo.
Pretendían alejar de su cabeza
la intuición natural, el conocimiento innato
por el que entonces comprendían
lo que yo comprendo ahora.

21 sept. 2010

12 sept. 2010

Indefinido (reescripción)

Pude ser cualquiera.

Hoy tan solo prevalece
el insólito aprendiz de esa demencia
asumida al ser igual que los demás:
un extraño.

Pude ser mejor, distinto, siempre necesario;
elegirlo todo, abarcar potencia y acto.

Responsabilidad de nadie, libro interminable
que hoy mantengo ardiendo en mi inventario,
no alcanzo a definir fronteras ni interiores.
Mis acciones se las lleva el viento.
Lo que siento, me distrae de lo exacto.

Hoy recuerdo a alguien que quisiera
regresar al tiempo en que aún podía
hacer del tiempo un aliado.

10 sept. 2010

Incompleto

Junto a la partitura de un viejo desahucio,
al final de un pasillo intransitable:
ahí queda calcado el rechazo,
por debajo del mal juego de la superficie.
Dentro, muy dentro...

(Seguir el hilo a la felicidad de cualquiera,
supone para los que insisten,
asumir la contradicción que llevamos dentro
o distanciarse.)

Solo ellos, que alegres interpretan otra infancia,
los mismos que tanto olvidan,
merecen sin esfuerzo nuestro afecto.

Solo ellos, el íntimo desprecio.

5 sept. 2010

Inaceptable

De los años propicios a la inmortalidad,
conservas todavía el mismo prisma adolescente,
la mirada de quien no llegó a delimitar
los contornos de una identidad
definida en estos días por la idea de la muerte.

Y aunque algunos parezcamos más tranquilos
abstraídos en cualquier tarea intrascendente,
por favor, no nos tenga en cuenta la imprudencia
de actuar como si ya todo hubiera sucedido.

No podemos, nadie puede,
corregir tu suerte, el rumbo, la lluvia.
De esa idea, de ese miedo natural
aprendido incluso por aquellos inocentes,
se deduce el nombre que defiendes del olvido.

2 sept. 2010

Concretando

No hay nada más concreto que el instante que precede a la muerte.


*


Las mujeres son más dadas al amor o todo lo contrario.


*


En verdad os digo que hay que ser honesto hasta el ridículo.

28 ago. 2010

Matemática del caos

Nunca sabré qué hubiera sucedido
si en lugar de cerrar cualquier ventana,
de salir a la calle o de esconderme,
hubiera dicho bien alto qué pensaba.

Con exhalar un grito
tal vez hubiera bastado.

En lugar de eso llega la noticia,
y es como un camión cargado de cadáveres.

Después me oculto en mis poemas
a pensar de nuevo qué decir,
en qué hubiera pasado si entre todos
nos dejáramos llevar por la oración
que merodea esquiva entre los árboles.

Pero en lugar de eso llega la noticia.

Y nadie sabe qué acción hubiera sido necesaria
para que nada de esto sucediera,
ni qué haríamos si todo prosiguiera así,
como si nada.

24 ago. 2010

Sobre la locura y la muerte

Loco es aquel que pretende dominar el mundo. Partiendo de esta base, hay dos de clases individuos enajenados: los que consiguen levantar un imperio y los que acaban sabiéndose devorados por una realidad que no pueden controlar.


*


Anoche completé un curioso puzle. Al encajar la última pieza me dio por suponer que el yo surge en un intento desesperado de aferrarnos a lo que somos ante la conciencia inminente de la muerte. De este modo, aquellos pensadores que llegaron a afirmar que el yo en realidad no existe, son los mismos que han trascendido el miedo natural a la pérdida de sí mismos y del resto.


21 ago. 2010

Laberinto

El problema de la literatura es que muchas veces uno se queda absorto contemplando la belleza del laberinto, en lugar de buscar la salida.

19 ago. 2010

Final del día

Esta soledad se hace llevadera solo en soledad. Ni el ruido de las gentes ni la condición del ángel podrían acercarnos más a lo que somos. Este reino es del aire, y todos sus castillos se deshacen con el volar de la paloma.

17 ago. 2010

Punto ciego

Al otro lado de la duda
has vuelto a suponer
que todos los espejos te adivinan.

Te plantas ante una negativa,
te miras, te acorralas, y así
resultas no ser bella cuando huyes.

¿Que no lo eres?

Te tiemblan las rodillas
si un hombre sin resuello
describe lo que opinas;
cualquier guedeja de tu pelo
afina melodías y recuerdos,
y, por más que no lo sepas,
es obvio que tus labios
contagian la pasión
que no ha curado nuestro invierno.

En tanto huyes,
también yo tiemblo por mi cuenta,
y acato maldiciones y desnudos como lunas.

Sabrás, aunque este torpe seductor
entienda poco de consuelos,
que a veces la belleza que otras venden,
se anula en la costumbre,
y entonces otras vienen
a exhibir esa apariencia
que un claro amanecer desmitifica.

¿Y qué decía el bueno de Girondo
al principio de aquel libro?

No sé, me importa un pito.

Te has ido volando a Nueva York,
y, aunque parezca extraño, aún debo decirte
que las mujeres más hermosas,
las mismas que persigo entre espejismos,
son aquellas inconscientes
que proyectan su atractivo
hacia algún punto ciego de sí mismas.

11 ago. 2010

Confidencia

Amo la poesía sin excusas
del débil que ardió en silencio.

Se alza furiosa en sus cenizas
la flor justa, la desesperada palabra
que no puede convenirse en otra hora.

10 ago. 2010

Matemática

No se ampara en el dolor la ecuación que revela cuánto merecemos de la vida. Esa incógnita se despeja a través de lo que somos. Y de la bondad misma que hemos adquirido a fuerza de rompernos.


Periplo

Para evitar decepciones,
prefirió negar cualquier expectativa
apostando solo por los otros,
los felices jugadores, satisfechos
de haberse conocido pese a todo.

No se arrepienten de su suerte
los mismos que, pacientes,
esperan cada día lo sumo de sí mismos.

9 ago. 2010

Vanidad

En el asombro de reconocerte semejante, se vio justificada aquella vanidad. Tal es el amor: nos hace hermosos. El mismo amor depositado en esas lides que nos llevan, al no saber ascender más alto que lo amado, a pretender la derrota .

8 ago. 2010

La obra del porvenir (reescripción)

A mí el dolor me prometió esa obra
imposible de escribir con mis recursos.
Junté así todas las palabras.
Y trabajé en la noche. Presagié más brillo.

A día de hoy, aquel libro es casi un espejismo.

Tarde o temprano veré si esa promesa
surgió de un tiempo idealizado.
O si era solo que la noche
pretendía compensarme con palabras
más grandes que el nombre del olvido.

Lo cierto es que no espero
que vengan ya unos versos a probarme
que la vida puede ser tan bella como el arte.

Asumo ahora que los difíciles poemas
que ayer le prometí al destino,
no podré escribirlos mientras viva
soñando que unos versos valen tanto
como la vida misma.

7 ago. 2010

Pragmático

A estas alturas, diréis,
hay que ser práctico.
Nada de abstraerse contemplando
un árbol que respira, su sed de espacio.
No debemos extraviarnos tras los pájaros.
Y de venerar un sol solemne,
mejor ni hablamos.

El que quiera dedicarle tiempo al alma,
que mire confiado de reojo
al ser de todo espejo:
diréis que por ahí comienza el hombre
a distinguirse como corresponde al amo.

Me parece bien. Es vuestro derecho
huir de aquello que fermenta en vano
al fondo de los pozos de la infancia.
Tenéis claro que el oro vale un precio.
Y no podéis negarme que ya habéis visto algo.

Está bien, lo admito:
cualquier felicidad consiste en eso.

Pero a mí dejadme al margen. Ya sé que soy un necio.
Del conjunto me alienta solo esa utópica belleza,
la febril respuesta a lo que nadie ha preguntado.

Competición

Hoy salí a tomar algo. Estoy a punto de empezar mis vacaciones, y ya me estoy temiendo que el aburrimiento puede devorarme lentamente en estos días. Mi primera intentona de escapar a ese más que probable estado de ánimo ha sido esta. En principio había quedado con un amigo en un bar, que hasta hace poco frecuentaba bastante. Hoy había concierto. Después de esperar un rato, le envíe un mensaje al que iba a ser mi única compañía y, sorpresa, este prefirió quedarse en casa sin avisar siquiera.

Intentando salvar la noche, acabé por sentarme con el amigo de un amigo, que estaba allí sin el intermediario de rigor, tomando una copa de vino y haciendo de galán para una joven de piernas bien torneadas. Sí, me senté allí, puse mi mejor cara de educado desconocido e intenté mantener una conversación con los dos que conversaban y con otra chica que tenía toda la pinta de ser amiga de la otra, la de bonitas piernas.

Llegado a este punto, corresponde hablar directamente de un problema que tengo. Resulta que a veces me da por analizar hasta la náusea situaciones cotidianas. Y no queda ahí la cosa. Tengo otro. Problema, digo. A veces me da por pensar en los chinos que trabajan hacinados en cualquier fábrica de mierda por un sueldo de mierda. Hombres y mujeres que lo más probable es que hayan perdido toda noción de identidad, de horizonte, de acción y de respeto hacia sí mismos. Esta noche ambos problemas tomaron una sola forma. De repente me vi allí, hablando con tres personas a las que apenas conozco y que intentaban de un modo desesperado darle sentido a su existencia asignándole una importancia improcedente a una serie de aspectos triviales que bien podrían obedecer a algún tipo de idealización patológica —modo de vestir, apariencia física, desparpajo, tamaño de sus zonas erógenas, etc.—. Me vi allí, contemplando todos esos accesorios superfluos que para un chino, un senegales o cualquier otro paria de este planeta, seguro que resultarían de lo más innecesarios.

Quiero decir que hay gente que se deprime por ese tipo de cosas, que sufren por el tamaño de sus penes, que de noche se fustigan porque no pueden parecer más interesantes de lo que no son o que se suicidan porque nunca llegarán a ser grandes escritores. Y, mientras tanto, ahí siguen los chinos dale que te pego, sumidos en una infelicidad tan digna, que nosotros a su lado parecemos un dibujo animado manga de los años ochenta: edulcorados hasta la demencia con la sutil anestesia de este modo de vida tan moderno que hemos elegido.

Tal vez tendríamos que ponernos a trabajar todos en fábricas de mierda, por sueldos de mierda para aprender de una vez por todas en qué consiste eso de ser una persona digna del afecto de tus semejantes. ¿No? Vale, no. Pero tiene que haber un término medio. Una zona en la que nuestras necesidades básicas estén cubiertas y, al mismo tiempo, no tengamos que preocuparnos de tantas tonterías como las que abarcamos a la hora de relacionarnos. Porque: ¿no sería lo más lógico a la hora de cruzar nuestros caminos, comportarnos todos como iguales o, al menos, como los semejantes que de por sí somos?

Pero en lugar de eso, competimos.



6 ago. 2010

Tediosa identidad

Deambulamos los dos,
—yo, perfil nublado,
más otro incomprendido que no es nadie—,
por paisajes no propicios a la mística
de los viajes interiores.

Aun así, reconozco de memoria los lugares
de los que traje un viejo souvenir
ofrecido como máscara y espejo.

(Escribo para el otro este poema:
necesito en estos días que abandone
la suma de presencias que aún frecuenta).

Hoy propuse ante sus ojos un trato inoportuno.

Si accede, lo que quede de mí
debería conformarse
con algunos libros célebres,
el delicado arte de estar solo,
más la luz casual que encuentro en las paredes
cada vez que dejo de buscarme.

3 ago. 2010

Opiniones

Nunca pidas opiniones acerca de aquello que haces porque sí. Si esperas alabanzas, ten en cuenta que estas suelen ser un arma de doble filo: los que están cerca de ti prefieren que seas como ellos antes de ver como expresas los motivos que tú mismo ignoras. Si, por el contrario, pretendes que te critiquen, bástate tú solo en esas lides.

Nada más sencillo que censurar la misma libertad que tanto molesta a tus semejantes.

2 ago. 2010

Ante unos pocos felices

El pianista ejecuta Fur Elise
desde el mismo equipo en que trabajo.
Continúa luego con otra de Beethoven,
una sonata tan perfecta,
que se deja sentir entre replicas y espacios.

Ciertas armonías me persiguen
cada vez que abro en las paredes
el hueco que supone mi refugio.

Beethoven, Tom Waits, Davis…

Tienen en común un modo
de alejarme del vacío, construyendo
un hogar casual, perceptible al paisaje.

Luego está la música que inventa
su propia fórmula de espanto,
retrasando el tiempo en que debiera
volver hacia el silencio, y darse solo al aire.

Es extraño. Solo a través de esos sonidos,
llegando a escuchar el alma de algún loco,
he logrado sentirme en paz con la tragedia.

Pero si un drama, por simple que sea,
parte siempre de la luz,
entonces, amigos, me doy cuenta:
música, mi fiel veneno,
a fuerza de sentirte, ahora creo
que nada en el silencio natural del hombre
será tan necesario como hallar tus ecos.

1 ago. 2010

Desnudez (reescripción)

Pero la existencia del amor,
la difícil luz que le nace a dos almas
por partir a diario hacia su conclusión íntima,
no brilla por si sola.

Primero han de encontrarse dos cuerpos.

Estos, no pueden desnudarse más allá
del tacto que toman de su carne:
es lo más difícil.
Porque los cuerpos cantan,
motivan caricias,
se elevan si la noche es clara;
pero no saben existir por sí mismos,
apenas saben amar la soledad.

Por ello tratan siempre de alejarse,
de ocultarse en las duras tareas
que precisa la muerte.
O de mostrar la prueba más certera
de que es real lo que sienten:
su alma.

Dos cuerpos, por sí solos,
no comprenden que el alma
es la tibia desnudez
a la que no puede llegar el cuerpo.

(Sorprendido en absoluto vacío de amor,
cualquier cántaro abierto
puede albergar el lugar del océano.)

31 jul. 2010

Separación de bienes

Cuando Cielo e Infierno convinieron divorciarse por segunda vez, llegaron a un curioso acuerdo. El Altísmo ya podría ser el único que tuviera acceso a los libros imborrables. Pese al difícil trato, el Caído no salió mal parado.

A él serían confiadas todas las preguntas de los hombres.

Otra extraña confidencia (reescripción)

Por pensar mal de los muertos,
el niño que fui no despierta,
me aterran los siglos,
bebo cualquier llanto frío,
y la noche, ofendida, me niega el resuello.

Solo, desciendo en secreto
al atestado infierno
de la imaginación verdadera.
Y no soy yo ni son los muertos
quienes soñando se enfrentan
por algo que ni es posible siquiera.

Son ellos, los vivos,
los vivos son los que cuentan
que todo es perfecto
si al morir todo empieza.

Os digo que son ellos
los que nada saben de sí mismos,
ellos son los que sueñan
con regresar del infierno
el día que alguien juzgue
su deuda ya sin remedio.

28 jul. 2010

Gente

No me gusta la gente.
Ni yo mismo como tal.

Alguien debería pensar de qué manera
se podría solucionar tanta atrocidad…
Cada vez que me siento en una cafetería,
no me queda más remedio que escuchar
el burdo parloteo de la tribu.

Y el que no me guste,
no es problema mío.
Es de la gente.

A este huraño de naturaleza crónica
se le ocurren dos o tres cositas
que se podrían llevar a cabo.
Todos viviríamos más tranquilos. O no.

Solo sé que me sentiría por siempre agradecido.

26 jul. 2010

Tiempo del trigo

No cumplieron los muertos su amenaza.

Imaginad cualquier ciudad en enero,
un ángel corrupto por el sol, viento,
canciones ya sabidas o palmeras azotadas
por el lento diluvio que esperamos.
Podéis darle forma a un cataclismo. Resarciros.
Suponed también que los mismos que partieron,
no llevaban en sus manos hueras la discordia.

Imaginad que entre los nuestros
el día estaba hecho y el trigo no crecía,
que tan solo uñas y cabellos revueltos
continuaban creciendo y creciendo.

Decidme, después de figuraros esto,
si alguna vez creísteis que entre ellos
nos guardaron rencor por haber sobrevivido.

Sé que no es fácil comenzar de nuevo,
ni llevar diez crisantemos a esa tumba injusta
en la que el sol se pone cada día.
Aun así, dejadlos entregarse a lo que vino,
sin imponer su retrato a los que tomaron asiento.

Pues el día no está hecho en lo que vive,
y el trigo imaginado en todo invierno
continúa creciendo hacia la luz
que lo consume nutriéndolo.

22 jul. 2010

Otra mañana, el mismo ruido

No ser hombre. No llevar el disfraz, ni conjurarme en vano. El papel que desempeñamos aquí me es tan lejano como el que desempeñan los demás. Insisto: hay algo que pugna desde dentro por abrirse paso hacia el interior de mis semejantes. Y sé que el presente es incognoscible. Solo los que interpretan creen haberse ubicado en el centro de la trama que suponen verdadera.

El que es, todavía desconoce las ciudades, los valles, la muerte recelosa y el camino.

16 jul. 2010

Sobre una reflexión de M. Zambrano

No se reconcilió con la verdad.
Sus ojos despuntaban a la luna,
un azar solemne y caprichoso
mediaba con la voz del sufrimiento.

(¿Y no conlleva el aceptar,
saber también que en ocasiones
un pájaro nos lleva ya prendidos,
igual que el fruto o la semilla,
al mismo vuelo paradójico
de huída y de regreso hacia uno mismo?)

Es todo más sencillo, se dijo…
Aceptar consiste en desvirtuar el dolor,
asignándole un nombre más común a nuestra vida.

¿Pero quién puede conformarse con eso?

12 jul. 2010

Sistema

No le debo a la locura de la gente
más que el desprecio,
tenazmente aprendido,
hacia una naturaleza múltiple
de fácil egoísmo e inocencia.
He participado tantas veces
en grotescos festejos,
tantas veces en el crimen legítimo,
he doblado tantas veces
la violenta bandera del silencio,
que a menudo me comparo
con aquellos que alimentan
su juicio con el juicio del más fuerte.

Sabed que os odio, hombres de a pie
que os beneficiáis del juego de la muerte;
sabed que ya he manchado mis camisas
evocando la lid perdida contra corriente.

Podéis acusarme, si es lo justo.

Ahora corroboro aquel principio
que me aleja de vosotros,
vacíos hombres de a pie,
vencedores del llanto inerme.
Vacíos, vacíos, vacíos…

7 jul. 2010

Edad del tiempo

Me he sentido envejecer esta mañana.
Hoy aparté todas mis obligaciones,
desperté tarde, desayuné
y salí a la calle acompañado por un libro.
Leí algunos versos sorprendentes,
volví a beber café. Vaticiné el instante
solo para dar con la ocasión perdida
de ser dueño de aquello que se evade.
Si hay un alma en mi silencio,
acaso ya haya visto el nacimiento
del árbol y la roca que contemplo
junto al ave transitoria del futuro.
En una plaza inevitable,
alimentando el libro de un creyente,
he vuelto a rechazar al dios que supusiera
hambriento de este tiempo que ahora somos,
caudal de juicios fugitivos,
piedra ancestral, suma de todo lo vacío.

6 jul. 2010

Inspiración, desorden

Observo con cierta extrañeza
el sutil vaivén de mis propios pensamientos.

Con cierta extrañeza.

Posiblemente se deba a la rutina
de un oficio cuya meta
es parecer apaciguado en lo que nace,
de ahí la costumbre de saltar de un lado a otro
por el confuso enramado de la psique.

Pero nada más lejos de este rito
por el que me alejo de mí mismo
para reconocerme en un sol agonizante,
que el hecho de pretender asistir
al dudoso parto de una vieja novedad.

En la difusa constatación de lo que pienso,
hay una desolada atracción por el vacío,
ese estado solemne que se alcanza
tras expulsar toda primavera de uno mismo.

Una vez cumplida esta labor improcedente
—el acto de escribir, si es que es un acto—,
ha de llenarse mi boca
con el juicio consabido del que miente
porque sabe que al mentir contiene
la segura realidad de lo aprendido.

5 jul. 2010

Sisma

Un perro cualquiera se contagia
de ese malestar simple que me lleva.

Al mirarlo pienso,
como viene siendo habitual,
en la infeliz importancia del tiempo.

Y ese perro,
perro cualquiera que acaso no entienda,
reacciona escudriñando mis ojos
como el que intuye en los ojos de todos
un pesar que no es verbo.

No es necesaria inteligencia alguna
para saber que en cada cosa sucede
la sospecha de un límite exacto.

Después de mirarme,
el perro, inocente, se tumba en el suelo.

En su silencio recoge
la sospecha de ser más
que un perro inconsciente.

3 jul. 2010

Sociedad de consumo



Vivimos en una sociedad que en gran medida nos valora a nivel individual por lo que pensamos de nosotros mismos. Pobre de aquel que, después de perder su derecho a la indolencia, se sienta inferior a la mayoría de sus semejantes. Pobre, porque siempre habrá quien lo trate en función del juicio implacable que realizaron aquellos que, al odiar un día a la ligera para sentirse superiores, impusieron una huella irreversible en el amor propio del más desprotegido.

1 jul. 2010

Héroes

Helos aquí, estos son los héroes,
padres del asunto, huéspedes destemplados
que se sustentan de la virilidad más violenta.
Obsérvalos. Si los miras sin abrir los ojos,
podrás ver cuánto se parecen
a un montón de estiércol
que no ha de terminar de endurecerse.

Los demás somos patéticos.

27 jun. 2010

Errancia

Volverás más plena de estas noches,
aunque un frío acontecer ya te seduzca
como amante insospechado en la desgracia.
Aunque todavía huyas, atenta a la traición,
de cualquier exhortación a la renuncia.

¿Crees que abandonar ahora
te haría reencontrarte a solas
con aquellos errores cotidianos
que pensaste imperdonables?

Insiste entonces.

Acaso un día llegues a creer,
pasadas estas noches y su ciencia,
que no errar, resulta siempre tan difícil
como contener con tus dos manos
el río de imparables circunstancias.

Por eso, equivoca cuanto quieras
el sentido indiscutible de este absurdo:
solo tras poner a prueba lo probable,
deberían rebrotar del lodo las estrellas
que templaron en su día
la secreta desventura de tus actos.

Madurez

Prescindir del amor.
Tan fácil como eso.
Deshacer la palabra,
recatar el cuerpo.
Bailar a solas
con el íntimo fantasma
que involucras en tu pensamiento.
Amenazando la importancia
de toda felicidad prescindible,
renunciar a la lid
cuando no puedas conformarte
con las sobras de un corazón enfermo.
Tan fácil como eso.
Como adorar ídolos inmensos
sin suponer poemas.
Sin existir de veras.
Sin contrariar la verdad,
ni prescindir del miedo a saberte fugitiva.

25 jun. 2010

Poética

Si esta Vida esquiva no puede parecerse
más de lo común a literatura alguna,
dejemos que la literatura que inventamos
se parezca un poco más con nuestra vida.

Tanto como para llegar a confundir
el acostumbrado desprecio hacia esta última,
con ese misterio irremisible
de sabernos reflejados por el juicio de otro ciego
que prefiera lo sutil a lo visible.

Nota de un poeta incompetente

Otra vez fracasaron mis hallazgos. Quererla literalmente es imposible.

22 jun. 2010

Indemostrable

No estamos bajo el mismo sol.
El alba se distingue en cada uno,
y en cada uno se supone
que hay un fuego de estrellas moribundas.

No. La luz cae en tu reino
sin motivos para darse,
y no es fácil hacerse con tu juego.

Si veo que en tus ojos
refulge un pensamiento,
contengo mis barreras porque espero
que un dudoso acierto nos confunda.

Igual que los inviernos nos confunden
en niebla inevitable y necesaria,
yo espero a que tu razón nos una
por encima del tiempo de los hechos
que no pueden probarse.

18 jun. 2010

Alimento

Los que creen, cada día llaman a la muerte a comer del plato de sus esperanzas. Ellos, sometidos, se conforman con las sobras del banquete. Casi se diría que quieren devorar el aire inaprensible que nunca han respirado.

15 jun. 2010

(sin título)

Quisiera evitar pensar
que es por mí, valiente imbécil,
que los labios tensas mientras duermes
por no pronunciar mi nombre.
Engreído, incapaz, cenutrio…
Algo de eso pensarías
si adivinaras que si busco en ti,
es porque quiero pensar que pendes
tanto de mí como de las normas
que nos hacen parecer
fieros niños en combate.

14 jun. 2010

Este plazo

Me esperan dos semanas más
de tedio almibarado, de orgullo,
de intranquilos paseos al sol,
por no hablar abiertamente
de la verdad depuesta en las aceras.
El desamor son solo dos semanas
luchando contra el tono de las puertas,
huyendo por pasillos y ventanas
que no han de culminar donde empezaron.
Tan solo dos semanas…
Catorce días más pidiéndole al olvido
que interceda lentamente entre nosotros
(espero venga pronto a reclamar su parte
en esta historia inenarrable
de fútiles idiotas y princesas).
Me sabe a hiel no darle acaso un mes,
una estación, diez años:
solo trescientas treinta y seis horas
de dulce podredumbre rutinaria
repleta de mala poesía adolescente.

9 jun. 2010

Matemática

Dime cómo analizar las horas
sin que el tiempo se enrarezca.

Cómo comprender la huella
mientras me detengo en algún punto
de la arena del desierto que transito.

Las certezas que afirma la razón,
se burlan del amor y nos desplazan
hacia un orden de signos infinitos,
inabarcable perspectiva que el vacío
abre ante los ojos de los mismos
que pretenden acallar su naturaleza.

Dime, si me dejo llevar:
¿me sorprenderá tu sol cuando amanezca?
¿O lloraré todo lo que no he sabido dar
a quien me amaba siquiera sin saber
por qué creía en este pensador incrédulo?

8 jun. 2010

Figuración abstracta

Alza tu imagen.
Desde un fondo imperceptible,
alguien más observa: sabe,
porque ciertos actos son sin que seamos,
que ya hemos condenado este segundo
a ser otra eternidad de piedra.
Si en tus manos cabe una canción,
álzate desde la sed que nos completa.
Y antes de la tregua, ejemplifica
con un beso hecho de urgencia
la muda condición de lo improbable.

Entiende que el amor es esa huella
que borra lo que hallamos al volvernos
sobre un tiempo mortal e inaprensible.

4 jun. 2010

Para D. T.

Se ha cumplido, amigo,
en mí la rabia de tu juicio.

Llegó la noche, contigo abrí
las manos a la nada, descubriendo
que nada es imborrable,
que el dios que supusimos ciego,
aguarda en una estancia inmerecida.

No he entrado dócilmente,
por eso sé que dejarías
que hablara contigo hasta que el viento
durmiera sometido a las últimas ciudades.
Dejarías, sí, que un padre indiferente
te besara la frente procelosa
con la sola condición de su castigo.

Mientras, ocultas en tus ojos,
las horas por vivir confundirías
con un terco negar lo impredecible.

Thomas, amigo,
diré también que toda buena noche
conserva la plegaria
que nunca hemos sabido
rezar correctamente.

2 jun. 2010

Por qué leer poesía

Si algo tengo en común contigo,
testigo que hasta aquí, piensas,
todo ha sido creer en lo que haces,
acaso sea solo el hecho indemostrable
de saberme derrotado, pese al simple juego,
por mi propia fe en lo que amo.
Y no sé cuáles son tus miedos,
ni si esto que digo,
te entristecerá un tanto.
De cualquier manera,
te advierto que mi juicio
siempre fue de los más desencantados.
Y anochece. A veces esta hora
me retrae hacia el ciego aprendizaje
que todos le debemos al fracaso.

De cualquier manera, tal vez hemos jugado
una idéntica partida para traicionar nuestros actos.

Mas tú, que a veces abres ciertos libros,
y casualmente reconoces
a alguien que supones de tu misma carne,
aún no sabes que ese alguien
se sintió vencido desde antes
de buscar consuelo en la palabra.

Si es tu caso, no abandones nunca:
en algunos versos soportables
has de adivinar la justa percepción de tu derrota.

Recuerda, lector, que todo lo que pudo ser,
podría estar sucediendo precisamente ahora.

31 may. 2010

Brisa

No es solo la brisa…
El paisaje, que es ciudad,
también revela su naturaleza de nostalgias.
Oculta entre los árboles,
la belleza mitifica nuestros actos:
desconfía la razón, se proclama
como guía de una noche sin caminos.

Todo amor es ejemplo
de la deuda contraída con la nada,
y estos parques se retrasan en su huída
de ocasos solitarios.

No cedamos al mirarnos.

(Aquel pájaro cantaba para mí
mientras todo insomnio presumía
la infinita realidad de mis sentidos).

No cedamos si el influjo de la tarde
nos lleva a suponer que nada ha sido.

Concordar las palabras con la vida

Pesa lo escrito. Uno debe acercarse,
estar en lo que dice si blasfema,
blasfemar ante la luz cuando renuncia
a decir lo que conviene. Y eso pesa.
No es fácil contaros de la muerte,
ni negar lo que comienza sin verter
un poderoso veneno que fascine
al criminal y a la víctima.
Tanto hablar del cuchillo
para luego reprender al enemigo
que traicionó en defensa propia.
Pues hay palabras que pueden,
igual que la ignorancia puede,
llenarnos de preguntas verdaderas
que solo han respondido los instintos.

30 may. 2010

Errantes



Fui a buscarte en la primera sed. Y eras agua prematura, sequía que se sacia en lo que vemos al mirarnos. Estuve en los templos solitarios, recordando que otro dios me encomendaba negar que haya otro mundo como el nuestro. Frecuenté todos los atardeceres, reincidí en un modo de darme a conocer. Estuve en los espejos, contrariado por un rostro oscurecido bajo el sol.

Te buscaba, amor, te buscaba… Creíste que era solo otro imposible, que este juego era una trampa tan sutil como el acto de hallarte. Pero creer es fácil. Lo terrible es aprender a equivocarse cada vez que un pájaro canta para nadie.










28 may. 2010

Posibilidad de pérdida

Sabes que volverás solo
cuando ella busque el tiempo entre tus manos.
Cuando ella encuentre y busque y hable,
porque tu dolor fue extraño y todo eso,
sabes que volverás solo a donde duermes
un sueño cabal, justificado a veces
por tu condición de amante enemistado.

Si aún entiendes que no es tarde
—porque nunca es tarde para siempre—,
recuerda aquel verano sin dureza,
sométete al amor y dulcifica
con un gesto la brisa que te ofrece.

Cuando ella busque el tiempo entre tus manos,
entrégale un reloj que atrase tantos días
como sombras guardas hoy en tu cabeza.

Pues sabes que no hay dolor
—aunque lo niegues—
que pueda repetirse si ella accede
a buscarse a sí misma en tu inocencia.

27 may. 2010

Metahipótesis

Nunca sabré qué sentiría
en este preciso momento
si el agua que baja por mi mano,
no estuviera bajando por mi mano
en este preciso momento.

26 may. 2010

Solicitación

Me llamas. Aún te pertenece, dueña de la nada,
algún silencio amortiguado por el alba.
Te he escuchado tantas veces. ¿Qué prometes?
Yo amo estos días, reconozco
no haber estado nunca preparado para verte.
Cuanto más te niego, más deprisa crecen
las raíces que contengo en mis palabras.
Y entiendo que este amor por la existencia
se aleje un poco más de ti, reconciliándome
con un frío proceder entre los sauces.
Sabes lo que temo. Anuncias demasiado
cuando invoco tu importancia a guarecerme.
Pero es la vida, la inconstante creadora,
la que ofrece su mano para alzarme.
Tú no puedes hacer nada, amante del culpable,
señora que destruyes lentamente lo que amas.

Pues muerte eres, común solicitación
que no podré negar aunque ignore tu llamada.

25 may. 2010

Nombrar un cuerpo

Cuando el viento arrecia en las ciudades,
creo en ella todavía, porque es frágil,
porque ya me acerca al cuerpo que limita
su carne con mis vidrios quebradizos,
con los puertos cerrados, con el hambre.

No sabría cómo hacer hablar
a la blanca tempestad o al cuerpo
que anuncia madrugadas licenciosas,
asombrosos desnudos y un final
que no puede durar más que el principio.

Pues no es fácil describir la tempestad,
ni suponer el nombre de un cuerpo
que se sabe cautivo en el acto de darse.

Cuando el viento asola callejones
y entrega su pasión al entregado,
yo pienso en cierto cuerpo
que es resguardo de toda tempestad,
que es también indecible cansancio
de su propio sentir enajenado.

22 may. 2010

Apuntes para un éxodo

Hemos partido, quedan sobre el agua
las dudosas metáforas que nos explican.
La brisa nos indica lo innombrable
por los quicios de la casa, huimos
llenos de sol en las pupilas,
y es triste suponer sobre la nada.
Familiarizados con la noche, partimos
acaso convencidos de haberlo visto todo,
siendo todo cierto veredicto
que se da cuando el hambre no se sacia.
Y no habremos de volver
cuando algún recién nacido se desate
en un llanto para siempre incontenible.
No habremos de atenernos
al urgente ciclo que recae sobre el cuerpo.

Junto al alba hemos partido cada día,
hacia el lugar que fue también nuestro regreso.

21 may. 2010

Síntesis



Un hombre es siempre lo que quiere ser. En tanto que ninguno nos conocemos realmente, somos libres de  pretender ser lo que ya somos.

20 may. 2010

Pacto

Veamos. La tarde me convoca aquí,
en mitad de una canción adolescente,
aún persigo un duelo entre mis manos
y me rondan de improviso
la muerte que rechazo con paciencia
y un cerco muy antiguo entre los pájaros…
¿No querrá decir tanto misterio
que hoy debo a la función de mis testigos
un examen meritorio de conciencia?
Veamos. Sospecho inútilmente y sin contarlo
de los muertos más humanos que conozco,
alguna vez me he traicionado
y las mejores situaciones que concibo,
tienen cierto no sé qué
de lucha perspicaz y de cansancio.
Pero no. Es demasiado.
No debiera quedarme tan tranquilo con mis actos.
Veamos. Mejor me reconcilio con los buenos,
escucho otra canción o me amenazo…
No es suficiente. ¿Y si después me tergiverso,
me rindo ante la muerte y me contagio
de tardes penitentes como esta?

No, no es suficiente.
¿Y si os pido perdón? ¿Y si me callo?
No. Os he mirado a todos a los ojos.
No me neguéis que entre nosotros
el pacto ya es negar que hemos pactado.

19 may. 2010

Acontecer

Ha pasado el mismo día. ¿No lo notas?
Si no fuera por la noche o por el clima,
no podría recordar lo sucedido.
Dime: ¿soy yo o las tardes se repiten?

Si no fuera por el rostro que adivino
cada vez más impasible ante el espejo…

Y también por la ocasión o por la duda,
por todos los senderos invisibles
que un magnético silencio nos indica,
también por la penúltima pregunta
que formulo antes del sueño.

Aunque nada pase, todo continúa
expuesto en su lugar a su vacío,
el tiempo prevalece,
fluyen velozmente nuestros gestos…

El hombre es esa forma indefinida
que cambia su razón cuando acontece.

18 may. 2010

Paisaje imaginario




Me han amenazado con dejar de comprender mi arte si lo retoco. En fin... Yo díría, pese a lo rudimentario de la fotografía, que está más o menos en su punto. Aún hubiera seguido, pero hubo un momento en que me entro una tristeza incalculabe, que acaso solo pueda significar cierta sensación de absurdo. ¿Ante qué...? Pues ante el hecho de continuar trabajando en algo que ya está terminado, claro está...

Espero que les guste.

Un abrazo.
D.

17 may. 2010

Poema del reencuentro

Has seguido incendiando todos los caminos, y tu sed no la formulas por encima de la larga travesía. Si fuera nuestro tiempo un acto de ternura, tendría enferma la fuerza contenida entre mis manos de tanto habitar en tu penumbra. ¿Es lo justo? No, pero ya sabrás que nada importa todavía: amar es ese riesgo que puede conmoverte al morder una pregunta. Y regresas anunciando un último delirio, y yo convoco la tragedia a los vencejos, doy vueltas en mi cama y atravieso cada parte de la noche, seguro de haber hecho sonreír a quien me teme. Acaso tú podrías gobernar mis impresiones, pues tu llanto no es el agua, el cauce que siempre purifica arrasa mis eriales con la misma intención que esa navaja corta cada eco de la lluvia.

Después de templar la noche de mis ojos, solo tengo una pregunta: ¿eras tú la que sabía que la inocencia es esa tierra donde a veces me arrepiento de ser hombre?

Recobrando el sentido

La suerte de volver hacia los bosques,
el destino asimilado tras la tarde,
el mar, azul cantar que siempre espera;
las noches dedicadas a la noche,
incluso lo casual, la fuerza inevitable
contiene la respiración pausada que preciso.

He aprendido. Cada signo es su palabra.

La rabia y el temor, los actos en urgencia,
el notable ardid de la mañana… Era ella.
Llegaba tranquila y resoluta,
después de condenarme a despreciarla.

He llegado a renegar del tránsito,
de la locura que es vivir atravesando
la torpe multitud que se demora en la mentira.

Soledad, canción, sentido: te acepto entre mis días,
sabiendo que es tu nombre el de la nada
que acoge nuestros gestos sin juzgarnos.

16 may. 2010

Pronóstico

No ha sido buena esta década,
me digo mientras todos pasan
prescindibles, seguros como nunca
de haber enterrado lo que son
tras la necesidad inútil de darse a conocer.

Estos años solo han sucedido
para los que saben confesarse
ante el prójimo que juzga su vergüenza.

Repito. No ha sido buena esta década.

Se disfrazan de amor los indolentes,
los cuerpos prevalecen,
y un libro nos recuerda
que los sueños se aniquilan por un precio…

Si vuelven a pasar diez años como estos,
enmudeceremos tanto, seremos tan inciertos,
que nuestras lágrimas por fin valdrán muy poco:
lo que una noche absurda en el olvido,
intentando parecer mejores que nosotros.

11 may. 2010

Proyectos

Escribir un libro. Uno de tantos. Después dejar que me devore lentamente todo lo que en él no he dicho. Y así, escribir otro. Que al final, al trazar el último signo de mi vida, aún quede por decir lo que nunca he dejado de ignorar sobre mí mismo. Pues ciertas omisiones carecen de importancia. Ya describirán por mí mi asombro los que vengan a negarme.

10 may. 2010

Nombres

Siempre hay alguien más allá,
alguien que grita tu nombre
desesperadamente.
No puedo detenerle, su esperanza
se presenta como rayo eterno de futuro:
su nombre es como el tuyo, se repite
porque es eco interminable de tu nombre.

Desciendo con él después de replicarte,
hacia la noche donde bailan tus hogueras.

No soy yo, aunque se parece tanto
al hombre que supones cuando sufro,
que yo también grito y grito,
desesperadamente grito
el nombre vacilante que soportas,
anulando al enemigo que intenta superarte.

9 may. 2010

Distracción

Toda dulce distracción,
toda incomprensible manera
de preservar la certeza de tu aliento,
toda canción que a veces me golpea,
toda inconsciencia veloz
al recrear el sol de tu ternura,
no serían más que el episodio
que invento demorando mi derrota
para prolongar mi estancia entre vosotros.

Ya lo veis… Elegimos este discurrir
tan ciego entre los días del diluvio.
Y no hay nada que esconder.
El niño que hemos sido
permanece arropado pese al frío,
y en el gesto seguro de su sueño
se refleja nuestro tiempo derrochado.

Así que pasad, no dudéis,
pasad de largo entre las sombras de la tarde.
El miedo a comprender
se ha fundido lentamente con el aire,
dejando en su lugar el compromiso
que habremos de cumplir para encontrarnos.

Quizá esta distracción soporte aquel espanto.

Porque la única ocasión de afirmar el buen motivo,
será siempre tras negar la verdad perecedera.

Y si la muerte es ese ángel que nos lleva,
sea siempre esquiva esta manera
de buscar sus ojos tibios al mirarnos.

8 may. 2010

Encuentro

Llegas con un nido en la memoria.

Herida por los pájaros que invocas,
sucedes en las tardes y en el viento
que no querrá sentir
tu lenta compañía
si detienes toda duda melancólica.

Llegas, y mis ojos se retuercen
volviéndote más niña,
haciéndote de otra que se hunde.

Hablamos como siempre cuando llegas,
aunque siempre sean siempre horas,
y no canciones aprendidas para verte
llegar a mis preguntas
de atormentada retórica.

Llegas, y a veces te demoras.

Después te irás a donde nadie.
Acaso cuando hayamos aprendido
a importarnos más o demasiado,
empezaré a extrañarte.

Así me quedaré despierto,
sabiendo que has llegado sin buscarte.

Confidencias a una desconocida

Dijiste del dolor y de los cuerpos,
de todo amor contrario a lo que huye.
Tuviste que entender,
pese a mis lunas,
que nunca fui tan fuerte,
que me retraso solo cuando dudo
o si resulta una canción desde la noche.
Pudiste ser lo que contabas
(con eso basta al explicar
ante nosotros mismos
un modo de caer, una venganza).
Y celebrar también los funerales
tomando algún desvío entre la lluvia.

Mas no es fácil suponerte
llegando de mañana a tu rutina,
cortando el pan o las palabras
con la misma enseñanza que sugieres.

Dijiste del dolor o del invierno
que llega hasta la casa del culpable,
y allí es razón de lo que piensan
aquellos que han juzgado sin sabernos.

Por eso, aunque lo evites, también te pido
que no confieses ante nadie
la clara decepción que nadie entendería.

Cuando llegues, tan de mañana,
al frío cotidiano del trabajo,
recuerda en paz, pese a los años,
que toda tu verdad está en tus manos,
forjándose cuando las noches se alzan puntuales
en el fondo impronunciable de tu alma.

7 may. 2010

Aquí les dejo una foto que me sacó una buena amiga durante la presentación de mi libro. No es que esté intentando preservar mi identidad ni nada por el estilo. Es que es la única que me han mandado por ahora.

Abrazos a todos.
D.

Imagen: Teresa Tamayo

5 may. 2010

Cuando era joven no comprendía absolutamente nada de la vida, y además creía que mi tiempo en este mundo era tan limitado, que nunca llegaría a saber lo que quería saber.

Puede que no comprender y juzgar que no hay más futuro que el inmediato, sean una sola cosa.


2 may. 2010

Fotofobia

Solía sentir al desnudarme
(lo digo aunque desaparezcas)
un miedo recurrente a estar conmigo a solas.

Sea como sea,
hay algo en ti que me conduce,
la razón de aquello que me niegas,
el sentido que has dado a mi conducta
en una hora tan absurda para el sol.

De cualquier modo,
te he encontrado en algún sitio...
Sea entonces lo importante en este día.

Pues no sabría esconder esta apariencia
de esclavo consumado en las aceras,
tantas veces rechazado
por no haber sido todo lo que soy.

Cuando regreses del olvido, explícame,
ya que ardes siempre fácilmente,
por qué la luz que a veces vuelve,
ha sido en este día tan esquiva en mi interior.

Conclusión

Nadie presta atención a ese dolor. Todo el mundo está demasiado ocupado comprendiendo el suyo.

1 may. 2010

Inconveniente

Cuánto más reprocha algún extraño
—que tanto desconoce del dolor—
su conducta de niño improcedente,
con mayor enjundia se deja poseer
por la idea de ser lo que libera.

En el juego irreversible de la duda,
no puede convenir lo que sucede:
en contra de los otros va hacia sí,
dejándose nacer al margen del camino.

Ya cualquiera puede observar el reto,
la ocasión que desafía
el grito contenido hacia el deber
de convertirse en otra sombra ajena al duelo.

27 abr. 2010

Oculto

Creo que volví a escucharos
sin caer en la cuenta de la ausencia,
casi juraría que he vuelto a encararme.
Puede que haya ajusticiado nuevamente
un rastro de vosotros, un silencio
que era casi música, casi un baile.

Y es como si también hubiera delirado
incendiando las fugaces caracolas,
la importancia sagrada del verano.

Pese a lo absurdo del acto,
creo que podría estar en mi derecho:
el rencor resulta ser un comodín,
la carta más común de la baraja.

Para solucionar todo esto, solo habría
que seccionar nuestros lazos
por el punto de máxima tensión,
que viene a ser el tramo del tejido
donde nos atamos.

Si todavía queda algo después
de convenir que nunca nos pertenecimos,
eso, amigos míos, solamente eso
será la amistad que hemos poblado
de juicios improbables, de máscaras veloces,
de objetos que apenas valoramos.

26 abr. 2010

La carretera

Entro en la curva de la noche.
No estoy dispuesto
a pernoctar analizando la luna,
ni a devorar los manjares oníricos
que la madrugada sirve a los insomnes.

Quiero dormir,
dejar de conspirar, perderme.

He pasado muchas noches
cavilando sin concesiones,
intentando desenmascarar al niño
que se disfraza de hombre,
al hombre que se disfraza de árbol,
y al gato que se subleva aburrido.

Pero la curva de la noche es tan cerrada,
que alguien debería detenerse
justo aquí, conmigo; y yo con alguien
que no temiera perderse
al descansar placidamente de sí mismo.

¿Y si mañana no soy quien
para desenmarañar la luz de los abismos
que adivino refulgiendo entre mis manos?
¿Y si no soy yo…?. —o lo que es peor—:
¿y si ni siquiera me doy cuenta
de haber perdido la palabra tras la noche?

25 abr. 2010

Reino de la soledad

Cualquier ciudad es el reino,
la inmediata arquitectura vacilante
que gobiernan individuos extraviados,
transeúntes que el ocaso
libera de la deuda de su sangre.
De ese modo nos acoge, adormecidos,
cansados de creer en el infierno,
contrariados por el juego
que comprende la violencia de ser nadie.

Anochece. Por las calles se adivina
un nostálgico vestigio de cordura.
Podemos observar eternamente
el espacio indefinido, ese vacío atmosférico
que reemplaza la verdad, y en su lugar
deja la sospecha de que un alma
se rebela con las brisas de la noche.

La costumbre nos obliga a obviarnos
en este barrio de inmigrantes
inocentes o culpables, en esta ciudad
que tantos días nos sorprende
con su ruido acuciante, con sus páginas
de terrible convicción moderna.

Y yo no tengo tus ojos.

Si debo hacerte ver lo que subyace,
la vergüenza más inmunda,
el tiempo deshumanizado de la carne,
quisiera recordarte solo
que el acto de soñar es necesario
porque todos los relojes, los días y los años
nos invitan a negar este momento,
a escondernos donde nadie sepa
por qué somos todavía lo que arde.

Fuerza

No en la dureza del héroe
estará la fuerza que has buscado,
ni en el temperamento caprichoso
de ese bruto que no fuiste ni juzgaste.
¿Qué es la entereza del fuerte,
sino el hallazgo de ternuras conservadas,
de derrotas en la lluvia de diciembre,
de canciones que en verdad convencen
de su debilidad al niño
que una vez perdido nada pierde?

Afronta la belleza de esa cicatriz callada,
ten valor, sostén placidamente
la razón perdida que origina tu vergüenza.

24 abr. 2010

Celebración




Salgo al alba queriendo festejarme. He pasado la noche en las calles, primero conversando con un buen amigo. Se nos fueron las horas en narraciones que pretendían abarcarnos, a nosotros y a la literatura imposible de concebir que fuimos y que somos. Luego llegué a la casa desde la que escribo, comí algo e intenté dormir. Pero no ha habido forma. Así que he salido con el alba a festejarme como actor, como el poeta que debería ser, como amante de la que vaciló al rechazarme y de aquella otra que no pudo calmar la sed de ser en ella. Queriendo festejarme, me reencontré con aquel que nunca terminé de abandonar a la suerte de su locura. Fue una celebración triste, llena de recovecos vacíos, de solemne entereza. Ah, pero mi tristeza es sosiego, porque es natural y justa.

Si pudiera, al menos, suponer lo que otros sienten, esa emoción que reincide en los que quiero amar y sobre la que solo puedo concentrarme cuando todas las despedidas ya se han consumado como un acto necesario. Pero no es tan sencillo. Yo también debo cantarme a mí mismo. Debo estar en mí y consolarme en todo, sí, pero siempre desde ese recinto sagrado que es la identidad. Puedo interpretar el gesto o la conducta, puedo indagar en la palabra. Pero eso son ensueños, abstracciones que pretenden situar el universo dentro de mi persona.

¿Y en verdad es posible sentiros, amigos, turbadores artistas de lo improbable? Si son todo conjeturas, si al replegarme ante un silencio contencioso solo estoy escenificando una intuición fallida, cuando vuestra conducta era de una claridad amable y creadora: ¿qué más puedo hacer, salvo jugar a redimirnos de toda soledad en el seno proceloso de la soledad misma?

Mas toda celebración solitaria necesita de un desierto. Es ahí donde interviene la necesidad de escribir ciertos poemas. Si no soy capaz de contener unas emociones que están demasiado llenas de mí mismo, debo al menos escribir, dejar constancia de todo esto para que, en vuestro propio recinto, podáis oír el murmullo impensable de mi sangre. Los que escriben no saben guardar para sí lo que hay en lo hondo, no quieren. Si llegáis a reconocerme, aunque sea de un modo difuso, entre las páginas de un libro tan común como cualquier otro, aunque sea en un verso que solo os ataña de un modo sutil que no trataréis de asignarme, habré estado en el mundo el tiempo suficiente como para recoger todas las flores invisibles que debiera arrojar sobre mi propio féretro el día de mi muerte.

Yo, por mi parte, seguiré leyéndoos. Porque esta deuda solo ha de saldarse empleando el tesón  que me distéis con la intención de averiguar lo que somos.




23 abr. 2010

Absurdo

No discernir ningún camino
de entre los incontables
que transito hollando la mentira.
Presentir, después de haber sabido,
que la nada multiplica nuestros actos
como potencia inabarcable del absurdo.
Jugar a ser desnudo
de cuantas realidades se entrecrucen
disfrazadas de ficción hierática.
Que el engaño no revele
—no después de haberlo urdido—
la vergüenza irremediable
de tornar, sentida con cuidado de epitafio,
la constancia de un sentido
en incierta sombra entrometida
de otra sombra imperdonable.

22 abr. 2010

Errático

I

De acuerdo. Pero tendrás que jugar con las reglas de los que no tienen imaginación.

II

No le temo a las palabras. Solo a mí mismo, que me paso la vida moldeándolas para que digan lo que yo quiero, no lo que de por sí revelan.

III

Tenemos un millón de años para conocernos. En ese tiempo lo normal es que te aburra cada día un poco más de lo debido. Pero no te preocupes. Siempre habrá algo que nos haga fabular con la idea de la muerte, que viene a ser el momento en que la cosa se pone más interesante.

IV

La literatura solo nos juzga por lo que aprendemos de ella. En su esfera solo nos es posible reconocernos como si no fuéramos nosotros los que un día se atrevieron a recurrir al autor, ese desconocido, para que les aconsejara sobre el mejor método de desaparición.

V

El miedo nos incita a calcular las mejores excusas. Esas que tanto nos decimos a nosotros mismos y que nadie más se cree.