30 dic. 2009

Dudosa temporada

Es temporada de vientos, de preguntas.
Un paisaje evidente nos anuncia
el color invisible de la duda.
Es temporada de fieras longitudes,
la distancia y sus espejos se asemejan
al limbo inevitable de los muertos.
He sido el animal amenazado
por el fuego pretendido en la espesura…
¿Y a quién le importa que me aferre
al hueso destinado a ser escoria?
He sido, inútilmente, la pregunta
que fuerza el corazón a conmoverse
en todos los inviernos indistintos.

Reconoceremos algún día como este
que la vida nos debe desde siempre
la hermosura arrebatada a los cuerpos dormidos,
la verdad favorita del deseo, la ocasión, el reto.

La última respuesta al dilema fingido
de ser también conscientes o felices
tras el dudoso sueño de no haber sido nunca.

29 dic. 2009

Vacíos

Los que no son, ausentes de vanidad,
los soñadores fatigados
comprometidos con la muerte,
los que no son más que en su silencio;
ellos, definitivamente ciegos,
adivinan lo que no pudo ser dado.

Y aunque pretendamos siempre toda luz,
y aunque dobleguemos al niño
y a la bestia incomprendida en el dolor,
para los sutilmente desapercibidos,
para ellos solo somos mejores
que lo que rebosa en exceso hasta perderse.

Ellos no encuentran ya diferencia alguna
entre su voluntaria penumbra
y nuestro cotidiano esfuerzo
por mostrarnos más allá de cualquier dolor.

Y trataré de no olvidar nunca, amor,
que la muerte todo lo iguala
en aras del humilde sueño de vencernos.

El país de las bromas pesadas




Vivo, desde hace casi 32 años, en un hermoso país habitado por felices personajes, todos con un delicado sentido del humor. En este país, tierra de amantes y de espectros burlones, todo, observado en su justa medida, puede resultar una extraña comedia delirante.

Sus gentes, acaso como todos los demás individuos del planeta, se ven abocados constantemente a inocentes contradicciones que llevan a sospechar a los que carecen de cualquier sentido del humor. Así, es bastante común ver como algunos de mis paisanos puede sentir un visceral favoritismo a la hora de elegir entre dos individuos prácticamente iguales, con la sola diferencia de que uno puede ser negro y el otro blanco, o uno gitano y otro americano, o vaya usted a saber… Uno guapo y otro feo. ¿Me siguen? Todo, naturalmente, es una broma pesada y de mal gusto.

A la hora de hablar ante la opinión pública todos están a favor de lo más conveniente, y todos, por la cuenta que les trae, prefieren reír con las casuales contradicciones que pícaros de todas las edades nos brindan a cada rato. Pero así es la vida, hay gente que solo sabe hacer reír, que mataría hasta el final por una buena carcajada… Y claro, a los que no les interesa demasiado la comedia, se les acaba poniendo una cara también algo sospechosa. Entre sospechosa y triste.

Hay quien dice que ahí está nuestra idiosincrasia como país, en la contradicción que origina la seriedad de algunos perdedores y la sonrisa de algunas gentes respetables. Y lo cierto es que, aunque esté mal que yo o cualquier otro lo diga, esta comedia nacional ha tenido algunos momentos memorables que a todos se les olvidan en cuanto aparece un comediante mejor que el anterior en escena.

Ya lo ven… Esto es y ha sido siempre un constante no parar, un dejarse llevar por la más brillante ligereza que impregna de sentido las palabras y los actos de todos los que participan, como precisas mentes privilegiadas, de la burla que ciertos dioses ancestrales harían a día de hoy de nuestro moderno sistema de joviales vanidosos.


rumores sobre un hipotético lector

Dicen que te vieron fumando
como un poeta preocupado por la vida,
que te jactaste de tu edad efímera
como un niño ya viejo.
Que tenías la seguridad
de que el poema acaso te esperaba
en la luna más quieta y más cercana,
que cuando finalmente lo escribiste
retrocedieron los silencios de la luz
y de tus actos.
Y que ahora añoras cualquier otra manera
de llorar por tu amor a los culpables;
que tal vez por eso, porque te sabías,
pretendías regresar al difícil punto
en que el poder era, qué vergüenza,
otra deuda moral por la que renunciar
al juego idólatra y oscuro del progreso.

28 dic. 2009

Noche cerrada

Sabes que no terminé de conocerme.

La razón se difumina fácilmente
antes de justificarte para mí
o para cualquier otro espejo ciego
que pueda sorprenderte casi desnuda.

Nunca pude entender mi propia forma
de contener la nada en la memoria,
ni los gestos feroces que me llenan
cuando el animal incansable se despierta
para reclamar su parte de sentido
en esa tregua cotidiana que es la duda.

Pero a veces soy, y solo finjo la condena
de ser extrañamente incomprendido.

Lo más probable es que ninguno
equivoque este vacío cuando intenta
suponer la noche cerrada de los otros.

Porque en esa sombra que persiste
adivino, a fuerza de intentarte en mí,
la posibilidad misma de lo que serías.

27 dic. 2009

Intuición y rabia




Y supongo que ya está todo dicho. Solo debo añadir que nos volveremos hacia el sol un día de estos, y entonces nada será lo mismo. La esperanza es una fiebre que devasta el corazón secretamente. Por eso, porque aún habrá quien nos encuentre demasiado convencidos por su luz, nos volveremos un día contra todas las cosas venideras que se ofrezcan a mostrarnos tal y como siempre.

Y el sol será nuestra razón y nuestro más íntimo frío cuando, al añorar las fatigosas noches de la desesperación, nos sintamos parte de un mundo que ya no nos corresponde.




Es más fácil hacer daño desde el dolor que llorar o crear hasta aceptarlo.





Bien podría ser la vida esa imagen que desconocemos y que los demás ven reflejada en nuestros ojos.




Ciertas ironías solo son tales cuando alguien reacciona de forma más o menos consecuente ante ellas. De lo contrario, no terminan de definirse más que como otro giro incompleto de un discurso, el nuestro, que parece no pertenecernos del todo.



Tengo la impresión de que todo el mundo piensa que los errores que cometo con ellos son algo puntual, cuando, en realidad, se podría decir que ciertos malentendidos son casi inherentes a mi personalidad. Supongo que a este tipo de cosas se refería Nietszche cuando decía que muchos de nuestros problemas tienen su origen en la preocupación constante de vivir nada más que el presente.


25 dic. 2009

Regresar

Hay quien sabe que el viajero
a menudo solicita
la mundana compañía
de los simples lugareños.

Y en el intervalo obsceno
de una verdad forzosa,
ambos reconocen
el auténtico delirio
acallado por la duda

Permanece el viajero
en la patria de los ciegos,
también él torpe y ciego
al regresar del silencio
que protege a los extraños.

El desastre es la palabra
que ya nadie reconoce
y una mano que recuerda
el lenguaje de lo inútil.

24 dic. 2009

Mientras

No podemos suponer mientras amemos
el insólito final de lo posible:
¿pues no sería algo extraño que acabara
por deshacerse la obra de los astros?
¿No sería inconcebible que la luna
naufragara también al desnudarnos,
en el caos invisible de lo cierto?

El mundo es casi nuestro espejo.
Y juntos fuimos tan hermosos…

Y aunque es fácil suponer que más allá
habrá otros mundos y otras lunas
más perfectas que la sombra del profeta,
te aseguro que gracias a nosotros,
gracias a todos los que urden infinitos,
nuestro mundo recomienza cada día,
cuando, después de cada amanecer,
nos olvidamos de nosotros mismos
sin juzgar lo que somos mientras tanto.

23 dic. 2009

oculta

Ya no merecerá la pena
que al sufrir nos mintamos tanto.

No estarás rompiendo con la noche,
como yo contigo ante la fuente,
ni en el vino que atempera la fortuna…

No serás la querencia pensativa de los días.

Precipitado en ti como en la nada,
huyo sin invadir contigo
las mismas estaciones imposibles
que pasan cuando sabes que vacilo.

Pues de no poder ser otra, nada seas…
Y nada cambies,
tan dudosa y clara te prefiero,
como el cuerpo adolescente que tropieza
en orillas fortuitas de la vida.

Alójame en tu luna de diciembre:
la única mentira verdadera
será el llanto de los niños que ya fuimos.

22 dic. 2009

A propósito...

Vale, admitámoslo..

la navidad es un invento de las grandes superficies, un terrible oropel para que consumamos a destajo, y creo que no hace falta hablar de lo duro que se le hace a ciertas personas el estar feliz por nada o por casi nada. Aun así, qué carajo, me apetece romper una lanza pagana así de grande por el espíritu más vivo de la infancia...

En esta luminosa noche de diciembre me siento extrañamente feliz y quiero suponer que se debe a todo o a casi todo. Así que como se suele decir en estos casos:

FELIZ NAVIDAD A TODOS LOS QUE ESTÁIS POR AQUÍ, A LOS QUE LEERÉIS ESTO Y A LOS QUE NO, A LOS QUE SOÑÁIS CON UN MUNDO MEJOR Y A LOS QUE SABÉIS QUE LA VIDA ES UN CONTINUO AMAR CONTRACORRIENTE.

SED FELICES, HOY, AHORA, SIEMPRE... SED FELICES.

D.

21 dic. 2009

Impresión

La mirada fija
en algún punto extraño,
perpetuo del horizonte,
que no está cerca, ni lejos…
pero que tú
quieres suponer aun
más allá de ti mismo.

20 dic. 2009

Verdad y literatura




No es el poema lo que perdura. La pasión, la necesidad misma de que un argumento pueda salvarnos más allá del argumento en sí, es lo que al final viene a resarcirnos en todo lo leído.

Pues lo escrito solo es evidente hasta que la realidad naufraga otra vez en sí misma.




Creo que si reconociera el verdadero problema estaría en verdad perdido, ya que lo más probable es que este no tenga otra solución que la de ignorarlo perpetuamente para vivir la ilusión de estar en paz conmigo mismo.




El único tabú que debo vencer como escritor, es el de poder hablar de lo que realmente me sucede. Lo demás es solo nostalgia e incertidumbre.












19 dic. 2009

Actores secundarios

Y quizá debería desnudarme
ahora que los más perspicaces
—este instante ya rompe en el enigma—,
me observan felizmente
con la sutil indiferencia cómplice
de los que nada saben de sí mismos.
Ahora debería arrojar a la calle
este traje tan convencional
de discretas tensiones y miserias.

Y entonces,
estrenar contra la noche nueva
otra conversación esencial
que lacere lentamente mi vergüenza.

¿O acaso debería arrodillarme
ante una luna misericordiosa y triste?

Si me desnudo, estaré solo.
Si me arrodillo…

Supongo que en la vida es preferible
seguir sin más como hasta ahora:
vestido solo con los grises andrajos
que este mundo humano, demasiado humano,
suele procurar a los actores secundarios.

18 dic. 2009

límites

Como amante conozco mis límites.
Me doblegan los desfiles de cometas.
Al anochecer hablo con los días
que formaron nuestras dos soledades juntas,
aunque no sabría explicar
el sentido preciso
que una sola despedida
contiene para el mundo.
Conozco el viento de diciembre,
lo conozco.
Y creo que aún soy incapaz
de adivinar una luciérnaga.
A veces pienso con tristeza en mi madre,
pienso solo en la imagen que llena su silencio,
aquella que ocultamos del aire cada día.
Pero tú no serás ella,
aunque a veces repitieras algo
sobre un lento porvenir en abandono.
Como amante conozco la vergüenza
que llena de preguntas la imaginación del cuerpo.
Casi como si la vida fuera
un desfile de cometas,
jugamos a encontrarnos volando a la deriva.

Y lentamente abandonamos:
ahora tengo miedo de la luz sombría
que irradian ciertos pensamientos.

Supongo que yo mismo soy el límite
que no debo traspasar hacia tu ausencia.

17 dic. 2009

15 dic. 2009

Los hechos

"yo no tenía pensamientos que no fuesen hechos..."
Antidio Cabal


Entonces no me daba cuenta:
vivíamos la poesía con la pérdida,
con la nada indistinta de las cosas
que a ratos se sustentan del silencio.
También estábamos presentes
tras las desnudas formas
que se confunden siempre con el cuerpo.
¿Qué éramos? ¿Dónde el reflejo
que nos hiciera ver la sombra
que equidista del verbo o del abismo?
Perpetrábamos el poema
bajo la luz ingrávida del fuego.
Una verdad por otra. Y el amor
prestándose al secreto juego
que amenaza la noche pasajera.

Entonces no me daba cuenta:
vivíamos la poesía
de espaldas al olvido.
De espaldas a las cosas
que transcurren por la ignorada
muerte sensible de lo inerte.

Vivíamos la lluvia inevitable,
el rojo mineral de la premura,
el arte consabido de los vientos.

Pero nuestro pacto no era más que eso.
Y el silencio fue echándonos de menos.

Ahora somos sol o sangre,
lámpara cenital y blanco espejo:
canción burlada por lo eterno,
que no pudo ser una con los hechos.

Aproximación

Acercarme a la poesía
para entender que el universo
ha sido ya medido
por la mirada introspectiva
de otro pensador ciego.

Y para amaestrar palomas.

13 dic. 2009

Apunte sobre lo poético

No sabría decir si en mi vida hay algo de eso que llaman verdadera poesía. Sí sé que siento nostalgia de una existencia más hermosa que esta que a diario trato de atrapar en versos tal vez demasiado leves. En cualquier caso, si logro observar la realidad desde la perspectiva subjetiva de la belleza, dicha percepción no deja en mí impresión alguna a la que poder remitirme para analizar sus causas o sus límites.

Es de suponer que la realidad corriente y sus alteraciones poéticas, son, dicho del modo más común posible, agua y aceite. Categoría absolutas que, de aparecer alguna de ellas con cierta viveza ante mí, mantienen en mi conciencia la sutil impresión de haber permanecido latentes en ese mismo lugar desde siempre.

En verdad es simple: donde una falta la otra resplandece. Lo más probable es que la realidad corriente adolezca de la poesía, pero solo en la misma medida en que yo adolezco el excelso olvido de estas calles manchadas por la tediosa rutina; de ciertos enemigos vulgares. Incluso de la poesía misma que no logro evocar para salvarme.

Inflexión

No debo decir más.
Corresponden esas últimas palabras
a quienes guardan desnuda bajo el pecho
la trémula respuesta del suicida.
Yo soy solo emisario del silencio.
Nada sé del fuego. Nada entiendo del futuro.
Encuentro que la verdad es esa sombra
clausurada ante el dolor que preferimos.
No debería decir más. Porque nada sé del mundo,
nada puedo comprender desde el poema.
Nada que no sea fácil condición de inexistencia.

Y la palabra contiene la sentencia de los sueños
cumplidos solo desistiendo de mí mismo.

(…Quizá aún te lleve conmigo,
mi azul miseria ciega,
vencedora triste que alimentas estos días
con tus delicados ciclos de hojarasca.)

Porque sueño, forzosamente,
con erráticos inviernos de pobreza,
soy voz contraria que nunca supo nada
acerca de ningún camino de regreso.

9 dic. 2009

Poética

Para escribir no hay razones.
Ceder al impulso fácil
de crear un horizonte
repleto de importancia.
No hay razones para armarse
cuando aparece el verbo
con expresión de abismo,
de concordia, de respuesta
que no garantiza el camino
más corto hacia la nada.

Y sin embargo, yo escribo
solo para contemplarme
cuando mis días se tensan
con la fuerza del delirio.

Quiero saber si soy
el mismo que envejeció
de tanto preguntarse
la edad de un silencio escrito.

7 dic. 2009

De ventanas a la soledad

Vuelvo a publicar, esta vez creo que mejor escrito, un poema que escribí el 14 de julio de este año que se nos va. Espero que alguien lo encuentre de su agrado.



Abro una ventana. Aún huele el mundo a soledad.
Me permito el deseo de ser justo en el dolor,
pese a la misma posibilidad de no sufrir por nada.
La ciudad que veo desde aquí
es hermosa y gris, casi como la tristeza
filtrándose bajo la colorida vanidad
que nos ponemos a diario. Escucho.
El silencio del paisaje no está en paz.
La noche emite una tensa vibración,
sutil hasta que el ojo descifre la penumbra
que invade la razón como un presagio.

Esta soledad consiste en mentirle al niño,
resentido siempre tras el llanto,
que creo llevar dentro todavía,
cuando me doblega la impotencia
de saberme perdido en lo distinto.

Abro una ventana, me asomo al frío espejo
que es la propia realidad desnuda.
En mi interior, acaso ardiendo tras el febril paisaje,
está también la incomprensible soledad
que nadie ha sabido dominar sin transformarme.

4 dic. 2009

Voz interior

Quisiera poder callarme por dentro.

Ser solo silencio en la luz,
que pasara en el mundo
como símbolo incomprensible.

Hallar la distancia del mar, hoy lejana
incertidumbre voraz de tristeza y salitre.

Guardo tanto ruido por dentro,
tanto ruido hecho vértigo,
tanta sorda canción sin remedio…

Siempre la voz del dolor, siempre
la dejadez marchita que busca el poema.

Traigo conmigo el rumor de las cosas
que nunca diría si creyera en la vida.

Solo el amor es silencio indecible.
Solo el silencio me lleva a sí mismo.

3 dic. 2009

Visión de la encrucijada

Conócete, sálvate en lo distinto,
trasciende el delirio imprevisible de ser nadie.
De transcurrir ignorándote,
dependerás siempre del sol amortajado
que ya huye por entre las cornisas del silencio.

Tus límites se habrán difuminado
si cambiando cada día sobrevuelas
los montes incompletos del destino.

No pierdas el tiempo:
has sido muchos. Y serás nadie.

Mas sostén la mirada en el espejo un instante,
como el que en su esperanza por siempre desafía
las sombras más furiosas de su origen.

Contén en el mismo segundo
la intuición certera de aquello que te puebla,
el silencio asombroso que luchando te abandona.

Esto eres. Ya lo sabes. En tus ojos arde aún
la visión infinita de una hermosa encrucijada.

sobre el yo



Ciertas corrientes artísticas de corte trascendentalista defienden, aun hoy día, la pureza espiritual en la idea de un yo verdadero. Este tipo de planteamientos deberían sernos familiares, por afirmar que ciertos aspectos de nuestra identidad están dotados de una sustancia que afirmamos verdadera en oposición a otros aspectos del yo, que, sencillamente, no parecen correspondernos.

Plantear esto quizá no sea solo una cuestión espiritual, casi se diría que es una argumentación de índole estética. Pero lo interesante del caso estribaría en un planteamiento casi opuesto: en la cómoda posibilidad de que no haya faceta alguna más real que ninguna otra que acaso debiéramos superar. Así, podríamos suponer como cierta la creencia que pretende constatar que siempre somos nosotros mismos, sin mayor posibilidad de error, ni otra tentación similar de pérdida.

El único problema es que el citado argumento quizá sea demasiado hermoso para ser cierto. Para afirmar que la totalidad del yo nos pertenece de algún modo como tal, tendríamos, simplemente, que creérnoslo en la misma medida en que a veces podemos considerar más cierta una determinada expresión del yo que cualquier otra que, por poner un ejemplo, nos parezca menos hermosa por el motivo que sea.

La cuestión es que para creer firmemente en algo, nuestra psique exige que haya alguna premisa opuesta a definir como falsa, en contra de la cual apoyaríamos nuestro concepto de verdad. Este tipo de conflicto filosófico está a la orden del día, y creo que a nadie le será del todo desconocido tal planteamiento dialéctico.

De ese modo, el considerar que todo cuanto somos es, tanto en nosotros mismos como en nuestros semejantes, igualmente verdadero, podría llevarnos, paradójicamente, a la creencia inversa, la cual consistiría, después de darnos cuenta de que no hay argumento contrario frente al que definir esa identidad absoluta, en la negación total del ser, con la única intención de mantener en pie tal categoría absoluta del yo.

Si todo lo que somos es igualmente verdadero, también podremos afirmar que nunca estuvimos presentes en la suma total de nuestros actos, ya que en caso de ser cierta la primera afirmación, el yo sería una unidad tan evidente en nuestras vidas, que pasaría completamente desapercibida toda expresión genuina de la misma. Algo así podría parecer cierto mientras obviáramos el hecho de que no todo en el cosmos de lo humano parece ser igualmente válido.

Al menos, no en la medida en que ciertas actitudes pueden ser superadas por nuestra propia capacidad evolutiva.

Añadir, para terminar, que el yo verdadero es solo una concepción interior y, por tanto, es propia de aquellos que de algún modo pretenden perfeccionarse en la dirección que consideran más cierta frente a un mundo, el nuestro, cada vez más hueco y más confuso en sus apreciaciones cotidianas sobre lo que somos.











2 dic. 2009

Soliloquio para una tarde de lluvia

Aún puede suceder lo peor.
Me dedico a discutir conmigo mismo
el alcance impredecible de cualquier casualidad.
Y es inútil. Si alguna vez pude entrever
la difícil promesa que a solas empezaba,
fue solo en la misma medida en que anhelé
ser también yo de mi supuesta estatura.
Aun así, aunque el destino se correspondiera
con la visión interior de mi propia esperanza,
siempre, en algún lugar próximo a la nada,
podría estar esperándome ella, la desgracia.
Porque no sé si el futuro importa demasiado,
pero acaso la solemne intuición de la fatalidad
sea otra forma de pesar estas palabras
que tiendo a rebuscar de forma necesaria.

Y la única tragedia verdadera
estará sucediendo todavía
muy al sur de mi propia inconsciencia.
Esta tarde, lo demás es solo lluvia y aire.
O tal vez nada.

No querer

Si aún deseas algo más de la persona amada,
comprende que quizá aún no quiera entregártelo.

Lo que no queremos ha de estar por encima
de lo que tanto anhelamos inconscientemente.
Al menos, así debería ser. De lo contrario,
el fin justificaría siempre la violencia del medio.

Si consumar el deseo verdadero
de algún modo consiste en presentir el placer,
realizar lo que no queremos
también supondría el padecer de nuevo
otra vieja forma de sufrimiento distinto.

¿Y qué es más importante?
¿Obtener tal placer o evitar el dolor?
¿Y evitar el dolor no puede ser también
otro aprendizaje perpetuo del placer?

Puede ser.

No querer sería entonces
otra forma más certera
de anhelar la placentera ausencia del deseo.

1 dic. 2009

Idealización de la costumbre

Antes de preguntaros si tan bella es la rosa,
preguntaos qué es la rosa en sí misma.
Si bien su esencia última ha de seros esquiva,
sabréis que la rosa en sí no es más que el objeto
que vibra encarnado en su propia belleza.
Entonces, hacedla arder en su simple misterio,
negadle la hermosura que dierais por cierta
desde el día en que amar flores o formas.

La rosa en sí:
¿no ha de ser más real que la idea
hoy descrita en el mundo
por tantos siglos de juicios inútiles?

Ha de ser, incluso, más real que nosotros,
que urdimos vanas construcciones mentales,
contempladores cansados
de tanto añorar esa imagen
que nuestra propia costumbre ya vela del todo.

Tres aforismos para la madrugada

Solo el ingenuo y el descreído se niegan a reconocer la verdad.


A veces me da por leer para intentar recobrar algo, no sé muy bien el qué, que hace tiempo siento perdido entre los pliegues de una felicidad que bien podría ser fingida.


¿Si no me lamento furiosamente por la dignidad perdida, cómo voy a poder defender el otro poco de dignidad que aún me queda?