31 mar. 2009

el ser de la espera

Ahora tengo la extraña impresión
de haberte esperado desde ayer.
Porque pasaron, siempre veloces,
las tardes grises de mi soledad,
antes yo esperaba y era otro.
Otro más allá del tiempo,
muy lejos, todavía,
de comprender las horas estériles
que pasábamos sin vernos.

Porque nadie sabe si algún día
la esperanza se hará acto
en lo más oscuro de la tierra,
esperar es presentir lo infinito:
nadie sabe cuánto han de durar
los años más inciertos,
ni si el más perfecto frío
nos devorará el silencio.

Pero esperar fue, acaso,
la forma más certera
que tuvo el futuro de dolernos.

No, al esperar no somos nosotros.
Somos apenas nuestro tiempo,
el sueño que limita con la vida.
La vida que transcurre como un sueño.
Pero te esperaba y me esperaba a mí,
y aunque así tratara de acordarme
de mi viejo rostro de siempre,
sólo veía un azaroso quizás,
un porvenir imposible
ardiendo en las horas estériles
que hace tiempo pasaban
por ti y por mí,
y más allá de nosotros.

30 mar. 2009

indiferencia

Aunque en las sucias calles
de mi triste ciudad natal
siempre se perciba
la misma indiferencia ciega,
el dolor es el único deber moral
que siglos de injusticia nos recuerdan.
Avergüéncense
los que no saben sufrir por nada,
los que eludieron sin más la poesía,
los perfectos, los felices, los amados.
Porque quien sufre sabe
que en el mundo hay todavía
un dolor infinito,
latente en el interior de cada uno.

29 mar. 2009

a un amigo como los demás

Cuando hablamos,
los dos tentamos al olvido,
y olvidamos
que un poco de cada uno
se refleja en las sombras del otro.

Algo de nuestras miserias
al hablar compartimos
casi por encantamiento,
sin saber qué fácilmente
se ensucia una amistad
al perpetuar la inconsciencia.
Y será terrible comprender un día
que algo de esta febril alegría,
incluso de este orgullo salvaje
acaso no me pertenezca enteramente.
Puede que algo de tu vanidad
sea más mío o más nuestro
que ese sencillo olvido
que a veces simulamos
para no ser nosotros mismos.

Pues he aquí que ambos somos
la suma que dicta
lo que no pertenece a la soledad.

He aquí que lo más común
es estar solo y pensar
que un amigo es lo más necesario
para entender la realidad.

al principio

Se eriza la piel del mártir
al sentir el oscuro drama abstracto
de quien ya supone una verdad.
En su silencio arde el misterio
de una hermosa juventud,
y también la noche, éxodo prematuro
hacia un rincón entre tinieblas.
El mártir ya no piensa en dios.
Los nombres sagrados del dolor
son siempre furia y sangre,
nombres que ya no entiende nadie,
que sólo son verdad
para un amor doliente
en lucha con la realidad.
Y la hermosa juventud pasó,
y con ella, el tiempo de sufrir,
de estar ante la nada de un dios
que en la noche no se compadece
de la sombría locura de sus mártires.
¿Y acaso fui yo quien escuchaba
el misterio primitivo del dolor?
Pues mi dios fue la palabra
que nace incomprensible
ante una muerte idealizada.
Acaso fui yo el mártir
que adoraba un ídolo de amor:
la belleza de una herida
tan profunda como incierta,
tan extraña y tan humana,
como desoladoramente eterna.

Huella de ese dios secreto,
perdido en la nada interior.

28 mar. 2009

para cerrar un círculo

Para cerrar cualquier círculo
hacen falta dos puntos,
dos puntos en la sombra,
que un día serán el mismo punto.
Hacen falta dos puntos.
Tu soledad y la mía.
La noche y un poema intacto
escrito sólo para ambos.
Dos puntos en la sombra,
como dos sombras en la nada.
Dos ríos, dos formas imposibles
de reencontrarnos todavía,
en y con el mundo.
Un lugar donde nacer,
donde morir, acaso,
después de haber amado
la nueva vida que estaba por pasar.

25 mar. 2009

a los demás perros

Mis pecados son las tumbas expectantes
por las que merodea un atardecer
más oscuro incluso que la muerte.
Tantas veces traicioné, que al final
fui traicionado por el soñador que soy
y el cordial ejemplo que no he sido...
Y quién iba a decirme a mí
que después de tanto profanar mi tiempo
la belleza del mal iba a ser tan fea.
Tan amargo el sabor de la miseria
que se instaló en mis ojos como niebla,
como velo de sombras o vergüenza.
Y qué tarde es ya para empezar de nuevo.
No hay juicio. Ni castigo. Ni perdón.
Porque esto he sido, esto soy.
A los demás perros me entregué
para que devoraran cada día mi dolor.

24 mar. 2009

la libertad de la bestia

Dime si a la deriva de estos versos
hay un buen corazón primitivo,
un pulso voraz y perpetuo
que se devore a sí mismo,
algo así como un animal enloquecido
que contagie su ancestral locura
a otros animales vacíos y absolutos.
Porque estoy cansado de las formas
que describe el humo en la palabra,
dime si también tú, como yo mismo,
ignoras en voz alta el secreto
de la verdadera altura de la luz
y del páramo sagrado de la culpa.

Dime. Porque he sido el animal oscuro
que danza desnudo en su derrota,
que araña los muros de su soledad
y el envés cifrado de un mundo
más simple que esta ciudad inhóspita.

Dime si soy algo más que un nombre,
acaso un salvaje, sombrío e inocente,
que conoce los ardides de la muerte
y los pasos inconformes de la vida.

Ya que nada quedará de esta verdad,
ya que seremos el olvido y la corriente,
aplaquemos las ansias de la bestia
sacrificando nuestra condición grotesca
de intranquilos pensadores. Obremos.

Que nuestros actos sean más hermosos
que cualquier sueño infinito a la deriva.

23 mar. 2009

cada noche

Mires donde mires, ceniza y llanto.
Presunción de vida. Nada más.

¿Esto eras, soledad? ¿Tan sólo esto?
Sin embargo, tantas veces en la sombra
tu nombre pregunté a los muertos,
y tantas respondió el común olvido,
que hoy sólo me duele de ti
esta sentida indiferencia,
el anónimo silencio de los vivos.
Hoy frecuento todavía
la misma plaza abierta, su jardín gris,
el mismo mundo reducido
a una serie de elementos familiares.
Hoy me aferro todavía a lo que fue de mí,
a la insensata sospecha
de un abismo en cada fuente,
al barro del principio. A ti, soledad,
que debías conducirme hasta mí mismo.

Mires donde mires, ceniza y llanto.
Desolación y escarnio. Nada más.
Esto eras, soledad. Ni más ni menos.
Pero tu cifra en mi corazón pesaba
como la nada de un inmenso mediodía.
Y esto eras. Y yo contigo. Y la palabra,
que muda en espejismo la tristeza,
en ti y en mí. Y nuestra verdad en ella.

Pero la que está más allá de todos los poemas
se asoma cada noche a mis silencios.
Y con la bondad de un sueño irrepetible,
me nombra y te desnuda a ti,
soledad, ser de nadie,
presencia ya olvidada del olvido.

vivir un imposible

Así es: mientras soñamos,
resulta más real el vivo sueño
que todo lo vivido a la intemperie.
Mas, al soñar contigo,
en mis manos amanece,
trazado en el límite del despertar,
el confuso signo del deseo,
que niega con su vital inercia
la existencia de una sola realidad.
Soñar contigo equivale a recordar
que tras el sueño no termina todavía
la vida que despierta de sí misma.
Han de morir los meses
para que hallemos en la sombra
la realidad última del deseo,
esa azarosa luz que determina
el oscuro fin de nuestros sueños
y el principio de una idéntica verdad.

20 mar. 2009

injusta mano de la suerte

Todo lo que puedo prever
se reduce a conjeturas cotidianas
sobre las cosas más banales.
Sé que han de sucederse los días
y que, posiblemente,
alguien hablará conmigo,
y por mi bien me pedirá que abandone;
sé que aún habrá en el misterio de mi vida
inviernos más largos que el olvido eterno.
Sé que en mi interior debo seguir creyendo
que algún día mis manos palparán
el difuso horizonte que persigo.
Pero a lo único que puedo anticiparme
es a usar un triste abrigo los días de lluvia,
a llevar dinero encima para mi regreso
o a mirar en tu mirada nueva
la vieja sombra de mis dudas.
Lo inevitable, aquello que casi se diría
que ha de suceder mañana,
suele ser certeza del probable abismo
al que no sabemos cuándo
caerán todos nuestros sueños.

Pues de desistir nos salva sólo la esperanza.

Y aunque a menudo esta se equivoque,
a veces nos entrega el casual fruto
que tanto merecíamos nosotros
como cualquiera de nuestros enemigos.

19 mar. 2009

soy la destrucción del mundo

Concreté con mi futuro
las armas puras de mi íntima derrota.
¿Y dónde estabas tú entonces?
Anunciando un verdadero paraíso,
curvando el mundo con los dedos
para obtener un último principio.

(Nunca sabrás en qué consiste
escribir un libro que sea tu silencio,
un tratado sobre la autodestrucción
que requiera en su sintaxis
de violenta honestidad suicida.)

Tus manos han recorrido mi espalda
con ciega convicción irrefrenable.
He dormido junto al cuerpo que entregabas
en un febril intento por despertar del mundo.
Y he acariciado tu pelo,
besado tu sonrisa, llorado contigo
y maldecido, contigo, el último paraíso
que habría de encontrar algún desconocido.

Yo soy la destrucción del mundo
que mides con tus ojos desde la misericordia.
Soy el diáfano mundo que has creado
para no llorar por esta vida inevitable.

18 mar. 2009

soledad, arte del olvido

La verdad es incierta:
no sé en quién pensaba
cuando a solas escribía esos largos
y dudosos poemas sobre el desamor.
Quizás pensaba en mí,
en la vaga certeza de la soledad
o, tal vez, en una ruidosa adolescencia
que no pudo ser de otra manera.
Pero, por extraño que parezca,
ya no acuden a mí las sombras concretas
de ninguna mujer distinta al resto.
Lo que sí sé es que la herida,
el poso de sangre seca
que queda al final de esos poemas,
nunca desaparecerá del todo.
Uno olvida gestos, noches, palabras;
borra de sí días felices,
y hasta llega a dudar del rostro
y del sentimiento mismo
que inspiró aquella imagen.

Pero la miserable dificultad del rechazo
permanece conmigo
incitándome a la soberbia,
a esta forma tan burda
de escribir largos poemas
en los que me basto a mí mismo.

Será que la soledad es el arte del olvido...

Y aunque hoy me siento recordado,
quién sabe de qué extraña manera
tendré que negar mañana
lo que no podré asumir contigo.

pájaros

¿Qué pájaros me hirieron en tu nombre?
Cuando la noche llegaba contigo
atravesando todos los muros del corazón,
los pájaros cantaban su dolor prístino,
anunciando algo más que el camino
que insinuaban las huellas invisibles
de una sombra indefensa.

—Yo soy el ángel que sabe tu destino,
la voz por la que encuentras sentido
al ruido de las formas. Yo soy tu ángel.
Soy la memoria que buscas en la lluvia
cuando un reloj cualquiera se detiene.
Cuando sabes para qué has nacido…

Pero nada de eso dijiste. Sólo te demoraste
en un jardín furioso, en la noche sin nadie.
Y sólo yo escuché los pájaros sonámbulos
que cantaban la muerte y el frío
tras la infinita soledad de la sangre.

algunas relaciones entre la locura y el poder

Los hermosos locos, como los terribles poderosos, carecen de una verdad propia. La concepción del mundo de los que han sucumbido ante el abismo es tan inconsistente como las palabras que el político pretende hacer creer a todo el mundo. Estarán de acuerdo en que el loco, ese ángel terrible, es alguien totalmente inconsciente, ajeno a la visión moral de la sociedad y, acaso, carente de una mirada propia en dicho sentido. De ser esto cierto, la carencia o el desconocimiento de sus propios valores le llevarían indefectiblemente a saltarse todas las normas o a permanecer estático ante el curso de acontecimientos que le rodeasen. Los poderosos, por su parte, sólo conocen la verdad moral que mantienen de manera unánime determinados sectores de la sociedad. Se trata de esa verdad que engendra soluciones de doble fondo, pues muchos pueden considerar, ante los demás, correctas o incorrectas determinadas formas de obrar, y luego seguir actuando en esa misma dirección como si tal cosa. Así pues, podríamos decir que en toda sociedad hay una verdad de cara a la galería, que sólo respetarán los que estén en posición de hacerlo, y una verdad personal. En principio no debería haber diferencias entre lo socialmente aceptado (expresión amplia donde las haya) y las convicciones personales de cada cual. Pero si pensamos un poco en las posibilidades que esto entraña, podemos descubrir que alguien que diferencia la esfera moral de la sociedad y su propia realidad moral, dando más importancia a la segunda puede convertirse en un héroe o en un delincuente. Y que alguien que no tiene una verdad moral propia, y que hable siempre según las leyes que otros consideran justas, se puede convertir en un loco que pase desapercibido o en alguien poderoso.

17 mar. 2009

el primer día

He habitado contigo un primer día,
un dudoso páramo yermo
en que la ceguera era tan antigua,
que nada se sabía de la luz.

Así contrastamos muertes, valores,
tiempos que hallaban su más allá
en lo más terrible de nuestra ignorancia.
Habité contigo un primer día
lleno de oscuridad en la palabra.
Un primer día sin verdades,
sin conciencia del dolor
ni comprensión del común daño
que infligieron los amigos,
nuestras familias, el mundo,
los demás amantes,
y algunos enemigos.

Pero ninguno de los dos sabía,
porque entonces era demasiado tarde,
que aquel era un primer intento
para olvidar lo que fuera que hicimos
o hicieran con nosotros.

Nuestro primer día para distinguir
la íntima verdad y la verdad ajena
que rige el destino de los locos.

Nuestro primer día en el paraíso.

contemplación contradictoria

Porque todo es vida ardiente
que amando le negamos a la muerte,
el tiempo ha de ser sólo un horizonte,
lugar donde cielo y tierra ya se alejen
en la misma línea en que se encuentran
poderosas estrellas con las sombras;
donde la muerte sea parte de la vida
y la vida nazca siempre con la muerte.
Porque todo lo perfeccionará el tiempo,
si el amor es largo, larga será la vida,
larga como la muerte que sonríe
a los amantes que sufren la hermosura
de un amor que no puede ser eterno.
Sí. Sería necesaria la eternidad entera
para alumbrar la perfección
en un corazón insano como el nuestro,
que admira la belleza del dolor,
que juega a contemplar el mundo
desde una distancia inexistente.
Porque todo es vida ardiente,
amando neguémosle a la muerte
la perfección que nunca entenderemos.
Que, porque el arte de vivir es arduo,
será más fácil amar cada instante venidero
como si no hubiera sucedido lo pasado.

Aprendamos en la distracción del olvido
que una nueva vida
es otra eternidad inmediata,
más larga que el presente.

16 mar. 2009

de todos los posibles finales

Aférrate a la luz cifrada en sus pupilas,
escúchate arder en las negras cenizas de la noche,
que nada quede de ningún amor perpetuo,
que nada sobreviva a la pasión, ni al recuerdo.
Ama, hasta que todo lo consuma el tiempo,
hasta que la misma vocación de amar
se convierta en un estorbo ciego para ambos.

Consume así tu corazón, en unas horas.
Y si has de llorar, llora por la muerte,
y por la rabia eterna que mueve este poema,
y por la certera intuición de un adiós fúnebre.
Pero no llores por lo que fue,
ni en lo que pudo ser te compadezcas.
No mientras puedas aferrarte a un todavía
o a una ocasión breve como tu propia vida.

Ama. Que no quede en ti rescoldo alguno
de todo lo que ardió contigo al entregarte.
Que nada quede. Ni la carroña. Ni la vida.

14 mar. 2009

ha de llegar hasta nosotros

Construyamos
sobre lo ya construido
nuestro tesón de niebla,
que sean nuestros sueños
sutil indiferencia
ante este inmenso vacío.
Levantemos un hogar sobre los vientos,
un refugio de verdes plenitudes, una estancia
que no deba perdurar más que las horas,
ni hacerse más indispensable
que la lluvia que encuentras en enero.

Pero construyamos un cálido invierno
y el poema que alumbre nuestras sombras.
Que en lo más alto de este gozo
se divisen alturas más perfectas,
caricias más sencillas
y rectos caminos hacia lo que somos.

Porque este tiempo, este leve sendero,
nos lo arrebatará la vida
para imponernos los hechos.
Construyamos, entonces, un amor
que al pasar no deje más que esto,
que lleve implícita en sus signos
la imprecisa claridad del sueño
que torna regocijo nuestros cuerpos;
que deje en nuestra ausencia
la señal desnuda de una ingrávida mañana
llena de tranquilos secretos.

Un amor que sepa en sus entrañas
que el olvido llegará de pronto,
y que la inmediata realidad del aire
respirado inconscientemente
se convertirá en sombra de tu carne,
nostalgia de estos versos o en nadie.

12 mar. 2009

ética del vacío

En mi silencio, me sé preso
por un deber gris que no se cumple,
y cada palabra que pronuncio
me libera de mí mismo, del fuego,
tan intenso como urgente,
que guardo tras las leyes vacías
que rigen el silencio del mundo.

En mi silencio me sé preso.
En la altura incontestable
de tantos pensamientos intangibles,
me sé preso por palabras que celebran
el deber, la necesidad natural
de decir otra vez lo que está dicho.
Y aun así, la realidad acontece,
sin trascendencia alguna,
en el silencio íntimo de las cosas.

Me sé preso por el deber y la forma,
por abstracciones y cielos
que no existen por sí mismos.
Me sé preso por un mundo incompleto
que en mi silencio se vuelve
triste definición de su propio vacío.

9 mar. 2009

experiencia

Interminablemente he recorrido
los jardines mudos de mis noches,
y las playas halladas al atardecer,
y los bellos cementerios,
y los parques, nublados y perfectos,
en que la soledad despeja la memoria.
Y nada nuevo aprendí del sentimiento.

Quizás aún no he llegado a mi hora.
Me enfrento a una ciudad huidiza,
a una ruidosa verdad sin verbo,
a una evidencia que no se pregunta.
Me enfrento a ti, experiencia.
Y a ti, desolación crucial del sueño,
que detienes mi raíz a ras del suelo.

Sólo dejaré de mí los versos
que mientan un nombre verdadero,
dando testimonio de la vida ajena
que pasó por mí como la sombra
que deja tras de sí cada sol muerto.
Yo dejaré mi incertidumbre
escrita por entero
en lo más hondo del olvido.

Y entonces tú vendrás a mí,
realidad o quimera: fuego,
bastión último de un corazón
que siempre luchó en secreto,
siempre consigo mismo:
hasta derrotarse venciendo.

Porque, aunque sea muriendo,
debo extraer de toda lid
la última verdad del sentimiento.

último comienzo

Si fue fácil empezar, no lo sé.
Quizá fue más sencillo continuar.
Una soledad se corresponde con otra
cuando toda distancia, desmentida,
se salva confiando en las palabras.
Y nuestras voces no eran sombras.
Palabras que confundían mundos,
por el auricular de nuestros sueños
desentrañábamos, un tanto vacíos
después de haber vivido nuestro tiempo,
la esperanza en cosas imposibles.
Si fue fácil empezar,
no lo fue llegar hasta el principio.
Cuántas derrotas se escribieron
en contra del amor definitivo,
ese que otros, al cabo, no sintieron.
Porque, para acceder sin hacer preguntas,
es necesario que alguien imprescindible
no responda más a un dolor secreto.

Con aquel extraño comienzo
nos enfrentábamos al misterio.
Y todo consistió en continuar hablándonos,
pese a no creer en un futuro más sencillo
que aquel que tuvimos que hacer nuestro.

8 mar. 2009

días azules

Llegarán cielos más fríos, tal vez
de la altura indiferente del olvido,
y tus días primaverales
mantendrán alto su azul,
alto su azul en lo más alto
de tu esperanza oscura.
Llegarán otros inviernos,
y tus ojos verán sólo
la imagen inocente de un verano
hecho de cielos ya pasados.
Otros otoños y otros tiempos
pasarán por ti mientras recuerdas
el azul de la nostalgia de tus días.
¿Y qué harás entonces conmigo,
que en verdad toqué tu blanca sombra
cuando el cielo era una huella
eterna y melancólica, de un gris puro?
Porque en otoño, si era alto el silencio,
más nos necesitábamos sin saberlo.

¿Qué haremos entonces
con estos días azules?
Días perfectos,
en los que hacernos compañía
sería tan simple como naufragar aposta.

5 mar. 2009

Ser poeta no es una ambición mía.
Es mi manera de estar solo.

Fernando Pessoa

Pasear por esta ciudad lluviosa
es pretender la suerte del poeta.
Así busco entre mis manos
el más leve signo de locura.
Y sólo encuentro atardeceres,
lluvias como esta,
dantescos epitafios.

No sé muy bien que es ser poeta.
Reconozco aun que estuve loco,
que perseguí la imagen de mis versos
en lo más hondo de una nada hiriente,
y fui absurdo, vulgarmente fascinante,
un soñador adolescente
que nunca se encontró a sí mismo.

La poesía he perseguido siempre.
Quizá he querido escribir
como quien busca la muerte.
Pero, por más que trate de elevarme,
el poeta que acaso he sido,
es un extraño; idéntico, eso sí,
a todos los demás desconocidos
que a solas pasean todavía
por esta ciudad lluviosa.

Tal vez sin pretender otra suerte
que la de ser ellos mismos,
anónimamente transitan
un mundo que yo, como todos,
también sin ser nadie necesito.
Yo que, sin embargo, estuve loco,
necesito que los vivos vivan
el viejo drama que me inspiran,
porque en eso consiste
creer que cualquiera puede ser poeta.

Y porque la soledad es el arte
de pretender estar solo,
aun cuando uno lo está
pese a todos sus semejantes.

4 mar. 2009

escrito está en el aire

Dulcemente me retiene.
Ya sabe quien soy.
Sabe bien que tras la máscara
hay un rostro tan terrible como el suyo.
Dulcemente me aloja entre sus manos.
Dulcemente, sin dudarme.

Tiento su silencio, la presiento desnuda
en el vértigo tenso y grave de la carne.
Dulcemente, sin dudarla,
peino con mis dedos tristes su nostalgia.
Así amanece muchas veces en mi sueño,
una por cada noche en vela
que aún pasaremos juntos
dejando que el tiempo nos espere.

No aguardo más de lo que ya tengo.
Es lo justo. Merezco exactamente esto.
Porque ya sabe quien no soy.
Sabe también que mi soledad es la suya
y que el amor es un gesto fortuito
que ha de perdurar hasta la noche.
Después el mismo olvido
nos devolverá a la vida,
a ese lugar desconocido
que creamos para salvarnos del dolor.

los verdaderos actores

Nunca busques la ciega compañía
de los que quieren parecer mejores.
A su lado tan sólo encontrarás
la fría convicción de que,
pese a tu acérrima voluntad,
no eres más que un mal actor
en una función que ha de terminar mal.
Rodéate, si tienes oportunidad,
de quienes no encuentren sentido
a medirse una y otra vez contigo
por el vicio gris de aparentar.
Se uno más en el teatro de la vida,
pues un lugar cualquiera en su parnaso
te exigiría sacrificar más de lo que tienes.
Y, aunque la igualdad fuera esa farsa
que favoreciera sólo a los mediocres,
obstínate en ser siempre quien ya eres.
Puede que a los demás te parezcas
siendo en realidad tú mismo, porque algo de ti
se reflejará en lo que aún ignoras de ellos.

Que sólo creen parecer mejores
los actores más seguros de su suerte.
Los mismos que olvidan que la vida
es siempre un papel casual
impuesto por el destino.

los otros nombres

El hombre, mientras sueña,
es la sombra del dios infantil
que vive de su propia esencia.
Mientras sueña, olvida el soñador
su propio nombre, sueña,
y en lo más hondo de sí mismo
es el dios feliz que fue de niño.
¿El nombre definitivo de ese dios?
Ni el mismo lo recuerda.

3 mar. 2009

el lector

Un nombre es verdad siempre.
Una voz es siempre el arduo camino
que la palabra traza sobre el alma.
Escribo. Mi intuición llena la noche
de humano sentido, de tristeza tenue.
Sé que esto es el olvido.
Sé que hay alguien ahí, lejos, más allá
de la ciencia oscura del poema;
alguien que ignora que estoy vivo,
que no sabrá nunca en su secreto
cuán desesperadamente sueño, todavía,
con hallar a ese alguien en mis versos.
Como si se tratara de mí mismo,
trato de adivinar su nombre,
de resolver el dilema de sentir
su ancestral dolor en mi silencio
o mi tibieza gris en sus olvidos.
Trato de confundir mi nombre
con el suyo, trato de entender por qué
ese alguien sentirá lejos de mí
lo que yo no sé sentir frente al espejo.

1 mar. 2009

sin trascendencia

Y no saber quién te guía, qué juez,
qué implacable y poderosa sombra,
qué insensata sospecha, qué anhelo,
qué oscuro y cotidiano motivo
estará escrito al final del poema.

No saber qué mirada estremecedora
guía los pasos taciturnos de la muerte,
hace que en las calles atestadas
todos parezcamos inocentes
y terribles vagabundos.

Porque no hay un más allá.
El cielo es sólo la promesa del olvido.
Y no saber quién te guía
es la esencia misma del destino
que debes aceptar en soledad.