30 nov. 2008

Ya no sé amar la vida.
Soy la verdad inexorable
que ofendería a los fuertes,
a los hermosos héroes
que alguna vez se preguntan
por los absurdos motivos del suicida.

Sueño despierto con la sustancia
que debería explicar mi suerte.
Pues la verdad que yo siento,
el sentido que barajo en secreto,
es la fantasía perpetua de un ciego
que adolece la luz de su propio misterio.

Ya no sé amar la vida.

Y, sin embargo, la vida me ofrece
su humana voz de cántaro lleno,
el paso leve que da la belleza
si la soledad es el arte mundano
en que se obstina el poeta.

28 nov. 2008

Ahora ya sé que me desprecias
porque no soy feliz ni perfecto.
Porque estoy enamorado
de una soledad que es sueño,
me desprecias, y lo entiendo:
no soy tan fuerte ni tan sabio
como lo han sido tus ejemplos.

Soy, qué vergüenza,
un soñador terrible que recuerda
tus ojos fijos de entonces,
tus ojos llenos de cosas ideales,
plenos de cotidiana hermosura.
Tus ojos, que siempre supieron mirar la vida,
miraron al amor y lo encontraron dulce.
Y así, en un instante,
te hiciste fuerte como la noche.

Y yo, qué vergüenza,
qué forma de perder el tiempo,
sigo mirando este mundo
igual que si mirara un sombrío espejo:
pues sólo encuentro mi imagen desnuda,
sentenciada por ti, por todos vosotros
a la incomprensión y al silencio.

Amigo, ahora ya puedo decirte
que sé cuanto desprecias mis pensamientos.
Porque, en verdad, poco importa:
ella, que me hace olvidar la vida,
comprende mi soledad y a veces
contempla el mundo desde mis ojos.

27 nov. 2008

Esta posibilidad que soy,
que ahora nace a solas
desde el hondo vacío de mi sombra,
este lugar, frío e inevitable,
será escogido por todos y por ti
para designar lo que no conozco de mí.

Así, esta palabra que soy,
este verso improbable,
te ofrezco en respuesta a ese dolor
que a veces sube por tus sueños,
que a veces cae desde un sol extraño,
hasta tornar fiebre tu alma
y abarcar todo cuanto sé de ti.

Y todo cuanto sé
se resume amando,
porque aún eres el instante
que no puedo extinguir.

26 nov. 2008

Distíngueme de esa multitud
que amenaza hoy con enloquecer,
esa multitud ciega, hambrienta,
porque es camino que transitan demasiados,
y se apresta a morir en un segundo
por su propia y furiosa mano.

Lléname, si es necesario,
de soledad, de polvo, de luz,
de amor, si es necesario.
Márcame con las señales del tiempo,
desnúdame en lo alto
de esa multitud que se congrega
más allá de nuestros ojos.
No permitas, te lo ruego,
que la que tantas veces me ocultara
me lleve con su ruido hacia la noche.
No permitas que me juzgue,
ni que me emplace con su fuerza
en el lugar cruel de los excesos.

Distíngueme de todos y de todo.
Por favor, distíngueme.
Que sólo quiero ser el mismo
que hoy merece por amor un nombre.

25 nov. 2008

Resulta incómodo todavía,
después de haberme sabido derrotado,
enfrentarme a falsas certidumbres,
perseguir la realidad en las palabras
que un sórdido encuentro con la vida
dejó naciendo en mi conciencia.
La vida, esa mujer que llora cuando escribo,
persigue algo de mí que ya no existe,
es la madre que hoy lamenta
el tiempo que pasó como una duda.

Es también la amante que aún me arrastra,
que aunque mañana pudiera ser distinta,
siempre parece tocada de tristeza
toda la belleza de su alma.
Pero yo le escribo a ella, a la vida,
a ti, amante que hoy me niegas
la posibilidad de ocultarme
tras estos versos presentidos en la nada.

Escribo como si supiera
qué decir para apaciguar el llanto
de esa mujer que llora cuando escribo
y de esa otra que piensa en mis palabras.

24 nov. 2008

Aún nos recreamos en palabras
que se adueñan lentamente de nosotros.
Aún nos adueñamos de la vida,
y a través del verbo necesario
la vida nos ofrece otro camino:
su hermético silencio, descifrado
por todo lo que somos cada día.

Aún nos adueñamos de palabras
que no son más que abismos ilusorios.

Pero la vida está en nosotros
rompiendo su celaje con preguntas.
— ¿Quién me habita? ¿Quién escucha
el ritmo de mi voz frente a los vientos?
¿Quién se pierde tras la sombra abierta
de un sueño más letal que toda muerte?

Hoy nuestra mentira es tan lícita
que su valor igualará algún día
al de cualquier verdad que halle camino.
Porque aún hoy, en estos días luminosos,
nos recreamos en palabras implacables
que se adueñan lentamente de la vida.

23 nov. 2008

Hay un hombre libre
y una ciudad muerta.
Un hombre que me escribe
y una ciudad que piensa
en los hombres que surcaron
un tiempo sin memoria y sin poema.

Hay un arma de inocencias.
El hombre que me escribe
conoce la palabra que la sueña,
y tal vez viva para comprenderla.
Es un hombre terrible,
un hombre con la vocación llena,
con las preguntas de la infancia
calcadas en su voz de piedra.

Pero la ciudad está muerta,
y vocifera su ancestral silencio
de opresiva antesala
para un llanto sin clemencia.

Y el hombre libre,
la sombra que el poema
difumina con su inercia,
escribe para todos mi futuro
en un retal secreto
que la noche cifra en mi conciencia.

21 nov. 2008

No sabe cuál ha de ser el porqué,
pero hay días de intranquila soledad
en los que debe olvidar quién es,
y prescindir de su origen, su verdad,
y de la infamia de las huellas
impresas sobre un tejido de arena.

Días para ser sólo la sombra
de la imagen que no fue.

Luego, la traición, el arte errático
de recobrar conciencia de sí
a través del daño invisible
que sólo a sí mismo ofende.

Quizás piense que el peligroso empeño
conduzca a encontrar lo interior,
su otra verdad,
la realidad sin nadie
del propio enigma
que sólo a él le guarece.
La distancia es un río,
el largo cauce de la nostalgia,
es destino de vidas como espejos
que ya sólo reflejan
la dudosa certidumbre de la espera.
Pues río inexorable es la ausencia
que en soledad corre por la vida,
la vida que hace de nosotros
un centro dividido por la nada.

Y ese río es parte de lo que sentimos,
porque amar
trae a veces consigo
un erial de sombras y palabras,
un erial donde la distancia
fluye cada día,
y es camino
lentamente transitado.

La distancia es la prueba, la vida, el río.
Y el mal más humano
es la humana soledad
que la distancia nos ha procurado.

20 nov. 2008

Una conversación aguarda
en la difusa frontera del olvido.
Algo, tal vez tan importante
como la sola verdad,
ha quedado por decir
en el límite esencial
de todos nuestros silencios.

Algo. Tal vez la verdad.
Fuera lo que fuera,
debí decirlo entonces,
cuando era consciente,
cuando aún sabía
qué palabra emplear.

Ahora sólo queda un espacio
colmado de dudosos recuerdos,
de terrible sospecha,
del más puro azar.

Sólo queda la imagen,
sutilmente velada,
que emplea el poema
en su ilusorio final.

19 nov. 2008

Divide la noche y me confina en ella,
en el altar lejano
que ofrece esta ventana,
divide la noche pero me otorga el alba,
cántico o suceso sin retorno conocido.

Es igual a su propio sueño bajo la luz,
me trae los susurros fortuitos del olvido.
Su llamada es mi ausencia y el principio,
la fuente en la que bebo mi alegría,
el pan seguro que parto con los sueños
de existir aún junto a su sombra.

Porque ella divide el aire cada noche,
porque interroga al invierno dado cada día,
su incertidumbre es nombre de horizonte
que lentamente se acerca,
que hoy la busca y la atardece
entre las otras formas del océano.
Al final, todos los poemas
se perderán bajo la sombra
de un solo corazón calcinado.
Y cuando alguien necesite
sentir el impropio filo de la verdad,
cuando alguien piense que la vida
es la misma necesidad que nada calma,
entonces, todos los poemas
se perderán bajo la sombra
de un fuego solo y
de un día señalado.

Y, ni en las palabras de los amantes,
ni en el terrible luto por el guerrero,
se hallará vuestra sangre,
oh, poetas heridos y noctámbulos.
Tampoco en el vino oscuro
que la noche nos reserva
hallaréis la inmortalidad.

Porque, al final, todos los poemas
se perderán bajo la sombra
de un solo corazón calcinado.

De un solo corazón barrido por el odio
en el oscuro tiempo del fracaso.

17 nov. 2008

Es claro este destino
de perseguir las huellas de tu nombre.

Pues es simple estar en pie tocando el aire,
y proseguir con el humano sueño,
con la terrible elocuencia
que vaciará el poema
y determinará las sendas
y los principios sin tiempo.

Alta eres, como la sombra
que llena de melancolía el pulso
contenido entre los besos jóvenes.

Alta eres. Como la sombra.

Como la sombra de los templos
en mí sucedes, y abres tu tempestad
a la verdad cambiante de los días vencidos.
Y porque te siento, eres delirio
que abre su cauce vivo
a mis palabras de negra tierra.

16 nov. 2008

Un largo silencio triste
entra lloviendo por mis manos,
me invade la luz y el pensamiento,
atrapa la inocencia última
de cuanto nace a mi sombra.

Un largo silencio triste.

(Se parece mi vida a tu ausencia,
a sus altos muros de azul y distancia)

Un largo silencio triste
callando se interpone a veces
entre lo que soy y lo que amo.
Es tan evidente la noche,
tan evidente el susurro del día en tu pelo,
son tan obvios el camino y la lluvia,
que en verdad no hay camino ni tiempo.
Sólo una forma segura
de proseguir amando en la noche,
de esparcir las palabras sintiendo
el cálido esbozo de designios internos.

13 nov. 2008

Balada del desengaño

No habrá redención aquí,
en la encrucijada absoluta
que el poema, con su negra savia,
ha nutrido de rabia inconsolable.
Rebélense contra el dolor
aquellos que estén en posesión
de una respuesta por sus crímenes.
Pues yo ya no sé sufrir. Y sangro.
Sólo trato de cobrar el mismo daño
con una hermosa frase de venganza.
Que, porque el dolor es la clave,
el poema arderá conmigo
en la turbulenta noche
que precede a la nada.
Que el amor que he sentido,
y el daño que este dejara en mí,
son ya la misma cosa:
un rencor triste,
una ronca palabra,
un cielo oscuro, sólido, un vacío
que ya no surcarán los mismos pájaros.

12 nov. 2008

Te he querido
entre las calles infinitas
que de noche bifurcan mis pasos
hacia ti, amor, y hacia el único lugar
que aún no hemos habitado.

Y en las primeras reyertas de la madrugada,
y en los hogares de luto,
y en los museos y las grandes oficinas,
la gente a veces se detiene
a observar los restos de nuestro último amor,
porque esa esperanza sirvió de nombre
para las fugitivas imágenes
que muestran lo más lejano de la vida.

Y en las tardes de azul,
y en el tiempo que se perdió esperando,
y en la vasta improvisación de nuestros pecados,
la gente a veces se detiene a observar.
Pero nada hay que emita aquella luz,
pues nada ha de quedar de lo que acabamos,
ni un miserable jirón de niebla,
ni un llanto, ni una última palabra
que pueda remediar lo inexorable.

Al final,
sólo nos quedará el lugar
que aún no hemos habitado.
Entre infinitas callejuelas,
la tierra de nuestro descanso.

11 nov. 2008

Te aprendo en mí porque te nombro.

A través de los versos que busco,
llego a ti o a lo que en mí supones.
Llego, y adivino tus noticias más simples,
pasajes que aparecen entre nosotros
hechos de la cercanía que adolezco.

Pero hay palabras que el tiempo cambia,
brillos que la razón apaga
cuando de llegar más lejos se trata.
Mas, para entonces, he aprendido
a contener en mí las huellas
que el sentimiento a veces deja
escritas sobre la nada.

Así te aprendo lentamente,
a ti, a lo que en mí cambias
cuando la palabra es del agua.

10 nov. 2008

Para mi madre, Carmen Notario, a la que hoy di a leer un poema que hablaba de nosotros, y la tristeza apareció entonces como un reloj implacable.


Solías abarcar todo mi silencio
con aquellas canciones que la vida
ponía sobre tu corazón abierto.
Y agua para ti son aún los días
que transcurren por ti. Y aún no es tarde.
Que es cierto que la dicha de vivir
es triste como el rumor de aquellos versos
que añadieron su ocasión para las lágrimas.
Y aunque todo cuanto he sido para ti
ha sido todo cuanto he sido para otros,
la vida ha puesto en mí la duda:
tal vez, la química insensata de la sangre
nos lleve a preferir otro camino
más perfecto que aquel de cada día.
Soy mejor de lo que era. Cuando no me buscabas en los hechos ni en las sombras que el amor deja en las palabras, yo aún no era, no entendía los signos que la vida ha puesto entre nosotros. Y ahora soy mejor que el niño que anhelaba este dolor, pues en tus brazos he aprendido a respetar la oscura celeridad de la belleza, ese tiempo que el poema nos procura cuando no sabemos si hay un fin en lo que hacemos.

Soy mejor de lo que era cuando las calles no atardecían para mí. Y en este día de tu ausencia, que contribuirá a lo que escribo, pero no a lo que busco empecinadamente; en este día he recordado la quietud de la luz, que es extrañamente hermosa para un juicio que no busca comprender y que sólo pretende detenerse unos instantes en la frontera ilusoria, en la orilla que ciertas imágenes traspasan cuando amamos lo que está fuera de nosotros.

Y esta sensación de ti en mi silencio, esta ciudad construida sobre los restos de mi sueño, me han hecho mejor de lo que era. Mejor que el duelo por lo inevitable. Mejor que el niño que rozaba la existencia con los dedos como si quisiera abrirse paso hasta sí mismo.





3 nov. 2008

He ido levantando
los muros de mi pensamiento
allí donde quisiera estar,
en ese lugar esquivo
que ya no encuentra
cabida en mí.

Como el vagabundo en la noche,
me he saciado en cualquier parte,
y he procurado mentir,
y seguir cualquier ritual vacío
en cualquier lugar
menos en este de aquí.

Pero, querido lector,
si vas a juzgarme
por no preservar mi juicio,
has de saber
que yo también llevé antes
mi verdadero lugar conmigo.

2 nov. 2008

En mi conciencia,
donde limito con la vida,
hay grietas que confunden
la muerte altísima y el alma
que tu amor me sueña.

Y en el sombrío espanto,
las grietas se abren
para mostrar el secreto,
la luz plomiza del verbo:
lo que el poema me entrega
si de nuevo tropiezo
con la nada furtiva
que me llena de arena.

Por eso, porque hay grietas
en lo más oscuro del sueño,
porque hay grietas,
confundo la realidad
con la extraña luz perfecta
que suele bañar tu cuerpo.