30 oct. 2008

Detente, amor, contempla el día,
su ritmo incipiente, su canción probable
de brisas templadas por la luz oportuna.
Detente, por favor, hoy y siempre,
y pon el suave roce de tus dedos
sobre el alma atenta que sólo tuve de niño.
El día nos aguarda dentro
con su baile indiferente de preguntas,
con otro gris octubre que termina
entre lluvias celestes y palabras tristes.
Porque el día, amor,
el día es la derrota y es la fábula
que mañana contaremos sonriendo
a quien no quiera creer en nuestra historia.

29 oct. 2008

Antes de que la luz entrometida

delate la realidad de nuestro cansancio,

dame la tibia compañía que reservas

de tus largas noches desoladas.


Fuera, hasta las frías calles invernales,

la vida es un simulacro de neones,

un juego de confusas luces muertas,

que termina cuando el atardecer se aleja,

y no regresa hasta perderse.

Fuera, entre la multitud y la nada,

perros llenos de soledad

husmean ese olvido gris y aséptico

que quedó tiritando en nuestras sombras.


Pero este es nuestro fuego,

el bien más preciado

de los días furiosos

que pasáramos juntos.


Y que el mundo entero agonice

no me importa:

yo habito a ratos esa casa

en la que sólo tú me brindas

un tiempo de juegos y naranjas.

27 oct. 2008

Estoy seguro

de que a ratos no hay nada más triste

que tener el corazón lleno de fantasmas.

Ellos, que han aprendido mi rabia,

se precipitan hoy contra mis mudos ensueños

para alumbrar un fracaso tras otro,

un cuerpo que no está y un odio

que tal vez sea mentira.


Alguna vez, lo reconozco,

me llevaron mis fantasmas

hasta ese infierno oculto que habitaban.

Ellos fueron los inocentes,

aquellos que amé, que dañé

cuando me creía aun más joven

que cualquier dolor perpetuo.


Alguna vez, es cierto,

me sentí culpable de olvidar

su forma de medir mis actos.

24 oct. 2008

Perdóname por amar de ti
la mitad que sólo a ratos me entregas,
porque es a la otra mitad a la que debo
los días que aún nos quedan frente al mar.
Perdóname el llanto que te di, el llanto
que apenas corrobora que te quiero,
porque es a ti a quien le debo la palabra
que hiere cuando la noche es un intento
de formar otro principio sin acuerdos.

Perdóname los ratos sin amor, la huella
que no quise dejar en tus silencios.

Perdóname los sueños no cumplidos
que ayer fueron a dar a tu esperanza,
pues es por ellos que hoy me dices
lo tarde que he empezado a comprender la vida.

Lo que nunca, nunca debes perdonarme
por más que haya llorado su importancia
es que no te haya escrito aún los versos
que expliquen cuánto significas para mí.

22 oct. 2008

Soñé contigo,
sombra pura era la vida.
Desperté. En lo alto de mis manos
temblaba este futuro que vivimos.
En mi sueño fuimos juntos
el terrible despertar de la belleza,
el amor que encuentra su momento
una vez muerto lo sagrado.

Si soñaras tú conmigo,
hazlo sin creer en nada.
Pues no sabría distinguir tu sueño
de la verdad que a veces amenaza
con desnudar mi vida, mis palabras
de su esencia oscura,
de su nombre extraño.

21 oct. 2008

Yo quiero estar ausente de mi vida
y dejar a la deriva lo que el tiempo
se lleva cada día de mis sueños.
Quiero dormir lo que el cansancio
convierte por momentos en ternura,
lo que hace de la vida esa pregunta
que no responderán los hijos que no tuve.

Que otros ganen llorando la hermosura,
que la miseria arranque entonces la palabra
de aquellos que aún entienden estos días.

Ya sólo quiero estar ausente de la vida,
y dormir a solas el delirio incoherente
que sostiene mi conciencia en el olvido.

19 oct. 2008

En tus ojos me aguarda la vida verdadera.
Pero en el corazón de la noche
siempre será tarde,
y arderá todavía la bandera negra
que izamos desde un tiempo irrepetible.
Porque la vida que me aguarda,
la vida inevitable de tus ojos,
merodea entre mis recuerdos.
E, igual que un ave temerosa,
se posa en mi esperanza,
y llora su momento por nosotros.

Pero la vida que demoro
me aguarda también sobre tu pecho,
descubriendo tus manos,
tras del brillo de tus gestos.

Y en el corazón de la noche
se quema lentamente
por el bien de nuestro sueño
la patria de este sentimiento.

18 oct. 2008

Hoy, sábado melancólico, homicida tedioso
de calles desoladas y cuerpos taciturnos,
día fúnebre de contagiosos amores;
hoy será sábado porque te añoro
y sombras afiladas como navajas gélidas
se deslizan corriendo a mi vera.

Hoy, sábado melancólico,
sólo quiero que llueva.

Que llueva, que llueva…

Que llueva,
que mi amor está perdido
en esta tarde de pasiones muertas.
Que ella es para mí
el ángel incurable
que ofrece su nostalgia
de sábado manchado
con cafeína vieja.

Que llueva hasta que el mundo sepa
que estoy lejos de tu casa,
amor que al amor esperas
en esta tarde patibularia
de sábado a la fuerza.

17 oct. 2008

No alcanzo a predecir tu modo
de encontrar la vida en los detalles.
Si te busco en este mundo,
todo parece perseguir un fin,
una palabra desafiante
desde la que poder nombrarte.
Aunque la verdad sea un páramo triste
o un templo hace tiempo abandonado,
todo parece perseguirte a ti,
que amas la imagen rota de mis versos,
y, aun así, dices quererme
desde tu frágil rincón de niebla.

Si esto es la vida,
debo despertar
antes de encontrar la muerte.

16 oct. 2008

Inspira más confianza la costumbre
que los sueños bondadosos de los ángeles.
Será porque los ángeles no existen.
Y la bondad es costumbre del que llora.

13 oct. 2008

Ciertos días
hay que recordar aquello
que da forma a lo posible,
volver al lúcido momento
que acota el infinito.

Las mismas soluciones
revisadas ciertos días
de manera distinta.
Las mismas.
Porque hay problemas
que la razón necesita.
Porque hay sombras en el mundo
que sólo pueden disiparse
si alguien se ofrece
a responder de nuevo
las mismas preguntas.

Ciertos días
me acuerdo de ti,
y el mundo parece
entonces
una mañana ya escrita.

12 oct. 2008

La realidad puede estar en cualquier parte.
Pero sólo de tu grácil mano
percibo el pulso melancólico de la vida.
Sólo de tu mano bondadosa
albergo la sonrisa de los otros.

Porque estoy muerto, amor.
Y ha sido todo en vano.
De nada sirvieron los grandes paliativos,
el alcohol, la poesía, el silencio.
He muerto de vivir soñando.

La realidad puede estar en cualquier parte.
Pero no es la vida que buscamos.

10 oct. 2008



Pues sí. Me ha dado por retocarlo. Espero que les siga gustando igual a los que comentaron y a los que no. Yo, personalmente, lo encuentro algo caótico, aunque tal vez sea precisamente eso lo que me gusta de esta última versión. A veces uno necesita dejarse llevar hasta perder el control. Saludos a todos.

Hermoso es sufrir por el poema.
Sentir por el filo de la herida.
Hermoso llorar por las palabras
en lugar de amar una costumbre.
La vida… ¿la vida es más que esto?
La vida, antes de esperar un sueño,
consistía en abrir los ojos como un niño,
y observar viviendo lo aprendido,
y llorar tan sólo de tristeza.

Pero hay pianos llenos de silencio,
palabras verdaderas para escuchar
el dudoso pulso de la incertidumbre.
Y hermosa es la penumbra triste
que vela el pensamiento si hay olvido.
Hermoso el corazón que un día
observa en el otoño la historia de sus juegos,
que nace, se desboca, y canta porque muere.
Que muere por su propio frío.

Hermoso es sufrir por el poema.
Ver la vida en los ojos de lo escrito.
Hermoso llorar por la palabra oscura
en lugar de emplearla para calcular el mundo.

9 oct. 2008

Todos me conocéis. Tocad mi sombra.
He sido la alta patria del fuego,
vida que repta gris tras el delirio.
Tocad mi sombra. Temor y carne he sido.
Todos me conocéis. Me habréis visto
llorar de nostalgia, de humano frío.
(Llorará por un poema, habréis dicho.)

Tocad mi sombra. Veréis que no es sueño.

Oscila sola entre el cuerpo y la luz,
parece sentir lo que estáis diciendo.

Todos me conocéis. He sido tiempo
que no pasa de nuevo a vuestro lado,
que no pudo nacer de mí, que no soñarán
los que siempre han despertado enteros.

6 oct. 2008

Fantasía

Jamás me viste conmoverte
tras la calle en que la piedra se adormece,
ni en el fuego donde el hombre es una sombra.
Por ti maté a los tristes poderosos,
lloré un silencio sin promesa,
e hice del amor un paliativo
que dura todavía en mi recuerdo.

Pero jamás me viste,
porque sólo sé cumplir mi juego
cerrando las oscuras puertas
que ocultan del mundo
mi perfecta apariencia.

Y no siento vergüenza.
Sólo sé que al mirarte
puede más el secreto
que el arte esquivo de nombrar
la otra vida que quisiera.