31 jul. 2008

Tantos esfuerzos por ser yo
mientras la luz calcina el presente.
No sé cómo acercarme más
a esta tierra fragmentada,
intento ver a otro en los espejos,
pero estoy lejos del lugar
que le prometí a mi sombra.

La vida se entretiene
contemplando un futuro océano
dominado por la muerte.
No soy yo, pero olvido
que mi sombra no me pertenece.

Lo demás es tu imagen
sonriendo detrás de cada nombre.

30 jul. 2008

Puede que mi búsqueda sea anterior
a todas las palabras azules
que he dejado escritas en la nada.
Porque, cuando te nombro,
ya hay un equilibrio mudo
que no entiendo, un deseo
que se revela en todo.

Pues lo que busco
es casi un silencio abierto,
apenas una vida, un presente
que escapa de la muerte.
Y estoy casi seguro
de que un nombre, repetido,
se vuelve un acertijo
que sólo puede resolverse
mostrando el envés preciso
que las formas vivas, únicas, ofrecen.

Si lo que pretendo limitar
es anterior a este verbo ciego,
puede que nuestro amor
haya sido ya sustancia del silencio.
Y que, por tanto, de algún modo,
ya hayamos sobrevivido al sueño,
a esa muerte oculta, aparente,
que niega cualquier sentido hermoso.

Puede que hayamos recorrido
la trágica noche, el hondo secreto,
al pronunciar el nombre eterno:
la luz que renace en el silencio
y que acallara un tiempo vacío
anterior al verbo.

29 jul. 2008

La muerte, como amor terrible,
reclama siempre lo que es suyo.
Y quizá le pertenezcan de nosotros
el atardecer perfecto
o cualquier distancia
o las fábulas secretas del secreto olvido.
Quizás el dolor de haber hallado
la simple realidad imperfecta
de los sueños corrientes.

Sin embargo, la muerte,
que describe un triste círculo
sujeto al paso del tiempo,
a veces se encapricha de aquello
que no puede pertenecerle.

Como amor terrible
quisiera poseerlo todo,
de tu corazón a mis versos,
de mis versos a la noche
que soporta el peso del deseo.

Pero, si hay algo que jamás obtendrá
de esta historia hecha con nuestro tiempo,
es, precisamente, la forma con que siento
tu cuerpo junto a mi espalda,
abrazándome
como aquella sombra que perdí
cuando dejé huir a la primavera
más allá del invierno.

28 jul. 2008

Es posible que te escriba
tantos poemas de amor
para así poder reconciliarme con la vida.

Y, aunque nunca te dijera
que esa vida me hiere
con su nombre inverosímil,
amenazas mis silencios
con un silencio aún más hondo.

Pero hay tantos poemas de amor, tantos,
como suaves notas por descubrir
en el alma de la tarde.

Y, aunque nunca te dijera
esa verdad que se sustenta
a fuerza de no saber nombrar la nada,
es posible que te escriba
porque, si no lo hiciera,
sería el silencio y no el amor,
lo que, tal vez, te ofreciese a diario.

27 jul. 2008

No renuncies nunca a lo que fuiste.
Si fuiste enemigo de todos,
si declaraste venganza y hastío,
porque así, en desiguales condiciones,
hallabas sentido a este mundo,
no creas que, al verte obligado a ceder,
—si tal cosa es posible― tu memoria,
el sedimento que los años dejaran en ti,
se convertirá en sueño intrascendente,
acto carente de razón, olvido acaso.

Pues, lo que fuiste,
esa extrañeza irreversible,
es el impulso inevitable
que el presente restituye
siempre a la memoria.

Eres lo que fuiste. Serás lo que eres.
Mas, en eso consiste mudar de ilusiones.

24 jul. 2008

Ya que ningún poema puede
reflejar la luz suspendida de tu ausencia,
pues el sentimiento es un hecho,
una realidad del asombro
que las palabras no pueden
repetirte del todo,
te pido, acaso porque estoy solo,
que recuerdes esa sencilla importancia
propia de los amores difíciles.

Supongo que te quiero
porque vuelves desde el tiempo
irrepetible de la esperanza primera.

23 jul. 2008

Las formas herméticas de la ciudad
alzan en la tarde su vacío extraño,
y, al rozar su alma de piedra calcinada,
la altura infranqueable del silencio
persiste y se asemeja a tu imagen,
como la verdad propia del poema
se asemeja a todos aquellos sueños
que apenas recordamos.

Lentamente me pierdo en tu nostalgia,
pero, al nombrarte, la brisa me recuerda
el tiempo oscurecido de la nada,
y encuentro que la vida, cifrada e infinita,
es recinto de promesas y esperanza.

Yo he sido la soledad
y ese cuerpo lejano
que el deseo reconoce.

21 jul. 2008

Si aún fuera el niño invencible
capaz de atravesar parques infinitos,
de pasar largas tardes secretas
luchando contra las hormigas,
si aún fuera el niño capaz
de ser niño pese a la vida,
me sentaría quedamente, tranquilo,
ante cualquier espejo inexorable
que reflejase la verdad de la inocencia,
y me pasaría allí el tiempo necesario,
las horas imprevistas, el sueño demorado,
me pasaría allí los días que malgasté
imaginando mi futuro, al suponer inútilmente
mi rostro endurecido por lo inimaginable.
Ese tiempo que perdí lo emplearía ahora
tratando de averiguar de nuevo,
como tal vez corresponda al poeta,
en qué consiste ser niño, qué día del año
uno observa el sol por vez primera,
cuándo es, y cómo, que uno se sienta
y descubre que hay un corazón que late,
que la vida es un ritmo escurridizo,
un ritmo que nosotros mismos provocamos
mientras somos niños y vivimos.

20 jul. 2008

Son horas de soledad
reflexionando lentamente
acerca de nosotros,
hijos taciturnos de la nada,
que en horas como esta
aprendimos el lenguaje imprevisible
que allanaron los poetas,
los anticuados, sentimentales poetas
que un día planearon explicarnos
el sentido de ese amor,
infinita voluntad, pasión o verbo,
que sólo asoma desde el llanto
para recordar la verdadera alegría.

Son horas de soledad buscando
restos de nosotros mismos.

Porque la vida es una forma de observar
el mundo desde la nada,
son horas de soledad observando
tu rostro desde el olvido, tu rostro
desde la tibia noche,
desde el silencio,
desde un espejo antiguo.

Desde mi propio vacío
observo el mundo que creas
cuando estoy contigo.
El día que quieras comprender
las razones que queriendo se suceden,
cuídate del mañana falso y del adiós,
del soberbio espejismo del olvido,
del nombre inmaculado que la muerte
emplea para designar nuestros deseos.

Cuídate de todos los amaneceres viejos,
en los que ninguno pudimos despertar
pensando los largos acertijos de la noche.

Cuando venga la vida a reclamar
la verdad que sólo atañe al sentimiento,
recuerda que el amor es la sombra más alta,
la duda primera, el camino sin márgenes,
oscura inocencia que sólo ha de proyectar
la más hermosa esperanza.

Pues, el día que quieras comprender
la forma con que el sol te mostrase
la verdad en los patios vacíos del alma,
vuelve tu rostro hacia dentro y recuerda
que el amor es en sí la razón y la duda:
la noche y el día, la unión del silencio
con la palabra que así nombra la vida.

15 jul. 2008

El día de mi regreso
la ciudad entera se movía más despacio,
la noche se acercaba desde los infiernos,
la gente me miraba solamente a mí
el extraño día de mi regreso,
cuando me disponía a amar,
lejos del tiempo y de la muerte,
el cuerpo desnudo de mi amada
la ciudad parecía un espejismo,
una sombra condenada, una tormenta.
La noche se acercaba como el lobo
que no sabe retirarse ante la muerte,
la gente, ciega, enemistada,
caminaba hacia la nada y el delirio.

El día de mi regreso
sentí que debía regresar,
lo antes posible, contigo,
a ese lugar del que nunca,
después de haber hollado
la patria lejanísima del sueño,
se debería regresar
otra vez solo.

14 jul. 2008

Dudaste, acaso, como se duda de los sueños
que no pueden durar más que el olvido.
Dudaste de mí, de nosotros,
del tiempo dedicado a la palabra
que se desliza impunemente
bajo el neón inútil del insomnio.

La ciudad somos, éramos nosotros.
Nosotros junto a miles de desconocidos
cansados de esperar bajo una luna amarga.
Nosotros y el viento que en verano
arrasa el corazón de oscuras callejuelas,
el viento que parece provocar
la risa de un dios cruel y arcaico.
Recuerda el viento enloquecido
de todos los estíos muertos:
¿no fue un tiempo de luz falsa?
¿el tren vacío que se pierde cada noche
en la lejana estación de la locura humana?

Pero dudaste, acaso,
como sólo se puede dudar de la palabra
que no acata la fecha impuesta por los calendarios,
que huye del mediodía gris, de los silencios
petrificados a la sombra del pasado.
Dudaste de mí, de nosotros,
de tu propio amor hecho desgracia.

Dudaste
como sólo se puede dudar
del dolor aprendido en cada golpe,
de la ciencia inútil por la que pensábamos
que la verdad es una herida que se cierra
al herir a un nuevo amor con la misma inercia.

10 jul. 2008

Lo extraño no es olvidar.
El olvido es sólo una piel corriente
tejida con los restos de la nada,
al olvidar la sombra de lo propio
la vida corrobora el sentido de los días.

Lo extraño no es olvidar,
pues, si desaparece un corazón,
se llevará consigo no sólo su historia,
también la presencia misma
por la que se teme a la muerte
desaparecerá con él,
olvidando lo olvidado.

Lo extraño es recordar.

¿Cómo es posible regresar?
¿Cómo se puede retornar
a lugares infinitos que no existen,
a lo que sucedió una vez tan sólo,
y sin embargo se repite?

Lo extraño es recordar,
creer que volveremos a sentir
la misma felicidad que cayó en el olvido.

9 jul. 2008

Libros que acaso son calles angostas
frecuentadas por niños insomnes,
libros que fueron invencibles caballos ciegos
capaces de poseer la última primavera,
que contienen la palabra del tiempo
y la flor amarilla de los cementerios
escrita tras un unívoco silencio.

Yo mismo soy el libro que escribieron
mis cómplices nocturnos, los poetas
que leyeron a la sombra del olvido
su propia historia, su insensato futuro.
En sótanos secretos se gesta la palabra,
fábula imposible, nostalgia viva
del hombre que recuerda su destino,
que sabe que su tiempo es una piel desnuda
corrompida por todo lo que sabe a muerte.

Yo mismo soy el libro.
Mi voz guarda los ecos de otras vidas,
he sido testigo del dolor
leyendo un acertijo muy antiguo,
cuando la madrugada encendiera
su luz de oro envejecido.

Sólo espero que algún día
te leas a ti misma en el silencio
que ha dejado en mí lo que he leído.

8 jul. 2008

Hay un lugar difuso que aparece
entre un mal y su ansiado remedio,
un lugar que oscila
entre la conciencia del problema
y el sueño cifrado de la solución.

Ese lugar existe.

Todos saben que es posible
errar azarosamente y caer solos,
fingir como inertes marionetas ciegas
que hubieran olvidado su papel.
Y entonces uno debe crear la forma,
suponer la vida sin haber vivido,
intuir de un modo confuso
que si el problema sigue estando en uno
la solución a todo estará dentro.
Pero puede que así sea más fácil
dar palos de ciego en mitad de la noche,
llorar en secreto, llorar
por lo que no pudo ser nuestro,
asesinar al animal terrible de la tristeza
y mentir acerca de la vida y de la nada.

Como también puede pasar
que la esperanza,
esa extraña costumbre,
nos obligue a recordar qué somos
más allá de ese lugar difuso
que hay dentro de cada uno.

Pues, a veces, la esperanza
no tiene objeto ni puertos premeditados,
deambula por el alma como un niño
cuya sola presencia ya es motivo de alegría.

A veces, la esperanza,
esa extraña y obstinada costumbre,
es otra humana solución a lo imposible.

7 jul. 2008

Hoy también es cierto
que la vida puede más que las palabras.
Del mismo modo que tu mirar ausente
puede más que toda muerte inexorable,
así vence la corriente del olvido
a mis últimas brazadas.

Pero hoy también es cierto
que fue el amor antes que el verbo,
que las palabras, aunque necesarias,
sólo sirven para decir a tiempo:
de acuerdo, es posible,
no me faltes nunca,
el amor es un hecho.

Hoy también es cierto
que la vida consiste en escuchar,
que las palabras son sólo sentimiento:
el cálido murmullo que el amor
guardará siempre para uno
en la blanda entraña del silencio.

5 jul. 2008

Cada mañana grisácea,
cada oscura imposición de la vigilia,
en la que acaso debas empezar de nuevo
del lado designado por la muerte,
procura, aunque todo esté ya dicho,
alzar sobre tu humana desnudez,
sobre el cansancio de tu alma
el escéptico silencio
de ese ayer casi olvidado.

Piensa que tus muertos te recuerdan
porque tú lloraste por ellos su epitafio.

Corre un alegre verano por tus venas,
y ellos duermen, duermen todavía el sueño
que alargase para siempre el frío de los años.
Si ha de soplar el viento, escúchalo,
que susurre en tus blanquísimos oídos
el melancólico acertijo de los cementerios,
que aflore el escenario ante tus ojos
por el que deambulan tales sentimientos
que parecen imposibles de tan altos.

No existe el reino que has creado.
No existe lugar en que olvidarlos.
Si tú vives, ellos vivirán contigo,
mientras tú recuerdes su alegría
no les faltará el nombre que has llorado.

Reposa sobre esos hombros tuyos
su triste edad infinita. Ámalos:
sólo así despertarás un día
y será como si no hubieran marchado.

4 jul. 2008

Detrás de la apariencia humana
que reviste la noche de imposturas
ha de haber alguien, alguien cansado
de repetir sus fuerzas contra el aire,
acaso alguien que, como yo mismo,
mueva su sombra para encontrar un sitio
que abarque también a un semejante.

Entiendo que no es fácil
volver, luchar desde la fábula del día
que de algún modo dominan los instintos,
la piel se endurece cuanto más caminas
queriendo ver una mirada fija
que lea en voz alta los detalles.
Entiendo que en la noche, como en el día,
olvidaran todos el sentido amargo
que deja entre las manos la ternura,
el hermoso eclipse que oculta toda muerte
al extrañar verdades como el dolor,
o sueños como la conciencia del pasado.

Detrás de la apariencia humana
que reviste el mundo de inocencia
también ha de haber alguien,
acaso alguien que aún sujete
el peso voluntario de unos actos
que no sean ni sombra ni acertijo,
que sirvan al amor como al cansancio.

2 jul. 2008

Creo que hace un tiempo fui
el mismo que tus ojos crean
más allá de mí.
Antes de ser lo que soy contigo
puede que fuera el espejo preciso,
la voz repetida de cualquier ideal ajeno,
la terrible palabra infinita
que mis semejantes vertieran en mí
para dar forma a mi cifra interior.

Antes de ser por ti fui ficción absoluta,
lienzo sobre el que la luz o el escarnio
proyectaran su misma esencia de sangre.

Perdido en mi propia sustancia
te busqué y tú encontraste
la voluntad certera,
el claro amor que reveló mi rostro
cuando al fin fue necesario
tornar hacia ti.

Ahora quiero ser quien soy.
En eso consiste el amor que te guardo.

1 jul. 2008

Viva es la memoria del que cae,
soñador o cifra de la noche,
cuando el amor es construcción
imaginaria del ansia y de la luz,
patria inexorable de los muertos,
hacedor de ingrávidos abismos.
Cuando el amor es niñez de soledades.

Viva es la memoria del que cae
desde su propia realidad plena
hasta la sombría verdad de nadie.

Vivo es el corazón desnudo
de todos los que ofrecen su destino,
como una luna nueva,
a un cuerpo que engendra vanidades,
cuerpo que llora por un sueño
cuando el amor es un sueño
que llora por la vida viva del que cae.

Viva es esta muerte en el olvido,
porque aguarda desde siempre su promesa.
Porque la muerte se realiza en el amor,
amor, espera vivir todos tus finales,
que llegará el día en que la vida
te ofrezca sin tú quererlo
otro buen principio,
otro amor más fácil.