30 jun. 2008

Deja lo demás a tu corazón.

Observa la oscura carretera
en la noche que abarca tu futuro,
encomiéndate a una música sentida
para que duerma tranquilo
el hermoso animal que escondes,
ten en cuenta
que la realidad es aquello
que cobra forma en el delirio
y deja que tu corazón,
ese extraño que te guía,
converse suavemente
con la vida que se extingue.

Si en tu viaje llegases a comprender
que la carretera no terminará nunca,
que la sentida música que suena
es parte ya de este destino,
que la realidad es aquello
que sueñan tus queridos muertos,
sigue conduciendo, no cedas,
y deja lo demás a tu corazón:
que su silencio amanse
a esas fieras invisibles
que no duermen si tu sueñas.

Terribles dudas que son ecos
te persiguen en la noche
desde que partiste hacia el olvido.

28 jun. 2008

Quizá te deba el río
por el que ahora transcurro
desnudo de pudores.
Quizá te deba el río,
la sombra inasible del sueño
que fluirá por sí mismo
mientras tú escribas mi silencio
en las huellas de tu nombre.

Quizá te deba esto que escribo,
aunque sólo sea otra forma
de querer ahuyentar a la muerte,
de vaticinar el final o la vida.
Quizá te deba los ríos
que no fueron a dar
a esa noche infinita.

24 jun. 2008

Corre el mes de junio.
Me corresponde pasar las mañanas
arreglando un jardín ajeno,
un descuidado jardín en el que habitan,
de igual modo, entre brisas austeras,
luces diáfanas y sombras frondosas.
Ocupo mi tiempo en esta labor
porque creo saber que mis versos
son un triste naufragio,
una forma certera
de acelerar mi huida
hacia la luz de noviembre.

Suelo regresar cansado,
temeroso de mi tiempo y mi futuro.
No quiero esta vida vacía
dominada por la impotencia
de soñar a solas un tiempo
que no estará nunca a mi alcance.
Pese a todo,
hoy hubo algo que llamó mi atención
durante unos segundos extraños.

Alguien dijo que algunas plantas
han aumentado su estatura
a fin de alcanzar la prominente luz
en lo más alto del jardín sombrío.

Se trata de una perfecta metáfora,
un suceso común, comparable
a la forma en que la vida
nos hace velar por lo necesario.
Se trata de crecer para encontrar la luz,
de ahondar en las duras razones
que nos han convertido en esto que somos.

Progresan quienes optan por crecer.
Los que no, esperan la muerte en las sombras.

21 jun. 2008

Si para todos nombrase la vida
como si la vida fuera en sí la inocencia,
como si fuera el sueño abstracto, perfecto,
o la música pura que nadie entendiese.
Si fuera mi vida el olvido, la tregua,
la forma que tengo de negar mis errores…

Si mi experiencia también fuera mentira,
no sé en qué ojos podría mirarme,
bajo qué luz contemplar mis secretos,
cómo hablar para todos, los vivos,
sin que mi amor pareciese una historia vacía.

Pero mi pasado ha de permanecer escrito
bajo la apariencia neutra de lo que digo.
La verdad ha de ser esto, la vida.
Porque, aunque se pueda negar esta historia,
es imposible olvidar lo que somos
sin olvidar también el futuro.

19 jun. 2008

Ahora que tu nombre se adivina
mirando hacia el abismo de tus ojos,
que la fe perdida es un espejo
en el que nada se refleja, nada
salvo ese cuerpo aciago, solo,
dominado por la sombra de otra luna,
piensa que estas horas son un sueño,
el letargo impreciso, la experiencia
de un alma incierta a la deriva
que busca presagiar el próximo naufragio.
Que cada cual busque en sí mismo
la esencia que conforma ese animal sagrado,
la huella de su dios en lo más hondo,
que al final del túnel, donde la vida es esto,
la ciencia más humana
es soñar el verso en el que aflora
el sentido más vital, el caos más hermoso:
la inercia clara de existir pese a la muerte,
el viejo arte de amar estando solo.

18 jun. 2008

Para escribir unos versos comprensibles,
unos versos que exalten tu desprecio
por la belleza amarga que Rimbaud
sentó un día, hace tiempo, en sus rodillas,
para escribir esos versos consecuentes
que igualasen la tristeza de lo maldito,
deberás perderte para siempre en ti mismo.
Alejarte de las huellas que definen los jardines,
provocarte la herida que la duda
forma en los ojos de tu enemigo.

Huirás de los graves ídolos de la infancia,
llorarás en vano por la vida que mereces.
Llorarás hasta olvidar tu rostro
y la sonrisa que también diste a quien te quiso.
Y todo para escribir unos versos comprensibles
que alguien sin ser tú leerá algún día,
que alguien leerá para perderse
siguiendo los signos que trazaste en tu camino

Recuerda, poeta, que tú fuiste ese alguien,
recuerda que la vida que queda en cada verso
es la misma que le falta a quien te escucha.

16 jun. 2008

Pido perdón de antemano. Me imagino que estos poemas resultan insufriblemente largos para más de uno. Surgió la idea, o la necesidad, y tuve que escribir. De todos modos, el / la que no esté de humor para tantos versos, sólo tiene que obviar esta entrada. No se preocupen, no se lo tendré en cuenta a nadie. Si alguien se da por aludido que deje un comentario. Gracias.



Ahora que por fin entiendo
el terrible aprendizaje
al que nos somete la vida,
poco podría reprocharle a nadie
sin juzgarme a mí mismo
en esas lides que conforman la locura.

Que nadie se asuste si lo digo.
Bien sé que se trata de un mal grave,
pero si alguien sale perjudicado
en todo esto, lo más probable
es que ese alguien sea este que escribe.
Les hablo a todos de mi eterna fiebre,
mi preciosa locura, compañera sombría
que me otorgase el privilegio
de vivir intensamente en sueños.

(Cómo hablar de los sauces cautivos,
del fuego malva de cierto atardecer oscuro.
Cómo hacer para que comprendieran
que ciertas palabras brillan,
puntos de luz en la infinita negrura.)

Ahora sé, ahora entiendo
que el trato que recibí entonces
es el mismo que recibieron
quienes quisieron creerse vivos,
los que para amar fingían
no tener lugar en este mundo.

La única diferencia
es que ellos hallaron recodo
a la sombra del olvido.
Pero lo cierto es que yo,
y aún otros,
seguimos expuestos al sol
de un azaroso destino.

15 jun. 2008

Con los años me doy cuenta
de que cada fatídica pregunta
que nace en mi conciencia
se repite, una vez y otra,
como si yo supiera la respuesta.
Una vez y otra, me pregunto
qué cosa será la vida,
en qué sueño la muerte,
cuándo seré testigo premeditado
del milagro de la belleza.
Acaso todo esto
yo también debería saberlo,
como acaso lo sepan ellos,
los que nunca se lo preguntan.

13 jun. 2008

Hace mucho tiempo que espero.
No me preguntéis el qué,
todo cuánto sé
es que ha de llegar el día o la noche
en que los astros pronuncien su sentencia.
Mi espera se limita
a dejar pasar el tiempo
como si una intención enmarcara
el transcurso de la vida.
Y algo ha de pasar, me digo.
Ha de llegar el día en que algo suceda,
acaso un cataclismo o una verdad.
Acaso el instante presagiado
en que volver a ver el cielo,
en lugar de este espejismo gris
que no amaré nunca
porque hace mucho que está muerto.

Ya os lo dije.
Hace tiempo que espero.
Mas si se cumple su causa,
mi insistencia, como todas, será corta.
Breve ensueño en comparación
al de la esperanza por nada mantenida.

10 jun. 2008

Lentamente se abre la casa
a la luz silenciosa que el alba deposita
en las blancas paredes, en las ventanas frías
que semejan cuadros tenebrosos,
lentamente, quizá no tengan prisa,
los pájaros de ayer inician de otro modo
la fiesta solitaria de este día.

Lentamente, quizá dormir lo sea todo,
un amor se despereza y otros duermen
como si dormir fuera olvidarse
de la vida que el viviente necesita.

Antes de que la ciudad prospere
reconstruyendo su inercia amenazada,
alguien abarcará el puro sortilegio,
la silenciosa luz que el alba deposita
sobre ese cielo vivo
que recuerda un verano prematuro.

(Alguien abarca el vacío de este mundo
cada vez que se despierta
y comprende que está solo.)

Quien sepa llenar de luz ese vacío
sabrá cómo hallar en el alba su camino.

5 jun. 2008

En ocasiones, la palabra quiere fluir más allá,
abandonarse a un ritmo ciego e irremisible
que rompa, golpeando,
la hermética apariencia del silencio.

Hay que trascender la nada en cada nombre,
usurparle su fuego a los sentidos,
mencionar lo que hay detrás de cada cosa.
El vidrio oscuro de la urbe,
la fuente gris siempre borrosa,
los azorados pájaros pretéritos
que juegan a morir tras esa sombra.
También el breve desayuno con lo incierto:
son más de lo que son si el verbo necesario
traspasa su cotidiana superficie de silencio.

Aunque no pueda descifrar el mundo,
la palabra crea esa sencilla luz
que el tiempo trata de erosionar despacio,
cambiando lo que tal vez fue luz -tal vez canto-
por un evidente mundo propio,
semejante al mundo que los otros
podrían descifrar en nuestros ojos.