29 nov. 2007

Aunque el amor sea un sueño
y sueño sea también la muerte;
antes siquiera de ser sueño
será la vida un solo pensamiento.
Una razón tejida con palabras
nombrará la noche venidera
antes siquiera que el amor
sea sueño o voz quimérica.
El amor, antes de ser amor,
será sangre oscura en el poema.
El amor, antes de convertirse
en fuerza extrema o ilusión,
será el poema de la perfección
o no será más que sombra
de un deseo hiriente,
ardid de una vieja intención.
Sombra o sueño, razón o dolor,
el amor siempre será distinto
de aquel sueño anterior a dos.

24 nov. 2007

Silencio

El silencio no es silencio.
Es una pregunta infinita,
que sólo tiene respuesta
en el silencio.
Tras ese silencio nos aguardan
afiladas palabras, que los oídos
se obstinan en tergiversar,
como si en un burdo soliloquio
ardiera otro silencio.
Silencio y más silencio…
Porque apenas todo son palabras,
el silencio me atraviesa
con su óbice de nadie,
derrotando apenas esa voz,
que no puede nombrarme.

23 nov. 2007

Entrega todo lo que puedas entregar.
Todo lo que tu juicio admita.
Entrega las sombras que conservas,
el ademán cansado y el instinto;
incluso el verde irresoluto, que en los parques,
llenó el tiempo sin medida que perdieras.
Entrega todos los pesares,
pues fatigan vanamente.
Pero guarda, para ti mismo,
una porción de soledad infinita,
remanso claro de tristeza,
que refleje, cuando quieras,
esa frágil luz milenaria
que forma la tarde nueva.

17 nov. 2007

La tristeza de las máscaras






En noches como ésta, percibo la tristeza de las máscaras. Lo que hay tras ellas, desvelado, es hermoso y corriente. Oculto, engendra la vergüenza.


12 nov. 2007

Lo extraordinario

Lo extraordinario. El azar, la locura.
La breve pausa sin descanso,
que se interpone, al conmoverte,
entre dos actos.
El juego impredecible que termina.
La luz sobre la noche.
La noche sobre el tacto.
La lluvia, rítmica elegía.
El paso frenético y casual:
la fiebre que es la vida.

Lo extraordinario, más allá…

Lo que aparta al día de la calma.
Lo que asombra, la ceguera,
interrumpe nuestros hábitos.
Aquel día de enero
nos emplazó en lo imposible;
mas no supimos descifrarlo.
Y en lo imposible terminamos,
sin saber, si lo extraordinario
era parte de otra vida,
o todo era extraordinario.

9 nov. 2007

Cualquiera puede saber,
desde la primera incursión al paraíso,
qué gestos, qué palabras,
tejen el velo aciago del desastre.
Basta poner un solo pie indeciso
sobre la humana tierra del deseo,
para sentir temblar el aire,
con la fría promesa del delirio.
No. La tierra no es el paraíso.
Los hombres que la habitan
no sabrían disponer de su belleza.
Porque la soledad corrompe…
Y los hombres viajan solos…
Porque cualquiera exigiría,
como deuda a su tormento,
el amor que a nadie pertenece.

Ya desde la primera huella,
más allá del claro sueño,
cualquiera puede presentir
aquello que divide hasta la nada:
el irremediable error que buscan los amantes,
estará siempre escrito, a media voz,
en sus primeras palabras.

8 nov. 2007

Y todavía, a ratos me aleja con su juicio
de la tarde sitiada por espejos que aúllan.
A ratos pienso, cavilo entre inocencias
el rito fugaz que la palabra empieza,
cuando ella me detiene ante la noche
y me llama a contemplar un cielo antiguo.
No supe nunca cómo, mas me urge
reconducir el orden de la fábula
que hace realidad lo que tememos.
La vasta flor del sueño me seduce
con una eterna madrugada en vela.
Con la vaga sensación constante,
cotidiana e íntima sospecha,
de no haber sido nunca de ella.

El jardín de los delirios