26 abr. 2007

Entretuvimos sin querer a deidades taciturnas.
Bastó un acto calculado de simple bondad,
cifrado para todos en una lágrima espontánea.
Pero a quién más podría interesarle,
después del abrazo último y tenaz,
la historia improvisada que seguimos.
Amar es fácil si es recíproca la empresa.

Crucificados, los dioses se equivocan
cuando por amor piensan por nosotros.
Aunque su criterio sea acaso el acertado,
si el menor de los males es la duda,
el error de obrar según sus dictados
revela otra verdad inexorable.

Preferible es equivocarse en el amor
a ponerlo todo en manos de terceros.

23 abr. 2007

No permitas que el amor te sea ajeno.
Si la razón te obliga a esconder el amor,
no sueñes con el éxodo hacia la experiencia.
No hay aprendizaje que determine la vida.
La vida te enseñará a través de lo más secreto
a estar atento, a servirte siempre de la belleza.
Nada puedes aguardar que ya haya sucedido,
pues el amor es eso:
hacer de cada instante único el primero
de una vida cambiante y de ojos ciegos.

No esperes adelantarte a esto hasta muy tarde.
Ya que la órbita sucesiva del tiempo,
culminará sólo cuando te des por vencido
ante el patrón grisáceo y perfecto de lo cotidiano.
La rutina, el hábito de merecer el privilegio de amar,
conduce sólo al sucio puerto de lo predecible.
Entonces, no trates nunca de obrar según lo vivido.

Debes permitirte amar hasta lo que aún no conoces.

19 abr. 2007

Ahí va un texto para el amigo Ignatius, a ver si se deja de poner pegas, que últimamente no hace sino exigir:




El arte es un juego hipotético en el que convergen distintas miradas anónimas. Digo que se trata de un juego porque su seriedad viene dada tan sólo por el estado de ánimo y la receptividad del espectador; el artista, por su parte, sea del rubro que sea, ha de limitarse a esperar la opinión del público, que es siempre subjetiva. Lo que nos lleva a lo de hipotético. Pues de ningún modo podemos asegurar que un gusto esté por encima de otro, por muy selecto que nos parezca, por muy delicado que se nos antoje un gusto viene determinado por las condiciones culturales, la experiencia y los conocimientos del espectador, además de otros tantos aspectos más difíciles de comprender. Muchas de las valoraciones que interviene en un gusto determinado no dependen de nosotros, sino de las influencias que hayamos recibido a lo largo de nuestra vida. El arte, incluso ese al que solemos referirnos con mayúsculas, sólo podría ser juzgado, en cuanto a su calidad, por las nociones técnicas del artista. Lo demás, el sentimiento que inspira la obra y las motivaciones verdaderas de la creación, suponiendo que las hubiera, son cuestiones volubles en materia de interpretación; ya que, suponiendo que el espectador alcanzase la visión del creador con respecto a su creación, sólo estaría vivenciando otra visión distinta a la suya; enriquecedora, sí, pero nunca sería esa supuesta visión objetiva que a todos nos gustaría alcanzar con determinadas obras. No creo, por tanto, que sea posible, ni para el más erudito de los críticos, afirmar que una obra posee una calidad que vaya más allá de la que éste le atribuye. Quiero decir con esto, que un criterio en lo que a lo artístico o a lo poético se refiere, sólo viene a justificar un gusto en concreto, cuya verdadera motivación es siempre un misterio.
Contempla la verdad como un espejo.
Estudia sus matices, sus giros incompletos,
deja que te hiera su delicado filo
para que nada más dañarte
comprendas que estás vivo.
Llena tu cabeza de luz inevitable.
Recorre las orillas invisibles de tu tristeza,
escogiendo siempre tu propia compañía,
para que toda distracción mundana
te conduzca casualmente hacia ti mismo.

No temas. La verdad consuela con el tiempo
a todos los que quieren desnudarse.
Si te guía hasta una fiera soledad,
serás bienvenido en la casa del silencio.
Donde nadie dudará del valor que es necesario
para escuchar atentamente
lo que quieren decir todos.
Cuando sepas qué es la verdad,
vendrán a ti las estaciones con más fuerza,
hombres y mujeres buscarán en tus ojos a sus hijos,
el tiempo de los otros será también tu tiempo
y la vida que has vivido será también la de ellos.

17 abr. 2007

Entre un encuentro veraz y otro venidero
la vida, difícil movimiento, describe sus misterios,
pasa el tiempo y el próspero silencio inmaterial
se convierte en duda que niega su secreto.
La simple realidad a la que no asistimos;
el tiempo que corre sin dueño ni testigos:
son el nexo esencial con lo desconocido.
En él se disuelve aquello que estuvo lejos
por el bien superfluo de lo que perdimos.

Entre un encuentro y otro la vida recomienza.
El eco sombrío del misterio se acrecienta en sueños
para enmendar la posibilidad atávica del cambio.
Cambio que impediría asegurar el centro único
de una cotidianeidad impertérrita tal,
que detuviera el poderoso influjo de la memoria
hasta hacernos olvidar lo que no vimos ni vivimos.

¿Cómo fueron tornando en esto los rostros familiares,
que a menudo resurgen complacidos del limbo de la pérdida?
¿Quiénes eran ellos antes de ser ellos?
¿En qué noche furiosa de otro tiempo
convinieron alejarse consecuentemente del espanto?
Acaso en sus secretos resida la respuesta
a la misma imposición secreta de la vida,
acaso en sus mismos ojos
se repitan sin mesura la nobleza
y el dolor causados por su pérdida.

9 abr. 2007

Se suceden las tardes de luz reminiscente,
las amistades, los fracasos, las preguntas,
las fuerzas silenciadas por un claro motivo.
Acontecen, tercamente, el deseo y la indolencia,
las casas en que habito como un extraño sin futuro.

Avanza, sombrío, el terror plausible,
la canción de la voz infinita de la pérdida.

Me escondo en mis entrañas, navego a la deriva,
escucho como un perro le aúlla cien veces a la muerte.
Me canso de estar solo hasta maldecir la simple claridad del día.
Es cierto: me estorban las verdades y las noches enemigas.

Así hago arder los blancos retazos del amor,
huyendo siempre hacia donde no hay salida.

Persigo una sentencia, un juicio antiguo.

Pero el daño ya es la vida.

8 abr. 2007

Nunca he sido quien he creído ser.
El drama que viví pudiera ser un sueño,
la realidad ambigua de algún mágico libro
por el que creí entender y dar sentido.
¿A qué? A lo que no tiene sentido de mí,
jardín de venideras primaveras muertas.
Reflejo de lo que soy, si lo que soy es algo,
es el verso por el que nunca fui,
el drama verdadero que me corresponde
es el de no ser sino lo que debí decir.

6 abr. 2007

Fueron algunas horas de desvelo.
Presuntas horas de apatía marchita
lentamente consagradas al silencio,
las mismas que iniciaron el proceso
de absurda rebeldía ante el absurdo.
Conviene ante la noche olvidar sin más,
dejar atrás los entresijos del día iluminado,
para recomenzar desde el primer vacío
el siguiente amanecer,
el primer día sucesivo.
Pues ante la noche el vigilante accede
a contemplar desde la sombra interior
el reverso del orden cotidiano.
El insomne, en su turbia soledad supone,
que su mente abarca el retorcido laberinto
del que son presa los durmientes.
Los durmientes, sin embargo, no suponen:
habitan cada noche el inframundo
de su propia conciencia indescifrable.

Al siguiente día la vida cobraría otro sentido.
Los hechos se encadenan con brutal lucidez,
mostrando la trama secreta que siguieran los días.

Pues no hay final alguno en el principio de la noche.

Aunque tratemos de recomenzar a diario,
la vida continúa irremediable,
aunque olvidemos con cada nuevo despertar
los detalles más aciagos del pasado.

2 abr. 2007

El mar celeste reclama lo que es suyo.
Cuando alguien se detiene, infinito,
a contemplar el mar que lo contempla
el mar al fin obtiene, por un día,
el juicio taciturno del que observa.
En una primavera fugacísima
de hace más de diez años,
en un puerto que callaba al horizonte,
observamos el suceso cotidiano,
el solitario hueco que forma entre sus manos,
el mar antiguo, testigo de la vida y sus fracasos.
Contuvimos la respiración,
pensamos que en el mundo
el mundo es otra fábula de espacios,
contiguos al amor y al horizonte.
Pensamos que en el mar el hombre sabe
que no puede durar más que lo amado.

El tiempo es una hondura singular,
tejida brevemente por gracia de la nada
para hacernos creer que todo pasa.
El mar, no obstante, desmiente con su fuerza
la fuerza constreñida en un solo segundo.
En el abismo azul de su conciencia sagrada
el tiempo es infinito, se extiende incognoscible
ante la mirada incrédula de aquellos pensadores,
llenándolos de incertidumbre, de sueños, de nostalgia.

Aquel amigo y yo envejecimos un segundo
para que el mar pudiera contemplarnos.
Vivimos para que el mar pudiera contemplarnos…
Y el mundo desapareció por un segundo.