28 mar. 2007

EL CULPABLE



Aquel hombre culpó al sol naciente cuando llegó el verano. Al gobierno culpó, demonio viejo y fascista que le privó de todo, sin que él supiera qué decir mientras se iban. Culpó al amor, a las máquinas, al espasmo y a la orgía. Solemnes, los cuervos sonreían… porque culpó a la lluvia un día tan azul como la vida. Culpó al cielo de su culpa. Culpó al niño por ser niño. Culpó la sangre ajena al no ser suya, a los muertos de todas sus mentiras.

Si aquel hombre no hubiera despertado nunca, nunca habría encontrado en el espejo el verdadero fuego de la culpa.

26 mar. 2007

Cuando el centinela distraiga su atención,
fijando su acérrima mirada en horizontes vacuos,
sentirás abierta la puerta luminosa de su estancia.
Lugar inaccesible para el ser consciente,
por el que deambulan en secreto venideros actos.
Sucesos escritos de antemano,
legibles sólo para quien carezca de esperanza
se producen en la estancia vigilada.
Extraños sueños infantiles, que acaso revelen el destino,
pues los niños sueñan con lo que ya saben
hasta comprender que el sueño es la mentira.

25 mar. 2007

Deja tras de ti la íntima sospecha,
el agravio de sentir lejos todo lo que te rodea.
Las horas que pasaste con ellos,
quiénes dijeran ser fieles merecedores
del último capítulo de tu libertad,
no enmendarán el fracaso lícito
de una voluntad más fuerte que el olvido.
Si a su lado estuviste, fue por no estar solo.
Si al final te acostumbraste, calladamente,
al molesto estímulo de su triste burla,
de algún modo venciste ante ti mismo.

Procede ante la vida igual que ante la sombra,
dejando tras de ti el peso de su engaño.
Pues el corazón merece lo que anhela,
sin que haya posibilidad de ignorar su pálpito.

Aunque sea en soledad, algún día escucharás contigo
el extraño discurrir de tu propia sangre. Si ha de negar,
niega por ti mismo el mal que la amistad
puede causar a quien aguarda lo imposible.
Si ha de asentir, ya sea ante el dolor causado
o ante el amor injusto; afirma con tu sangre,
con toda la voluntad que nazca dentro de ti,
afirma lo que bien sabes podría sostenerte
hasta el cumplimiento de todos los presagios.

Obedece, pues, el mero susurrar de tus sentidos
cuando no haya prueba alguna del destino.
No consientas por miedo, ni por amor te calles.
Porque el ardid más terrible de la soledad
te podría llevar a conformarte con nada.

24 mar. 2007




Siento la palabra, su fulgor extraño.
Allí, donde brilla nuestra primavera,
se entrelazarán las voces del poema.
Antes o después se abrirán las fauces
de un animal vanidoso capaz de devorarnos.
Siento la palabra, su tono errático
producto del desorden y el engaño.

Si la bestia consiente que amemos,
amaremos como exiliados del espíritu
vagando desde ayer en busca de lo que ya saben.
Si no, aunque el diezmo de nuestras oraciones sea
pensar a menudo en el infierno, crearemos,
no sin cierto desdén, el mismo reflejo de lo cotidiano.
Siento la palabra, muerta siento el alma;
reflejo del incoherente deseo, del temible lazo.
En los cortejos fúnebres de la noche
siento la palabra invadiendo el caos,
allí, donde brilla nuestra primavera,
siento la palabra, su fulgor extraño.

20 mar. 2007

Cicatriz de la utopía, el tiempo te sentencia:
ayer eran arpegios tejiendo su armonía.
Hoy son ya cadáveres al sol indiferente.

Felices fuimos, felices e inconscientes:
primerizos que cantaban la verdad propia,
lejos de la norma impuesta por el odio.
Hoy son tus desvelos, la sórdida experiencia,
el torpe proceder de un juego cruel
que proyecta cada ausencia al infinito.

Cicatriz de la utopía,
límite del cielo…
Hoy son sólo náufragos, roídos de salitre,
perdidos en la playa muerta del silencio.
Cuántas veces habré visto, irradiando de ti,
entre abismos, las luces invisibles del instante.
Se convirtió en costumbre venerarte,
trepar hacia la altura en busca del cobijo
que sólo podía reportar tu imagen ideada.
Tanto vi de la vida, por esa, tu imagen,
que aunque fueses todo lo imborrable,
al final, de ti no podía ver nada.
Terminé por olvidar quien eras;
de tanto contemplar tu imagen primera
supuse que existías acaso porque sí.

Del reflejo inverso,
de ti, ángel, en mí,
hombre o demonio;
surgió, fugaz e ignoto,
un ser único y ciego por el amor velado.
Un ser que todo lo abarcaba,
que confundimos con la nada
cuando nos miró, perfecto y completo,
frente a frente desde su centro absoluto.

Después, la huída, el adiós, el caos prefijado:
negar lo ya sabido a fin de perpetuarlo.
A fin de comprender que todo desaparece
en nombre de la vida
cuando no tiene contrario.

19 mar. 2007

Tu recuerdo resbala entre los pliegues de la sombra.
Distancias pobladas por tormentas y ángeles hacinados,
nocturnos mercaderes de tristezas, ninfas y pensadores…
febriles reminiscencias agotando nociones de la vida.
Y las estrellas se abren paso entre cadenas,
invitan a buscarnos en las redes consteladas
como si en verdad tú y yo supiéramos del cielo.

Te corresponden algunas horas escritas sin nadie,
el largo abrazo, las lluvias complacientes de mi alma:
cantos verticales que nunca sirvieron como excusa,
más que para llorar la solitaria desnudez del infinito.

(El diezmo de tu amor son las palabras.)

Así te digo…
que todos nuestros cuentos son narrados por el hado,
que aún queda un reencuentro al sur de la inocencia.

Y que será tarde si falta la paciencia:
los signos son sagrados y el mundo está cifrado
en los versos que olvidaron traernos las palomas.

15 mar. 2007

Todo nos ata al presente.
Todo lo que percibimos -luz y tiniebla-
se enlaza a modo de sinfonía sensitiva
para educar la conciencia en lo efímero.
Basta con prestar atención,
dejando que el estímulo fluya leve.
Pues el presente es eso. Percepción,
conocimiento unívoco de la realidad
estrictamente convenido por la razón.
La razón, junto con los sentidos,
demuestra que todo es lo que es.
Sí. Todo es lo que es y más allá
la muerte es el enigma de la luz.

Estos dogmas, sin embargo, no revelan
la extraña potestad de nuestros recuerdos.
Aunque evoquemos el pretérito
como un sueño que se desvanece inexistente,
la experiencia también educa la conciencia
como otra oscura forma del presente.
Lo pasado esconde su propia realidad,
compone en secreto sus propias leyes
y acaso busquemos en sus caprichosas aristas
la esperanza de comprender el futuro.
No obstante, el presente nos sigue seduciendo.
Como a los animales la música del instinto
nos reporta el calor de lo simple, de lo concreto.

Si trascendiéramos todo lo que percibimos,
-el cielo cotidiano junto con el cotidiano cuerpo,
la voz que nos consuela, el sabor y el aroma perfectos-
el tiempo daría paso al trasmundo de la eternidad.
Y así, muertos o vivos,
llenos de luz o de odio,
comprenderíamos que el presente
es sólo una vaga sombra de realidad.

13 mar. 2007

Mientras ella se entregaba a la plenitud,
-el roce más que delicado, su tacto infinito,
las ofrendas que guardaba entre las sábanas-
alguien como yo forcejeaba con el viento,
encubriendo el crimen de la mañana.
Alguien como yo se acercaba a la puerta
que no conduce sino al olvido, cuando,
desde las lágrimas, despertaba el moribundo,
el amante despechado de la pasividad.
Vieron, ella y alguien como yo, pasar el calmo
fundamento de la creación, el río luminoso,
las horas complacientes de la verdad
hasta el último día de esparcimiento.

Y ahora, alguien como yo despertará atenazado
por la cruda posibilidad de un declive,
por la pérdida del enemigo abatido y por el odio.
Mientras ella, -el roce sigiloso en la vigilia-
ahonda en las razones que la llevarán a traicionarle,
alguien como yo pensará que yo soy el culpable.

11 mar. 2007

El justo término medio.



El dilema no son los gestos retorcidos por el hecho,
la farsa que comienza con un malentendido
después de distinguir la burda opción moral
que más contribuyera a la virtud. El dilema,
esa cascada intermitente de acciones secretas,
ese ojo que decora las estancias íntimas del dolor,
se acerca más al prefacio de un mal libro;
en el que el autor justifica la razón de sus sueños
para después decir la verdad al lector desconocido.
Si nos adelantamos sigilosos a la posibilidad cierta
de que toda complacencia sea fruto de la debilidad,
nos exponemos, no sin cierta infamia,
a ser víctimas de un criterio envilecido
a fin de obedecer las lecciones estériles del alma.
No obstante, si prescindimos de todo ejemplo,
si nos mostramos crueles con nuestros deudores,
si no apaciguamos el cruel canto de venganza
en la misma medida en que éste ensordece el ánimo,
seremos recibidos por toda noche sucesiva
en el mismo laberinto cíclico de espejos
que refleja la sencilla simetría del amor,
alimentada por el eco interno de justicia
que no podrá ignorar quien gritó primero
en la extraña hora del horror.

7 mar. 2007

No sé por qué esta noche triste.
Afuera el alumbrado parece antiguo,
en las calles se respira un sórdido silencio,
que podría entrar a hurtadillas en mi casa
en este mismo momento.
Sin ningún murmullo interno,
la noche se llena de extraños animales salvajes.
La noche avanza con su pabellón de muertos,
en busca de aquellos que podrían ser mejores.
Sí, todo esto es la noche. La triste noche.

¿Y no será también esto el destino del hombre…?

Son las grietas del olvido lo que veo,
son los ojos de algún niño los que miran.
Sin embargo, se trata de una noche triste.
Pues no hay camino alguno de regreso:
la vida, como el tiempo,
va siempre hacia delante,
siempre hacia lo desconocido.

5 mar. 2007

Yo que nunca supe distinguir del todo
lo más blanco de lo más negro,
ni el cielo calmo de tu rostro fino;
acabé un buen día rezándole a la aurora
dispuesto a renegar del fuego múltiple.
Yo que he blasfemado para divertirme,
que he cavado mi tumba en lo más hondo de la noche.
Yo que persigo la fe porque sólo puede ser la gran mentira.
Me he alimentado de tantas sombras y miseria
para después rezar sin tregua al nuevo día.
Ataviado con la misma fuerza que rompe en las colinas
contra el caballo negro enloquecido, aquél,
que relincha furioso en nombre de la tierra
para empezar de cero al final de todo
Cuídense de mí, de todo lo que dije hace tres días,
aléjense del camino transitado por la hierba
que crece felizmente hacia el sol que la hipnotiza.
Porque ya no sé lo que es mentira ni lo que será cierto,
ni sé si creo para morir o para olvidar mi suerte,
creo porque estoy vivo y sin embargo creo en lo que expira.
Mi fe son los caminos en los que el hombre despierta
para proferir desnudo el grito de la oración pura,
que nace desde el vientre, que brota hacia la altura;
para demostrarte finalmente, que lo más probable aún
será seguir estando vivo cuando llegue el nuevo día.

4 mar. 2007

El animal doliente acaso te desnuda
para ofrecerte las vísperas de enero,
llenando de acérrima miseria injusta
la juventud que guardas en tu abrazo.

(Pensaré que de tus blancos hombros
pende todavía el vestido albo…
manchado de gris por una brutal infancia.)

Que sólo comprendas las más banales
atrocidades cometidas a favor del ego,
te convierte en el juguete favorito
de cuantos la bestia husmea distraída.
Que de tu sexo se desprendan las mentiras
como instrumento destemplado de la nada,
me recuerda que soy algo más que la moneda
que el inmortal barquero aceptará algún día.

Rosa