27 feb. 2007









Disuelta la mirada en el tráfago del inconsciente,
azarosas expresiones revelan una música de fuego.
Danzan y mueren al unísono, en el eje de la sombra,
imágenes que plasmaran sólo el ahora y su vacío.
Vivir el instante, olvidar toda permanencia,
olvidar por tanto la alegría de poder reconocerse
después de haber mirado hacia el olvido.
Aferrarse al presente, olvidar, fluir con premura,
seguir el curso natural que conduce a la muerte.
Ha de haber un reducto de alegría en lo más hondo,
una huella incandescente de eternidad pura,
sólida como el origen maternal que la persona
evoca en ocasiones con sabiduría inocente.
Todo transcurre en el mismo segundo,
lo más lejano sucedió este mismo día,
si el amor conduce la vida, la vida es una,
si no, en fragmentos de locura la mirada se disuelve.
Quien ejercite su mente en la alegría,
poniendo a prueba la realidad que sueña,
aprenderá algún día a mantenerse en lo alto.
(Sobre la endeble cuerda se proponen
blancas sonrisas a un público circense,
que contempla complacido la proeza.)

La felicidad es el avatar inconsciente
de grandes funambulistas, que a veces temen
caer por capricho hacia la oscura red del fondo.
Pues allí, bajo el cotidiano mérito, se esconden
aquellos pensamientos que revelarían a todos
un verdadero exceso de gracia.

Pero mientras algunos tratan constantemente
de dirigir cada esfuerzo repetido hacia la vida,
hay quien vigila el mundo desde la red
después de padecer una caída violenta.

Para ellos la felicidad es una sombra,
un espejismo forzado por la tensión de la cuerda.
Pues comprenden que la vida se compone
de inútiles juegos que al extremo conducen.
Para ellos la alegría es sólo el producto
opuesto al sentimiento de cada caída; saben
que de mantenerse siempre en la red,
se llenará la vida de tristeza y sosiego.

Podrían hallar dentro de cada tristeza
la sutil alegría que ofreciera su opuesto.
Y así habitar siempre un lugar de silencio.

26 feb. 2007

Todo lo escrito permanece en sótanos infinitos;
en la memoria desconocida del árbol y la roca
se fragmenta igual que un laberinto la derrota.
Se esparcen con el viento las abejas y su reino,
viene hasta tu espejo la misericordia; pero todo
resulta ser al fin el juego con que evocas
la inocencia del pájaro que cae hasta su forma.

Todo es materia, forma y forma,
sujeta por leyes de la eterna gloria.

24 feb. 2007

Podría decirte la verdad de muchas maneras.
Pero siempre, aun cuando no creyeras,
la verdad sería la misma. Implacable.

Como los placeres malditos que atrás dejaras,
o esos nubarrones bajo el cielo opaco,
la verdad, por sí misma, revela siempre
la ilusoria inocencia de cualquier anhelo.

Lo que firmemente amamos cada día
redescubrimos a diario. Y pensamos,
que en su nueva apariencia, la belleza,
corresponde a la esencia indistinta
de algo que torna siempre hacia la luz,
algo que añorases desde niña
aun sin conocer su existencia.

Si lo que amas al final resulta ser mentira,
la ingenua proyección de una carencia,
que vuelve insoportable algún defecto
retorciendo tu corazón, condenándote;
piensa pues que nunca amaste.
Pues el amor, cuando se expresa,
es la única forma digna de resistir sin vacilar
la verdad más implacable. La de la propia conciencia.

21 feb. 2007

Extraviado. De los dominios carnales,
sumido en el desventurado oficio de pensar.
Extraviado como un niño en lo más lejano,
en las obscenas fauces de la verdad.
Si mañana procuras prender una vela
cuando debas mirar atrás;
iluminarás el mundo, cambiará.
Porque el camino son tus pasos,
no este repetido círculo ciego;
cambiará el mundo, cambiará,
aunque tan sólo sea para nosotros,
así extraviados por el arte de esperar.
Tristes soñadores de la verdadera realidad,
acostumbrados hace tanto a la mentira,
que solamente aquel amor inmutable
podría hacernos cambiar.

19 feb. 2007

Perdido en silencio tras noches arrasadas,
interrogando al dios único de la decepción,
niego convencido, ante la vida, haber vivido
del mismo modo que vive el creador.
Todo lo que soy lo debo a azares improbables,
sucesiones inconcebibles de caóticos detalles
que alumbrasen, hace ya tanto tiempo,
la esencia esperanzada de un comienzo.
De lo que pienso también aprendí a negar
aquello que vaticinase el fin de una promesa.
A mi trivial empresa entregué la fuerza,
el tesón que podría dedicar a la felicidad
empleado está en explicar la tristeza.

13 feb. 2007

La noche habla para todos.
Su voz, voz silente de la noche,
esgrime el argumento del deseo.
Así sus fieles la escuchan sin saber
que es su voz la que están siguiendo,
que son atemporales esas mismas palabras
escuchadas durante el sueño.
Quien la vive despierto,
ya sea buscando una impropia notoriedad,
el fuego codiciado o la inspiración latente,
la rodea lentamente con su danza primitiva
a la espera de una efímera sonrisa, de un gesto
que garantice nuevamente el perdón de los astros.

La voz de la noche grita su inocencia,
entona su furia como un cántico ingrávido
que podría conmover a muertos y solitarios.
La noche habla del amor y la tristeza
como de una sola cosa, de un tormento
que han de padecer los más hermosos,
los que puedan contener dentro de sí
su vida y la vida que otros alimentan.

Por eso, si te hablo y no es mi voz,
si de la noche quedan restos todavía; sabrás
que ya es voz de la noche, voz impía de deseo,
la que llega hasta ti, arrastrándose desde la madrugada,
para conducirte más allá de la profunda sombra,
para ofrecerte la primera palabra enamorada,
inaudible voz a la luz del día.

12 feb. 2007


¿Cuántas tardes más deberé pasar ausente,
fingiendo acaso ser amado para no rendirme,
removiendo los despojos del tiempo consumado?
Hubo cielos más altos, calles que conducían a la luz,
tardes que sólo podían soportarse desde la melancolía.
Hubo; mas no puede prolongarse lo que empieza
en el difícil límite en que termina al comprenderse.
Presente el ardid de la costumbre,
el hábito de vigilar el paso de los días;
la noche convierte en fantasma la vigilia
mientras el amor, ese hueco de presunta sombra,
se desdibuja como rostro tras las últimas lluvias.
Me aferro a una rutina que resulta absurda,
que consiste en llenar con el mismo pensamiento
los pálidos cristales de la tarde enrarecida.
Pudo ser éste un hábito inconsciente,
la muda imposición de un rito consabido
por el que me sentía más cerca de la vida.
Mas nada de esto se sustenta ahora.
La magia que impregnase la luz de cada día,
se aleja de mis manos como un viento inesperado
que cruzó a tientas el prófugo vacío del instante,
barriendo para siempre su perfecta armonía.
El yo reside en habitáculos solemnes.
Estancias pobladas por fantasmas ausentes,
en las que a solas se debate ciego
entre el nacimiento y la muerte.
Supone a veces un difícil acto de fe
creer en el yo como algo concreto,
un pensamiento perfecto, una emoción,
un artificio que podría preceder a su conocimiento.

Es difícil creer que el yo, ese dueño invisible,
es en verdad algo más de lo que vemos.
Como el gran actor que en jaque perpetuo
supiera tan sólo interpretase a sí mismo,
el yo sabe disfrazarse de los enigmas que ama
buscando que cualquier esencia le pueda ser propia.
Acaso para confundirse con la belleza que observa
asume en secreto el papel de lo ajeno,
como si no le bastara con ser lo que fuera,
como si en su lugar a veces hubiera un espejo.

Se dice que éste reside dentro,
acaso en la profundidad de la entraña desnuda
que sólo responde a las caprichosas señales del cerebro.
Pero si el yo existe, existirá en soledad,
en el estiaje de un río celeste, imaginario,
como navegante interrogado que buscará perdurar
en el trasmundo vacío de los días que quedan.

11 feb. 2007




El unánime desconcierto, emblema de los vivos,
muda cerrazón proclive al regreso de la carne.
El súbito estertor de la paciencia, última falsedad,
agrio inconveniente de una incomparable espera.
Una hora contemplada sin nadie, basta para entender
que la tibieza del horror es señal de indiferencia.
Aunque fuera innecesario dedicar más tiempo
a los indicios que la muerte ofrece cada día,
bastaría con soñar, por una hora, el sueño del amor
para darse cuenta de cómo, entre una distracción y otra,
han ido resollando los ávidos festejos de toda soledad.


10 feb. 2007








Quién dice no percibir la misma expresión,
el mismo fuego que acaso circundara
la ambigua interpretación del caos redimido.
Cómo saber si esta vieja música imposible
derrama de igual modo su luz en tus sentidos.
Cómo saber si es otro, idéntico y distinto,
el ritmo escondido en la dulce intimidad,
así protegida por la hondura inasible del silencio.
Por qué pensar que todo sucede a destiempo,
siempre desde un centro que nunca ha existido.

Puesto que más allá estará todo cifrado,
sólo nos quedará la inspiración imprecisa:
desenterrar la verdad, la palabra adecuada.
¿No sería entonces siempre más hermoso
creer que todo lo sentimos al unísono,
incluso aquel hecho indistinto, aquello
que en verdad no puede ser corroborado?





Listo. Los más avispados ya se habrán dado cuenta de que el proceso creativo de este cuadro ha sido un tanto aleatorio. Comencé por una idea más o menos figurativa, y la cosa acabó en una derivación sobre esos cuadros semejantes a vidrieras. No sé... me interesaba captar un áura por motivos un tanto personales. Pero desde un principio el resultado me parecía simplista y lejano a lo que tenía en mente. Así que opte por un proceso de abstracción en el que se acabaron cruzando las concepciones técnicas de algunos cuadros anteriores. Poco más puedo contarles salvo lo de siempre: que la cámara de mi movil es de pésima calidad y que hoy tengo un día como para salir a pasear.

8 feb. 2007

La disciplina que persigue este corazón
resulta invariable en todas sus formas.
Cimienta el agua todo lo aprendido,
torna viejo e imprevisible por defecto
el sentido del tiempo; esa rara conjetura,
confusión que abarca el instante sucesivo.
Lo que fue, residencia del recuerdo,
no puede haber muerto porque vive.
Lo que será ya ha sido,
por ser también inevitable
fue antes del pretérito.

Y hasta lo que es, es aprendido,
disciplina ajada de lo que vemos.

4 feb. 2007







No te evadas de esta tierra,
de sus sepulcros ajados,
sus construcciones soberbias,
aguas maternas y noches veloces.
Esta tierra te ofrece el paraíso de la tarde,
cuando entra la luz más tenuemente
y los árboles callan para todos, cuando,
desde cualquier lugar del anonimato,
puede observarse un nuevo pensamiento
fortaleciendo la mirada de los jóvenes.

No desdeñes esta tierra, la tierra,
el pan reciente de la mañana perfecta,
cuando la felicidad es un grato deber
para cada ser que ha sido niño.
Cuando los pájaros celebran el olvido
con un canto que algo nos recuerda.

No te evadas de esta noche, la noche,
del fin inconsecuente de la melancolía,
así comprenderás que hay un paraíso,
un brillante reverso para cada sombra,
un azul para cada cielo,
un amor y un momento.
Porque hay un sueño que todo lo revoca,
no desdeñes lo que siempre observas,
no reniegues de lo que tocas:
porque no hay nada, nada más allá,
salvo la tierra prometida,
pretendida tierra que no conoces.


















(Adjunto fotos nuevas de cuadros viejos. Gracias al amigo Reve, esto cada vez se parece más a un blog de pintura)

3 feb. 2007







Aunque todo te convoque a ti,
al otro ser de todos mis engaños,
al enemigo intachable, triunfador,
diáfano enemigo de todo lo imperfecto.
Aunque a ti te aguarden éxitos sujetos
al más sórdido malestar de mi persona,
debo considerarte parte de mi piel,
mi nombre y de la insustancial fortuna
que rige con estrictos cánones
la consumación vital del sueño.

De ti me distingo aunque gobiernes
por exceso la vida que deseo, de ti,
ácido embajador de la mentira, porque,
aunque fuera feliz acaso de tu mano,
moriría el mismo día en que en tu nombre
sellase la fatal traición definitiva.

No me engaño: eres parte fundamental
de lo que algunos elogiaran en mi conducta.
Pues el éxito se compone de artificios inútiles
que degradan el corazón más áspero, relegándolo
a un instrumento para el disfrute ajeno,
cuando en su esencia se asemeja
al viajero que trata de nadar contracorriente.

La muerte, pues, es metafórica,
aunque en su sentido conlleve el sufrimiento
que la verdadera muerte acallaría.
Pues si el artista contempla una faz propia
allí donde impusiera su agradable máscara,
acaso reconozca que ha logrado el éxito
a costa de la peor derrota de su vida.






1 feb. 2007

No comienza ni termina, recóndita
labor inconsecuente de la pérdida,
presunta convicción de lo imposible,
entrega sin principio, amor que rueda.
Si es de azar, insiste, así se integra
en un todo que nunca se descifra,
al igual que el corazón, se pierde,
incompleto, hacia su propia materia,
inapelable ciencia que redime al caos.
¿Existe? El amor es sueño que desvela,
origen que revierte hacia su fuerza
exponiendo su inocencia igual cicatrizada.
El amor se piensa un estertor, una balada,
un otoño que abarca miles de horizontes.
El amor se piensa pero nunca se distingue
de entre todo el pensamiento que lo observa.

Y sin embargo existe.
Existe por un fin que nunca llega,
por un principio retrasado siempre.
Existe porque es causa que supera
el tiempo inconsecuente de sus actos.
Amor es todo y nadie,
amor que llena esta presencia.