31 dic. 2007

Un día me preguntarás,
tal vez mañana temprano
-incluso antes de entenderme-
por qué creeré firmemente,
aunque pasen los años,
en tu tristeza desnuda.

Por qué te hablo desde la noche
en busca de una clara respuesta
cada vez más oscura.
Por qué te quiero incondicionalmente
cada vez que aflora el llanto
desde la oquedad de tu vientre.

La razón es sencilla:
presta atención a la gente.
Verás que no hay nadie en el mundo
que sea capaz de fingir
el modo en que todo se pierde,
ni el ruido infinito del tiempo,
ni la sombra que todo lo puede.

Verás que algunos se ofrecen,
a fin de evadirse mintiendo,
a ganar la alegría que otros
abarcan desde un hondo secreto.

Mas la tristeza nos lleva a lo cierto,
a la verdad simple y última
de no poder guarecernos
en nuestro propio silencio.

La tristeza no puede fingirse.
Por más que esta otorgue
un sentido completo
a la verdad de estar vivo,
nadie sabría, ni querría fingir
el mal que nos hace imperfectos.

Retrato de una filosofía abstracta


27 dic. 2007

Confórmate con esa vida
que guardas en el recuerdo.

La memoria es sombra pura,
atajo que un abismo recupera
en pos de otro presente.

Pero aunque la sombra prevalezca,
siempre contendrá algún momento
que la nostalgia perfeccione
cuando el mundo se detenga.

Recuerda, tú que has pisado la luz,
que has habitado la alegría ciega
de estar debidamente agradecido;
recuerda que los años corroboran
el sitio que a la luz le corresponde.

El tiempo agota la creencia
de vivir acorde a un sueño.

Confórmate, pues, con la vida
que guardas en el recuerdo:
la infancia inacabada,
el gesto de aquel beso.

El día en que empezaste
lo que por ti ya estaba hecho.

Si no quieres ser lo que ya eres
-esclavo de secretos sueños
dictados por lo imposible-
confórmate con esta vida.

La vida irresoluta
que guarda el dulce cáliz
de todos tus recuerdos.

25 dic. 2007

A ti, otra vez, porque no estás sola...




Sé que entre nosotros
aún queda un poema,
una estancia para la tarde,
un verbo para extinguir el dolor,
paciente e inconcluso,
que lo dirá todo.

Todo lo que nos queda por decir
se filtra por entre las rendijas
anaranjadas del deseo.
Todo lo que nos queda por decir
nos quita la palabra desde el aire
y nos devuelve un día de más,
un espejo de menos.
Un invierno sin lluvias ni molinos,
sin cantos ni promesas. Sin abrigo.

Sé que el poema que queda entre nosotros,
incierto como un niño que dormita
en la blanca bañera de agua fría
con las blancas yemas arrugadas,
nos espera al alba
con sus versos trémulos de piedra,
sus esquinas de sol y su indulgencia
inexplorada como un sueño sin testigos.

El poema que queda entre nosotros
se escribe si escuchamos la marea
rompiendo contra el día.
Tu voz frente a mi voz,
mi voz frente a la tuya
reescriben la memoria de las noches
en que éramos ajenos a nosotros,
ajenos al poema
que escribe poco a poco
esta lucha contra la inconsciencia,
este delirio de verdades
que ganamos frente al tiempo
para no estar solos.

23 dic. 2007








Hablemos de la vida,
de la juventud que duerme
impertérrita y doliente
en su negro asilo de excepción.
Hablemos sin saber,
como hablan aquellos charlatanes
que saben ser felices
hablando.

Aunque ya no quede por decir
más que la última palabra,
hablemos del dolor y la inocencia
que invaden el silencio interpretado.
Hablemos hasta recordar el amor:
el lacónico canto del niño exhausto
que vino a morir en tus brazos.

Quién se sirviera de tus besos
como el amante maldito se sirviera
de la sombra amada de otro cuerpo.
Como la desnudez del extraño
se sirviera de la confianza común
hasta apresurar el llanto.

Hasta llenar un instante árido
hablando con tristeza del pasado.









Foto: Retrato de mi madre (Juventud)

22 dic. 2007






Y bajar a los infiernos, morir
para merecer los amores
de una mujer compasiva.
Y huir. Huir de la luz
hasta sentir añorar el día
en lo más hondo de la carne ciega.

Y morir cuando la noche llega,
y olvidar cuando el amor comienza.

Y sentir hasta sangrar,
y sangrar hasta vivir.

Y desnudar el alma muerta
para que renazcan las palabras
desde las sombras del silencio
hasta el último beso intenso.

Y bajar a los infiernos -morir o renacer-
para ser digno de toda la belleza
que pasa desapercibida
dentro.


21 dic. 2007

Poética








Alzando teorías me alejo de la vida.
Reduzco el cuerpo de la flor
a una triste aproximación
que bien podría ser mentira.
Quisiera el pensamiento percibir
la esencia fértil del silencio
que habita el alma de las cosas.

Pero yo quisiera poder nombrarte a ti,
que tú fueras el nombre que te invoca.

19 dic. 2007

Sin título


Bailemos

Bailemos al amanecer lo que dura un beso.
Que somos testigos de excepción
y viejos admiradores secretos,
hijos de la más profunda tristeza
y favoritos de este fuego eterno
que se extingue lentamente.
Los continentes, el tiempo, la tragedia
no deberían importarnos a nosotros,
que sabemos que esta música inaudible
nace en el vacío que soporta el corazón.
Bailemos, bailemos… Al amanecer,
como graciosas marionetas del deseo
entre las ruinas de la noche; amando…
Amando bailemos, soñando la alegría.
Qué importa el orden de este mundo
o el frío vuelo de todos los aviones.

Qué importa la calle del olvido
si ya hemos sido tan pacientes
que alcanzamos a postergar el comienzo.

Bailemos al amanecer lo que dura un beso.
Lo que dura un beso en la distancia,
aunque nada pueda ser eterno.

18 dic. 2007






Son los últimos silencios de la tarde.
Se demora lento en las ventanas
un triste pájaro que sueña febril
con los límites del cielo.

Roza el invierno mi mirada,
acecha la verdad en el horizonte.
Se presiente el verso en la palabra
igual que un cataclismo en los colores.
Recuerdo el timbre exacto de tu voz,
el tono en que me hablabas sonriendo
al comenzar de nuevo esta extraña tarde.
Tu voz en el teléfono se alarga, resplandece,
contribuye a que me pierda en los sonidos
que emite diariamente la distancia.

La distancia,
ese conjuro del presente
que nos ata y nos aleja
de un modo imprevisible
a las palabras.

Y ya la tarde termina,
son sus últimos silencios.
Las palabras -las voces y los ecos-
se funden en una leve música.
Ya la tarde termina.

La soledad sólo concierne al extraño.

17 dic. 2007

Ayer ardieron los retazos
del tejido que es la vida.
Nada queda de la fábula funesta
que escribieron por nosotros,
forzados comensales en la mesa
donde se sirvió la falacia
de la vieja hipocresía.

Ayer quemamos la madeja
de nuestras complejas relaciones sociales.

Por eso
quiero ver la luz del nuevo día
deslizándose como un susurro perezoso
por la quietud de tu rostro.
Por eso,
porque ayer arrojamos sobre esa misma luz
la materia superflua de nuestros ciegos actos.

Ya sólo nos queda lo que somos.
Entraré a mediodía en tu cama
y lloraré una lágrima secreta,
y creeré, acaso porque estás conmigo,
que aún me amas como a un niño.
Porque no basta el ser lo que somos,
aunque lo demás sea el falso exceso
que nos conduciría a una muerte fingida.

15 dic. 2007

Tal vez me buscabas desnuda,
como yo a mi sombra buscaba
desnudo entre la multitud despavorida.
Tal vez tu sombra callada ha arrastrado
el peso invisible, la huella olvidada
de un segundo infinito,
de una estancia en la nada.
Tal vez y sólo tal vez,
aún quede otra forma sencilla
de atar el calor de mi sangre
al frío temblor de tu silencio mudo:
esa triste guarida, sombra anegada
tras los ruidos secretos
del alma que ha huido.

Sólo tal vez, porque un día,
un solsticio cualquiera,
una aurora distante
acalló la tenue voz del poema
dejando apenas la duda de un todo,
una página en blanco,
una herrumbre de luz intranquila
que se bifurcará despacio
en las lluvias del tiempo.

Tal vez. Y digo tal vez.
Porque los grises recodos,
pasos tardíos, ecos errantes,
que muestra este verbo angustiado,
esconden también tras su fondo
mi triste guarida, mi voz anegada:
la desolada memoria del llanto.

13 dic. 2007








Hace tiempo –quizás años-
que escondo en mis valijas
el naipe extraviado
de cierta partida imposible.
Jugué, como corresponde al aciago,
el mal juego que el destino
le reserva a quienes han perdido
la razón de sus pasos.
El azar, compañero maldito, tirano
que rara vez entibia los anhelos
del hombre encolerizado,
observó en mis cartas el signo
trazado de mi ancestral fracaso.
Como corresponde al aciago,
presenté con calma una excusa.
La razón, perdida de antemano,
atribuí a un falso cansancio:
- he de irme. Para mí es tarde…
Y el amor no sabe de retrasos.

Sé, como corresponde al jugador insano,
que la partida debe decidirse despacio,
descartando el último naipe marcado.
El naipe extraviado que algún día
el destino y la mentira
querrán jugarse conmigo
para concluir su fatal llamado.


No sé cómo el amor, ese destello,
se borra de nosotros, los voraces;
apenas una esquina, un vericueto,
nos tuerce los silencios,
robándonos las paces.
Tampoco sé cómo la sangre
altera derrota por derrota,
ni besos rotos en la tarde.
Los nombres claves:
el dolor,
la falsa hora,
el nuevo viaje.
No sé si vengo de la sombra,
ese elemento oculto en el poema
que calla lo que sabe,
que sabe y nos controla
desde tus blandos pasos de amapola
hasta la curva abierta de mi espalda.
Así pues, me limito a decir
con incierta saña enamorada:
este es nuestro amor,
bailemos al ritmo de sus horas.
Su tibia sangre empapa
los rojos horizontes
de roja sombra consumada.

Gracias, mi lejana musa, por las correciones y por todo lo demás...

6 dic. 2007

Cuando te vayas, cuando te hayas ido,
definitivamente, de todo pensamiento,
del espacio vacuo que preservo
contra todo lo que pienso.

Cuando no estés,
siquiera en los silencios
que fuerzo por tu ausencia.
Siquiera tras tu ausencia.

Cuando te hayas ido, definitivamente,
de donde no estuviste, perenne,
despierta más que en sueños.
De donde no estuviste
más que huyendo de tu nombre,
más que amando -amor incierto-
la tierna brisa del momento.
De donde no estuviste
habré de regresar, mintiendo,
seguro acaso de salvar
la sombra del paisaje muerto,
que desde ayer, te ofrezco.

1 dic. 2007

máscara (versión definitiva)


La noche y tu rostro


Para ti, que guías algo más que la noche


Todavía conozco mejor la noche
poblada por soñadores huérfanos,
que tropiezan contra el insomnio.
La noche ha sido el reino que perdí
por derrochar, a solas,
tantas madrugadas fúnebres.
He recorrido sus sombras infinitas,
en busca de un rostro como el tuyo.
Mas, todavía, conozco mejor la noche
que la cifra inexplicable de tu rostro.

29 nov. 2007

Aunque el amor sea un sueño
y sueño sea también la muerte;
antes siquiera de ser sueño
será la vida un solo pensamiento.
Una razón tejida con palabras
nombrará la noche venidera
antes siquiera que el amor
sea sueño o voz quimérica.
El amor, antes de ser amor,
será sangre oscura en el poema.
El amor, antes de convertirse
en fuerza extrema o ilusión,
será el poema de la perfección
o no será más que sombra
de un deseo hiriente,
ardid de una vieja intención.
Sombra o sueño, razón o dolor,
el amor siempre será distinto
de aquel sueño anterior a dos.

24 nov. 2007

Silencio

El silencio no es silencio.
Es una pregunta infinita,
que sólo tiene respuesta
en el silencio.
Tras ese silencio nos aguardan
afiladas palabras, que los oídos
se obstinan en tergiversar,
como si en un burdo soliloquio
ardiera otro silencio.
Silencio y más silencio…
Porque apenas todo son palabras,
el silencio me atraviesa
con su óbice de nadie,
derrotando apenas esa voz,
que no puede nombrarme.

23 nov. 2007

Entrega todo lo que puedas entregar.
Todo lo que tu juicio admita.
Entrega las sombras que conservas,
el ademán cansado y el instinto;
incluso el verde irresoluto, que en los parques,
llenó el tiempo sin medida que perdieras.
Entrega todos los pesares,
pues fatigan vanamente.
Pero guarda, para ti mismo,
una porción de soledad infinita,
remanso claro de tristeza,
que refleje, cuando quieras,
esa frágil luz milenaria
que forma la tarde nueva.

17 nov. 2007

La tristeza de las máscaras






En noches como ésta, percibo la tristeza de las máscaras. Lo que hay tras ellas, desvelado, es hermoso y corriente. Oculto, engendra la vergüenza.


12 nov. 2007

Lo extraordinario

Lo extraordinario. El azar, la locura.
La breve pausa sin descanso,
que se interpone, al conmoverte,
entre dos actos.
El juego impredecible que termina.
La luz sobre la noche.
La noche sobre el tacto.
La lluvia, rítmica elegía.
El paso frenético y casual:
la fiebre que es la vida.

Lo extraordinario, más allá…

Lo que aparta al día de la calma.
Lo que asombra, la ceguera,
interrumpe nuestros hábitos.
Aquel día de enero
nos emplazó en lo imposible;
mas no supimos descifrarlo.
Y en lo imposible terminamos,
sin saber, si lo extraordinario
era parte de otra vida,
o todo era extraordinario.

9 nov. 2007

Cualquiera puede saber,
desde la primera incursión al paraíso,
qué gestos, qué palabras,
tejen el velo aciago del desastre.
Basta poner un solo pie indeciso
sobre la humana tierra del deseo,
para sentir temblar el aire,
con la fría promesa del delirio.
No. La tierra no es el paraíso.
Los hombres que la habitan
no sabrían disponer de su belleza.
Porque la soledad corrompe…
Y los hombres viajan solos…
Porque cualquiera exigiría,
como deuda a su tormento,
el amor que a nadie pertenece.

Ya desde la primera huella,
más allá del claro sueño,
cualquiera puede presentir
aquello que divide hasta la nada:
el irremediable error que buscan los amantes,
estará siempre escrito, a media voz,
en sus primeras palabras.

8 nov. 2007

Y todavía, a ratos me aleja con su juicio
de la tarde sitiada por espejos que aúllan.
A ratos pienso, cavilo entre inocencias
el rito fugaz que la palabra empieza,
cuando ella me detiene ante la noche
y me llama a contemplar un cielo antiguo.
No supe nunca cómo, mas me urge
reconducir el orden de la fábula
que hace realidad lo que tememos.
La vasta flor del sueño me seduce
con una eterna madrugada en vela.
Con la vaga sensación constante,
cotidiana e íntima sospecha,
de no haber sido nunca de ella.

El jardín de los delirios


28 oct. 2007

¿Y así, quién soy yo para hablar de la noche,
para interponerme entre la verdad y la sombra;
quién, si en la sombra estará escrita
la verdad de todo cuanto muere al pronunciarse?

Si la noche se repite y alberga una creencia fija,
son estos ecos raíz indescifrable de mi nombre.
Porque tú, que acaso lloras cada día,
contemplas todavía las noches no resueltas,
y preguntas sin palabras por nosotros...
y una nave que se aleja te responde...
mis palabras se confunden a menudo con la nada,
describiendo siempre el aciago círculo
que comprende en estos casos el regreso.

Si en cualquier día te hablara de la noche,
ahondaría en los lúgubres festejos de la tarde
que anunciara la caída miserable de los astros.
Me mantendría en las ventanas quietas
imitando a la muerte en los espejos,
y lloraría el grito y la ceniza de lugares
arrasados por la luz de una palabra.

No. No quiero pensar más en la noche.
Me deshago de todos mis silencios,
ya que quiero procurarte otras auroras
que no traigan en su instante escrito
el triste signo de un final inevitable.

óxido (Versión definitiva)


desnudo (versión definitiva)


Atardecer sin árbol (Versión definitiva)


La mujer del arco iris (Versión definitiva)


24 oct. 2007

Multiplicidad






Esta exposición abarca distintos momentos de una “búsqueda ilusoria”. Búsqueda, que por otro lado, no podré verificar hasta que no halle aquello que aún permanece velado, intacto en el fondo de mí mismo. El proceso de creación, ha sido, hasta ahora, un tanto dispar. Esto, que realmente es algo bastante común, ha supuesto que cada uno de los cuadros expuestos sea reflejo de una “idea” independiente del resto. Pues aunque en ocasiones se toquen temas similares, no creo que se pueda hablar, a día de hoy, de una visión unívoca que englobe la totalidad de ésta, mi obra.

Cada óleo muestra y oculta un instante desligado, cuando no contradictorio, en referencia al resto. No obstante, -creo-, que si el espectador toma conciencia de esto, y comprende que cada textura ha sido tramada por la misma mano; podría llegar a observar con suma facilidad cierta cohesión; incluso un compendio de instantes, que, aunque en apariencia, nada tengan que ver entre sí, irían unidos por la propia voluntad creadora que cualquier hombre alberga. Gracias a esta voluntad, nuestra propia identidad no se diversifica hasta el extremo de quedar irreconocibles ante nosotros mismos o ante el resto. Esta multiplicidad, a la que trato de remitirme ahora en mi obra, irá siempre guiada por la intuición secreta, por la sabiduría de ese “otro”, que en realidad, somos nosotros mismos.




Texto para la exposición "óleos", que tendrá lugar en la cafetería Bulan. Del 25 de Octubre al 15 de Noviembre.

(Sin título) Versión Definitiva


Ejercicio Aleatotorio (Versión Definitiva)


Jardín (Versión definitiva)


Retrato de mi padre


Rosa (Versión definitiva)


20 oct. 2007

La otra luz del día.




Donde debería estar la felicidad, el eco sordo de aquel instante. El misterio que hacía soportable su miseria, aparece abierto, desnudo, implacable. Desvelado, al fin, por la tediosa luz que ha manifestado el día. La imposibilidad de amar, de proseguir acelerando el cauce de las horas; le convierte en un extraño, transparentado ante su propio amanecer y ante sí mismo. Pero el ritmo fortuito de sus pensamientos le distrae. La sombra que ocultara ese rincón vuelve a su lugar; haciéndole olvidar, que por un momento, la cifra de su nombre y el nombre que ha creado, han desaparecido ante él, despojándolo de cualquier grandeza ilusoria.




19 oct. 2007

exposición


Cartel para mi próxima exposición en el Bulan.
Será el jueves 25, sobre las 8:30 / 9:00
Están avisados.
Pregunto qué será la nobleza de los hombres:
cantarle a la fuerza incesante de los días,
o llevar la tristeza escrita en la palabra
como una herida inexorable,
que cimiente el paso de las horas.

Porque morimos a fuerza de callarnos
el tiempo es el puño que recoge
los frutos que guardáramos del hambre.

Y así la vida pende, como otro fruto inútil,
que sostienen los hilos invisibles de la aurora.

Quien lleva escrita la tristeza en la palabra
desnuda lentamente su ánimo en silencio,
ofrece sólo la verdad de su momento
hasta que de éste no puede quedar nada.

Cantarle a la fuerza incesante de los días,
conlleva amaestrar lo inexorable; y así,
pese al canto o la locura, sonreír toda la noche,
cantando a lo imposible de un deseo inexplicable.

Llevar la tristeza escrita en la palabra.
Llevar la sombra inherente a cualquier momento,
escrita en la voz, como un hecho casual,
que nadie pueda llegar a comprender completamente.
Y sin embargo,
divisar acaso la paciencia natural
para amar sin comprender;
para amar lo que no ha podido comprenderse
tan fácilmente.

Ha de ser esa la nobleza de los hombres…
amar sin juicio alguno.
Llorar tristes palabras.
Vivir, pasado ya el momento,
la vida como algo inestimable.

15 oct. 2007

Sombra en entresijos, anochecer voraz.
Querencias que el silencio arropa,
bajo la apariencia de un instante más.
Amenaza el sueño. Insiste la verdad.
Verdad hecha y sueño de lo que no está.
En gélidos sótanos negros,
en hogares austeros en paz,
de la mano de un niño ciego
se nutre este bien y su mal.
En los tumultuosos recuerdos,
que lindan con la desidia; muere,
ofreciéndonos su venganza,
el animal sempiterno de la infancia
que clama esta nostalgia junto al mar.

Bajo la apariencia de un instante más…
un instante más real que ningún otro.
Es el tiempo que ha pasado
sobre el tiempo de un amor mortal,
mortal como la palabra nueva:
palabra que fuera testimonio
de lo que no se puede nombrar.

13 oct. 2007

Mis ojos reflejarán lo incierto de las calles.
Tú pasearás tu desnudez bajo la luna.
El nombre de los otros será una melodía,
que anuncie sutilmente el tiempo de la espera.
Los niños que hemos sido, a todos robarán el fuego;
los límites que hollemos serán de carne y hueso.
También de carne y hueso, acaso de inocencia,
serán para nosotros la ternura y la clemencia.
Porque a ratos miraremos sobre el mismo mar,
los pasos fugacísimos de una madrugada nueva.

Y todo contendrá un matiz de sueño.
Una brizna de azul, un misterio;
un verso que nazca hacia la luz
en busca del temblor que oculta este silencio.

10 oct. 2007







Hoy las palomas volaban como las palomas del poeta. Simples y obstinadas. Algo anunciaban… Todo amor cobra forma en una imagen desesperada. Una imagen que retorna hacia sí misma, asolada por sí misma, llena de sí misma. Hasta que al fin se refleja en sí misma y acontece en secreto. Todo amor acontece. Aunque sea un tejido de jirones miserables, sucede que abriga el alma lo suficiente como para no morir en silencio. Quien ama sabe parecer feliz y no serlo, y hasta serlo y no parecer atrapado en una imagen ideada. Los que aman, resueltos a existir, se escuchan a sí mismos desde muy lejos. La voz reencontrada en la profundidad de su propia naturaleza, parece dirigirse a los vientos, azares de nadie que encuentran dueño en quien los nombra. Hoy las palomas se entregaron a ese viento letal, que acaso sepa regir el destino de los que se perdieron más allá; y mucho más allá de su propio y fatal silencio, volvieron a hallarse.
¿Qué cosa en la inmensidad no será destino, solicitación, amor, misterio?

Hoy las palomas volaban como las palomas del poeta. En tus manos sentí desnudo el universo.


8 oct. 2007

(Pero el beso no esperado es una sombra:
se expande como brisa sin camino;
refleja las espinas de esta hora
escondida desde siempre en tu regazo.)

7 oct. 2007

Llamado

Deja en tu reino el estruendo sordo del recuerdo.
La forma del oleaje ennegrecido acontece
como un impedimento puro -casi sagrado-
que acogiese nuestra furia con estáticas cadenas.
Se avecinan continentes invisibles; vidas foráneas.
Raíces insondables que aquel delirio aciago
podría hacer cambiar desde la razón herida.
Deja en tu reino la palabra, los ángeles tardíos.
Sabrás que el nimio firmamento de tus ojos
obedece al claro esplendor del pensamiento mudo.
Sabrás que la memoria es el límite asombrado…
pues aún contiene la inocencia sin los otros.

Deja en tu reino generales, dictadores,
caudillos que la madrugada asoma hasta la sombra.
Para nosotros ya no es tarde.
Mundanales,
sombríos elegidos;
fugaces vengadores del pasado:

hallaremos reposo en la hojarasca
que dejaron tras de sí los días perdidos.

26 sept. 2007

Y tú me preguntas si viví en la oscuridad,
la misma oscuridad solemne que conforta,
que recae sobre el fondo velado de las cosas.
Acaso no sabes que en tu nombre,
contuve, impasible, la tristeza,
hasta observar un mundo dividido
por la eterna herida del crepúsculo.
En tu nombre presencié un día
el augurio solitario de la noche;
ya que así quise saberte escrita
como una inmensa sombra fija,
sombra sobre todos los azares.

Me preguntas si he visto oscuridades,
porque no sabes qué veo al contemplarte.

La noche entreabre las manos del amor,
para que tú puedas aferrarte a sus jardines;
y en tales juegos se adivina, igual de oscura,
la raíz tardía de ese sentimiento extraño
que vincula la verdad al sufrimiento.

Ay de esta pasión que nace
para llevarse las palabras indecibles
hasta el poema ciego en que te aguardo…
¡Ay de este atardecer oscuro,
que revela a los hombres su destino,
que confunde la verdad con lo ya dicho!

25 sept. 2007

Sí me basta el ser quien soy,
cuando la fortaleza de los pájaros
se desdibuja hacia la noche
en un horizonte irreversible.
Entonces tú,
febril como la ventisca en Enero,
entras desde temprano y sin un ruido
contemplas el ajetreo de las ciudades.
Tomas, sin saberlo, el ejemplo sencillo,
que así guardáramos de las estaciones.

Somos el mismo despertar que somos,
cuando la fortaleza de los pájaros,
se desdibuja, hacia la noche,
en ese ejemplo irreversible
que ningún invierno podrá llevarse.

18 sept. 2007

Profecía

Y serás el río, con su rumor anhelante,
la noche violácea con sus cantares prohibidos.
El sueño profundo con su despertar perfecto.
La voz impaciente que hoy aguarda en silencio.
Todos los ecos, los nombres, los días.
Todas las formas, los cielos, las artes.

Serás la simiente que germina en la noche
en busca del sol que no puede faltarle.
También el dolor que no ha de olvidarse,
será la señal que despierte al insomne.
Que has de venir -para dejar clara huella-
sobre orillas desnudas; sobre áridas tierras.
Que has de ser tú, aunque de ti nada sepa,
el verdor arropado por sagradas estrellas.

12 sept. 2007

Ejercicio Aleatorio (Versión Final)


Y yo que esperé al amor
Soñando bajo árboles y nieve
Y yo que esperé al amor
Depuesto el hábito y la fiebre
Y yo que esperé al amor
Y sólo llegó la muerte.

Sólo llegó la muerte
Con una sonrisa gélida
Con un traje solemne
Aunque esperara al amor
Bebiendo sangre de las fuentes
Cayeron sobre la tierra
Dos frutos podridos
Dos sombras sin mente
Aunque esperara al amor
Sólo llegó la muerte

Desnuda como un pájaro aterido
Al que un solo batir de alas
O un movimiento de luz y frío
Puede costarle la vida
Porque la muerte nos mira
Cuando sabe que el amor miente.

9 sept. 2007

Recuerda. Somos aquello. Conjeturas, ficciones…
Esbozos de lo que desde aquí no puede entenderse.
Una sombra nos tocará con su canto quebrado,
y ya no sabremos escindir, amablemente,
la verdadera mentira de lo que necesitáramos
Mientras perdura el acto, los actores están ciegos.
Su angustia es una máscara delante del espejo.
Pero creer en lo que somos entraña un loco riesgo:
el gesto de mostrar aquello que está dentro.
Imposible. Vivir despierto, en la verdad,
es morir de tristeza en todos los extremos.
Vivir despierto es negar que conocemos.

Dejar pasar la vida; que el curso de la sombra
amanse las entrañas del ser atribulado.
Un día podréis buscar el horizonte con gesto de vigía,
para mentir abiertamente acerca del pasado.
Entonces poco importará, -es cierto-
que lo que fuera a veces interpuesto
entre el hombre terrenal y el mundo entero,
fuera causa de vergüenza para él y para el resto.

Pasados ya los días, resuelto ya el delirio,
lo más sensato es mentir acerca de la vida.
Pues nada importa ya que estuvieras en lo cierto.

Lo que fue ahora carece de importancia…
Ahora, creeremos en lo que pudo ser,
porque en sueños vivimos para ello.