30 nov. 2006

Levanta, de la nada que supone el artificio,
cada día el mismo reino inverosímil.
Con idéntico asombro contempla cada día
el suave mineral de todas sus contiendas.
El oro entremezclado con el roce de sus manos,
el verbo que precisa al comprender un acertijo,
no es más que el modo en que sustenta
su propia obra de búsqueda y cansancio.
Actor de sí mismo en un mundo mortecino,
que una escena repetida observa desde lejos,
actor perdido en una callejuela transitada
por anónimos fantasmas cabizbajos.
Cualquiera distinguiría la máscara invisible,
el sucio maquillaje que implica la mentira.
(Bien sabemos cuando algo nos ofende,
cuando alguien nos obliga
a ver la farsa a través suyo).

Cualquiera observaría un detalle imprudente.
¿Pero quién podría comprender al hombre?
Mirarlo fijamente y admirar su firmeza,
la exacta determinación con que se enfrenta a la vida.
El aire inexistente del que habita la lluvia,
sus hábitos cansinos, su impotencia…

¿Quién podría juzgarlo justamente?
¿Quién, sin caer en la creencia de la masa,
podría reconocer a un semejante
en este extraño teatro de tristeza?

25 nov. 2006

Hermoso fue saber que no sabíamos,
que había que insistir en lo imposible.
Que mirábamos los mismos recovecos
de un camino que sería indescifrable.
Hermoso ese misterio,
ese aire de hojas secas.
Escuchábamos latir sobre nosotros
la luz inabarcable de lejanísimas estrellas.
Sin saber que aquel pulso evidenciaba
la causa de nuestra tierna inocencia oscurecida,
nuestro indecible desconocimiento del presente.

Hermoso aquel silencio hermoso, que podía contener
desde la insólita verdad hasta la música del querer más.
Más de lo que podíamos dar,
de lo que creímos saber al entregar la inocencia: más.
Sentir, al final, es no pensar…
Dejarse ir por el cauce de aguas invisibles
para participar del secreto, sin saber,
que el secreto es la belleza de ignorar.

Hermoso amar y no saber.
Terrible ver y comprender,
que todo cuanto somos en realidad
está forjado de antemano
por la duda de alentar una creencia.

Hermoso ver y no esperar.
Terrible amar y no creer.



24 nov. 2006

Arde el horizonte en todas las ventanas.
Jaurías de estrellas mansas, fuerzas distantes,
parecen temblar de frío en el centro de tus pupilas.
Arde el horizonte, arde sobre el agua turbia.
Humildes manos redentoras, manos no visibles,
se aferran desnudas a la palabra.
Jaurías de estrellas mansas…
Un reducto de lluvia terrible y condenada,
un espléndido epitafio de música y distancia
parece advertir el mundo desde la rabia.

Arde el horizonte… Amanece. Es la vida.
Sobre tu frente, la llave de este paisaje,
los nombres que aún no sabes.

22 nov. 2006

Primero fue palabra como de vientos,
oleaje como de sombra. Luego,
hacia los días, fue tiñéndose de fulgores:
oro viejo más oscuridad estremecida.
Primero fue palabra para la cólera.
Luego alboreó cuando la noche tibia.

Más tarde, herida por todos los paisajes del otoño,
emprendió su tránsito de lejanías.
Más tarde, embelesada por el fuego,
reconsideró su llanto dando testimonio.

Flor de la vida y de la muerte, poesía,
palabra que brota del íntimo vacío
para llenarlo todo de insondables ecos.
Vences cada día sobre mí,
siendo en realidad tan poco.

Ejercicio sobre la luz (II)
El aire encierra, para la soledad tardía,
atmósferas indefinidas
Para el tránsito fugaz, los hallazgos.
Sí, hasta la paz llegan noticias de mañana,
tibias realidades que tratan sólo de tocarte.
El aire encierra atmósferas pasadas,
silenciosas densidades múltiples.
Viejas palabras de esperanza,
que aún no saben cuanto callas.
Todo es misterio. Si te elijo,
de un sueño rehago una proeza.

El aire encierra atmósferas vitales.
Pero te miro para saber si existo:
más allá de todo lo que amas
todo es hecho de presencias.

20 nov. 2006

1


Contemplar el tenue límite que aunase razón y vida,
entender el sentido del acto que forja la emoción.
Recorrer a solas los jardines donde el hombre
es un claro manantial que crea enigmas para el corazón.
Mas para ello, dejar de ser partícipe por un tiempo,
aunque de niños fuésemos perfectos jugadores inconscientes.
Jugadores risueños, artífices de una compleja partida vital
trazada sólo para abarcar la plenitud inmediata.



2


Pues si el juego es la vida y el azar el destino,
si el sentimiento es el arte que da paso a sus interrogantes,
el hombre deberá dejar de ser niño y ser hombre
cuando se pregunte qué le lleva a sopesar su situación.
Pues si el niño participa mientras el adulto contempla,
el niño respira, mientras el adulto piensa.







15 nov. 2006

Un puño enarbola vientos frontales.
Una danza abre el movimiento celeste.
Un río desemboca en la efímera corriente
por cuyo tránsito la balsa permanece.
Una cadena resuena en la honda noche.
Un canto acude a donde nadie.
Una palabra escucha el que no estará mañana
para responder vivamente a los que ama.

¿Qué son los sueños y la nada?

Para el que nada espera y nada teme
soñar es en sí el buen fin por el que sueña.

14 nov. 2006

Como prescindir también del todo y la razón,
como negarse a recibir en lo arbitrario el propio nombre.
Como adolecer los consejos de un desconocido,
cambiar la verdad más incuestionable
por un verso que al atardecer será reescrito.
Sentir también que somos un eco infractor,
la distracción cabal de cualquier semejante
que en su creencia dijera ser como nosotros.
Y que no obstante, inquietado respondía,
cuando debía sentir la misma gloria ante los otros.

Pasar de largo ante los templos erigidos,
como pasarían de largo aquellos dioses
que un día comprendieran el tormento
de aquella otra realidad que es el destino.
Así y todo, creer también en la señal primera
por la que supondríamos infinito el universo.
Creer que la medida única del azar, de lo secreto,
es el hombre con su eterna concepción del orden.

Y de este modo recordar que acaso fuimos niños.
Favoritos de la luz, que un día se sirvieran,
de este mundo impredecible como de un mágico juego.




12 nov. 2006

Te vi resplandecer como la tarde.
Una canción infundía tu tristeza,
como certeza transparente de una soledad incierta.
Espacios constelados brillaban en tu rostro.
Un atardecer grisáceo, como la espera en una duda,
callaba inútilmente en todas las ventanas.
Vi la vida contenida en tu mirada…
más todo lo que percibí entonces.
El humo vacilante de aquel último cigarro,
el viento que cantaba fuera su tragedia,
tu voz templada por sutiles luces densas.
Todo, era explicación de la finalidad humana.
La soledad vi como una huella,
sobre tu alma se abría la paciente cadencia
de rastros atemporales y tardes infinitas.
De sueños tan reales como el tiempo,
de esperanzas tan complejas como el resto
para el que aún nacemos y lloramos
en días que serán olvido.
Te vi y no pude seguirte.
Por más que tentara la caprichosa expectativa del deseo,
a través de la distancia más diáfana y hermosa:
la que une para dividir la vida y lo que somos
en un difícil sentimiento.
Te vi tan alta como las demás estrellas.
Tan alta como la luz que continuaríamos viendo
aun si se extinguiera su inasible procedencia.


11 nov. 2006

Noche solar. Inmóviles caminos.
La vida se precipita contra los cielos.
Noche antagonista del tiempo.
Noche imbatible de materia.
Los ojos adivinan un paisaje de silencio.
Equidistan fieramente, sin testigos,
el ruido mundanal y lo desconocido.
Noche solar. Periferia de los sentidos.
Las manos se alejan, acercándose a otro vacío.
Paisaje tortuoso sin orillas ni descansos.
Paisaje solar de nocturnos espacios.

¿Dónde el amor que nos deparaba el cuerpo?
¿Dónde las horas en las que complacernos?
Noche solar…
Visión y descenso.

9 nov. 2006

Divagamos tal niños ante la muerte.
Y el fruto del horror son esos ojos claros
que piensan sin dudarlo en una breve caricia.
Y el dueño del azar aún permanece inmóvil,
aún pálido sobre su féretro de lluvia.
Este amor deberá permanecer intacto,
envuelto por un manto de misericordia
que no podrán arrebatarle ni las generaciones futuras.
Así hasta que la noche, señora de mis pensamientos,
se pose otra vez sobre sus viejas alas
y seamos otra vez hacedores del milagro.
Porque la muerte es esa extraña desconocida
y porque divagamos como niños ante su magia,
este amor deberá permanecer intacto
hasta que la muerte nos dé al fin algo de belleza.

Ejercicio sobre la luz (I)

8 nov. 2006

Amiga, si te dijera lo que pienso a veces…
Sé que como un anochecer se esparcen mis silencios.
Si te dijera así amiga, que puede ser entonces
cuando más inútilmente estoy tratando de expresarme.
Porque cuando alzo febrilmente mis recursos de poeta
hasta lo más preciado parece una mentira.
Un soliloquio para nadie, una blasfemia.

Acaso los amantes debieran permanecer mudos,
amparados por el íntimo consuelo de su sangre.
Si te dijera: amiga, a veces pienso que eres otra,
que yo soy otro, que otros son nuestros diáfanos caminos.
Que otra es la suerte que corremos y otro es el motivo.

Si de esta forma hiciera mi promesa:
¿qué otra cosa comprenderías que no fuera mentira?
Porque la verdad es siempre más sencilla:
tú eres tú, yo soy éste.
Éstos son nuestros caminos, ésta nuestra suerte,
éste nuestro motivo
y así lo será siempre.

Y todo para no entregar ninguno lo que no nos pertenece.

El amor llega siempre presuroso,
como un niño que despierta.
Mas al marchar huye sombrío,
como jinete en la tormenta.
Aunque sea bienvenido al presentarse sin aviso,
nadie puede invitar al amor a pactar sobre su mesa
Nadie puede entregar a voluntad su corazón,
porque nuestro corazón jamás nos ha pertenecido.

Nuestro corazón es libre. De todos y de nadie.
Podrá arrastrarnos hacia la noche verdadera,
podrá dolernos felizmente hasta el olvido.
Pero siempre ha sido libre…
Por ser merecedor de todos los que amamos.
Porque nunca podrá nadie llegar a someterlo.



6 nov. 2006


Hay en mi soledad una sospecha que aguarda.
Una sensación de algo más,
de gente a mi alrededor buscando la luna.
Un extraño dormitar entre estatuas insomnes
que respiran inconscientemente el amor,
aniquilándolo en un juego egoísta.
Hay en mi soledad un cadáver solitario
que se conforma con sentir la lluvia en sus manos,
con enterrar el rostro entre sus propias manos
para saberse culpable del mundo que le implica.
Hay en mi soledad un corazón anestesiado
luchando por continuar abierto al pulso común,
a la inevitable vocación de soñar el futuro soñado.
Este corazón, me digo, este corazón ignora
cuanta sangre puede bombear una sonrisa,
cuanta sangre puede derramar el anhelo
de una sola palabra nacida del aire.

4 nov. 2006

Buscando en el espejo formas definidas,
traté de reconocer, volcado en el silencio,
el mundo que me habita.
Difícil entregarse, arriesgarse a claudicar.
Difícil comprender el límite racional
en el que empieza lo visible a fraccionarse.
El yo abarca indefinidas variaciones,
fundidas en abstracto por impresiones sesgadas
que fluyen dentro y fuera, y más allá,
en el vacío que supone una presencia.
Limitar la cotidianeidad de la existencia,
descartar las posibilidades sin mesura.
El yo es una extraña materia, consabida,
capaz de consumirse en su propia esencia infinita.
Conocer mi yo acaso supondría
un éxtasis de amor, u otro tipo de muerte,
tan sencilla como el renacer de las estrellas.
Conocer el yo bastaría solamente
para aniquilar su espontánea belleza.
La única razón por la que debo temerme,
es el sueño de autodestrucción silente
que conllevaría el limitar todos mis actos.
Pues si alguien de mí espera lo esperado,
¿renunciaría yo a mi amada libertad
sin tener la certeza de que voy a ser amado?

3 nov. 2006

Cuando oigas hablar a la voz del destino.
Cuando abocado a reinar te sientas
sobre un mundo fortuito de cadenas,
al ángel enloquecido tal vez escuches;
rebelándose febrilmente en tu interior
como para recordarte la libertad plena.
Frente a la imposible elección de tu propio destino,
acaso escuches un desgarrador grito que te nombra.
Podría significar para siempre
el someter sin más tu libertad,
a cambio de un viaje ilusorio
hacia la búsqueda eterna.
Si tu destino estuviera escrito,
apiadarte del ángel conllevaría una cosa sólo:
luchar en contra de un enemigo invencible,
a fin de ser consecuente
con tu elección verdadera.
Pues si la locura es el precio de la libertad,
la libertad será el sueño que nadie entienda.