29 dic. 2006

Si a tus ojos diezmados por la incertidumbre
pudiera yo ofrecer algo más perfecto, algo así
como un recodo caliente o minutos de luz precisa,
incluso el sosiego sucesivo de los mares sin luna.

Oh, si acaso supiera yo el amor devolverte,
el amor y el aspa viviente del molino encontrado,
la fuerza imprescindible de tu propio recuerdo,
devolverte a ti, su dueño, padre mío que amaste
el canto implacable de tu hermosa contienda.
Oh, si yo supiera, si hubiera sabido entenderte.
Todo ocurrió sin preguntas solemnes,
como un capricho que a la muerte obedece.
Así ocurrió tu muerte a tu muerte.
Azotando la noche llega un viento de furia,
inconsciente preludio de lo que ha de perderse.
Así tu muerte a mi vida, a mi razón de temerte.

Todo sucede cuando el tiempo se anuncia
como el gran vencedor de una renuncia inminente,
de un opaco sentir que se expande
como el hecho más vil por las calles vacías,
por aquel mundo difícil que tantas veces hollaste.
Así fue tu muerte a la muerte de otros,
como un turbio malestar que fecunda la duda,
como el verbo marchito de un poema inconcluso
al que debemos dejar su abatido silencio inerte.

Oh, si a tus ojos diezmados pudiera volverme.

25 dic. 2006

Abrí los brazos llenos de futuro,
los orígenes inasibles de la música,
el tiempo entumecido, su belleza,
el faro inextinguible de la noche abatida.
Abrí los brazos hasta sus límites dolientes,
coronando la materia de lo extrañamente humano
con espinas cercanas a lo vivo.
Fui confundido por la plenitud,
por lo que hay de ficción en lo indecible
y que conlleva discernir la claridad
hasta descifrar todas sus preguntas.
¿Puede ser esto la vida ahora, la luz
tergiversada de un páramo inservible,
el hondo aseverar de una conciencia única?
Este es mi rasero, a partir de aquí comprendo
las cavilaciones infinitas de la lluvia. Este
mi mudo predicar sin ocio,
mi valija llena de absurdos acertijos.
A partir de aquí siento y pregunto
con los brazos abiertos llenos de futuro.

22 dic. 2006

Así como eres en mis manos
flor y ceniza. De viento y ala.
Así como en las encrucijadas absolutas,
que la contradicción encarna,
eres todo y también nada. Así,
por ser el trémulo preludio; sola, distanciada
bajo un sauce marchito serás acaso la palabra.
Y así acuda el silencio o la noche invertida,
serás la voz en los albores, el brío, la risa:
el tiempo que vacía su dominio
para cedernos la vida contemplada.

21 dic. 2006

He mirado muchas veces con vergüenza
el elevado altar dramático.
En él deben entremezclarse, cada nuevo día,
la noche y el ansia junto al verdadero sacrificio.
He llevado la cuenta de las notas expiradas
por cantores y amantes y tristes borrachos.
He seguido con cautela la sombra invertida
que ciegamente me ha seguido hacia arriba.
Y tras observar todas estas cosas
un niño quiso preguntarme por la risa
la risa que redime a los cansados,
luz que contagia a los perdidos.
Juego que amansa y desnuda al ofendido.
He reído muchas veces por cosas vacías,
que aún me parecen peores que la muerte.
Por actos que obedecen al amor inmerecido,
he reído vulgarmente.

Y por eso sé que la risa muestra,
no lo que el hombre piensa cuando juzga:
sino lo que el corazón esconde al conmoverse
.

18 dic. 2006

Para las costumbres serenas
viste tu amor de razones,
contén la raíz violenta,
piensa las negras pasiones.
Pues si las aguas remueves
y la corriente alimentas,
piensa que la muerte piensa,
en lunas, amores, e inercias.
Sabe, que si el juego es juego,
la regla es la duda. Y el triunfo,
sería entender sin premura
los vanos dolores que acechan.
Mas si el juego es la lucha,
hoy caerán de su altura las torres.
Por defender sin razones
el mal uso de aquello
que debería hacernos mejores,
el amor toma en su puño el aliento
que pueda engendrar destrucciones.
La pasión ha de trabajar el sencillo arte
que concilie razón al cálido exceso.

Pues sin excesos el amor se vacía.
Y sin razón, bastará un día.
Un día para ser devorados
por la insoportable agonía
de las verdaderas pasiones.

15 dic. 2006

Tú y yo no somos nosotros.
Somos tal vez un tiempo firme
que se funde en un letargo
de ansiosas mariposas.
No somos; no, lo que vemos.
La fuerza maternal,
el ser dionisiaco; no.
Todo eso son disfraces, nombres:
miles de retazos inservibles
proyectados contra la noche.
La realidad es siempre otra.
El solo hecho de mirarte
implica tantas cosas; amarte
sí; pero sólo por no saberte,
por creerte siempre sombra.
Verme en ti como en los días
decididos a tornarse, y así
verte en mí, como la brisa,
capaz de apaciguarme.

Tú y yo no somos este enigma,
ni el perfecto corazón de la rosa.
Tú y yo buscamos entre sombras.

14 dic. 2006

Tan sólo para callar vive el alma.
De la voz que me destinas,
del eco lejanísimo que guardas,
se desprenden mil promesas:
todas para alejar al alma.
Gritos implacables,
músicas terráqueas:
basta con escuchar sin decir nada.
El alma, por sí sola,
sabe responder al alma.
De su intención se guarece
en los verdores que calla;
si actuara acaso su palabra
una brisa fría soplaría hasta matarla.
Para callar vive como muere
porque en todo cuerpo todo habla.
Y si tu cuerpo dice para amar,
para soñar dice el alma.
Para soñar tu imagen,
aunque tu imagen diga todo
cuando todo quiere decir nada.
El sueño es un relámpago,
el amor, una palabra.
Si tu alma dice para soñar
la verdad dice cuando calla.

12 dic. 2006

Tanto he reflejado a esta mujer de nadie
que ya sus enigmas me resultan familiares.
Si ella emplaza una cruz en la ventana,
yo pienso: hacia la noche impasible. Hacia la noche
se llenará de cuervos el árbol retorcido de la tarde.
Luego, cuando todo suceda,
la cruz se llenará de un óxido prodigioso
hasta que un perro solitario aúlle desde lejos.
Y si en otra ocasión ella limpia las paredes
hasta que en éstas resalta un azul caleidoscópico,
la contemplo envejecido y con un ademán le digo:
es el color de tus ojos. Mírame como siempre ha sido,
aunque me avergüence de no haberme dado cuenta nunca.
También puede pasar que se siente sobre un tigre
acariciando la sien del animal ofuscado.
Entonces, lo más probable es que me sienta aliviado
de no ser yo un domador temerario,
capaz de discernir entre un rugido amable y uno más terrible.

Pero si por cualquier cosa ella desiste
y entorna taciturna la puerta de su cuarto,
me da por pensar lo que ella piensa.
-Este hombre solitario es tan cambiante
que me resulta difícil contentarle del todo.
Aún así, jamás podré cansarme de él:
me gusta verle cada día de manera distinta.
Pero si él quisiera retomar desde algún punto
el instante imprevisible que pasó como un augurio,
no podría complacerle aunque quisiera.
Tendría que idear un argumento para demostrarle
que desde hace mucho he desistido:
yo tampoco soy la misma
aunque nunca fui de nadie.
Pues de tanto reflejar a este hombre solitario
se me han ido pegando casi todas sus manías.

11 dic. 2006

La perfección, el arte de los vencidos,
la luz del sufrimiento que ignorábamos.

El arte de equivocarse para renacer intacto.

Comenzamos a cruzar la noche,
comenzamos a escribir la vida
sin tener en cuenta las palabras precisas
ni el encuentro imborrable.
De la nada rehacemos un reflejo
idéntico a este mundo. Idéntico
hasta que comprendemos que morimos,
que a costa de los ojos se crea un enemigo.

La muerte, la voraz pasión que no elegimos.

El fuego consumado que nos llama a la vida
a través de difíciles preguntas.
Debemos aprender a morir.
Pero antes a descifrar la vida.

Así caemos y caemos, lentamente,
en lugares remotos de nosotros mismos.
En lugares remotos que ni nosotros mismos
llamamos a existir a fin de realizarnos.

Y no sabemos hasta cuando erraremos,
ni por qué debemos nuestro corazón a una mentira.
Pero todo esto,
esta dulce imposición del peso prometido,
es la perfección, el arte de entender nuestro camino.

8 dic. 2006

Sucede el hambre y la tristeza; allá, en otro mundo.
Sucede. Sucede aquí también. Aquí. En este mundo.
La muerte también es un suceso en todas partes.
Algunos miran desde lejos entornando los párpados
porque acaso buscan la inútil expresión de lo moderno.
Algunos se conmueven firmemente viendo la miseria.
Hay quien no dice nada y se abstrae mansamente
en un juego tenaz que conduce a la palabra.

Pero sucede el hambre y la tristeza, los ojos desolados,
el rostro ennegrecido de tanto preguntar al hombre.
Sucede a todas horas que la vital gloria del hombre
depende muchas veces de un objeto. O de alimento.
O de algo que no se atreve a confesarse. Sucede.

Queda lejos para muchos el infierno,
para muchos ni siquiera existe ese lugar injusto
en que las almas vociferan hacia un dios que ya no existe.
(Es complicado. No existe. Aún así sucede en todas partes.)
Sucede que el hombre es a veces egoísta
creyendo que el daño repercute sólo en uno mismo.
Y no es difícil consolarlo. Basta con decirle una mentira
que el hombre reconoce y repite hasta saciarse. Sucede.
Y a quién le importa lo que a otro le sucede
mientras cada uno pone su felicidad a salvo.


6 dic. 2006




Érase la noche, su expresión distante,
el alcázar vacío de todas mis muertes.
Érase mi voz una cadencia oscurecida
que temblaba enrarecida de deseo e ignorancia.
Tiempo para describir todas las causas,
el érase sin que en verdad fuera era sólo la primera.
La primera de las causas; venidera noche:
érase tu nombre la verdad que se abandona
antes de que llegue la mañana.












Veo mi interior igual que un difícil laberinto
en el que se oponen indistintamente los caminos.
Sé, por cada vez que pienso y siento,
que lo más fácil es andar desde uno mismo.
Procurando no estudiar pregunta alguna,
me entremezclo con la luz y los sonidos
que en días como éste se agitan suavemente en torno mío.

Entiendo que la vida es un solo pasillo
de todos los que cruza el laberinto.
Un pasillo que conduce a la salida,
al mundo que aseveran los sentidos.

Sin embargo, evito este sendero con ahínco,
pues más allá del laberinto sé que habita
una bestia perfecta, un hombre vacío,
capaz de persuadirme de que jamás habré vivido.

30 nov. 2006

Levanta, de la nada que supone el artificio,
cada día el mismo reino inverosímil.
Con idéntico asombro contempla cada día
el suave mineral de todas sus contiendas.
El oro entremezclado con el roce de sus manos,
el verbo que precisa al comprender un acertijo,
no es más que el modo en que sustenta
su propia obra de búsqueda y cansancio.
Actor de sí mismo en un mundo mortecino,
que una escena repetida observa desde lejos,
actor perdido en una callejuela transitada
por anónimos fantasmas cabizbajos.
Cualquiera distinguiría la máscara invisible,
el sucio maquillaje que implica la mentira.
(Bien sabemos cuando algo nos ofende,
cuando alguien nos obliga
a ver la farsa a través suyo).

Cualquiera observaría un detalle imprudente.
¿Pero quién podría comprender al hombre?
Mirarlo fijamente y admirar su firmeza,
la exacta determinación con que se enfrenta a la vida.
El aire inexistente del que habita la lluvia,
sus hábitos cansinos, su impotencia…

¿Quién podría juzgarlo justamente?
¿Quién, sin caer en la creencia de la masa,
podría reconocer a un semejante
en este extraño teatro de tristeza?

25 nov. 2006

Hermoso fue saber que no sabíamos,
que había que insistir en lo imposible.
Que mirábamos los mismos recovecos
de un camino que sería indescifrable.
Hermoso ese misterio,
ese aire de hojas secas.
Escuchábamos latir sobre nosotros
la luz inabarcable de lejanísimas estrellas.
Sin saber que aquel pulso evidenciaba
la causa de nuestra tierna inocencia oscurecida,
nuestro indecible desconocimiento del presente.

Hermoso aquel silencio hermoso, que podía contener
desde la insólita verdad hasta la música del querer más.
Más de lo que podíamos dar,
de lo que creímos saber al entregar la inocencia: más.
Sentir, al final, es no pensar…
Dejarse ir por el cauce de aguas invisibles
para participar del secreto, sin saber,
que el secreto es la belleza de ignorar.

Hermoso amar y no saber.
Terrible ver y comprender,
que todo cuanto somos en realidad
está forjado de antemano
por la duda de alentar una creencia.

Hermoso ver y no esperar.
Terrible amar y no creer.



24 nov. 2006

Arde el horizonte en todas las ventanas.
Jaurías de estrellas mansas, fuerzas distantes,
parecen temblar de frío en el centro de tus pupilas.
Arde el horizonte, arde sobre el agua turbia.
Humildes manos redentoras, manos no visibles,
se aferran desnudas a la palabra.
Jaurías de estrellas mansas…
Un reducto de lluvia terrible y condenada,
un espléndido epitafio de música y distancia
parece advertir el mundo desde la rabia.

Arde el horizonte… Amanece. Es la vida.
Sobre tu frente, la llave de este paisaje,
los nombres que aún no sabes.

22 nov. 2006

Primero fue palabra como de vientos,
oleaje como de sombra. Luego,
hacia los días, fue tiñéndose de fulgores:
oro viejo más oscuridad estremecida.
Primero fue palabra para la cólera.
Luego alboreó cuando la noche tibia.

Más tarde, herida por todos los paisajes del otoño,
emprendió su tránsito de lejanías.
Más tarde, embelesada por el fuego,
reconsideró su llanto dando testimonio.

Flor de la vida y de la muerte, poesía,
palabra que brota del íntimo vacío
para llenarlo todo de insondables ecos.
Vences cada día sobre mí,
siendo en realidad tan poco.

Ejercicio sobre la luz (II)
El aire encierra, para la soledad tardía,
atmósferas indefinidas
Para el tránsito fugaz, los hallazgos.
Sí, hasta la paz llegan noticias de mañana,
tibias realidades que tratan sólo de tocarte.
El aire encierra atmósferas pasadas,
silenciosas densidades múltiples.
Viejas palabras de esperanza,
que aún no saben cuanto callas.
Todo es misterio. Si te elijo,
de un sueño rehago una proeza.

El aire encierra atmósferas vitales.
Pero te miro para saber si existo:
más allá de todo lo que amas
todo es hecho de presencias.

20 nov. 2006

1


Contemplar el tenue límite que aunase razón y vida,
entender el sentido del acto que forja la emoción.
Recorrer a solas los jardines donde el hombre
es un claro manantial que crea enigmas para el corazón.
Mas para ello, dejar de ser partícipe por un tiempo,
aunque de niños fuésemos perfectos jugadores inconscientes.
Jugadores risueños, artífices de una compleja partida vital
trazada sólo para abarcar la plenitud inmediata.



2


Pues si el juego es la vida y el azar el destino,
si el sentimiento es el arte que da paso a sus interrogantes,
el hombre deberá dejar de ser niño y ser hombre
cuando se pregunte qué le lleva a sopesar su situación.
Pues si el niño participa mientras el adulto contempla,
el niño respira, mientras el adulto piensa.







15 nov. 2006

Un puño enarbola vientos frontales.
Una danza abre el movimiento celeste.
Un río desemboca en la efímera corriente
por cuyo tránsito la balsa permanece.
Una cadena resuena en la honda noche.
Un canto acude a donde nadie.
Una palabra escucha el que no estará mañana
para responder vivamente a los que ama.

¿Qué son los sueños y la nada?

Para el que nada espera y nada teme
soñar es en sí el buen fin por el que sueña.

14 nov. 2006

Como prescindir también del todo y la razón,
como negarse a recibir en lo arbitrario el propio nombre.
Como adolecer los consejos de un desconocido,
cambiar la verdad más incuestionable
por un verso que al atardecer será reescrito.
Sentir también que somos un eco infractor,
la distracción cabal de cualquier semejante
que en su creencia dijera ser como nosotros.
Y que no obstante, inquietado respondía,
cuando debía sentir la misma gloria ante los otros.

Pasar de largo ante los templos erigidos,
como pasarían de largo aquellos dioses
que un día comprendieran el tormento
de aquella otra realidad que es el destino.
Así y todo, creer también en la señal primera
por la que supondríamos infinito el universo.
Creer que la medida única del azar, de lo secreto,
es el hombre con su eterna concepción del orden.

Y de este modo recordar que acaso fuimos niños.
Favoritos de la luz, que un día se sirvieran,
de este mundo impredecible como de un mágico juego.




12 nov. 2006

Te vi resplandecer como la tarde.
Una canción infundía tu tristeza,
como certeza transparente de una soledad incierta.
Espacios constelados brillaban en tu rostro.
Un atardecer grisáceo, como la espera en una duda,
callaba inútilmente en todas las ventanas.
Vi la vida contenida en tu mirada…
más todo lo que percibí entonces.
El humo vacilante de aquel último cigarro,
el viento que cantaba fuera su tragedia,
tu voz templada por sutiles luces densas.
Todo, era explicación de la finalidad humana.
La soledad vi como una huella,
sobre tu alma se abría la paciente cadencia
de rastros atemporales y tardes infinitas.
De sueños tan reales como el tiempo,
de esperanzas tan complejas como el resto
para el que aún nacemos y lloramos
en días que serán olvido.
Te vi y no pude seguirte.
Por más que tentara la caprichosa expectativa del deseo,
a través de la distancia más diáfana y hermosa:
la que une para dividir la vida y lo que somos
en un difícil sentimiento.
Te vi tan alta como las demás estrellas.
Tan alta como la luz que continuaríamos viendo
aun si se extinguiera su inasible procedencia.


11 nov. 2006

Noche solar. Inmóviles caminos.
La vida se precipita contra los cielos.
Noche antagonista del tiempo.
Noche imbatible de materia.
Los ojos adivinan un paisaje de silencio.
Equidistan fieramente, sin testigos,
el ruido mundanal y lo desconocido.
Noche solar. Periferia de los sentidos.
Las manos se alejan, acercándose a otro vacío.
Paisaje tortuoso sin orillas ni descansos.
Paisaje solar de nocturnos espacios.

¿Dónde el amor que nos deparaba el cuerpo?
¿Dónde las horas en las que complacernos?
Noche solar…
Visión y descenso.

9 nov. 2006

Divagamos tal niños ante la muerte.
Y el fruto del horror son esos ojos claros
que piensan sin dudarlo en una breve caricia.
Y el dueño del azar aún permanece inmóvil,
aún pálido sobre su féretro de lluvia.
Este amor deberá permanecer intacto,
envuelto por un manto de misericordia
que no podrán arrebatarle ni las generaciones futuras.
Así hasta que la noche, señora de mis pensamientos,
se pose otra vez sobre sus viejas alas
y seamos otra vez hacedores del milagro.
Porque la muerte es esa extraña desconocida
y porque divagamos como niños ante su magia,
este amor deberá permanecer intacto
hasta que la muerte nos dé al fin algo de belleza.

Ejercicio sobre la luz (I)

8 nov. 2006

Amiga, si te dijera lo que pienso a veces…
Sé que como un anochecer se esparcen mis silencios.
Si te dijera así amiga, que puede ser entonces
cuando más inútilmente estoy tratando de expresarme.
Porque cuando alzo febrilmente mis recursos de poeta
hasta lo más preciado parece una mentira.
Un soliloquio para nadie, una blasfemia.

Acaso los amantes debieran permanecer mudos,
amparados por el íntimo consuelo de su sangre.
Si te dijera: amiga, a veces pienso que eres otra,
que yo soy otro, que otros son nuestros diáfanos caminos.
Que otra es la suerte que corremos y otro es el motivo.

Si de esta forma hiciera mi promesa:
¿qué otra cosa comprenderías que no fuera mentira?
Porque la verdad es siempre más sencilla:
tú eres tú, yo soy éste.
Éstos son nuestros caminos, ésta nuestra suerte,
éste nuestro motivo
y así lo será siempre.

Y todo para no entregar ninguno lo que no nos pertenece.

El amor llega siempre presuroso,
como un niño que despierta.
Mas al marchar huye sombrío,
como jinete en la tormenta.
Aunque sea bienvenido al presentarse sin aviso,
nadie puede invitar al amor a pactar sobre su mesa
Nadie puede entregar a voluntad su corazón,
porque nuestro corazón jamás nos ha pertenecido.

Nuestro corazón es libre. De todos y de nadie.
Podrá arrastrarnos hacia la noche verdadera,
podrá dolernos felizmente hasta el olvido.
Pero siempre ha sido libre…
Por ser merecedor de todos los que amamos.
Porque nunca podrá nadie llegar a someterlo.



6 nov. 2006


Hay en mi soledad una sospecha que aguarda.
Una sensación de algo más,
de gente a mi alrededor buscando la luna.
Un extraño dormitar entre estatuas insomnes
que respiran inconscientemente el amor,
aniquilándolo en un juego egoísta.
Hay en mi soledad un cadáver solitario
que se conforma con sentir la lluvia en sus manos,
con enterrar el rostro entre sus propias manos
para saberse culpable del mundo que le implica.
Hay en mi soledad un corazón anestesiado
luchando por continuar abierto al pulso común,
a la inevitable vocación de soñar el futuro soñado.
Este corazón, me digo, este corazón ignora
cuanta sangre puede bombear una sonrisa,
cuanta sangre puede derramar el anhelo
de una sola palabra nacida del aire.

4 nov. 2006

Buscando en el espejo formas definidas,
traté de reconocer, volcado en el silencio,
el mundo que me habita.
Difícil entregarse, arriesgarse a claudicar.
Difícil comprender el límite racional
en el que empieza lo visible a fraccionarse.
El yo abarca indefinidas variaciones,
fundidas en abstracto por impresiones sesgadas
que fluyen dentro y fuera, y más allá,
en el vacío que supone una presencia.
Limitar la cotidianeidad de la existencia,
descartar las posibilidades sin mesura.
El yo es una extraña materia, consabida,
capaz de consumirse en su propia esencia infinita.
Conocer mi yo acaso supondría
un éxtasis de amor, u otro tipo de muerte,
tan sencilla como el renacer de las estrellas.
Conocer el yo bastaría solamente
para aniquilar su espontánea belleza.
La única razón por la que debo temerme,
es el sueño de autodestrucción silente
que conllevaría el limitar todos mis actos.
Pues si alguien de mí espera lo esperado,
¿renunciaría yo a mi amada libertad
sin tener la certeza de que voy a ser amado?

3 nov. 2006

Cuando oigas hablar a la voz del destino.
Cuando abocado a reinar te sientas
sobre un mundo fortuito de cadenas,
al ángel enloquecido tal vez escuches;
rebelándose febrilmente en tu interior
como para recordarte la libertad plena.
Frente a la imposible elección de tu propio destino,
acaso escuches un desgarrador grito que te nombra.
Podría significar para siempre
el someter sin más tu libertad,
a cambio de un viaje ilusorio
hacia la búsqueda eterna.
Si tu destino estuviera escrito,
apiadarte del ángel conllevaría una cosa sólo:
luchar en contra de un enemigo invencible,
a fin de ser consecuente
con tu elección verdadera.
Pues si la locura es el precio de la libertad,
la libertad será el sueño que nadie entienda.

27 oct. 2006

Para Sofía, mi profesora, como pobre justificación de mis breves tragedias.



No me detengo al anochecer
sino en aquello que se avecina, empujándome
por entre las horas de oscuridad plena.
Trágico es el ejemplo que me inspira.
Mas en el modo de sobrellevarlo dignamente
es donde más siento yo la alegría…
Pues de ser fácil el consumar un destino,
de no haber prueba ni agravio,
no habría sino caminos habitados
por gentes cuya voluntad fuera estéril.
Si es trágico mi afán de contemplar el mundo
es porque siempre quiero observar lo importante,
deteniéndome para sembrar una palabra
que más tarde pueda recordarme el todo.
Lo importante, al final, puede carecer de valor
cuando obtenerlo nunca nos costó
siquiera un instante de la primavera.
Y si la primavera sirviera también de ejemplo
capaz de inspirar el aliento necesario,
a ella dedicaría yo mis versos. Pero,
fue la noche, con su desesperado acento,
la que puso en mí el constante esfuerzo.
Esfuerzo por el que ahora comprendo algo,
que aunque conlleve ciertos sufrimientos,
a diario me demuestra el valor de la alegría.

Avanza, simplemente avanza.
Por entre providenciales ruinas imbatibles,
por entre los muros cuya sola sombra mortifica.
Hay esquinas que aún aguardan tu promesa.
Hay árboles, árboles solemnes,
que llevan ya tu nombre escrito entre las frondas.
Queda un fuego en la montaña,
testigo de la plenitud mecido por la noche.
Hay un negro galeón, un galeón vencido,
desde el que partirán mil mujeres enlutadas.
Avanza, aunque los ojos se arrepientan
de haber visto el centro ciego de la rabia.
Pues no recuerdo ya tus días oscuros.
Y en mi soledad no hay más que un enemigo
cuya idiosincrasia es idéntica a la mía.

22 oct. 2006


Montaña de infinitas alturas;
a la sangre me remito, al hecho evidente.
Éste puede situar al hombre sencillo
ante el fuego creador de conocimiento.
Siempre habrá cimas vacías,
siempre claridades remotas
que ocupen el lugar de lo prohibido.
A la sangre, a lo real e inmediato,
procuro dar cabida en este mundo.
A lo que en mí sucede para estar vivo,
para presentir la muerte y comprenderla
como fuente de posible renacimiento.
Ahí me precipito, avanzando y retrocediendo,
pero siempre empecinado en mantener el ritmo.
Ser no basta. Debo ser y ser consciente
del amor con que se funden los extremos.
Letal y audaz principio de cualquier armonía
por la que el hombre será libre e inocente.

A la sangre y a la noche me remito,
a lo real y desconocido
que a veces entreveo estremecido.

21 oct. 2006

Aunque este paisaje contenga precisas soledades
no debes acompañarme, ni aguardar mi regreso.
En este trasfondo extraño he de sentarme
a escuchar el grave latido de mi propio corazón.
No dependo de nadie. Nadie puede aconsejarme.
No necesito salvarme del ser milenario
que hoy sonríe letalmente en mi interior.
La triste acometida del viento me agrada
al punto de hacerme recordar quien soy;
pues la existencia, pese a ser el hecho más sencillo,
es la causa única de la que todos somos consecuencia.
Por tanto, aunque este paisaje contenga
precisas y negras soledades, me agrada
porque en él comprendo lo que siempre he sido,
lo que siempre se mantiene vivo
gracias a un secreto fulgor.

18 oct. 2006

Tres abismos cruzan por nosotros.
Recuerda su insidiosa apariencia.
Porque sucede que lo escrito
fue dictado en pos de un sacrificio.
Imaginación, perfección y belleza.
Tres abismos que el poema ensancha
con su materia recóndita
y su mísera sentencia.
La imaginación cruza por nosotros,
inspira la inercia,
dándonos versiones más amplias
de lo que no existe. La perfección,
verbo inhóspito, arte simple,
invade por nosotros el anhelo
de lo que no existe. La belleza,
esa sombra que ilumina reductos
de lo que un día fuera esencia…
¿acaso existe? Pues este abismo
resume el conjunto por nosotros.
Por nosotros habla
la evidencia atroz
de haber socavado la inocencia.
De saber que el amor
desgarra en su caricia
los velos que la carne
suple con la
herida.
Surge bajo la luz un reino antiguo de palomas.
Un reino extraño, fugaz siempre,
en el que arcángeles fatuos y tormentas
urdieran lentamente una música infinita.
Templados instrumentos melancólicos
parecen vibrar al son de un devenir fortuito.

Reino solar de endechas vespertinas,
llevado hasta mi cabeza por la intuición evidente,
pues ésta trae consigo la ensoñación simbólica
que hiciera surgir del matiz ambiguo la belleza.
Dueño de este reino es el poema
por el que el corazón acalla su locura hasta la muerte.
Sin embargo en este reino se entremezclan
raras sabidurías, mentiras elocuentes,
amores que el pensamiento encarna en figuras hurañas
cuya mayor proeza es la soledad que tientan.

Surge bajo la luz este reino,
bajo la luz, este reino evidente.

17 oct. 2006

Inútilmente nombras mi camino: nunca fui poeta.
Todo lo que digo se pierde entre acertijos
queriendo desprenderse de las raíces de lo efímero.
Cansado de la luz, señalo hacia el olvido
en busca de unas huellas que nunca nadie ha visto.
Por más que describa a tientas este mundo,
por más que juegue a hipnotizar el corazón ajeno,
mi arte se reduce a exhumar palabras
para convencer a todos de que estuve vivo.

Quede sobre mi voz el hombre
que quiso remediar sus males como un niño.
Pues nunca fui poeta. Nunca.
No hay verdad en ninguno de mis versos,
ni arte verdadero que no sea experiencia.
Quede, sobre la tumba que un día me guarezca,
la señal de un ser anónimo, que amó incasablemente;
no sin dolor, no sin ratos de impotencia,
el verbo impronunciable que guía la belleza.

15 oct. 2006

Hacia dónde se repliegan las olas
de todo mar bajo tu huella
hacia dónde las aves
hacia dónde el cielo de este mundo
Hacia dónde los altares de nieve
las risas ensortijadas
los grandes corazones sin querencia
Hacia dónde se dirigen los versos
cuando nunca dicen si no callas
dónde las mareas de los cuerpos
los caminos imposibles del alma

Hacia qué fuente tu sed de nada
Hacia qué tierras mis sueños
mis sueños incesantes y perfectos
hacia qué tierras.

Dónde levantar mi esperanza
más allá de toda noche
dónde escribir mi nombre
en qué vacío en qué silencio
dónde escribir mi nombre
sin que lo borre el estío
de tu lejanía clara.

Hacia qué olvido me llevas
dime hacia qué sombra
para poder ofrecerte tiempo

Hacia qué otoño?
Hacia qué principio o qué eterno?

12 oct. 2006


Estático el color evoca su secreto
para que la mirada reprima sus hábitos inútiles.
Reducir la imagen a la esencia desnuda,
filtrada ante mis ojos por suposiciones vacías
que me conducirán de nuevo al sueño errático.
Esta recóndita parcela de vida desconozco,
tan sólo porque mi ambición no juega con el embeleso,
trágico y perpetuo, que busca en mí el artista condenado.
El lienzo contiene la misma densidad cansina
de todos los silencios que gana una pregunta.

Arrojado ahora hacia aquella realidad imposible
contemplo algo extrañado la obra irrealizable,
quise comenzar ésta al preferir la vida
que fue quedando atrás con su porvenir distante.
Puede que mi imaginación aún quiera advertirme
acerca del terrible poder de sus excesos,
pues de triunfar totalmente sobre mí,
mi arte crecería hasta más allá de la locura.
La voz abre sus recovecos al juego de la verdad.
El hombre trata siempre en vano de explicar lo que ama.
Siente que hay un motivo para caminar tras el sueño,

aunque arriesgue más de lo que podría ganar.
La voz del hombre necesita nombrar aquello
que aún sabe hermoso sin saber qué será.
Las palabras parecen faltar y sobrar.
Qué cosa fueras, amor, que no fuera el poema,
el poema en rojo que leí de niño y me hizo callar.
Qué cosa fueras, amor, que no fuera luna, canto,
alborada única que hiciera reír y temblar.

Sí… eres la belleza, amor, la belleza.
¿Pero qué es la belleza sino el misterio de amar?


11 oct. 2006


Después de los días de penumbra,
después del éxodo que nos aguarda.
Después de la primera de tus faltas,
pasadas las palabras para herir más hondo.
Después del llanto de los otros,
después del llanto propio y para nada.
Una vez abiertos más los ojos,
tras describir un círculo que nunca acaba.
Después de haber hollado campos más verdes
con la misma tristeza de quien ya no ama,
luego de perseguir sombras y sombras,
ecos retorcidos en nombre del mañana.
Después de todo lo aterido, todo lo borrado,
todo lo que fuimos en mitad de quién sabe,
en mitad de la vida y para nada más preciso
que un poco de ternura o de esperanza.

Después de haber sentido que todo era posible,
no basta con mirar hacia los otros, no, no basta…
No bastan sus rostros contenidos,
ni sus manos llenas de tardanza.

Henos aquí, vacíos, después de contemplarlo todo.
Como si todo fuera vivir para encontrarnos
henos aquí, de nuevo, como si todo lo aprendido
nos hubiera costado volver a lo pasado.




9 oct. 2006

Solo, indeciblemente solo, como las piedras,
como el alto sol de mediodía a nuestros ojos.
Así mi nombre, mi sombra, mi quimera.
Mi única muestra de tristeza son los siglos,
el hallazgo de nadie,
el soplo vacilante que revoca lo vivido.
Así mi amor bajo la lluvia recia,
así mi carne hasta la carne de ella.
Solo hasta el cansancio indeciblemente humano,
hasta las raíces que forman un lugar en la ceniza.

La soledad es un canto que a veces recomienza,
que busca en sus albores el eco de sí misma.
La soledad es a veces un refugio, de truncadas salidas,
a veces tregua hostil de dos pieles sin deseo.
Su árida desnudez se templa en el hastío
como una burla que nombra sin tapujos nuestros huesos.
De ella nacen los silencios que ofrecemos,
cimas distantes de nieve y pensamiento,
pues de nieve y pensamiento es el ansia de estar vivo.

Solo como tú, como el resto de nosotros, los cautivos
por nuestra propia impotencia de tiempo y hermosura.
Solo, indeciblemente solo me presento, amigos,
ante la llamada victoriosa que recibo
de todos los amantes, perdidos en lo oscuro.

8 oct. 2006



Un tiempo dispar, de hojas y molinos,
quebrado acaso por manos redentoras.
Una fuerza imposible, un valle solemne,
una cruz sometida que interfiere en los albores.
Y además tú y yo; cómo no convencerse
sin referirse obviamente a los hechos desnudos,
a las tumbas prematuras, a los días conjuntos.
Otra vez las preguntas y los labios,
la demora trivial de los pasos deseados.
Otra vez la palabra y sus engaños
conviniendo sus trastornos periféricos.

Un tiempo dispar dominado por la noche,
una noche otoñal consagrada a la penumbra.
Otra vez el deseo es una trampa
donde convergerán la verdad y la calumnia.
Arte de imposibles, fuga de innombrables.
Caminos soterrados que no comprende nadie.
Y además tú y yo mecidos por el aire,
prendidos por un sol de sueños invernales.
Basta una renuncia, un día sin buscarnos;
basta una palabra para que toda esta quimera
se hunda en su prefacio.

Cómo no convencerse para después olvidarse.
Cómo no presentirlo, si lo anuncia la sangre.
Para Alfonso,
que se ha dejado llevar por la tristeza
y no sé si debería darle a leer este poema.


El rostro esculpido por el exceso y el cansancio
la voz sujeta por la angustia del silencio
la ciudad, imperfecta, ignorando el nombre de todos
los muertos acallados por el tiempo.
La heroína ha dejado en su sangre
no sé qué vasta predilección por el olvido
la noche, en sus ojos, aguarda una respuesta
pero tú no sabes pronunciarla
y eso es todo.

Si esta noche un lobo husmea tu sombra
estarás solo, como el más hambriento poeta,
ante las mismísimas puertas del infierno
y allí cabalgarás en aras de la terrible felicidad
que para ti reservaran los otros condenados.

Sueño, sí, sueño que para ti quisieron
los que no te conocían aún sabiendo
el nombre que le diste a tu conciencia.
Sueño, sí,
pero ligero.

El hombre es sangre de pies a cabeza
y jamás olvida la respuesta
por la que se le dio la vida.
Tú no has olvidado, escucha,
la voz que sufre dentro
recordará siempre el nombre que eligieras.
Pues el verdadero lamento
se nutre de violentos ascensos
a un sórdido cielo vacío
del que nadie es deudor eterno.

7 oct. 2006


Pido humildemente a mis pocos lectores, que comenten este poema sin ritmo escrito después de rumiar un poco a William Blake. Necesito saber si estoy diciendo tonterías o si esto realmente tiene algún sentido.
Gracias.

1


Lo vacío (el alma) no puede influir en lo lleno (el cuerpo).
El cuerpo (lo lleno) sí puede influir en el alma (lo vacío).

La predilección del hombre por lo vacío
es consecuencia de su incapacidad para disfrutar de su cuerpo.
La predilección del hombre por lo lleno
es reflejo de su condición de gozo.

La predilección del hombre por lo vacío
es su capacidad para soportar el sufrimiento.
La predilección del hombre por el cuerpo
es su capacidad para disgregarse como el polvo.

El hombre que busca el vacío se precipita en éste.
Puede aprender a llenarlo
pero para ello necesita de su cuerpo.
Si comprende que su alma nace de su cuerpo,
puede aprender el sentido de la serenidad
a través del amor a su tormento.
El dolor se transforma en gozo espiritual
cuando el hombre comprende que su cuerpo
puede generar un perfecto silencio.
Pues el silencio trasciende fuera del cuerpo.
Y así sólo queda lo vacío.

6 oct. 2006


Tratando de definir el eje trágico de nuestros días,
dices haber visto lunas más altas.
Altas primaveras, altos pensamientos.
Altas formas de equidistar entre lo malo y lo bueno.
Tratando de explicar el fin de todas nuestras leyes,
hablas de obligaciones y derechos.
Hablas cabalmente de lo que no entendemos.

¿Cómo explicarte, amigo, lo que diariamente perdemos?
¿Cómo imponerte su guadaña de hastío,
su tornasol de muerte, su fácil escarmiento?
Crecemos a fuerza de olvidar nuestros sueños.
Crecemos o vivimos sin estar en lo cierto.
Por temor a estar locos callamos las verdades
que sepamos todavía nadie ha resuelto.
Los problemas consabidos al mirarnos de frente,
urden sus equívocos, sus razones solemnes.
Busca tras los ojos de cualquiera, sabrás lo que digo.
Mira fijamente: no hay nada dentro.

¿Sabrías discernir entre amor y comienzo,
sin que parezca que el tiempo es un ángel sin vuelo,
un ángel de rabia que maldice en silencio al hombre despierto?
Mira fijamente: no hay nada dentro.
El hombre es una espiga al viento cuya raíz es mentira,
incluso cuando la tierra le observa, es mentira su sueño.
El hombre permanece callado porque nada merece el esfuerzo,
nada dirá que vaya en contra todos,
por más que todos estén en contra del mismo suceso.
¿Cómo decirte sin que parezca que miento?
¿Cómo explicarte lo que los siglos han hecho?

Amigo, mira fijamente: nunca; nunca nos conoceremos.
Hemos venido a buscar lo que tan sólo existe en sueños.

5 oct. 2006

Aquellas noches claras no pueden perdurar aún.
Fuera de lo que a veces entendemos como olvido,
pretendo tan sólo que la vida dicte su respuesta.
Sobre aquellas noches su respuesta inevitable.
El giro que demuestre que habitaste conmigo
el manso rumor de calles infinitas.
Ventanales que daban a lugares oscuros,
perdidos en lo profundo de un beso o un aroma…
Inevitables ahora por su lejanía
parecen consecuencia del olvido.

Si te quise y fuera cierto todo lo pasado,
nada podría ser todo por ahora.
Por siempre, una mitad sin tiempo corrobora
que nada prevalece salvo el sueño. Por ahora,
las noches claras que recuerdo han perdurado.

3 oct. 2006


¿Quién vive, después del marasmo cotidiano,
envuelto todavía en sedas luminosas?
¿Quién, si no hay más sueños que soñar,
concibe de otro modo la existencia?
Piensa corazón, piensa…
Pues los inútiles fragmentos que atesoras
no sumarán la verdad al nuevo sol que se avecina.
Hollarás la misma tierra una, dos... cien veces;
sin que tu paso sea igual al del niño enemistado
con la incierta realidad que le rodea.
Asumirás, acaso asumirás, el miedo ajeno como propio.
Mas desde tus vísceras comprenderás el miedo verdadero,
miedo que negarás o supondrás pequeño.
Luego el valor, la fuente redentora de todos los ocasos,
te mirará algún día frente a frente.
Si eres fuerte, devuelve convencido la mirada:
escucha y retorna en lo posible a la inocencia.
Si ya está sellado el viaje e imposible te resulta una sonrisa,
aguarda otra ocasión: el día señalado será el día siguiente.

Piensa corazón, piensa…
¿Quién vive sin padecer aquello que le engrandece?
¿Quién, después de tratar con el sombrío agravio,
no pernocta, ni siquiera un día, bajo techo de la cobardía?
Retrato de una fábula



Acato con inocencia la preguntas de Marzo,
bebo con indulgencia los licores prohibidos,
jamás me acerco a su puerta a menos que me lo pida
desde su respiración ardiendo en mis oídos.

Miro con desidia las aceras,
me obstino mansamente en comprender los cálculos.
Muerdo a veces la manzana entera, sus atajos
para dejar de vivir como si no quisiera.

Me entrometo en asuntos ya sabidos,
replanteo la longitud de su belleza,
pero es que entiendo muy poco de lo mío:
en verdad es como si no existiera.

Creo a ciencia cierta que si en verdad creyera
estaría desoyendo la maldad del mundo.
Pero creo más en su bondad ligera
ternura inevitable de procedencia oscura.

No fornico con fantasmas ni con brujas…
(las ausencias son ausencias porque aman,
porque son extrañamente idénticas si dudas)

No peleo nunca contra la tristeza,
a menos que me deje ganar bajo la luna.

Me desnudo sólo si la muerte calla
y encerrada sueño adentro sonríe la locura.
Me estremezco.
Me estremezco como la rama que la lluvia
va llenando de alegría.
Compadezco y amo el trémulo verdor de la osadía.
Y además sangro, sangro de amor o de agonía
por la misma herida que el sentir delata

Entonces:
¿por qué no quiere morir conmigo
antes que muera toda vida en un adiós definitivo?

1 oct. 2006


No es sólo predilección por el transcurrir
lejos del tráfago interminable de la razón.
Discernir no debe preocuparte nunca,
más que para tener el impulso certero
al límite en que debes enterrar entre las manos
el semblante cansado de tan profunda tristeza.
Pues realidad y belleza, razón y plenitud,
muerden distintos extremos de la misma presa.
El hombre, en su dorada esclavitud, piensa poco,
haciéndose testigo de fútiles cimas, se guarece
en aquello que al contemplar le reporta
la enfermiza índole del esteta. Ésta es,
ante todo, la causa que le lleva a entronizarse
sobre las demás bestias del paraíso.
Si la belleza, ese pájaro extraño de oscuras cadencias,
se te aparece un día reclamando todo tu saber mundano,
entrégaselo. Y disfruta después de entregarlo.
Lúcidas ensoñaciones, al parecer, se le anticipan
al hombre que renuncia a la verdad de buen grado.

Pues a fin de cuentas, todo hombre de la mentira vive,
en diferentes medidas que no comprenderán

sino los más cercanos.
Preferible debería parecerte entonces
la enfermedad del esteta a la preocupación del sabio.

30 sept. 2006




Decidme si esperar junto a la fuente, vertiendo en torno a ella cálices terráqueos, juntando las mareas en furias y cadalsos; decidme si esperar junto a las aguas venideras es amar distancia a ciencia cierta. O si por el contrario medir cualquier espera con el mismo arco que la luna tensa sobre el hombre, es igual a contrariar el curso en blanco de los ríos que la fuente recupera.

28 sept. 2006

Ahíto de fúnebres vientos, ahíto.
Tanta cerrazón impura ante los ojos
tradujo oscuramente su dominio.
Tanta luz que no fue vista, tanta…
Sobre los actos llenos de olvido
pesa la memoria de piedras uniformes.
Mi extraña historia verdadera.
La suma de los versos que arrojé al camino,
la paz que fuera dicha sólo para el muerto.
Mi historia de lazos sin comienzo,
historia de sombra y espejismos.

Una vida es esto, exactamente esto:
podrá durar como una noche intensa,
podrá acabar en un instante
sin que el corazón bombee más recuerdos.
Pero una vida es esto, pase lo que pase.
Y cuando acaba el día,
sólo resta desnudarse;
tal vez para amansar al animal ahíto,
que cubierto de nostalgias, vocifera
su nombre en la primavera del silencio.


27 sept. 2006

Manchas de luz lo impredecible
al narrar la muerte como fábula.
Inherentes a tu voz son los recuerdos,
la fórmula templada que fija los anhelos
en lo que será de nuevo.
Pero el que busca niega lo que está dentro,
pasea su avatar como una sombra
prefiriendo otro futuro a lo que canta.
El que busca olvidó lo que buscaba….
No sabe, no recuerda donde ha estado;
no comprende, que, lo que ya ha hallado,
le ha tenido siempre en su potencia.

26 sept. 2006


Tuve miedo de que fuera amor,
de que no lo fuera,
de que fuera sombra y bienvenida.
Miré sobre las altas copas.
Vi ramas retorcidas, cielo abierto,
otoño desmedido que todo lo vencía.
Tuve miedo de que fuera todo,
por un día todo y nada al otro día.
Albergué sus pasos presurosos,
sus noches solitarias en aguas cenicientas.
En aguas sin su cauce, sin orillas quietas,
sin reflejos de trémula inocencia.
Aguas de este mundo que acaso fuera otro,
en el que el amor no cesa.

Tuve miedo de habitar tierras más áridas,
tierras que fueran memoria

de la vida que viví sin ella.
Tuve miedo de que la verdad ella fuera,
y yo el eco que tras la verdad se olvida.

25 sept. 2006

Aunque mis pensamientos fueran de otro.
Aunque otro fuera el hacedor sombrío
de esta máscara gentil que tus manos puras
arrancaran inútilmente
con firme delicadeza y sin mentir.
Aunque yo no fuera yo,
testigo incauto de horrores y maravillas.
Aunque yo fuera la suma de muchos.
Aunque muchos fueran la suma de uno,
y uno fuera sólo uno, nunca dos al compartir.

Tú seguirías siendo la lejana orilla, al evocar,
con un gesto, el sentido más amplio del silencio
que parece envolver las cosas olvidadas al pasar.
Serías ese don perfecto,
que nunca más vuelve a entregarse
solamente por el hecho de existir.
Aunque existir fuera en sí algo,
algo más del transcurrir aquí,
tú serías lo imposible para mí:
la existencia y el asombro:
la fortuna de vivir.






21 sept. 2006





Cuando llores tú también desde la rabia
embebido en esa hora absurda del delirio,
contén lentamente algunas lágrimas,
no liberes por completo con el llanto entero
todo el peso de esa fuerza irrefrenable.
Fuerza por la que tú también te sabes imperfecto
y sin embargo esparces tal semilla sobre el sueño.
Guarda algo de ese mal contrario a la inocencia,
para caminar tras de las promesas no cumplidas
surgidas del sentir cuando nada es lo que parece.
Guarda algo para demostrar quien eres
cuando llores tú también desde la rabia.
Continua luego y siempre
construyendo el quehacer de todo instante,
hasta que la caída de una hoja vaticine
nuevamente la hora de tu sangre.

Llora entonces como sólo en el dolor se llora.

E intenta recordar, que antes de sufrir,
el alma ignora lo que otros comprendieran al abrir
su triste intimidad al juicio de una mirada alucinada.
Algo de ti, de lo que fueras un día y un día dispusieras
entremezclar con la sombra y el fuego nocturno;
algo de ti, de lo que fueras, renacerá del llanto
que la rabia engendra para engendrar más rabia.

Algo de lo que eres quedará en el palpitar
más hondo de la rabia que siempre contuvieras.

20 sept. 2006

Hoy la noche es un espejo tibio y claro
donde veo reflejado todo lo que sientes.
La tregua y sus entresijos de esperanza,
se suman aquí al recuerdo. La nostalgia,
azul como las paredes tristes de mis sueños,
te torna idéntica al más inmenso océano.

Hoy la noche es un espejo. Un espejo ciego
que alguien mira sin ser visto desde dentro;
cabe una imagen limpia, ennegrecida sólo
por los márgenes del tiempo y sus pretextos.
Lo que sientes, lo que fueras,
lo que al fin mostrases como noche verdadera
te busca en mí, palabra sólo:
palabra que pudiera llenarte de querencias.
Hoy la noche. Mañana… vida nueva,
otro límite abierto a lo que el hombre espera
y en sus manos toma con asombro.
Hoy la noche. El tiempo que la vida recupera,
destinado a arder igual que el fénix,
a florecer también, sin que el amor,
-ese temblor inhóspito
preferible a todos los poemas-
nos traiga al fin definitivas fuerzas
para que hoy nuestro tiempo sea éste.

19 sept. 2006


De la felicidad: esa avenida unívoca y futura,
que creo recordar al recordar lo que olvidé,
yo diría que es un sueño simple,
un hemisferio que podría ser la esfera
donde convergieran día y noche:
noche y día como un ocaso / amanecer.
Diría también, excediéndome en lo que no sé,
imaginando tal vez utopías de papel
que la felicidad me persigue como sombra
a la que no debo temer.
Y así, estando solo o sin estarlo,
vigilando las aceras como todo ciudadano
yo podría descifrar
hasta el canto de los pájaros
que no saben volar.
Ah, si la felicidad fuera una rueda
vería el mundo girar,
girar eternamente como un sueño que no cesa,
que no puede cesar sin tornar noche
la víspera o quimera de toda claridad.




17 sept. 2006

Cuando la vida pierde importancia
de la vida se sospecha.
Y entonces se necesitan actos
que exigen voluntades unidas
para que el alma al fin despierte
todo su brillo en consonancia.
Esos actos de nobleza,
necesarios porque nunca son bastantes,
son los que busca la conciencia,
los que ensanchan el amor
dando aliento al porvenir.

Cuando la vida pierde importancia
es importante ayudar a la vida



Para Madam Ladybug, que prefiere la luz
del nuevo día.
Vivo en la magnitud de la conciencia,
impregnado de certezas vitales
que no sabría revelar.
Siento que la gratitud voraz del sueño
inunda la señal azul del nuevo día.
Mas la fría rutina de esperar por algo,
el raro y simple hallazgo
de vivir por lograr más,
me aterra aunque mi sombra
sea sombra fortuita del pensar.

Sin embargo tú,
ángel de la desesperación,
ángel errante de mis noches sin nadie,
dices mi nombre como si supieras más
acerca de este turbio corazón. Más
de lo que creen saber deudores siniestros,
deudores que no hallarán nunca tu perdón.

Al decir mi nombre
pareces saber más
de lo que podría saber yo
estando en tu lugar.

14 sept. 2006

Permanecer del otro lado de la luz,
herido por las ataduras,
combatido por el tiempo.
Hay otra forma de realidad,
otro vestigio del tormento
que fija sus límites en nosotros.
Hay otra forma de ver la luz
reflejándose sobre la sombra
como un animal ignoto.
Permanezco. No sé si mis palabras,
antes de ser expuestas, contradicen la verdad
en todo lo que nombro.

No sé si el hombre es esto
antes de ser nada. Aún así
algo me induce a pensar en la esperanza,
esa simiente que florece
cuando el majestuoso rayo avanza
en mitad de una tormenta.

Todo esto además es nada.
Porque del otro lado de la luz
la distancia justifica cualquier sentimiento.
Y el hombre,
esa cadena de pensares no resueltos,
se abastece aquí de lo que ha sido:
reflejo casi absoluto de lo que será
cuando recuerde su momento de esperanza.

12 sept. 2006

Tus ojos; llenos de materia insondable
cuando al abarcar la noche, te expandes.
Tus ojos me recuerdan el hálito de las fuentes,
en su brillo me demoro y pienso…
encuentro más sencillos los viejos placeres
cuando veo tus ojos ver como un espejo.

Sé que al conversar con la persona amada
se sirven de luciérnagas para eclipsar la muerte.
Sé que han visto reinos más allá de la tristeza,
verdades más allá de tus actos,
manantiales de fuego, preludios de nada,
grandes aguaceros grises que trajeron el cansancio.

Ojos llenos de experiencias,
mas ojos que no se volverán de nuevo
para expresar cantares desolados.
O para desnudar mi atenta mirada
cuando miro y algo extraño
conduce mi mirada.

Tus ojos veo ciegos.
Ciegos de tanta belleza
que no puede mirar
y ser vista al mismo tiempo.

Ciegos por un momento
en que no sé callarme que estás lejos.

Quiero ver tus ojos ver como un espejo,
pero para eso debo olvidar…
olvidar que siempre fueron bellos.
Pensar acaso que su brillo me está viendo
para saber que hay algo más que no comprendo:
un túnel infinito hacia el silencio,
un mundo que revela un cielo nuevo.

Una lágrima que dice cuándo lloverá
sobre las trémulas huellas del infierno.

10 sept. 2006

Sabrás qué caminos trae la noche inexorable.
Aunque tengas un nombre, estarás solo
como cualquier hombre que horade la tierra limpia.
Como cualquier niño que al mirar al cielo
piense para sí en un buen reino de luciérnagas celestes.
Sabrás qué caminos trae la noche que retrasas.
Tus pies recorrerán la senda inconsciente
y pensarás, que si este mundo fuera tuyo,
la noche llegaría sólo para unos pocos; los más fuertes.
Escogerás aquel camino que todo el tiempo serpentea
para pensar mucho en tu destino con firmeza.

Por que sabrás andar por ti mismo, sabrás el camino.

Y sin embargo, si en el momento de dudar miras hacia atrás,
no podrás contener la rabia
sin observar el horror de esa noche hermosa
ni del camino que tú mismo hayas escogido.

6 sept. 2006

Al regresar,
después de restaurar el velo
la hierba estaba seca.
Mi sola humanidad: vacía;
todos me tenían miedo
aunque más les temiera yo a ellos.

Quise vagar por latitudes nocturnas,
cargar a mi espalda el rumbo prohibido.
No hay nada más allá de las sombras;
sin embargo volví de allí.
Después de enloquecer tristemente
por algo que olvidé
sin saber si era mío.
¿Y el sol?
¿no anunciaba este día?
¿Es que nunca hubo más para nadie?
La hierba que piso…
¿nunca más será verde?

¿Nunca más sentiré
mi sola humanidad ausente?

4 sept. 2006

Paisaje nocturno.



Amor, quisiera contarte, ceñir hábilmente
un cantar de mí a tu hondo silencio.
Decirte qué miran mis ojos ausentes,
por qué la tristeza amor,
por qué la tristeza.
Por qué dividir el mundo con muros ocultos
hasta que la tormenta cese.
Hasta que cese o arrastre todo consigo.
Todo, amor. Hasta mis blancas cadenas,
mis palabras, mi ruido:
todo sería bien sustituido.
Quisiera contarte sobre la herida que acecha
en la simple voz del amigo,
en cualquier voz que sepa que existo,
que me haya medido y medido.
Es esto, amor. Temo que un día
alguien me cuente quien soy
al hablar de un desconocido.
Ese día, amor, tal vez te hayas ido…
O acaso yo crea en lo que me han dicho.
Pero ese día, amor, ese día
me cegará el sol con un rayo de ira
sin que tú sepas hacia donde miro.

20 ago. 2006

Queda la cercanía de la luz enraizada
bajo la mágica dureza del mineral presente.
En tus manos, abismos sosegados y tenues,
se abren como nupcias el alba y la derrota.
Queda un resto, que fue acaso lluvia o sueño,
en la cadencia vespertina de tus manos,
un letargo que fue espejo
de mi condición de náufrago.
¿De qué pudimos salvarnos tras la noche,
de qué silencio que no fuera necesario?
La luz rompe contra los pilares
de un tiempo de búsqueda y fatiga.
De un tiempo ensimismado,
que se adivina detenido en los ojos de la muerte.
Y aquí y allá, entre las sombras blanquecinas,
viento, marea y fuego imponen su esplendor de ruido,
su solemne bandera de epitafio
para los inocentes que ahondan en los viejos nidos.

Pero si la fábula nos procura más atardeceres,
si de un estertor distante logramos el aullido de los vivos;
el aullido que recuerde el fondo de la sombra,
el aullido que nos dice en verdad fuimos testigos,
todo esto, hasta el bagaje por esta realidad impura,
nos cederá su brazo tembloroso
a fin de resguardarnos de lo que nunca fuimos.

16 ago. 2006

“florecer y marchitar no es consciente a la vez”
R. M. Rilke





contradicción y anonimato.

Son palabras el necesario juicio
influenciado por el peso de tu corazón.
Si al decir ahora
quieres decir siempre,
si al decir siempre
lo que importa
es la vida o la muerte,
afirma o niega;
pero no calles: habla
si pretendes continuar el juego
al margen de la suerte.

Que la verdad cambia cuando el verbo fluye
para que entendamos el hecho de nombrar
al buscar un equilibrio.
Exalta un día el alma y al siguiente,
si lo juzgas bello, besa la carne palpitante
exaltando ese día la carne.

De la pura contradicción que obtengas
comprenderás, que si el corazón vive,
sólo espera del presente lo inmediato.

Pues balanza que pesa tus palabras son tus actos.

Y éstos jamás responderán a la mentira
de atenerse a un lado solamente
mientras recuerdes tu anonimato.

13 ago. 2006


Yo soy siempre yo.
Hasta cuando finjo ser otro
soy yo fingiendo ser otro.
Cuando examino lentamente mi rostro,
soy yo desnudando la duda de otro.
Cuando miento soy yo
tratando de convencerme de la verdad de otro.
Yo soy siempre yo…

Hasta cuando las horas decaen
en negras conjeturas que no llevan a ninguna parte,
sigo siendo yo
creyendo ser otro.

Porque yo estoy dentro, muy dentro,
muy por debajo de la entraña oscura,
cubierto por el metal de innumerables creencias
sonriendo en silencio,
a la espera de otro.

8 ago. 2006


Dejad que el enamorado contemple
la caída silente de sus vanos pretextos.
Dejad que busque con torpeza
en ojos extraños la más clara esencia
que a descifrar continúa,
invisible y perenne.
Pues su dulce plenitud consistiría
en atenerse a diario al mal que siente,
cuando observa en sí mismo,
la imposible conclusión de todas las vísperas.
El dolor que florece en la vasta tarea
de pretender la verdad y proseguir a su suerte,
acaso fuera la única prueba que diera
razón al amor que la amada no siente.

Que horade la tierra devorando la sombra,
que finja escrutar el cielo las noches sin luna.
Porque su única intención es sufrir
en busca del tiempo que no vivirá
más que en sueños. Pálidos sueños
que no olvidará nunca…

4 ago. 2006


El verano es premura que alimenta
los éxodos tempranos del anhelo.
Cualquier pensamiento se impregna
de la llama de su luz serena y fuerte…
Y aunque todo prosiga,
el verano es la razón por la que vuelves,
la hondura que se cierra amando
por un singular preludio de promesas.
¿Por qué olvidar las fuentes,
la sombra que entreteje cada árbol?
Más raíz hay en nosotros,
más razón en nuestros pasos,
que en la cadencia suspendida,
devuelta hasta la muerte,
en cada consecuencia del verano.
El verano es premura cuando vuelves,
distancia contenida en las luces del pasado.
Llama que acrecienta la mirada del deseo
el verano es el regreso y la partida,
corazón interrogado en silencio; arde
fugazmente por el tiempo de la dicha.

30 jul. 2006

Como péndulo que determine su rabia crecerá la simiente ávida de la multitud…
Del fuego al fuego la oscuridad te llama; el viento cruel riza la mano abierta y abandona tu corazón llorando. Luna sobre la hierba alzada; canto. Noche y noche anuncian remedio. Alba y sangre. Sueño…
Tiempo de discernir la verdad temblando.

En un callejón cualquiera la miseria espera y el hombre oculta, vergonzosamente, su común espanto de flores y banderas. Ángel sin nombre, raíz de la fuerza, toro que amansa el grito de una cadena…
Poblad la tierra ahora de fugaces estrellas.
Dadle al hombre su rabia, verted el vino sobre la mesa desierta.

Remontad el río lavando la sangre de mitos violentos.





21 jul. 2006








Me abriré paso entre episodios frenéticos
contenidos a vida o muerte
bajo una máscara pensativa.
Abandonadme otra vez a la intemperie;
el buen ángel me arrancará el rostro
que todos contemplaron desde la sospecha.
Aún así me abriré paso, lentamente,
por los pasillos de un sórdido laberinto
en que el buen ángel cercenará mi lengua.
Pues la muerte que me reserva
necesitará de un buen creyente
que no mienta.
El buen ángel crucificará mi cuerpo
solemnemente, como un buen ángel.
Todo para comprender
que si tuviera un alma
no necesitaría máscaras,
ni lengua, ni tan siquiera un cuerpo.
Si tuviera un alma la llevaría siempre muy dentro
para que el buen ángel no pudiera jamás probarla.

18 jul. 2006







Búscate en la luz erosionada del recuerdo,
en las nostalgias ahítas de lluvia y viento.
Que la neblina de tus días de prófugo
en aras de la necesidad
no prevalecerá del todo…
Que las nostalgias encalladas en tu orilla
no podrán urdir males como de costumbre,
ni llegarán a enfurecerte
sus muros de sombra débil…
sus ecos de triste rabia.

Búscate en todo lo que muriese al cabo
de un vertiginoso segundo
tras el que quisiste renunciar al presente.
En su faz candorosa te hallarás siempre.
En la honda gratitud de este minuto.

16 jul. 2006







Y si cantas, desnudando suavemente las mareas
hasta enderezar las caprichosas fuerzas del silencio,
hazlo por cada vez que esa noche poderosa
depositó en ti el amor de una mirada.
Así hasta que tu canto, sangre sobre la nieve,
tierra virgen en la sombra de la alborada,
inunde el fiel abrigo con sus rosas
encendiendo las antorchas de la distancia.

Y si cantas, que tu canto sea inapropiado,
que no confundan tu voz con la de un pájaro.
Porque todo lo que al hombre revela
está fuera de la hora precisa
para la que el hombre sueña sin testigos.

Y si cantas, que la muerte no iguale tus cadenas,
pues muerte y vida se asemejan
cuando el hombre está cautivo
por su condición de cantor desnudo.

Y si cantas…

15 jul. 2006



Terminado. Le he puesto de título "la mentira", ya que se trata, según mi intención, de una metáfora que vendría a estar representada en el puñal y la máscara del inquietante individuo que aparece en primer plano. ¿Se acerca para acabar con la vida de la joven? No. Se acerca para traicionarla, para prometerle algo que no podrá cumplir sabiendo de antemano que sus palabras se las llevará el viento. La elección del escenario surgió en mitad del proceso creativo, con lo que no he podido todavía "comprender" porque ambos personajes están ubicados en este lugar. Tal vez una playa vacía sea un lugar que nos invite a la intimidad y que al mismo tiempo, dicha intimidad quede vulnerada por el espacio abierto, inmenso, de un mar que no podemos abarcar sin perdernos en su magnitud azul...

He tenido que encuadrar así la foto, recortando los bordes para conseguir algo más de definición en las figuras. En directo el cuadro es más grande, pudiéndose apreciar detalles de la orilla que aparecían en la foto anterior, cuando la obra aún estaba por terminar.

6 jul. 2006



Parece que ya está acabado. La foto sigue siendo horrible, creo que es todavía peor que la anterior. Se ve muy difuminado y lo colores han adquirido un extrañísimo tono grisáceo. En definitiva: si hay alguien interesado que pase por mi casa a verlo. Seguramente le gustará más en vivo que en esta especie de reproducción barata del siglo XII. Y que conste que a mi el cuadro me gusta mucho, y que me cago en la concha del pato que parió a los diseñadores de cámaras digitales para móviles.

Un afectuoso saludo del que subscribe.

5 jul. 2006



Es una mala foto y aún no sé si está del todo terminado. De cualquier modo, aquí lo tienen; aunténtico guitarrista callejero, que a través de su música hace vibrar a una ciudad entera desde un oscuro callejón. Creo haberme puesto un poco en línea de los pintores modernos que retratan a ciertos músicos de un modo un tanto elástico, casi como si el entorno de estos personajes fluyera con cada nota que exhalan desde dentro. En este caso lo más probable es que el resultado sea algo más humilde, pudiendo no alcanzar el virtuisismo técnico de pintores con más "tradición" en este género. Aún así he disfrutado mucho pintándolo, y el resultado no me desagrada en absoluto. Y ahí queda eso...

4 jul. 2006

Adjunto link de un par de mis blogs favoritos... Gracias a AfterBreakfast esta pág. tiene un poco más calidad; sus fotos apuntan buenas maneras, ya lo comprobaréis. Y gracias también al lobo bueno. Me animo él a empezar con esta historia del blog, que si se fijan un poco en los comentarios de Mayo, parece que está gustando en el extranjero.

www.napidiloop.blogspot.com
www.afterbreakfast.blogspot.com

Decidme; atesoráis el instante, vosotros…
contenéis la noche en cavidades terrenas.
Manchados. Sombra y sombra, sangre;
en las manos que palparon el prodigio
se adivina otra ciencia probable.

Decidme qué sucede ahora,
su tenaz invierno se alimenta
de gélidas estrellas y pesares.
Vosotros permaneceréis aquí, ahora,
vuestro fuego sustentado por ansias de amapola,
trascendiendo el cauce de la llama
sin que aflore la plenitud del llanto.

Siempre es vuestra hora,
este es vuestro viaje:
la vida os reporta
algo más que el calor de la sangre.

¿Qué sucede ahora que no sucedió antes?
Decidme.

22 jun. 2006








Todo se desdice lentamente de ti.
El viento que azota las calles con brío;
el tenue reflejo que ves en los escaparates,
las simples curvas de mis dedos
se aproximan calladamente a lo que eran
antes de estar tú.
En tu presencia
todo lo que me rodea te advierte;
te pretende, igual que una sonrisa casual
trata en ocasiones de abrir una playa
en la que la soledad sea sólo una sombra.

Si todo lo que yo fuera contemplando
llegase a ti de pronto,
nada pondría fin a tus altas noches:
serías el mundo y la voz del tiempo.
Yo sería el corazón que no podrías contener
al latir como una estrella en tu centro,
porque en la vida nada es suficiente,
no podría sujetar tu reinado inmenso.

Por eso debes irte a veces:
para que la realidad presente,
llena de ti cuando estás cerca;
parezca igual que siempre en tu ausencia.
Y así, separados por una distancia idéntica,
podamos recordar que el mundo conocido
acaba justamente donde el amor empieza:
en el límite que separa toda verdad sencilla
de la realidad que tratamos de hacer nuestra.

18 jun. 2006


Para ser feliz en este mundo cierra los ojos,
apoya tu dolor en el hombro de un amigo
y por más que creas escuchar
el susurrar lejano de la muerte
ignóralo.
Porque el único paraíso auténtico,
el único estado en el que acaso podrás sonreír eternamente
será aquel otro rincón de olvido
en donde pasear, inconscientemente,
habiendo desechado la idea de la muerte.

Aunque para ser feliz en este mundo
también tendrías que acallar la injusticia, la guerra…
los males endémicos de toda civilización decadente.
Como opción te queda levantar una sólida fortaleza
juntando los ladrillos de tu imaginación. Y entonces
habitar en ella como un loco elegante
que cree que este mundo de tristeza
existe sólo en su corazón.

Para ser feliz en este mundo cierra los ojos,
y piensa que el zumbido de la rabia que te impide centrarte
es más llevadero con algunos medicamentos
o con grandes dosis de ironía. Sea como sea,
piensa que para ser feliz en este mundo
lo mejor es olvidarse de que este mundo es este mundo.
Y de que todos contribuimos a que así sea
con nuestra pequeña porción de olvido.

15 jun. 2006

De la salvación y otras miserias...

Es difícil saber donde estriba realmente la causa de los problemas que angustian de modo generalizado al hombre moderno. Primero porque es imposible generalizar, vivimos una época en la que el hombre y la mujer se caracterizan ante todo por su individualidad. La personalidad lo es todo y más. Cuando digo personalidad me refiero a esa cualidad inherente a todo ser humano por la cual algunos parecen mejores que otros y también viceversa. Por desgracia pienso que el más fuerte se lleva siempre lo mejor del pastel, dejando a los demás sólo las migajas.
La segunda causa que nos dificulta la posibilidad de discernir un punto focal para todo malestar social sería el egoísmo. Ya que casi todo el mundo antepone sus derechos a los de los demás, resulta difícil saber hasta donde estamos obligados a claudicar ante el prójimo, porque ceder en aquello que nos han enseñado, o que hemos entendido como correcto, es algo a lo que nadie está demasiado acostumbrado. Si supieramos realmente donde acaban nuestros derechos y donde comienzan nuestras obligaciones, estaríamos un paso más cerca del verdadero meollo que nos trae a todos de cabeza. Egoismo y personalidad: pienso, luego existo.... ¿Luego soy el único que piensa? No; intentemos aferrarnos a los hechos, creer en la diversidad de lo tangible. Bien. Existir existimos todos, por mucho que le pese al difunto Descartes, pero siempre anteponemos nuestra propia vivencia a la de los demás. Dicho así parece bastante lícito, pero atención, aquí viene la pregunta difícil: ¿Por qué tendemos a pensar que la salvación es algo así como el naipe secreto que dios nos tiene destinado? Eso, claro está, suponiendo que aún nos quede alguna esperanza. Lo que me lleva directamente a la cuestión que quería tratar desde un principio: los libros de autoayuda.

A ver... ¿alguien sabe exactamente para qué sirve un libro de autoayuda? Supuestamente nos ayuda a ponernos en marcha, queramos o no, hacia la felicidad más estereotipada, más estúpidamente perfecta. Lo que trato de decir es que todo hombre o mujer que habite este mundo tiene sus pequeños problemas, sus angustiosos fracasos, sus viejos desengaños... Todo hombre o mujer convive con este tipo de miserias, que de algún modo puede amar porque pueden llegar a enriquecerle. Entonces; ¿por qué queremos ser convencidos de que nuestra vida puede ser literalmente perfecta? Para mí que la presión que ejercen aquellos que nos invitan continuamente a la autosuperación es más perjudicial que el hecho de adolecer algo de imperfeccción en nuestras vidas.
Mientras convivimos inconscientemente con nuestras miserias éstas nos son necesarias, nos ayudan a recordar que hay cosas por las que en verdad merece la pena vivir, en contraposición a otras que nos dan cien patadas. Pero desde el momento en que alguien nos convence de que nuestra vida siempre puede ser mejor, empezamos a sentir cierto desasosiego que nos conduce a a aborrecer las comunes debilidades que esconde todo ser humano.

Hacedme caso: sin que sirva de precedente, arrojad al fuego todos los libros de autoayuda que os han recomendado y aprended a disfrutar de vuestras pequeñas miserias.


Es increible lo que puede cambiar un cuadro cuando le sacas una buena foto. Esta obra en cuestión tiene tintes simbolistas, pues el significado de los elementos figurativos que aparecen en primer término evoca el sentido de alguna obra prerrafaelista en la que la mazana simbolizaba el pecado original, es decir, el sexo, y la vela venía a reflejar la presencia del espiritu. Estos dos elementos, desquitados de la referencia cristiana, alumbrarían el equilibrio carnal y espiritual que tratan de alcanzar los amantes en el breve plazo de tiempo que se les concede. Tal vez el resto de la estética del cuadro, muy ambigua por lo demás, no suponga ningún sentido en concreto, pero en mi opinión contribuye a crear cierto misterio; carácteristica común a todos los cuadros abstractos en mi humilde parecer, ya que, en cualquier caso, es el espectador quien debe hallar una interpretación coherente con la que disfrutar de la obra.

14 jun. 2006



EL REFLEJO DEL MAR


El mar empieza en tus ojos y en tus ojos crece...
reflujo de sal, en tu mirar ausente, crece.
Y hasta abarcarlo todo se asemeja al tiempo,
hasta tornarse mar no es más que silencio.
Una orilla triste pudiera ser tu pensamiento,
un horizonte eterno quizás fuera tu sueño.
Pero tu mirada sería ese inmenso espejo
en el que contemplar despierto lo que duerme dentro.
Ese mar me aguarda bajo el cielo gris del alba...
Pero no son tus ojos. Es mi rostro dentro de ellos
con la extraña expresión de un enamorado muerto.

"circo"

Blando rumor de las calles, cauce de voces;
en el instante de ver todo se emplaza en mi centro.
Acalla el pensamiento el conjunto de nombres,
uno a uno, voz de voces, se entremezclan y hablan.
Soy testigo. El hombre es esto: un rumor de silencios.
El hombre es nada sin la continuidad del resto.
Miro a lo lejos: por un instante estoy dentro.
Voz de muchos, tiempo sin nombre…
la realidad es el todo, suma del sueño, voz de voces…

13 jun. 2006

Decidme, vosotros que comprendéis el orden
alcanzando a discernir el ego de la desnudez:
¿dónde culmina el perfecto entendimiento
para dejar paso a la imaginación?
Sé que toda verdad nace del hombre.
Y que el hombre sueña para creer.
Sé que el hombre es piel y músculo,
materia que sustenta el mundo y lo interpreta
y que busca la verdad para alcanzar la ciencia.
Pero yo… tenéis que comprenderme,
vosotros, que perseguís el centro de la luz,
que dais un sentido perpetuo a cada cosa.
Vosotros que siempre estáis a un paso
de disipar los misterios de la noche.
Por favor, decidme:
¿qué verdad puede alcanzar el hombre
sin que sea a fuerza de escuchar al tiempo?
¿Qué verdad que no sea un vasto reflejo
de su propio corazón durmiente?
Corazón que sueña grandes sueños
para ser derrotado por vuestro perfecto entendimiento.
Esto es esto, ahí acaba el mundo que ya creemos hecho…
pero no hay nada más lejos.
Esto es también la distancia que rige el tiempo,
el instante que crece para ensanchar su secreto.
Esto es también el mundo entrevisto en silencio
cuando una ilusión nos mantiene despiertos.
¿Qué me decís de la magia, pensadores siniestros,
de la posibilidad de crear el verdadero momento?

¿Qué me decís de la posibilidad de crearlo todo de nuevo?